The Project Gutenberg EBook of El Criterio, by Jaime Balmes

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Title: El Criterio

Author: Jaime Balmes

Release Date: May 22, 2009 [EBook #28929]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

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  EL
  CRITERIO.

  POR
  DON JAIME BALMES,
  PRESBTERO.


        Criterio es un medio para conocer
        la verdad. La verdad en las cosas
        es la realidad.

            BALMES.


  NUEVA EDICION.

  PARIS.
  Librera de A. Bouret y Morel, calle del Eperon, n. 6.

  1849.

[Nota de transcripcin: en este texto electrnico, se ha mantenido
la ortografa y acentuacin del texto impreso original, excepto en
algunos pocos casos en que claramente haba errores tipogrficos
que fueron corregidos.]





EL CRITERIO.


CAPTULO PRIMERO.

CONSIDERACIONES PRELIMINARES.


 I.

En que consiste el pensar bien. Qu es la verdad.

El pensar bien consiste,  en conocer la verdad,  en dirigir el
entendimiento por el camino que conduce  ella. La verdad es la realidad
de las cosas. Cuando las conocemos como son en s, alcanzamos la verdad;
de otra suerte, caemos en error. Conociendo que hay Dios conocemos una
verdad, porque realmente Dios existe; conociendo que la variedad de las
estaciones depende del sol, conocemos una verdad, porque en efecto es
as; conociendo que el respeto  los padres, la obediencia  las leyes,
la buena fe en los contratos, la fidelidad con los amigos, son virtudes,
conocemos la verdad; as como caeramos en error, pensando que la
perfidia, la ingratitud, la injusticia, la destemplanza, son causas
buenas y laudables.

Si deseamos pensar bien, hemos de procurar conocer la verdad, es decir
la realidad de las cosas. De qu sirve discurrir con sutileza,  con
profundidad aparente, si el pensamiento no est conforme con la
realidad? Un sencillo labrador, un modesto artesano, que conocen bien
los objetos de su profesion, piensan y hablan mejor sobre ellos que un
presuntuoso filsofo que en encumbrados conceptos y altisonantes
palabras quiere darles lecciones sobre lo que no entiende.


 II.

Diferentes modos de conocer la verdad.

A veces conocemos la verdad, pero de un modo grosero; la realidad no se
presenta  nuestros ojos tal como es, sino con alguna falta, aadidura 
mudanza. Si desfila  cierta distancia una coluna de hombres, de tal
manera que veamos brillar los fusiles pero sin distinguir los trajes,
sabemos que hay gente armada, pero ignoramos si es de paisanos, de tropa
 de algun otro cuerpo; el conocimiento es imperfecto, porque nos
_falta_ distinguir el uniforme para saber la pertenencia. Mas si por la
distancia  otro motivo nos equivocamos, y les atribuimos una prenda de
vestuario que no llevan, el conocimiento ser imperfecto, porque
aadiremos lo que en realidad no hay. Por fin, si tomamos una cosa por
otra, como por ejemplo, si creemos que son blancas unas vueltas que en
realidad son amarillas, _mudamos_ lo que hay, pues hacemos de ella una
cosa diferente.

Cuando conocemos perfectamente la verdad, nuestro entendimiento se
parece  un espejo en el cual vemos retratados con toda fidelidad los
objetos como son en s; cuando caemos en error, se asemeja  uno de
aquellos vidrios de ilusion que nos presentan lo que realmente no
existe; pero cuando conocemos la verdad  medias, podria compararse  un
espejo mal azogado,  colocado en tal disposicion que si bien nos
muestra objetos reales, sin embargo nos los ofrece demudados alterando
los tamaos y figuras.


 III.

Variedad de ingenios.

El buen pensador procura ver en los objetos todo lo que hay, pero no mas
de lo que hay. Ciertos hombres tienen el talento de ver mucho en todo;
pero les cabe la desgracia de ver todo lo que no hay, y nada de lo que
hay. Una noticia, una ocurrencia cualquiera, les suministran abundante
materia para discurrir con profusion, formando, como suele decirse,
castillos en el aire. Estos suelen ser grandes proyectistas y
charlatanes.

Otros adolecen del defecto contrario; ven bien, pero poco; el objeto no
se les ofrece sino por un lado; si este desaparece, ya no ven nada.
Estos se inclinan  ser sentenciosos y aferrados en sus temas. Se
parecen  los que no han salido nunca de su pas; fuera del horizonte 
que estan acostumbrados, se imaginan que no hay mas mundo.

Un entendimiento claro, capaz y exacto, abarca el objeto entero; le mira
por todos sus lados, en todas sus relaciones con lo que le rodea. La
conversacion y los escritos de estos hombres privilegiados se
distinguen por su claridad, precision y exactitud. En cada palabra
encontrais una idea, y esta idea veis que corresponde  la realidad de
las cosas. Os ilustran, os convencen, os dejan plenamente satisfecho;
decs con entero asentimiento: si, es verdad, tiene razon. Para
seguirlos en sus discursos no necesitais esforzaros; parece que andais
por un camino llano, y que el que habla solo se ocupa de haceros notar
con oportunidad los objetos que encontrais  vuestro paso. Si explican
una materia difcil y abstrusa, tambien os ahorran mucho tiempo y
fatiga. El sendero es tenebroso porque est en las entraas de la
tierra, pero os precede un guia muy prctico; llevando en la mano una
antorcha que resplandece con vivsima luz.


 IV.

La perfeccion de las profesiones depende de la perfeccion con que se
conocen los objetos de ellas.

El perfecto conocimiento de las cosas en el rden cientfico, forma los
verdaderos sabios; en el rden prctico, para el arreglo de la conducta
en los asuntos de la vida, forma los prudentes; en el manejo de los
negocios del estado, forma los grandes polticos; y en todas las
profesiones, es cada cual mas  mnos aventajado,  proporcion del mayor
 menor conocimiento de los objetos que trata  maneja. Pero este
conocimiento ha de ser prctico, ha de abrazar tambien los pormenores de
la ejecucion, que son pequeas verdades, por decirlo as, de las cuales
no se puede prescindir, si se quiere lograr el objeto. Estas pequeas
verdades son muchas en todas las profesiones; bastando para convencerse
de ello, el oir  los que se ocupan aun en los oficios mas sencillos.
Cul ser pues el mejor agricultor? El que mejor conozca las calidades
de los terrenos, climas, simientes y plantas; el que sepa cules son los
mejores mtodos  instrumentos de labranza, y que mejor acierte en la
oportunidad de emplearlos; en una palabra, el que conozca los medios mas
 propsito para hacer que la tierra produzca con poco coste, mucho,
pronto y bueno. El mejor agricultor ser pues el que conozca mas
verdades relativas  la prctica de su profesion. Cul es el mejor
carpintero? El que mejor conoce la naturaleza y calidades de las
maderas, el modo particular de trabajarlas, y el arte de disponerlas del
modo mas adaptado al uso  que se destinan. Es decir, que el mejor
carpintero ser aquel que sabe mas verdades sobre su arte. Cul ser el
mejor comerciante? El que mejor conozca los gneros de su trfico, los
puntos de donde es mas ventajoso traerlos, los medios mas  propsito
para conducirlos sin deterioro, con presteza y baratura, los mercados
mas convenientes para expenderlos con celeridad y ganancia: es decir
aquel que posea mas verdades sobre los objetos de comercio, el que
conozca mas  fondo la realidad de las cosas en que se ocupa.


 V.

A todos interesa el pensar bien.

chase pues de ver que el arte de pensar bien no interesa solamente 
los filsofos, sino tambien  las gentes mas sencillas. El
entendimiento es un don precioso que nos ha otorgado el Criador, es la
luz que se nos ha dado para guiarnos en nuestras acciones; y claro es
que uno de los primeros cuidados que debe ocupar al hombre es tener bien
arreglada esta luz. Si ella falta nos quedamos  oscuras, andamos 
tientas; y por este motivo es necesario no dejarla que se apague. No
debemos tener el entendimiento en inaccion, con peligro de que se ponga
obtuso y estpido; y por otra parte, cuando nos proponemos ejercitarle y
avivarle, conviene que su luz sea buena para que no nos deslumbre, bien
dirigida para que no nos extravie.


 VI.

Cmo se debe ensear  pensar bien.

El arte de pensar bien no se aprende tanto con reglas como con modelos.
A los que se empean en ensearle  fuerza de preceptos y de
observaciones analticas, se los podria comparar con quien emplease un
mtodo semejante para ensear  los nios  hablar  andar. No por esto
condeno todas las reglas; pero s sostengo que deben darse con mas
parsimonia, con mnos pretensiones filosficas, y sobre todo de una
manera sencilla, prctica: al lado de la regla el ejemplo. Un nio
pronuncia mal ciertas palabras; para corregirle qu hacen sus padres 
maestros? Las pronuncian ellos bien, y hacen que en seguida las
pronuncie el nio: escucha bien como yo lo digo;  ver ahora t; mira
no pongas los labios de esta manera, no hagas tanto esfuerzo con la
lengua y otras cosas por este tenor. He aqu el precepto al lado del
ejemplo, la regla y el modo de practicarla[1].




CAPTULO II.

LA ATENCION.


Hay medios que nos conducen al conocimiento de la verdad, y obstculos
que nos impiden llegar  l; ensear  emplear los primeros, y  remover
los segundos, es el objeto del arte de pensar bien.


 I.

Definicion de la atencion. Su necesidad.

La atencion es la aplicacion de la mente  un objeto. El primer medio
para pensar bien es atender bien. La segur no corta si no es aplicada al
rbol, la hoz no siega si no es aplicada al tallo. Algunas veces se le
ofrecen los objetos al espritu sin que atienda; como sucede ver sin
mirar, y oir sin escuchar; pero el conocimiento que de esta suerte se
adquiere, es siempre lijero, superficial,  menudo inexacto, 
totalmente errado. Sin la atencion estamos distraidos, nuestro espritu
se halla, por decirlo as, en otra parte; y por lo mismo no ve aquello
que se le muestra. Es de la mayor importancia adquirir un hbito de
atender  lo que se estudia  se hace; porque, si bien se observa, lo
que nos falta  menudo no es la capacidad para entender lo que vemos,
leemos  oimos, sino la aplicacion del nimo  aquello de que se trata.

Se nos refiere un suceso, pero escuchamos la narracion con atencion
floja, intercalando mil observaciones y preguntas, manoseando  mirando
objetos que nos distraen; de lo que resulta que se nos escapan
circunstancias interesantes, que se nos pasan por alto cosas esenciales,
y que al tratar de contarle  otros,  de meditarle nosotros mismos para
formar juicio, se nos presenta el hecho desfigurado, incompleto, y as
caemos en errores que no proceden de falta de capacidad, sino de no
haber prestado al narrador la atencion debida.


 II.

Ventajas de la atencion  inconvenientes de su falta.

Un espritu atento multiplica sus fuerzas de una manera increible;
aprovecha el tiempo atesorando siempre caudal de ideas; las percibe con
mas claridad y exactitud; y finalmente las recuerda con mas facilidad, 
causa de que con la continua atencion estas se van colocando
naturalmente en la cabeza de una manera ordenada.

Los que no atienden sino flojamente, pasean su entendimiento por
distintos lugares  un mismo tiempo; aqu reciben una impresion, all
otra muy diferente, acumulan cien cosas inconexas que ljos de ayudarse
mutuamente para la aclaracion y retencion, se confunden, se embrollan y
se borran unas  otras. No hay lectura, no hay conversacion, no hay
espectculo, por insignificantes que parezcan, que no nos puedan
instruir en algo. Con la atencion notamos las preciosidades y las
recogemos; con la distraccion dejamos quiz caer al suelo el oro y las
perlas como cosa balad.


 III.

Cmo debe ser la atencion. Atolondrados y ensimismados.

Creern algunos que semejante atencion fatiga mucho; pero se equivocan.
Cuando hablo de atencion no me refiero  aquella fijeza de espritu con
que este se clava, por decirlo as, sobre los objetos; sino de una
aplicacion suave y reposada, que permite hacerse cargo de cada cosa,
dejndonos empero con la agilidad necesaria para pasar sin esfuerzo de
unas ocupaciones  otras. Esta atencion no es incompatible ni con la
misma diversion y recreo, pues es claro que el esparcimiento del nimo
no consiste en no pensar, sino en no ocuparse de cosas trabajosas, y en
entregarse  otras mas llanas y lijeras. El sabio que interrumpe sus
estudios profundos saliendo  solazarse un rato con la amenidad de la
campia, no se fatiga, ntes se distrae, cuando atiende al estado de las
mieses,  las faenas de los labradores, al murmullo de los arroyos,  al
canto de las aves.

Tan ljos estoy de considerar la atencion como abstraccion severa y
continuada, que muy al contrario cuento en el nmero de los distraidos,
no solo  los atolondrados sino tambien  los ensimismados. Aquellos se
derraman por la parte de afuera, estos divagan por las tenebrosas
regiones de adentro; unos y otros carecen de la conveniente atencion,
que es la que se emplea en aquello de que se trata.

El hombre atento posee la ventaja de ser mas urbano y cortes; porque el
amor propio de los demas se siente lastimado, si notan que no atendemos
 lo que ellos dicen. Es bien notable que la urbanidad  su falta, se
apelliden tambien atencion  desatencion.


 IV.

Las interrupciones.

Ademas son pocos los casos, aun en los estudios serios, que requieren
atencion tan profunda que no pueda interrumpirse sin grave dao. Ciertas
personas se quejan amargamente si una visita  deshora,  un ruido
inesperado, les cortan, como suele decirse, el hilo del discurso: esas
cabezas se parecen  los daguerretipos, en los cuales el menor
movimiento del objeto,  la interposicion de otro extrao, bastan para
echar  perder el retrato  paisaje. En algunas ser tal vez un defecto
natural, en otras una afectacion vanidosa por hacerse del pensador, y en
no pocas falta de hbito de concentrarse. Como quiera, es preciso
acostumbrarse  tener la atencion fuerte y flexible  un mismo tiempo, y
procurar que la formacion de nuestros conceptos no se asemeje  la de
los cuadros daguerreotipados, sino de los comunes; si el pintor es
interrumpido, suspende sus tareas; y al volver  proseguirlas no
encuentra malbaratada su obra; si un cuerpo le hace importuna sombra, en
removindole, lo deja todo remediado[2].




CAPTULO III.

ELECCION DE CARRERA.


 I.

Vago significado de la palabra Talento.

Cada cual ha de dedicarse  la profesion para la que se siente con mas
aptitud. Juzgo de mucha importancia esta regla; y abrigo la profunda
conviccion de que  su olvido se debe el que no hayan adelantado mucho
mas las ciencias y las artes. La palabra _talento_ expresa para algunos,
una capacidad absoluta; creyendo equivocadamente que quien est dotado
de felices disposiciones para una cosa lo estar igualmente para todas.
Nada mas falso; un hombre puede ser sobresaliente, extraordinario, de
una capacidad monstruosa para un ramo, y ser muy mediano y hasta negado
con respecto  otros. Napoleon y Descrtes son dos genios; y sin embargo
en nada se parecen. El genio de la guerra no hubiera comprendido al
genio de la filosofa; y si hubiesen conversado un rato, es probable que
ambos habrian quedado poco satisfechos, Napoleon no le habria exceptuado
entre los que con aire desdeoso apellidaba _idelogos_.

Podria escribirse una obra de los talentos comparados, manifestando las
profundas diferencias que median aun entre los mas extraordinarios.
Pero la experiencia de cada dia nos manifesta esta verdad de una manera
palpable. Hombres oimos que discurren y obran sobre una materia con
acierto admirable; al paso que en otra se muestran muy vulgares, y hasta
torpes y desatentados. Pocos sern los que alcancen una capacidad igual
para todo; y tal vez pudirase afirmar que nadie; pues la observacion
ensea que hay disposiciones que se embarazan, y se daan
recprocamente. Quien tiene el talento generalizador no es fcil que
posea el de la exactitud minuciosa; el poeta que vive de inspiraciones
bellas y sublimes, no se avendr sin trabajo con la acompasada
regularidad de los estudios geomtricos.


 II.

Instinto que nos indica la carrera que mejor se nos adapta.

El Criador, que distribuye  los hombres las facultades en diferentes
grados, les comunica un instinto precioso que les muestra su destino: la
inclinacion muy duradera y constante hcia una ocupacion, es indicio
bastante seguro de que nacimos con aptitud para ella; as como el desvo
y repugnancia que no puede superarse con facilidad, es seal de que el
Autor de la naturaleza no nos ha dotado de felices disposiciones para
aquello que nos desagrada. Los alimentos que nos convienen se adaptan
bien  un paladar y olfato, no viciados por malos hbitos  alterados
por enfermedad; y el sabor y olor ingratos nos advierten cules son los
manjares y bebidas que por su corrupcion  otras calidades, podrian
daarmos. Dios no ha tenido mnos cuidado del alma que del cuerpo.

Los padres, los maestros, los directores de los establecimientos de
educacion y enseanza, deben fijar mucho la atencion en este punto, para
precaver la prdida de un talento, que bien empleado, podria dar los mas
preciosos frutos, y evitar que no se le haga consumir en una tarea para
la cual no ha nacido.

El mismo interesado ha de ocuparse tambien en este exmen; el nio de
doce aos tiene por lo comun reflexion bastante para notar  qu se
siente inclinado, qu es lo que le cuesta mnos trabajo, cules son los
estudios en que adelanta con mas facilidad, cules las faenas en que
experimenta mas ingenio y destreza.


 III.

Experimento para discernir el talento peculiar de cada nio.

Seria muy conveniente que se ofreciesen  la vista de los nios objetos
muy variados, conducindolos  visitar establecimientos donde la
disposicion particular de cada uno pudiese ser excitada con la presencia
de lo que mejor se le adapta. Entnces, dejndolos abandonados  sus
instintos, un observador inteligente formaria desde luego diferentes
clasificaciones. Exponed la mquina de un reloj  la vista de una
reunion de nios de diez  doce aos, y es bien seguro que si entre
ellos hay alguno de genio mecnico muy aventajado, se dar  conocer
desde luego por la curiosidad de examinar, por la discrecion de las
preguntas, y la facilidad en comprender la construccion que est
contemplando. Leedles un trozo potico, y si hay entre ellos algun
Garcilaso, Lope de Vega, Ercilla, Calderon  Melendez, veris chispear
sus ojos, conoceris que su corazon late, que su mente se agita, que su
fantasa se inflama bajo una impresion que l mismo no comprende.

Cuidado con trocar los papeles: de dos nios extraordinarios es muy
posible que formeis dos hombres muy comunes. La golondrina y el guila
se distinguen por la fuerza y lijereza de sus alas; y sin embargo jamas
el guila pudiera volar  la manera de la golondrina, ni esta imitar 
la reina de las aves.

El _tentate diu quid ferre recusent, quid valeant humeri_, que Horacio
inculca  los escritores, puede igualmente aplicarse  cuantos tratan de
escoger una profesion cualquiera[3].




CAPTULO IV.

CUESTIONES DE POSIBILIDAD.


 I.

Una clasificacion de los actos de nuestro entendimiento, y de las
cuestiones que se le pueden ofrecer.

Para mayor claridad, dividir los actos de nuestro entendimiento en dos
clases: especulativos y prcticos. Llamo especulativos los que se
limitan  conocer; y prcticos los que nos dirigen para obrar.

Cuando tratamos simplemente de conocer alguna cosa, se nos pueden
ofrecer las cuestiones siguientes: 1. si es posible  no; 2. si existe
 no; 3. cul es su naturaleza, cules sus propiedades y relaciones.
Las reglas que se den para resolver con acierto dichas tres cuestiones,
comprenden todo lo tocante  la especulativa.

Si nos proponemos obrar, es claro que intentamos siempre conseguir algun
fin; de lo cual nacen las cuestiones siguientes: 1. cul es el fin; 2.
cul es el mejor medio para alcanzarle.

Ruego encarecidamente al lector que fije la atencion sobre las
divisiones que preceden, y procure retenerlas en la memoria; pues ademas
de facilitarle la inteligencia de lo que voy  decir, le servir
muchsimo para proceder con mtodo en todos sus pensamientos.


 II.

Ideas de posibilidad  imposibilidad. Sus clasificaciones.

_Posibilidad._ La idea expresada por esta palabra es correlativa de la
de _imposibilidad_, pues que la una envuelve necesariamente la negacion
de la otra.

Las palabras posibilidad  imposibilidad, expresan ideas muy diferentes,
segun se refieren  las cosas en s,   la potencia de una causa que
las pueda producir. Sin embargo, estas ideas tienen relaciones muy
intimas, como veremos luego. Cuando se consideran la posibilidad 
imposibilidad, solo con respecto  un ser, prescindiendo de toda causa,
se las llama intrnsecas; y cuando se atiende  una causa, se las
denomina extrnsecas. A pesar de la aparente sencillez y claridad de
esta division, observar que no es dable formar concepto cabal de lo
que significa, hasta haber descendido  las diferentes clasificaciones
que expondr en los prrafos siguientes.

A primera vista se podr extraar que se explique primero la
imposibilidad que la posibilidad; pero reflexionando un poco, se nota
que este mtodo es muy lgico. La palabra _imposibilidad_, aunque suena
como negativa, expresa no obstante muchas veces una idea que  nuestro
entendimiento se le presenta como positiva: esto es, la repugnancia
entre los objetos, una especie de exclusion, de oposicion, de lucha, por
decirlo as: por manera que en desapareciendo esta repugnancia,
concebimos ya la posibilidad. De aqu nacen las expresiones de esto es
muy posible, pues nada se _opone_  ello; es posible, pues no se ve
ninguna _repugnancia_. Como quiera, en sabiendo lo que es
imposibilidad, se sabe lo que es la posibilidad, y vice-versa.

Algunos distinguen tres clases de imposibilidad: _metafsica_, _fsica_
y _moral_. Yo adoptar esta division, pero aadiendo un miembro, que
ser la _imposibilidad de sentido comun_. En su lugar se ver la razon
en que me fundo. Tambien advertir, que tal vez seria mejor llamar
imposibilidad _absoluta_  la metafsica; _natural_  la fsica; y
_ordinaria_  la moral.


 III.

En qu consiste la imposibilidad metafsica  absoluta.

La _imposibilidad metafsica  absoluta_, es la que se funda en la misma
esencia de las cosas,  en otros trminos, es absolutamente imposible
aquello que, si existiese, traeria el absurdo de que una cosa seria y no
seria  un mismo tiempo. Un crculo triangular es un imposible absoluto,
porque fuera crculo y no crculo, tringulo y no tringulo. Cinco igual
 siete, es imposible absoluto, porque el cinco seria cinco y no cinco,
y el siete seria siete y no siete. Un vicio virtuoso es un imposible
absoluto, porque el vicio fuera y no fuera vicio  un mismo tiempo.


 IV.

La imposibilidad absoluta y la omnipotencia divina.

Lo que es absolutamente imposible no puede existir en ninguna suposicion
imaginable; pues, ni aun cuando decimos que Dios es todopoderoso,
entendemos que pueda hacer absurdos. Que el mundo exista y no exista 
un mismo tiempo, que Dios sea y no sea, que la blasfemia sea un acto
laudable, y otros delirios por este tenor, es claro que no caen bajo la
accion de la omnipotencia; y, como observa muy sabiamente santo Tomas,
mas bien debiera decirse que estas cosas no pueden ser hechas, que no
que Dios no puede hacerlas. De esto se sigue que la imposibilidad
intrnseca absoluta, trae consigo la imposibilidad extrnseca tambien
absoluta: esto es, que ninguna causa puede producir lo que de suyo es
imposible absolutamente.


 V.

La imposibilidad absoluta, y los dogmas.

Para afirmar que una cosa es absolutamente imposible es preciso que
tengamos ideas muy claras de los extremos que se repugnan; de otra
manera hay riesgo de apellidar absurdo lo que en realidad no lo es. Hago
esta advertencia para hacer notar la sinrazon de los que condenan
algunos misterios de nuestra fe, declarndolos absolutamente imposibles.
El dogma de la Trinidad y el de la Encarnacion son ciertamente
incomprensibles al dbil hombre; pero no son absurdos. Cmo es posible
un Dios trino, una naturaleza y tres personas distintas entre s,
idnticas con la naturaleza? Yo no lo s; pero no tengo derecho 
inferir que esto sea contradictorio. Comprendo por ventura lo que es
esta naturaleza, lo que son esas personas de que se me habla? No: luego
cuando quiero juzgar si lo que de ellas se dice es imposible  no, fallo
sobre objetos desconocidos. Qu sabemos nosotros de los arcanos de la
divinidad? El Eterno ha pronunciado algunas palabras misteriosas para
ejercitar nuestra obediencia, y humillar nuestro orgullo; pero no ha
querido levantar el denso velo que separa esta vida mortal del ocano de
verdad y de luz.


 VI.

Idea de la imposibilidad fisica  natural.

La _imposibilidad fisica  natural_, consiste en que un hecho est fuera
de las leyes de la naturaleza. Es naturalmente imposible que una piedra
soltada en el aire no caiga al suelo, que el agua abandonada  s misma
no se ponga al nivel, que un cuerpo sumergido en un fluido de menor
gravedad no se hunda, que los astros se paren en su carrera; porque las
leyes de la naturaleza prescriben lo contrario. Dios, que ha
establecido estas leyes, puede suspenderlas; el hombre no. Lo que es
_naturalmente_ imposible, lo es para la criatura, no para Dios.


 VII.

Modo de juzgar de la imposibilidad natural.

Cundo podremos afirmar que un hecho es imposible naturalmente? En
estando seguros de que existe una ley que se opone  la realizacion de
este hecho, y que dicha oposicion no est destruida  neutralizada por
otra ley natural. Es ley de la naturaleza que el cuerpo del hombre, como
mas pesado que el aire, caiga al suelo en faltndole el apoyo; pero hay
otra ley por la cual un conjunto de cuerpos unidos entre s, que sea
especficamente mnos grave que aquel en que se sumerge, se sostenga y
hasta se levante, aun cuando alguno de ellos sea mas grave que el
fluido; luego unido el cuerpo humano  un globo aerosttico dispuesto
con el arte conveniente, podr remontarse por los aires, y este fenmeno
estar muy arreglado  las leyes de la naturaleza. La pequeez de
ciertos insectos no permite que su imgen se pinte en nuestra retina de
una manera sensible; pero las leyes  que est sometida la luz hacen que
por medio de un vidrio se pueda modificar la direccion de sus rayos de
la manera conveniente, para que salidos de un objeto muy pequeo se
hallen desparramados al llegar  la retina, y formen all una imgen de
gran tamao; y as no ser naturalmente imposible que con la ayuda del
microscopio, lo imperceptible  la simple vista se nos presente con
dimensiones grandes.

Por estas consideraciones es preciso andar con mucho tiento en declarar
un fenmeno por imposible naturalmente. Conviene no olvidar: 1. que la
naturaleza es muy poderosa; 2. que nos es muy desconocida: dos verdades
que deben inspirarnos gran circunspeccion cuando se trate de fallar en
materias de esta clase. Si  un hombre del siglo XV se le hubiese dicho
que en lo venidero se recorreria en una hora la distancia de doce
leguas, y esto sin ayuda de caballos ni animales de ninguna especie,
habria mirado el hecho como naturalmente imposible; y sin embargo los
viajeros que andan por los caminos de hierro, saben muy bien que van
llevados con aquella velocidad por medio de agentes puramente naturales.
Quin sabe lo que se descubrir en los tiempos futuros, y el aspecto
que presentar el mundo de aqu  diez siglos? Seamos en hora buena
cautos en creer la existencia de fenmenos extraos, y no nos
abandonemos con demasiada lijereza  sueos de oro; pero guardmonos de
calificar de naturalmente imposible lo que un descubrimiento pudiera
mostrar muy realizable; no demos livianamente fe  exageradas esperanzas
de cambios inconcebibles; pero no las tachemos de delirios y absurdos.


 VIII.

Se deshace una dificultad sobre los milagros de Jesucristo.

De estas observaciones surge al parecer una dificultad, que no han
olvidado los incrdulos. Hla aqu: los milagros son tal vez efectos de
causas que por ser desconocidas, no dejarn de ser naturales; luego no
prueban la intervencion divina; y por tanto de nada sirven para apoyar
la verdad de la religion cristiana. Este argumento es tan especioso como
ftil.

Un hombre de humilde nacimiento que no ha aprendido las letras en
ninguna escuela, que vive confundido entre el pueblo, que carece de
todos los medios humanos, que no tiene dnde reclinar su cabeza, se
presenta en pblico enseando una doctrina tan nueva como sublime. Se le
piden los ttulos de su mision, y l los ofrece muy sencillos. Habla, y
los ciegos ven, los sordos oyen, la lengua de los mudos se desata, los
paralticos andan, las enfermedades mas rebeldes desaparecen de repente,
los que acaban de espirar vuelven  la vida, los que son llevados al
sepulcro se levantan del ataud, los que enterrados de algunos dias
despiden ya mal olor, se alzan envueltos en su mortaja, y salen de la
tumba, obedientes  la voz que les ha mandado salir  fuera. Este es el
conjunto histrico. El mas obstinado naturalista se empear en
descubrir aqu la accion de leyes naturales ocultas? Calificar de
imprudentes  los cristianos por haber pensado que semejantes prodigios
no pudieran hacerse sin intervencion divina? Creeis que con el tiempo
haya de descubrirse un secreto para resucitar  los muertos, y no como
quiera, sino hacindolos levantar  la simple voz de un hombre que los
llame? La operacion de las cataratas tiene algo que ver con el
restituir de golpe la vista  un ciego de nacimiento? Los procedimientos
para volver la accion  un miembro paralizado se asemejan por ventura
 este otro: levntate, toma tu lecho, y vte  tu casa? Las teoras
hidrostticas  hidrulicas llegarn nunca  encontrar en la mera
palabra de un hombre, la fuerza bastante para sosegar de repente el mar
alborotado, y hacer que las olas se tiendan mansas bajo sus pies, y que
camine sobre ellas, como un monarca sobre plateadas alfombras?

Y qu diremos si  tan imponente testimonio se reunen las profecas
cumplidas, la santidad de una vida sin tacha, la elevacion de su
doctrina, la pureza de la moral, y por fin el heroico sacrificio de
morir entre tormentos y afrentas, sosteniendo y publicando la misma
enseanza, con la serenidad en la frente, la dulzura en los labios,
articulando entre los ltimos suspiros _amor_ y _perdon_?

No se nos hable pues de leyes ocultas, de imposibilidades aparentes; no
se oponga  tan convincente evidencia un necio _quin sabe?_.....
Esta dificultad que seria razonable, si se tratara de un suceso aislado,
envuelto en alguna oscuridad, sujeto  mil combinaciones diferentes,
cuando se la objeta contra el cristianismo es no solo infundada, sino
hasta contraria al sentido comun.


 IX.

La imposibilidad moral  ordinaria.

_La imposibilidad moral  ordinaria_, es la oposicion al curso regular 
ordinario de los sucesos. Esta palabra es susceptible de muchas
significaciones, pues que la idea de curso ordinario es tan elstica,
es aplicable  tan diferentes objetos, que poco puede decirse en general
que sea provechoso en la prctica. Esta imposibilidad nada tiene que ver
con la absoluta ni la natural; las cosas _moralmente_ imposibles no
dejan por eso de ser muy posibles _absoluta_ y _naturalmente_.

Daremos una idea muy clara y sencilla de la imposibilidad ordinaria, si
decimos que es imposible de esta manera todo aquello que, atendido el
curso regular de las cosas, acontece  muy rara vez  nunca. Veo  un
elevado personaje, cuyo nombre y ttulos todos pronuncian, y  quien se
tributan los respetos debidos  su clase. Es moralmente imposible que el
nombre sea supuesto, y el personaje un impostor. Ordinariamente no
sucede as: pero tambien se ha sufrido este chasco una que otra vez.

Vemos  cada paso que la imposibilidad moral desaparece con el auxilio
de una causa extraordinaria  imprevista, que tuerce el curso de los
acontecimientos. Un capitan que acaudilla un puado de soldados, viene
de lejanas tierras, aborda  playas desconocidas, y se encuentra con un
inmenso continente poblado de millones de habitantes. Pega fuego  sus
naves, y dice _marchemos_. Adnde va? A conquistar vastos reinos con
algunos centenares de hombres. Esto es _imposible_; el aventurero est
demente? Dejadle, que su demencia es la demencia del heroismo y del
genio; la imposibilidad se convertir en suceso histrico. Apellidase
_Hernn Corts_; es espaol que acaudilla espaoles.


 X.

Imposibilidad de sentido comun impropiamente contenida en la
imposibilidad moral.

La imposibilidad moral tiene  veces un sentido muy diferente del
expuesto hasta aqu. Hay imposibles de los cuales no puede decirse que
lo sean con imposibilidad absoluta ni natural; y no obstante vivimos con
tal certeza de que lo imposible no se realizar, que no nos la infunde
mayor la natural, y poco le falta para producirnos el mismo efecto que
la absoluta. Un hombre tiene en la mano un cajon de caractres de
imprenta, que supondremos de forma cbica, para que sea igual la
probabilidad de caer y sostenerse por una cualquiera de sus caras; los
revuelve repetidas veces sin rden ni concierto, sin mirar siquiera lo
que hace, y al fin los deja caer al suelo; ser posible que resulten
por casualidad ordenados de tal manera que formen el episodio de Dido?
No, responde instantneamente cualquiera que est en su sano juicio;
esperar este accidente seria un delirio; tan seguros estamos de que no
se realizar, que si se pusiese nuestra vida pendiente de semejante
casualidad, dicindonos que si esto se verifica se nos matar,
continuaramos tan tranquilos como si no existiese la condicion.

Es de notar que aqu no hay imposibilidad metafsica  absoluta, porque
no hay en la naturaleza de los caractres una repugnancia esencial 
colocarse de dicha manera; pues que un cajista en breve rato los
dispondria as muy fcilmente; tampoco hay imposibilidad natural,
porque ninguna ley de la naturaleza obsta  que caigan por esta 
aquella cara, ni el uno al lado del otro del modo conveniente al efecto;
hay pues una imposibilidad de otro rden, que nada tiene de comun con
las otras dos, y que tampoco se parece  la que se llama moral, por solo
estar fuera del curso regular de los acontecimientos.

La teora de las probabilidades, auxiliada por la de las combinaciones,
pone de manifiesto esta imposibilidad, calculando, por decirlo as, la
inmensa distancia en que este fenmeno se halla con respecto  la
existencia. El Autor de la naturaleza no ha querido que una conviccion
que nos es muy importante, dependiese del raciocinio, y por consiguiente
careciesen de ella muchos hombres; as es que nos la ha dado  todos 
manera de instinto, como lo ha hecho con otras que nos son igualmente
necesarias. En vano os empeariais en combatirla ni aun en el hombre mas
rudo; l no sabria tal vez qu responderos, pero menearia la cabeza, y
diria para s: este filsofo que cree en la posibilidad de tales
despropsitos, no debe de estar muy sano de juicio.

Cuando la naturaleza habla en el fondo de nuestra alma con voz tan clara
y tono tan decisivo, es necedad el no escucharla. Solo algunos hombres
apellidados filsofos se obstinan  veces en este empeo; no recordando
que no hay filosofa que excuse la falta de sentido comun, y que mal
llegar  ser sabio quien comienza por ser insensato[4].




CAPTULO V.

CUESTIONES DE EXISTENCIA, CONOCIMIENTO ADQUIRIDO POR EL TESTIMONIO
INMEDIATO DE LOS SENTIDOS.


 I.

Necesidad del testimonio de los sentidos, y los diferentes modos con que
nos proporcionan el conocimiento de las cosas.

Asentados los principios y reglas que deben guiarnos en las cuestiones
de posibilidad, pasemos ahora  las de existencia, que ofrecen un campo
mas vasto, y mas tiles y frecuentes aplicaciones.

De la existencia  no existencia de un ser,  bien de que una cosa es 
no es, podemos cerciorarnos de dos maneras: por nosotros mismos,  por
medio de otros.

El conocimiento de la existencia de las cosas que es adquirido por
nosotros mismos, sin intervencion ajena, proviene de los sentidos
mediata  inmediatamente:  ellos nos presentan el objeto,  de las
impresiones que los mismos nos causan pasa el entendimiento  inferir la
existencia de lo que no se hace sensible  no lo es. La vista me informa
inmediatamente de la existencia de un edificio que tengo presente; pero
un trozo de coluna, algunos restos de un pavimento, una inscripcion 
otras seales, me hacen conocer que en tal  cual lugar existi un
templo romano. En ambos casos debo  los sentidos la noticia; pero en
el primero inmediata, en el segundo mediatamente.

Quien careciese de los sentidos tampoco llegaria  conocer la existencia
de los seres espirituales; pues adormecido el entendimiento no pudiera
adquirir esta noticia, ni por la razon, ni por la fe,  no ser que Dios
le favoreciera por medios extraordinarios, de que ahora no se trata.

A la distincion arriba explicada en nada obstan los sistemas que pueden
adoptarse sobre el orgen de las ideas; ora se las suponga adquiridas,
ora innatas, ora vengan de los sentidos, ora sean tan solo excitadas por
ellos, lo cierto es que nada sabemos, nada pensamos, si los sentidos no
han estado en accion. Ademas, hasta les dejaremos  los idelogos la
facultad de imaginar lo que bien les pareciere sobre las funciones
intelectuales de un hombre que careciese de todos los sentidos; sin
riesgo podemos otorgarles tamaa latitud; supuesto que nadie aclarar
jamas lo que en ello habria de verdad; ya que el paciente no seria capaz
de comunicar lo que le pasa, ni por palabras ni por seas. Finalmente
aqu se trata de hombres dotados de sentidos, y la experiencia ensea
que esos hombres conocen,  lo que sienten,  por lo que sienten.


 II.

Errores en que incurrimos por ocasion de los sentidos. Su remedio.
Ejemplos.

El conocimiento inmediato que los sentidos nos dan de la existencia de
una cosa, es  veces errado, porque no nos servimos como debemos de
estos admirables instrumentos que nos ha concedido el Autor de la
naturaleza. Los objetos corpreos obrando sobre el rgano de los
sentidos, causan una impresion  nuestra alma; asegurmonos bien de cul
es esta impresion, sepamos hasta qu punto le corresponde la existencia
de un objeto; h aqu las reglas para no errar en estas materias.
Algunas explicaciones ensearn mas que los preceptos y teoras.

Veo  larga distancia un objeto que se mueve, y digo: all hay un
hombre; acercndome mas, descubro que no es as; y que solo hay un
arbusto mecido por el viento. Me ha engaado el sentido de la vista?
no: porque la impresion que ella me trasmitia era nicamente de un bulto
movido; y si yo hubiese atendido bien  la sensacion recibida, habria
notado que no me pintaba un hombre. Cuando pues yo he querido hacerle
tal, no debo culpar al sentido, sino  mi poca atencion,  bien,  que
notando alguna semejanza entre el bulto y un hombre visto de ljos, he
inferido que aquello debia de serlo en efecto, sin advertir que la
semejanza y la realidad son cosas muy diversas.

Teniendo algunos antecedentes de que se dar una batalla,  se
hostilizar alguna plaza, parceme que he oido caonazos, y me quedo con
la creencia de que ha comenzado el fuego. Noticias posteriores me hacen
saber que no se ha disparado un tiro; quin tiene la culpa de mi error?
no mi oido, sino yo. El ruido se oia en efecto: pero era el de los
golpes de un leador que resonaban en el fondo de un bosque distante;
era el de cerrarse alguna puerta, cuyo estrpito retumbaba por el
edificio y sus cercanias, era el de otra cosa cualquiera que producia
un sonido semejante al del estampido de un caon lejano. Estaba yo bien
seguro de que no se hallaba  mis inmediaciones la causa del ruido que
me producia la ilusion? Estaba bastante ejercitado para discernir la
verdad, atendida la distancia en que debia hacerse el fuego, la
direccion del lugar, y el viento que  la sazon reinaba? No es pues el
sentido quien me ha engaado, sino mi lijereza y precipitacion. La
sensacion era tal cual debia ser; pero yo le he hecho decir lo que ella
no me decia. Si me hubiese contentado con afirmar que oia ruido parecido
al de caonazos distantes, no hubiera inducido al error  otros y  m
mismo.

A uno le presentan un alimento de excelente calidad, y al probarlo dice:
es malo, intolerable, se conoce que hay tal  cual mezcla, porque en
efecto su paladar lo experimenta as. Le enga el sentido? no. Si le
pareci amargo, no podia suceder de otra manera, atendida la
indisposicion gstrica que le tenia cubierta la lengua de un humor que
lo maleaba todo. Bastbale  este hombre un poco de reflexion para no
condenar tan fcilmente  al criado  al revendedor. Cuando el paladar
est bien dispuesto, sus sensaciones nos indican las calidades del
alimento, en el caso contrario no.


 III.

Necesidad de emplear en algunos casos mas de un sentido, para la debida
comparacion.

Conviene notar que para conocer por medio de los sentidos la existencia
de un objeto, no basta  veces el uso de uno solo, sino que es preciso
emplear otros al mismo tiempo;  bien atender  las circunstancias que
nos pueden prevenir contra la ilusion. Es cierto que el discernir hasta
qu punto corresponde la existencia de un objeto  la sensacion que
recibimos, es obra de la comparacion, la que es fruto de la experiencia.
Un ciego  quien se quitan las cataratas, no juzga bien de las
distancias, tamaos y figuras, hasta haber adquirido la prctica de ver.
Esta adquisicion la hacemos sin advertirla desde nios, y as creemos
que basta abrir los ojos para juzgar de los objetos tales como son en
s. Una experiencia muy sencilla y frecuente nos convencer de lo
contrario. Un hombre adulto y un nio de tres aos estan mirando por un
vidrio que les ofrece  la vista paisajes, animales, ejrcitos; ambos
reciben la misma impresion; pero el adulto, que sabe bien que no ha
salido al campo, y se halla en un aposento cerrado, no se altera ni por
la cercana de las fieras, ni por los desastres del campo de batalla. Lo
que le cuesta trabajo es conservar la ilusion; y mas de una vez habr
menester distraerse de la realidad, y suplir algunos defectos del cuadro
 instrumento para sentir placer con la presencia del espectculo. Pero
el nio, que no compara, que solo atiende  la sensacion en todo su
aislamiento, se espanta y llora, temiendo que se le han de comer las
fieras,  viendo que tan cruelmente se matan los soldados.

Todava mas: experimentamos  cada paso que una perspectiva excelente de
la cual no tenamos noticia, vista  la correspondiente distancia nos
causa ilusion, y nos hace tomar por objetos de relleve los que en
realidad son planos. La sensacion no es errada; pero s lo es el juicio
que por ella formamos. Si advirtisemos que caben reglas para producir
en la retina la misma impresion con un objeto plano que con otro
abultado, nos hubiramos complacido en la habilidad del artista sin caer
en error. Este habria desaparecido mirando el objeto desde puntos
diferentes,  valindonos del tacto.


 IV.

Los sanos de cuerpo y enfermos de espritu.

Los que tratan del buen uso de los sentidos suelen advertir que es
preciso cuidar de que alguna indisposicion no afecte  los rganos, y
as se nos comuniquen sensaciones capaces de engaarnos, esto es sin
duda muy prudente, pero no tan til como se cree. Los enfermos raras
veces se dedican  estudios serios, y as sus equivocaciones son de poca
trascendencia; ademas que ellos mismos,  sus allegados, bien pronto
notan la alteracion del rgano, con lo cual se previene oportunamente el
error. Los que necesitan reglas son los que estando sanos de cuerpo no
lo estan de espritu, y que preocupados de un pensamiento ponen  su
disposicion y servicio todos sus sentidos, hacindoles percibir, quizas
con la mayor buena fe, todo lo que conviene al apoyo del sistema
excogitado. Qu no descubrir en los cuerpos celestes el astrnomo que
maneja el telescopio, no con nimo reposado y ajeno de parcialidad, sino
con vivo deseo de probar una asercion aventurada con sobrada lijereza?
Qu no ver con el microscopio el naturalista que se halle en
disposicion semejante?

A propsito he dicho que estos errores podian padecerse quizas con la
mayor buena fe; porque sucede muy  menudo que el hombre se engaa
primero  s mismo, ntes de engaar  los otros. Dominado por su
opinion favorita, ansioso de encontrar pruebas para sacar la verdadera,
examina los objetos no para saber sino para vencer; y as acontece que
halla en ellos todo lo que quiere. Muchas veces los sentidos no le dicen
nada de lo que l pretende; pero le ofrecen algo de semejante: esto es,
exclama alborozado, hlo aqu, es lo mismo que yo sospechaba; y cuando
se levanta en su espritu alguna duda, procura sofocarla, achcala 
poca fe en su incontrastable doctrina, se esfuerza en satisfacerse  s
mismo, cerrando los ojos  la luz para poder engaar  los otros sin
verse precisado  mentir.

Basta haber estudiado el corazon del hombre para conocer que estas
escenas no son raras; y que jugamos con nosotros mismos de una manera
lastimosa. Necesitamos una conviccion? pues de un modo  otro
trabajamos en formrnosla; al principio la tarea es costosa, pero al fin
viene el hbito  robustecer lo dbil, se allega el orgullo para no
permitir retroceso, y el que comenz luchando contra s mismo con un
engao que no se le ocultaba del todo, acaba por ser realmente engaado,
y se entrega  su parecer con obstinacion incorregible.


 V.

Sensaciones reales, pero sin objeto externo. Explicacion de este
fenmeno.

Ademas, es menester advertir que no siempre sucede que el alucinado
atribuya  la sensacion mas de lo que ella le presenta; una imaginacion
vivamente poseida de un objeto, obra sobre los mismos sentidos, y
alterando el curso ordinario de las funciones, hace que realmente se
sienta lo que no hay. Para comprender cmo esto se verifica, conviene
recordar que la sensacion no se verifica en el rgano del sentido sino
en el cerebro, por mas que la fuerza del hbito nos haga referir la
impresion al punto del cual la recibimos. Estando el ojo muy sano nos
quedamos completamente ciegos, si sufre lesion el nervio ptico; y
privada la comunicacion de un miembro cualquiera con el cerebro, se
extingue el sentido. De esto se infiere que el verdadero receptculo de
todas las sensaciones es el cerebro; y que si en una de sus partes se
excita por un acto interno la impresion que suele ser producida por la
accion del rgano externo, existir la sensacion sin que haya habido
impresion exterior. Es decir, que si al recibir el rgano externo la
impresion de un cuerpo, la comunica al cerebro causando en el nervio A
la vibracion  otra afeccion B, y por una causa cualquiera,
independiente de los cuerpos exteriores, se produce en el mismo rgano A
la misma vibracion B, experimentaremos idntica sensacion que si el
rgano externo fuese afectado en la realidad.

En este punto se hallan de acuerdo la razon y la observacion. El alma se
informa de los objetos exteriores mediatamente por los sentidos, pero
inmediatamente por el cerebro; cuando este pues recibe tal  cual
impresion, no puede ella desentenderse de referirla al lugar de donde
suele proceder, y al objeto que de ordinario la produce. Si se halla
advertida de que la organizacion est alterada, se precaver contra el
error; pero no ser dejando de recibir la sensacion, sino desconfiando
del testimonio de ella. Cuando _Pascal_, segun cuentan, veia un abismo 
su lado, bien sabia que en realidad no era as; mas no dejaba de recibir
la misma sensacion que si hubiese habido el tal abismo, y no alcanzaba 
vencer la ilusion por mas que se esforzase. Este fenmeno se verifica
muy  menudo, y no se hace nada extrao  los que tienen algunas
nociones sobre semejantes materias.


 VI.

Maniticos y ensimismados.

Lo que acontece habitualmente en estado de enfermedad cerebral, puede
suceder muy bien cuando exaltada la imaginacion por una causa
cualquiera, se pone actualmente enfermiza con relacion  lo que la
preocupa. Qu son las manas sino la realizacion de este fenmeno? Pues
entindase que las manas estan distribuidas en muchas clases y
graduaciones; que las hay continuas y por intervalos, extravagantes y
arregladas, vulgares y cientficas; y que as como _Don Quijote_
convertia los molinos de viento en desaforados gigantes, y los rebaos
de ovejas y carneros en ejrcitos de combatientes, puede tambien un
sabio testarudo descubrir con la ayuda de sus telescopios, microscopios
y demas instrumentos, todo cuanto  su propsito cumpliere.

Los hombres muy pensadores y ensimismados corren gran riesgo de caer en
manas sabias, en ilusiones sublimes; que la msera humanidad, por mas
que se cubra con diferentes formas segun las varias situaciones de la
vida, lleva siempre consigo su patrimonio de flaqueza. Para una dbil
mujercilla el susurro del viento es un gemido misterioso, la claridad de
la luna es la aparicion de un finado, y el chillido de las aves
nocturnas es el grito de las evocaciones del averno para asistir 
pavorosas escenas. Desgraciadamente, no son solo las mujeres las que
tienen imaginacion calenturienta, y que toman por realidades los sueos
de su fantasa[5].




CAPTULO VI.

CONOCIMIENTO DE LA EXISTENCIA DE LAS COSAS ADQUIRIDO MEDIATAMENTE POR
LOS SENTIDOS.


 I.

Transicion de lo sentido  lo no sentido.

Los sentidos nos dan inmediatamente noticias de la existencia de muchos
objetos; pero de estos son todava en mayor nmero los que no ejercen
accion sobre los rganos materiales,  por ser incorpreos,  por no
estar en disposicion de afectarlos. Sobre lo que nos comunican los
sentidos se levanta un tan extenso y elevado edificio de conocimientos
de todas clases, que al mirarle se hace dificil de concebir cmo ha
podido cimentarse en tan reducida basa.

Donde no alcanzan los sentidos llega el entendimiento, conociendo la
existencia de objetos insensibles por medio de los sensibles. La lava
esparcida sobre un terreno nos hace conocer la existencia pasada de un
volcan que no hemos visto; las conchas encontradas en la cumbre de un
monte nos recuerdan la elevacion de las aguas, indicndonos una
catstrofe que no hemos presenciado; ciertos trabajos subterrneos nos
muestran que en tiempos anteriores se benefici all una mina; las
ruinas de las antiguas ciudades nos sealan la morada de hombres que no
hemos conocido. As los sentidos nos presentan un objeto, y el
entendimiento llega con este medio al conocimiento de otros muy
diferentes.

Si bien se observa, este trnsito de lo conocido  lo desconocido no lo
podemos hacer sin que ntes tengamos alguna idea mas  mnos completa,
mas  mnos general del objeto desconocido, y sin que al propio tiempo
sepamos que hay entre los dos alguna dependencia. As en los ejemplos
aducidos, si bien no conocia aquel volcan determinado, ni las olas que
inundaron la montaa, ni  los mineros, ni  los moradores, no obstante
todos estos objetos me eran conocidos en general, as como sus
relaciones con lo que me ofrecian los sentidos. De la contemplacion de
la admirable mquina del universo no pasaramos al conocimiento del
Criador, sino tuviramos idea de efectos y causas, de rden y de
inteligencia. Y sea dicho de paso, esta sola observacion basta para
desbaratar el sistema de los que no ven en nuestro pensamiento mas que
sensaciones transformadas.


 II.

Coexistencia y sucesion.

La dependencia de los objetos es lo nico que puede autorizarnos para
inferir de la existencia del uno la del otro; y por consiguiente toda la
dificultad estriba en conocer esta dependencia. Si la ntima naturaleza
de las cosas estuviera patente  nuestra vista, bastaria fijarla en un
ser para conocer desde luego todas sus propiedades y relaciones, entre
las cuales descubririamos las que le ligan con otros. Por desgracia no
es as; pues en el rden fsico como en el moral, son muy escasas 
incompletas las ideas que poseemos sobre los principios constitutivos de
los seres. Estos son preciosos secretos velados cuidadosamente por la
mano del Criador; de la propia suerte que lo mas rico y exquisito que
abriga la naturaleza, suele ocultarse en los senos mas recnditos.

Por esta falta de conocimiento en lo tocante  la esencia de las cosas,
nos vemos con frecuencia precisados  conjeturar su dependencia por solo
su coexistencia  sucesion; infiriendo que la una depende de la otra,
porque algunas  muchas veces existen juntas,  porque esta viene en pos
de aquella. Semejante raciocinio, que no siempre puede tacharse de
infundado, tiene sin embargo el inconveniente de inducirnos con
frecuencia al error; pues no es fcil poseer la discrecion necesaria
para conocer cundo la existencia  la sucesion son un signo de
dependencia, y cundo no.

En primer lugar debe asentarse por indudable, que la existencia
simultnea de dos seres, ni tampoco su inmediata sucesion, consideradas
en s solas, no prueban que el uno dependa del otro. Una planta venenosa
y pestilente se halla tal vez al lado de otra medicinal y aromtica; un
reptil daino y horrible se arrastra quizas  poca distancia de la bella
 inofensiva mariposa; el asesino huyendo de la justicia se oculta en el
mismo bosque donde est en acecho un honrado cazador; un airecillo
fresco y suave recrea la naturaleza toda, y algunos momentos despues
sopla el violento huracan llevando en sus negras alas tremenda
tempestad.

As es muy arriesgado el juzgar de las relaciones de dos objetos porque
se los ha visto unidos alguna vez,  sucederse con poco intervalo; este
es un sofisma que se comete con demasiada frecuencia, cayndose por l
en infinitos errores. En l se encontrar el orgen de tantas
predicciones como se hacen sobre las variaciones atmosfricas, que bien
pronto la experiencia manifiesta fallidas; de tantas conjeturas sobre
manantiales de agua, sobre veneros de metales preciosos, y otras cosas
semejantes. Se ha visto algunas veces que despues de tal  cual posicion
de las nubes, de tal  cual viento, de tal  cual direccion de la niebla
de la maana, llovia,  tronaba,  acontecian otras mudanzas de tiempo;
se habr notado que en el terreno de este  aquel aspecto se encontr
algunas veces agua, que en pos de estas  aquellas vetas se descubri el
precioso mineral; y se ha inferido desde luego que habia una relacion
entre los dos fenmenos, y se ha tomado el uno como seal del otro; no
advirtiendo que era dable una coincidencia enteramente casual, y sin que
ellos tuviesen entre si relacion de ninguna clase.


 III.

Dos reglas sobre la coexistencia y la sucesion.

La importancia de la materia exige que se establezcan algunas reglas.

1. Cuando una experiencia constante y dilatada nos muestra dos objetos
existentes  un mismo tiempo, de tal suerte que en presentndose el uno
se presenta tambien el otro, y en faltando el uno falta tambien el otro,
podemos juzgar sin temor de equivocarnos, que tienen entre s algun
enlace; y por tanto de la existencia del uno inferiremos legitimamente
la existencia del otro.

2. Si dos objetos se suceden indefectiblemente, de suerte que puesto el
primero, siempre se haya visto que seguia el segundo, y que al existir
este, siempre se haya notado la precedencia de aquel, podremos deducir
con certeza que tienen entre s alguna dependencia.

Tal vez seria difcil demostrar filosficamente la verdad de estas
aserciones; sin embargo los que las pongan en duda, seguramente no
habrn observado que sin formularlas las toma por norma el buen sentido
de la humanidad, que en muchos casos se acomoda  ellos la ciencia, y
que en las mas de las investigaciones no tiene el entendimiento otra
guia.

Creo que nadie pondr dificultad en que las frutas cuando han adquirido
cierto tamao, figura y color, dan seal de que son sabrosas; cmo sabe
esta relacion el rstico que las coge? Cmo de la existencia del color
y demas calidades que ve, infiere la de otra que no experimenta, la del
sabor? Exigidle que os explique la teoria de este enlace, y no sabr qu
responderos; pero objetadle dificultades y empeaos en persuadirle que
se equivoca en la eleccion, y se reir de vuestra filosofa, asegurado
en su creencia por la simple razon de que siempre sucede as.

Todo el mundo est convencido de que cierto grado de frio hiela los
lquidos, y que otro de calor los vuelve al primer estado. Muchos son
los que no saben la razon de estos fenmenos; pero nadie duda de la
relacion entre la congelacion y el frio y la liquidacion y el calor.
Quizs podrian suscitarse dificultades sobre las explicaciones que en
esta parte ofrecen los fsicos; pero el linaje humano no aguarda  que
en semejantes materias lo ilustren los sabios: siempre existen juntos
estos hechos, dice; luego entre ellos hay alguna relacion que los liga.

Son infinitas las aplicaciones que podrian hacerse de la regla
establecida; pero las anteriores bastan para que cualquiera las
encuentre por s mismo. Solo dir que la mayor parte de los usos de la
vida estan fundados en este principio: la simultnea existencia de dos
seres observada por dilatado tiempo, autoriza para deducir que
existiendo el uno existir tambien el otro. Sin dar por segura esta
regla, el comun de los hombres no podria obrar; y los mismos filsofos
se encontrarian mas embarazados de lo que tal vez se figuran. Darian
pocos pasos mas que el vulgo.

La 2. regla es muy anloga  la primera: se funda en los mismos
principios, y se aplica  los mismos usos. La constante experiencia
manifiesta que el pollo sale de un huevo; nadie hasta ahora ha explicado
satisfactoriamente cmo del licor encerrado en la cscara se forma aquel
cuerpecito tan admirablemente organizado; y aun cuando la ciencia diese
cumplida razon del fenmeno, el vulgo no lo sabria; y sin embargo ni
este ni los sabios vacilan en creer que hay una relacion de dependencia
entre el licor y el polluelo; al ver el pequeo viviente, todos estamos
seguros de que le ha precedido aquella masa que  nuestros ojos se
presentaba informe y torpe.

La generalidad de los hombres,  mejor diremos, todos, ignoran
completamente de qu manera la tierra vegetal concurre al desarrollo de
las semillas y al crecimiento de las plantas; ni cual es la causa de que
unos terrenos se adapten mejor que otros  determinadas producciones;
pero _siempre_ se ha visto as, y esto es suficiente para que se crea
que una cosa depende de otra, y para que al ver la segunda deduzcamos
sin temor de errar la existencia de la primera.


 IV.

Observaciones sobre la relacion de casualidad. Una regla de los
dialcticos.

Sin embargo conviene advertir la diferencia que va de la sucesion
observada una sola vez,  repetida muchas. En el primer caso, no solo no
arguye casualidad, pero ni aun relacion de ninguna clase; en el 2. no
siempre indica dependencia de efecto y causa, pero s al mnos
dependencia de una causa comun. Si el flujo y reflujo del mar se hubiese
observado que coincidia una que otra vez con cierta posicion de la luna,
no podria inferirse que existia relacion entre los dos fenmenos; mas
siendo constante la expresada coincidencia, los fisicos debieron
inferir, que si el uno no es causa del otro, al mnos tienen ambos una
causa comun, y que as estan ligados en su origen.

A pesar de lo que acabo de decir, tienen mucha razon los dialcticos
cuando tachan de sofstico el raciocinio siguiente: _post hoc, ergo
propter hoc; despues de esto, luego por esto_. 1. Porque ellos no
hablan de una sucesion constante; 2. porque aun cuando hablaran, esta
sucesion puede indicar dependencia de una causa comun, y no que lo uno
sea causa de lo otro.

Si bien se observa, la misma regla  que atendemos en los negocios
comunes, es mas general de lo que  primera vista pudiera parecer: de
ella nos servimos en el curso ordinario de las cosas, de la propia
suerte que en lo tocante  la naturaleza. Segun el objeto de que se
trata se modifica la aplicacion de la regla: en unos casos basta una
experiencia de pocas veces, en otros se la exige mas repetida; pero en
el fondo siempre andamos guiados por el mismo principio: dos hechos que
siempre se suceden, tienen entre si alguna dependencia, la existencia
del uno indicar pues la del otro.


 V.

Un ejemplo.

Es de noche y veo que en la cima de una montaa se enciende un fuego; 
poco rato de arder, noto que en la montaa opuesta asoma una luz; brilla
por breve tiempo y desaparece. Esta ha salido despues de encendido el
fuego en la parte opuesta; pero de aqu no puedo inferir que haya entre
los dos hechos relacion alguna. Al dia siguiente, veo otra vez que se
enciende el fuego en el mismo lugar, y que del mismo modo se presenta la
luz. La coincidencia en que ayer no me habia parado siquiera, ya me
llama la atencion hoy: pero esto podr ser una casualidad, y no pienso
mas en ello. Al otro dia acontece lo mismo; crece la sospecha de que no
sea una seal convenida. Durante un mes se verifica lo propio; la hora
es siempre la misma, pero nunca falta la aparicion de la luz  poco de
arder el fuego; entnces ya no me cabe duda de que  el un hecho es
dependiente del otro,  por lo mnos hay entre ellos alguna relacion; y
ya no me falta sino averiguar en qu consiste una novedad que no acierto
 comprender.

En semejantes casos el secreto para descubrir la verdad, y prevenir los
juicios infundados, consiste en atender  todas las circunstancias del
hecho, sin descuidar ninguna por despreciable que parezca. As en el
ejemplo anterior, supuesto que  poco de encendido el fuego se
presentaba la luz, dirse  primera vista, que no es necesario pararse
en la hora de la noche, y ni tampoco en si esta hora variaba  no. Mas
en la realidad estas circunstancias eran muy importantes, porque segun
fuese la hora, era mas  menos probable que se encendiese fuego y
apareciese luz; y siendo siempre la misma, era mucho mnos probable que
los dos hechos tuviesen relacion, que si hubiera sido variada. Un
imprudente que no reparase en nada de eso, alarmaria la comarca con las
pretendidas seales; no cabria ya duda de que algunos malhechores se
ponen de acuerdo, se explicaria sin dificultad el robo que sucedi tal 
cual dia, se comprenderia lo que significaba un tiro que se oy por
aquella parte, y cuando la autoridad tendria aviso del malvado complot,
cuando recaerian ya negras sospechas sobre familias inocentes; h aqui
que los exploradores enviados  observar de cerca el misterio, podrian
volver muy bien rindose del espanto y del espantador, y descifrando el
enigma en los trminos siguientes: Muy cerca de la cima donde arde el
fuego, est situada la casa de la familia A, que  la hora de acostarse
aposta un vigilante en las cercanas, porque tiene noticia de que unos
leadores quieren estropear parte de bosque plantado de nuevo. El
centinela siente frio, y hace muy bien en encender lumbre sin nimo de
espantar  nadie, sino es  los malandrines de segur y cuerda. Como
cabalmente aquella es la hora en que suelen acostarse los comarcanos, lo
hace tambien la familia B que habita en la cumbre de la montaa
opuesta. Al sonar el reloj, levanta el dueo los reales de la chimenea,
dice  todo el mundo: vmonos  dormir, y entre tanto l sale  un
terrado al cual dan varias puertas, y empuja por la parte de afuera para
probar si los muchachos han cerrado bien. Como el buen hombre va 
recogerse, lleva en la mano el candil, y hos aqu la luz misteriosa que
salia  una misma hora, y desaparecia en breve, coincidiendo con el
fuego, y haciendo casi pasar por ladrones  quienes solo trataban de
guardarse de ladrones.

Qu debia hacer en tal caso un buen pensador? Hlo aqu. A poco rato de
encendido el fuego aparece la luz, y siempre  una misma hora poco mas 
mnos, lo que inclina  creer que ser una seal convenida. El pas est
en paz, con que esto debiera de ser inteligencia de malhechores. Pero
cabalmente no es probable que lo sea, porque no es regular que escojan
siempre un mismo lugar y tiempo, con riesgo de ser notados y
descubiertos. Ademas que la operacion seria muy larga durando un mes, y
estos negocios suelen redondearse con un golpe de mano. Por aquellas
inmediaciones estan las casas A y B, familias de buena reputacion que no
se habrn metido  encubridores. Parece pues que  ha de haber
coincidencia puramente casual,  que si hay sea, debe de ser sobre
negocio que no teme los ojos de la justicia. La hora del suceso es
precisamente la en que se recogen los vecinos de esta tierra; veamos si
esto no ser que algunos quehaceres obligan  los unos  encender fuego,
y  los otros  sacar la luz.


 VI.

Reflexiones sobre el ejemplo anterior.

Reflexionando sobre el ejemplo anterior, se nota que  pesar de la
ninguna relacion de sea ni causa, que en s tenian los dos hechos, no
obstante reconocian en cierto modo un mismo orgen: el sonar la hora de
acostarse. As se echa de ver, que el error no estaba en suponer que
habia algo de comun en ellos, ni en pensar que la coincidencia no era
puramente casual, sino en que se apelaba  interpretaciones destituidas
de fundamento, se buscaba en la intencion concertada de las personas lo
que era simple efecto de la identidad de la hora.

Esta observacion ensea por una parte el tino con que debe precederse en
determinar la clase de relacion que entre s tienen dos hechos,
simultneos  sucesivos; pero por otra confirma mas y mas la regla dada,
de que cuando la simultaneidad  sucesion son constantes, arguyen algun
vnculo  relacion,  de los hechos entre s,  de ambos con un tercero.


 VII.

La razon de un acto que parece instintivo.

Profundizando mas la materia, encontraremos que el inferir de la
coexistencia  sucesion la relacion entre los hechos coexistentes 
sucesivos, aunque parezca un acto instintivo y ciego, es la aplicacion
de un principio que tenemos grabado en el fondo de nuestra alma, y del
que hacemos continuo uso sin advertirlo siquiera. Este principio es el
siguiente: _donde hay rden, donde hay combinacion, hay causa que
ordena y combina; el acaso es nada_. Una que otra coincidencia la
podemos mirar como casual, es decir, sin relacion; pero en siendo muy
repetida, ya decimos sin vacilar: aqu hay enlace, hay misterio, no
llega  tanto la casualidad.

As se verifica que examinando  fondo el espritu humano, encontramos
en todas partes la mano bondadosa de la Providencia, que se ha
complacido en enriquecer nuestro entendimiento y nuestro corazon con
inestimables preciosidades[6].




CAPTULO VII.

LA LGICA ACORDE CON LA CARIDAD.


 I.

Sabidura de la ley que prohibe los juicios temerarios.

La ley cristiana que prohibe los juicios temerarios es no solo ley de
caridad, sino de prudencia, y buena lgica. Nada mas arriesgado que
juzgar de una accion, y sobre todo de la intencion, por meras
apariencias; el curso ordinario de las cosas lleva tan complicados los
sucesos, los hombres se encuentran en situaciones tan varias, obran por
tan diferentes motivos, ven los objetos de maneras tan distintas, que 
menudo nos parece un castillo fantstico, lo que examinado de cerca, y
con presencia de las circunstancias se halla lo mas natural, lo mas
sencillo y arreglado.


 II.

Exmen de la mxima piensa mal y no errars.

El mundo cree dar una regla de conducta muy importante, diciendo piensa
mal y no errars, y se imagina haber enmendado de esta manera la moral
evanglica. Conviene no ser demasiado cndido, se nos advierte
continuamente; es necesario no fiarse de palabras; los hombres son muy
malos, obras son amores y no buenas razones: como si el Evangelio nos
ensease  ser imprudentes  imbciles; como si Jesucristo al
encomedarnos que fusemos sencillos como la paloma, no nos hubiera
avisado que no creysemos  todo espritu, que para conocer el rbol
atendisemos al fruto; y finalmente como si  propsito de la malicia de
los hombres, no leyramos ya en las primeras pginas de la Sagrada
Escritura que el corazon del hombre est inclinado al mal desde su
adolescencia.

La mxima perniciosa, que se propone nada mnos que asegurar el acierto
con la malignidad del juicio, es tan contraria  la caridad cristiana,
como  la sana razon. En efecto: la experiencia nos ensea que el hombre
mas mentiroso dice mucho mayor nmero de verdades que de mentiras, y que
el mas malvado hace muchas mas acciones buenas  indiferentes que malas.
El hombre ama naturalmente la verdad y el bien; y no se aparta de ellos
sino cuando las pasiones le arrastran y extravian. Miente el mentiroso
en ofrecindosele alguna ocasion en que faltando  la verdad, cree
favorecer sus intereses  lisonjear su vanidad necia; pero fuera de
estos casos, naturalmente dice la verdad, y habla como el resto de los
hombres. El ladron roba, el liviano se desmanda, el pendenciero rie,
cuando se presenta la oportunidad, estimulando la pasion; que si
estuviesen abandonados de continuo  sus malas inclinaciones, serian
verdaderos monstruos, su crmen degeneraria en demencia; y entnces el
decoro y buen rden de la sociedad reclamarian imperiosamente que se los
apartase del trato de sus semejantes.

Infirese de estas observaciones que el juzgar mal, no teniendo el
debido fundamento, y el tomar la malignidad por garanta de acierto, es
tan irracional como si habiendo en una urna muchsimas bolas blancas, y
poqusimas negras, se dijera que las probabilidades de salir estan en
favor de las negras.


 III.

Algunas reglas para juzgar de la conducta de los hombres.

Caben en esta materia reglas de juiciosa cautela, que nacen de la
prudencia de la serpiente y no destruyen la candidez de la paloma.


REGLA 1.

No se debe fiar de la virtud del comun de los hombres, puesta  prueba
muy dura.

La razon es clara, el resistir  tentaciones muy vehementes exige virtud
firme y acendrada. Esta se halla en pocos. La experiencia nos ensea que
en semejantes extremos la debilidad humana suele sucumbir; y la
Escritura nos previene que quien ama el peligro perecer en l.

Sabeis que un comerciante honrado se halla en los mayores apuros, cuando
todo el mundo le considera en posicion muy desembarazada. Su honor, el
porvenir de su familia, estan pendientes de una operacion poco justa,
pero muy beneficiosa. Si se decide  ella, todo queda remediado; si se
abstiene, el fatal secreto se divulga, y la perdicion total es
inevitable. Qu har? Si en la operacion podeis salir perjudicado,
precaveos  tiempo; apartaos de un edificio que si bien en una situacion
regular no amenazaba ruina, est ahora batido por un furioso huracan.

Teneis noticia de que dos personas de amable trato y bella figura, han
trabado relaciones muy ntimas y frecuentes; ambos son virtuosos, y aun
cuando no mediaran otros motivos, el honor debiera bastar  contenerlos
en los debidos lmites. Si teneis interes en ello, tomad vuestro partido
con presteza; si no callad; no juzgueis temerariamente; pero rogad 
Dios por ambos, que las oraciones podrn no ser intiles.

Estais en el gobierno, los tiempos son malos, la poca crtica, los
peligros muchos. Uno de vuestros dependientes encargado de un puesto
importante se halla asediado noche y dia por un enemigo que dispone de
largas talegas. El dependiente es honrado segun os parece, tiene grandes
compromisos por vuestra causa, y sobre todo es entusiasta de ciertos
principios, y los sustenta con mucho acaloramiento. A pesar de todo,
ser bueno que no perdais de vista el negocio. Haris muy bien en creer
que el honor y las convicciones de vuestro dependiente no se rajarn con
los golpes de un ariete de cincuenta mil pesos fuertes; pero ser mejor
que no lo probeis, mayormente si las consecuencias fuesen irreparables.

Un amigo os ha hecho grandes ofrecimientos, y no podeis dudar que son
sinceros. La amistad es antigua, los ttulos muchos y poderosos, la
simpatia de los corazones est probada; y para colmo de dicha, hay
identidad de ideas y sentimientos. Presntase de improviso un negocio en
que vuestra amistad le ha de costar cara; si no os sacrifica se expone 
graves prdidas,  inminentes peligros. Para lo que pudiera suceder,
resignaos  ser vctima, temed que las afectuosas protestas se quedarn
sin cumplirse, y que en cambio de vuestro duelo, se os pagar con una
satisfaccion tan gemebunda como estril.

Estais viendo  una autoridad en aprieto; se la quiere forzar  un acto
de alta trascendencia,  que no puede acceder sin degradarse, sin faltar
 sus deberes mas sagrados, sin comprometer intereses de la mayor
importancia. El magistrado es naturalmente recto; en su larga carrera no
se le conoce una felona; y su entereza est acompaada de cierta
firmeza de carcter. Los antecedentes no son malos. Sin embargo, cuando
veais que la tempestad arrecia, que el motin sube ya la escalera, cuando
golpee  la puerta del gabinete el osado demagogo que lleva en una mano
el papel que se ha de firmar, y en otra el pual  una pistola
amartillada; temed mas por la suerte del negocio, que por la vida del
magistrado. Es probable que no morir; la entereza no es el heroismo.

Con los anteriores ejemplos se echa de ver que en algunas ocasiones es
lcito y muy prudente desconfiar de la virtud de los hombres; lo que
acontece cuando el obrar bien exige una disposicion de nimo, que la
razon, la experiencia y la misma religion, nos ensean ser muy rara. Es
claro ademas, que para sospechar mal, no siempre ser menester que el
apuro sea tal como se ha pintado. Para el comun de los hombres suele
bastar mucho mnos; y para los decididamente malos la simple oportunidad
equivale  vehemente tentacion. As no es posible sealar otra regla
para discernir los casos, sino que es preciso atender  las
circunstancias de la persona que es el objeto del juicio, graduando la
probabilidad del mal por su habitual inclinacion  l,  su adhesion 
la virtud.

De estas consideraciones nacen las otras reglas.


REGLA 2.

Para conjeturar cul ser la conducta de una persona en un caso dado, es
preciso conocer su inteligencia, su ndole, carcter, moralidad,
intereses y cuanto puede influir en su determinacion.

El hombre, aunque dotado de libertad de albedrio, no deja de estar
sujeto  una muchedumbre de influencias que contribuyen poderosamente 
decidirle. El olvido de una sola circunstancia nos puede llevar al
error. As, suponiendo que un hombre est en un compromiso de que le es
difcil salir sin faltar  sus deberes, parece  primera vista que en
sabiendo cul es su moralidad, y cules los obstculos que  la sazon
median para obrar conforme  ella, tenemos datos bastantes para
pronosticar sobre el xito. Pero entnces no llevamos en cuenta una
cualidad que influye sobre manera en casos semejantes: la firmeza de
carcter. Este olvido podr hacer muy bien que defraude nuestras
esperanzas un hombre virtuoso, y las exceda el malo; pues que para sacar
airosa la virtud en circunstancias apuradas, sirve admirablemente el que
obren en su favor pasiones enrgicas. Un alma de temple fuerte y brioso,
se exalta y cobra nuevo aliento  la vista del peligro; en el
cumplimiento del deber se interesa entnces el orgullo; y un corazon que
naturalmente se complace en superar obstculos, y arrostrar riesgos, se
siente mas osado y resuelto cuando se halla animado por el grito de la
conciencia. El ceder es debilidad, el volver atras cobardia; el faltar
al deber es manifestar miedo, es someterse  la afrenta. El hombre de
intencion recta y corazon puro, pero pusilnime, mirar las cosas con
ojos muy diferentes. Hay un deber que cumplir, es verdad; pero trae
consigo la muerte de quien lo cumpla, y la orfandad de la familia. El
mal se har tambien de la misma manera; y quizas los desastres sern
mayores. Es necesario dar al tiempo lo que es suyo: la entereza no ha de
convertirse en terquedad: los deberes no han de considerarse en
abstracto, es preciso atender  todas las circunstancias; las virtudes
dejan de serlo, si no andan regidas por la prudencia. El buen hombre ha
encontrado por fin lo que buscaba: un parlamentario entre el bien y el
mal; el miedo con su propio traje no servia para el caso; pero ya se ha
vestido de prudencia; la transaccion no se har esperar mucho.

H aqu un ejemplo bien palpable, y por cierto nada imaginario, de que
es preciso atender  todas las circunstancias del individuo que se ha de
juzgar. Desgraciadamente el conocimiento de los hombres es uno de los
estudios mas dificiles; y por lo mismo es tarea espinosa el recoger los
datos precisos para acertar.


REGLA 3.

Debemos cuidar mucho de despojarnos de nuestras ideas y afecciones, y
guardarnos de pensar que los demas obrarn como obraramos nosotros.

La experiencia de cada dia nos ensea que el hombre se inclina  juzgar
de los demas tomndose por pauta  s mismo. De aqu han nacido los
proverbios quien mal no hace, mal no piensa; y piensa el ladron que
todos son de su condicion. Esta inclinacion es uno de los mayores
obstculos para encontrar la verdad en todo lo concerniente  la
conducta de los hombres; ella expone con frecuencia al virtuoso  ser
presa de los amaos del malvado; y dirige  menudo contra probada
honradez, y quizas acendrada virtud, los tiros de la maledicencia.

La reflexion, ayudada por costosos desengaos, cura  veces este
defecto, orgen de muchos males privados y pblicos; pero su raiz est
en el entendimiento y corazon del hombre, y es preciso estar siempre
alerta si no se quiere que retoen las ramas.

La razon de este fenmeno no ser difcil explicarla. En la mayor parte
de sus raciocinios, procede el hombre por analoga. Siempre ha
sucedido esto, luego ahora suceder tambien. Comunmente despues de tal
hecho, sobreviene tal otro, luego lo mismo acontecer en la actualidad.
De aqu dimana que tan pronto como se ofrece la ocasion de formar
juicio, apelamos  la comparacion; si un ejemplo apoya nuestra manera de
opinar, nos afirmamos mas en ella; y si la experiencia nos suministra
muchos, sin esperar mas pruebas damos la cosa por demostrada. Natural
es, que necesitando comparaciones las busquemos en los objetos mas
conocidos, y con los cuales nos hallamos mas familiarizados; y como en
tratndose de juzgar  conjeturar sobre la conducta ajena hemos menester
calcular sobre los motivos que influyen en la determinacion de la
voluntad, atendemos sin advertirlo siquiera  lo que solemos hacer
nosotros, y prestamos  los demas el mismo modo de mirar y apreciar los
objetos.

Esta explicacion, tan sencilla como fundada, seala cumplidamente la
razon de la dificultad que encontramos en despojarnos de nuestras ideas
y sentimientos, cuando as lo reclama el acierto en los juicios que
formamos sobre la conducta de los demas. Quien no est acostumbrado 
ver otros usos que los de su pais, tiene por extrao cuanto de ellos se
desvia, y al dejar por primera vez el suelo patrio se sorprende  cada
novedad que descubre. Lo propio nos sucede en el asunto de que tratamos:
con nadie vivimos mas intimamente que con nosotros mismos; y hasta los
mnos amigos de concentrarse tienen por necesidad una conciencia muy
clara del curso que ordinariamente siguen su entendimiento y voluntad.
Presntase un caso, y no atendiendo  que aquello pasa en el nimo de
los otros, como si dijsemos en tierra extranjera, nos sentimos
naturalmente llevados  pensar que deber de suceder all lo mismo 
corta diferencia que hemos visto en nuestra patria. Y ya que he
comenzado comparando, aadir, que as como los que han viajado mucho no
se sorprenden por ninguna diversidad de costumbres, y adquieren cierto
hbito de acomodarse  todo sin extraeza ni repugnancia, as los que se
han dedicado al estudio del corazon, y  la observacion de los hombres,
son mas diestros en despojarse de su manera de ver y sentir, y se
colocan mas fcilmente en la situacion de los otros; como si dijramos
que cambian de traje y de tenor de vida, y adoptan el aire y las maneras
de los naturales del nuevo pais[7].




CAPTULO VIII.

DE LA AUTORIDAD HUMANA EN GENERAL.


 I.

Dos condiciones necesarias para que sea valedero un testimonio.

No siempre nos es dable adquirir por nosotros mismos el conocimiento de
la existencia de un ser, y entnces nos es preciso valernos del
testimonio ajeno. Para que este no nos induzca  error, son necesarias
dos condiciones: 1. que el testigo no sea engaado: 2. que no nos
quiera engaar. Es evidente que faltando cualquiera de estos dos
extremos, su testimonio no sirve para encontrar la verdad. Poco nos
importa que quien habla la conozca, si sus palabras nos expresan el
error; y la veracidad y buena fe tampoco nos aprovechan si quien las
posee est engaado.


 II.

Exmen y aplicaciones de la primera condicion.

Conocemos si el testigo ha sido engaado  no atendiendo  los medios de
que ha podido disponer para alcanzar la verdad: y en estos medios
comprendo tambien su capacidad y demas cualidades personales que le
hacen mas  mnos apto para el efecto.

Al referrsenos algun hecho, cuando el narrador no es testigo ocular, 
veces la buena educacion no permite preguntar quin lo ha contado; pero
la buena lgica prescribe atender siempre  esta circunstancia, y no
prestar lijeramente asenso sin haberlo tenido presente.

Atravieso un pais que me es desconocido, y oigo la siguiente
proposicion: este es el ao de mejor cosecha que de mucho tiempo ac se
ha visto en esta comarca. Lo primero que debo hacer es parar la
atencion en la persona que as lo dice. Es un hombre anciano, rico
propietario de la tierra, establecido en sus mismas posesiones,
aficionado  recoger noticias y formar estados comparativos? No puedo
dudar que quien habla debe de saberlo muy bien; pues que su interes,
profesion, inclinaciones particulares y larga experiencia le
proporcionan cuantos medios son deseables para formar juicio acertado.
Es un hijo del mismo propietario, que solo se llega  las posesiones de
su padre para divertirse  sacar dinero; que distraido por la vida de
las ciudades, se cuida muy poco de lo que pasa en los campos? Bien podr
saberlo por habrselo oido  su padre; pero si esta ltima circunstancia
falta, el testimonio es muy poco seguro. Es un viajero que recorre de
vez en cuando aquel pais, por negocios que nada tienen que ver con la
agricultura? Su palabra merece poca fe, porque son escasos los medios
que ha tenido para cerciorarse de lo que afirma; su proposicion podr
ser echada  la aventura.

En una reunion se cuenta que el ingeniero N. acaba de idear una nueva
mquina para tal  cual producto, y que su invencion lleva ventaja 
cuantas se han conocido hasta ahora. El testigo es ocular.--Quin lo
refiere?--Es un caballero de la misma profesion, muy acreditado en ella,
que ha viajado mucho para ponerse al nivel de los ltimos adelantos en
maquinaria, comisionado repetidas veces ya por el gobierno, ya por
sociedades de fabricantes, para comparar diferentes sistemas de
construccion y elaboracion: el juez es competente; no es fcil haya sido
engaado por un charlatan cualquiera.--El testigo es un fabricante que
tiene invertidos grandes capitales en maquinaria, y se propone invertir
muchos mas; posee algunos conocimientos en el ramo, pues que su interes
propio le llama la atencion hcia este punto, y cuenta con bastantes
aos de experiencia. El testimonio no es despreciable, pero ha perdido
mucho de las cualidades del primero. No conoce por principios la
mecnica, habr visto algunos establecimientos, mas no los necesarios
para poder comparar la invencion con los demas sistemas conocidos: el
maquinista sabia que las arcas no estaban vacas, tenia un interes en
que se formase alto concepto de la invencion; hay pues bastante peligro
de que el mrito sea exagerado, hasta podr ser muy mediano, y quizas
nulo.

Una mujer de veracidad probada, pero de imaginacion ardiente y viva, y
ademas muy crdula en asuntos de carcter extraordinario y misterioso,
refiere con el tono de la mayor certeza y con el lenguaje y ademan de
una impresion reciente, que en la noche anterior ha oido en su casa un
ruido espantoso; que habindose levantado ha visto el resplandor de
algunas luces en partes del edificio en las que no habita nadie; y que
repetidas veces han resonado con toda claridad voces desconocidas, ya
cual gemidos de dolor, ya cual aullidos de desesperacion, ya cual
aterradoras amenazas. La testigo habr sido engaada. Es probable que
estando profundamente dormida, algun gato que andaria ocupado en sus
ordinarias tareas de hurto  caza, habr derribado algun traste con
estrepitoso fracaso. La buena seora, que quizas conciliaria
dificilmente el sueo, agitada por espectros y fantasmas, dispierta al
retumbante ruido: levntase despavorida, corre presurosa de una  otra
parte; ve en los aposentos desiertos alguna luz, por la sencilla razon
de que nadie cuid de cerrar las ventanas, y por ellas penetran los
rayos de la luna; por fin llegan  sus oidos las voces misteriosas que
no debieron de ser mas que los silbidos del viento, los crujidos de
alguna puerta mal segura, y tal vez el remoto maullo del malandrin que
salido por la buhardilla se va  trabar refriegas por la vecindad, sin
pensar que sus maldades tienen en congojosa cuita  su duea y
bienhechora.

Asi discurriria un buen pensador, sin decidirse por esto  creer  dejar
de creer, pero inclinndose algo mas  lo segundo que  lo primero;
cuando h aqu que llega  la reunion el marido de la seora espantada.
Es hombre que frisa en los cincuenta, que ha tenido tiempo de perder el
miedo en largos aos de carrera militar, no escasea de conocimientos, y
retirado ahora, vive entregado  sus negocios y  sus libros, dejando
que su mujer delire  mansalva. La vista de los circunstantes se dirige
naturalmente al recien llegado; y todos desean saber de su boca la
impresion que le causara la medrosa aventura. En verdad, seores, dice,
que no s qu diablos tenamos esta noche en casa. Ocupado en despachar
unos papeles que me corrian prisa, no me habia acostado todava, cuando
h aqu que  eso de las doce oigo un estrpito tal que me cre que la
casa se nos venia encima. Lo que es gato no podia ser, porque era
imposible que hiciese tal estrpito; y ademas esta maana nada se ha
encontrado, ni dislocado, ni roto. Eso de las luces, yo no las he visto;
pero que resonaron unas voces tan tremebundas que casi casi me habrian
metido el miedo en el cuerpo, es positivo. Veremos si la zambra se
repite: yo me temo que se nos ha querido jugar una treta. Desearia
sorprender  los actores representando su papel. Desde entnces la
cuestion cambia de aspecto; lo que ntes era improbable, ha pasado  ser
creible; el hecho ser verdadero, solo falta aclarar su naturaleza.


 III.

Exmen y aplicaciones de la segunda condicion.

Si conviene precaverse contra el engao que inocentemente puede haber
sufrido el narrador, no importa mnos estar en guarda contra la falta de
veracidad. Para este efecto ser bien informarse de la opinion que en
este punto disfruta la persona, y sobre todo examinar si alguna pasion 
interes la impelen  mentir. Qu caso puede hacerse de quien pinta
prodigiosos hechos de armas de los cuales espera grados, empleos y
condecoraciones? Est bien claro el partido que tomar el especulador,
si no est dominado por principios de rgida moral y caballerosa
delicadeza. As, quien refiere acontecimientos en cuya verdad 
apariencia tiene grande interes, es testigo sospechoso; prestarle
crdito sobre su palabra fuera proceder muy de lijero.

Cuando tratamos de calcular la probabilidad de un suceso que no sabemos
sino por el testimonio de otros, es preciso atender simultneamente 
las dos condiciones explicadas: conocimiento y veracidad. Pero como en
muchos casos,  mas del testimonio, tenemos algunos datos para
conjeturar sobre la probabilidad de lo que se nos cuenta, es necesario
hacerlos entrar en combinacion, para decidirnos con mnos peligro de
errar. Por lo comun, hay muchas cosas  que atender, en lo cual
ensearn mas los ejemplos que las reglas.

Un general da parte de una brillante victoria que acaba de conseguir; el
enemigo, por supuesto, era superior en fuerzas, ocupaba posiciones muy
ventajosas, pero ha sido arrollado en todas direcciones, y solo una
precipitada fuga le ha librado de dejar en manos del vencedor numerosos
prisioneros. La prdida del general ha sido insignificante en
comparacion de la del enemigo; algunas compaas que llevadas de su
ardor se habian adelantado en demasa, vironse envueltas por
cuadruplicadas fuerzas y tuvieron algunos momentos de conflicto; pero
merced  la bizarria de los jefes, y acertadas disposiciones del
general, pudironse replegar con el mayor rden sin mas resultado que
extraviarse un reducido nmero de soldados.

Qu concepto formaremos de la accion? Para que se vea cunta
circunspeccion es necesaria si se desea acertar en los juicios, y con la
mira de ofrecer ejemplos que sirvan de norma en otros casos,
detallaremos las muchas circunstancias  que es preciso atender.

Es conocido el general? Tiene reputacion de veraz y modesto,  pasa
plaza de fanfarron? Cules son sus dotes militares? Qu subalternos le
auxilian? Sus tropas gozan fama de valor y disciplina? Se han
distinguido en otras acciones,  estan desacreditadas por frecuentes
derrotas? Con qu enemigo ha tenido que habrselas? Cul era el objeto
de la expedicion del general? Lo ha conseguido  no? En el parte hay
una clusula que dice: S de positivo que la plaza N puede todavia
sostenerse algunos dias. As no he creido necesario precipitar las
operaciones, mayormente cuando la situacion del soldado, rendido de
hambre y fatiga, reclamaba imperiosamente algun descanso. El convoy
queda seguro en la ciudad M, adonde me he replegado, abandonando al
enemigo unas posiciones que me eran intiles, y dejndole que se cebase
en una porcion de viveres que en el ardor de la refriega cayeron en su
poder,  causa de un desrden momentneo que se debi al miedo de los
bagajeros. El negocio presenta mal aspecto;  pesar de todos los
rodeos, se conoce que el vencedor ha perdido una parte del convoy, y no
ha podido pasar con lo restante.

Qu trofeos nos presenta en testimonio de su victoria? No ha cogido
prisioneros, y l confiesa algunos extraviados; aquellas compaas
demasiado adelantadas sufrieron algunos momentos de conflicto, y fueron
envueltas por fuerzas cuadruplicadas; todo esto significa que hubo en
aquella parte un slvese quien pueda y que el enemigo no dej de hacer
presa.

Cules son las noticias que vienen del lugar donde se ha replegado el
general? Es probable que las cartas sern tristes, y que traern
descripciones aflictivas sobre el desrden en que entr la tropa, y la
disminucion del convoy.

Qu dicen los partidarios del enemigo? Ah! esto acaba de aclarar el
misterio; se han echado las campanas  vuelo en el punto P, y han
entrado muchos prisioneros; los enemigos se han presentado orgullosos en
presencia de la plaza sitiada, cuyos apuros son cada dia mayores.

Qu est haciendo el general vencedor? Se mantiene en inaccion, y se
aade que ha pedido refuerzos; la brillante victoria habr sido pues una
insigne derrota.


 IV.

Una observacion sobre el interes en engaar.

Casos hay en que por interesado que parezca el narrador en faltar  la
verdad, no es probable que lo haya hecho, porque descubierta en breve la
mentira, sin recurso para paliarla, se convertiria contra l de una
manera ignominiosa.

La experiencia nos ensea que no hay que fiar de ciertas relaciones
militares que no pueden ser contradichas luego, con toda claridad y con
presencia de datos positivos, que produzcan completa evidencia. Las
mayores  menores fuerzas del enemigo, el rden  la dispersion con que
tal  cual parte de su ejrcito emprendi la retirada, el nmero de
muertos  heridos, lo mas  mnos favorable de algunas posiciones
atendida la situacion de los combatientes, lo mas  mnos intransitable
de los caminos, y otras cosas por este tenor, cmo las puede aclarar
bien el pblico? Cada cual refiere las cosas  su modo, segun sus
noticias, intereses  deseos; y los mismos que saben la verdad son
quizas los primeros en oscurecerla haciendo circular las mas insignes
falsedades. Los que llegan  desembarazarse del enredo, y  ver claro en
el negocio,  callan,  se hallan impugnados por mil y mil  quienes
importa sostener la ilusion; y la mancha que cae sobre los embaucadores
nunca es tan ignominiosa que no consienta algun disfraz. Pero suponed
que un general que est sitiando una plaza, y nada puede contra ella,
tiene la imprudencia de enviar un pomposo parte al gobierno,
anuncindole que la ha tomado por asalto y estan en su poder los restos
de la guarnicion que no han perecido en la refriega;  pocos dias sabr
el gobierno, sabr el pblico, sabr el mismo ejrcito, que el general
ha mentido de una manera tan escandalosa; y la burla y la afrenta que
caern sobre el impostor le harn pagar cara su gloria de momento.

De aqu es que en semejantes casos el buen sentido del pblico suele
preguntar si el parte es oficial: y si lo es, por mas que no haga caso
de las circunstancias con que se procura realzar el hecho, no obstante
presta crdito  la existencia de l. Hasta es de notar que cuando en
gravsimos apuros se miente de una manera escandalosa, con la mira de
alentar por algunas horas mas y dar lugar al tiempo, rara vez se inventa
un parte nombrando personas; se apela  las frmulas de sabemos de
positivo; un testigo de vista acaba de referirnos y otras semejantes;
se suponen oficios recibidos que se imprimirn luego, se ordenan
regocijos pblicos etc., pero siempre se suele dejar un camino abierto
para que la mentira no choque demasiado de frente con el buen sentido,
se tiene cuidado en no comprometer el nombre de personas determinadas;
en una palabra, hasta reinando la mayor desfachatez, se guardan siempre
algunas consideraciones  la conciencia pblica.

Para dejar pues de prestar crdito  una relacion, no basta objetar que
el narrador est interesado en faltar  la verdad; es necesario
considerar si las circunstancias de la mentira son tan desgraciadas, que
poco despues haya de ser descubierta en toda su desnudez, sin que le
quede al engaador la excusa de que se habia equivocado  le habian mal
informado. En estos casos, por poca que sea la categora de la persona,
por poca estimacion de s misma que se le pueda suponer, mayormente
cuando el asunto pasa en pblico, es prudente darle crdito, si de esto
no puede resultar ningun dao. Ser dable salir engaado, pero la
probabilidad est en contra y en grado muy superior.


 V.

Dificultades para alcanzar la verdad, en mediando mucha distancia de
lugar  tiempo.

Si es tan difcil encontrar la verdad, cuando los sucesos son
contemporneos, y se realizan en nuestro propio pais, qu diremos de lo
que pasa  larga distancia de lugar  tiempo,  de uno y otro? Cmo
ser posible sacar en limpio la verdad de manos de viajeros 
historiadores? Por mas desconsolador que sea, es preciso confesarlo,
quien haya observado de qu modo se abulta, y se exagera, y se
disminuye, y se desfigura, y se trastorna de arriba abajo lo mismo que
estamos viendo con nuestros ojos, ha de sentirse por necesidad muy
descorazonado al abrir un libro de historia  de viajes,  al leer los
peridicos, particularmente los extranjeros.

Quien vive en el mismo tiempo y pais de los acontecimientos tiene
muchos medios para evitar el error:  ve las cosas por s mismo,  lee y
oye muy diferentes relaciones que puede comparar entre s; y como est
en datos sobre los antecedentes de las personas y de las cosas, como
trata continuamente con hombres de opuestos intereses y opiniones, como
sigue de cerca el curso de la totalidad de los sucesos, no le es
imposible  fuerza de trabajos y discrecion el aclarar en algunos puntos
la verdad. Pero qu ser del desgraciado lector que mora all en
lejanos paises, y quizas  larga distancia de siglos, y no tiene otro
guia que el peridico  obra que por casualidad encuentra en un gabinete
de lectura,  en una biblioteca,  que habr adquirido por haber visto
recomendados en alguna parte aquellos escritos,  oido elogios de quien
presumia entenderlo?

Tres son los conductos por los cuales solemos adquirir conocimiento de
lo que pasa en tiempos y lugares distantes: los peridicos, las
relaciones de los viajeros, y las historias. Dir cuatro palabras sobre
cada uno de ellos[8].




CAPTULO IX.

LOS PERIDICOS.


 I.

Una ilusion.

Creen algunos que con respecto  los paises donde est en vigor la
libertad de imprenta, no es muy difcil encontrar la verdad, porque
teniendo todo linaje de intereses y opiniones algun peridico que les
sirve de rgano, los unos desvanecen los errores de los otros, brotando
del cotejo la luz de la verdad. Entre todos lo saben todo y lo dicen
todo; no se necesita mas que paciencia en leer, cuidado en comparar,
tino en discernir y prudencia en juzgar. As discurren algunos. Yo creo
que esto es pura ilusion: y lo primero que asiento es que ni con
respecto  las personas ni las cosas, los peridicos no lo dicen todo,
ni con mucho, ni aun aquello que saben bien los redactores, hasta en los
paises mas libres.


 II.

Los peridicos no lo dicen todo sobre las personas.

Estamos presenciando  cada paso que los partidarios de lo que se llama
una notabilidad, la ensalzan con destemplados elogios; mintras sus
adversarios le regalan  manos llenas los dictados de ignorante,
estpido, inhumano, sanguinario, tigre, traidor, monstruo, y otras
lindezas por este estilo. El saber, los talentos, la honradez, la
amabilidad, la generosidad y otras cualidades que le atribuan al hroe
los escritores de su devocion, quedan en verdad algo ajadas con los
cumplimientos de sus enemigos; pero al fin, qu sacais en limpio de
esta baraunda? Qu pensar el extranjero que ha de decidirse por uno de
los extremos,  adoptar un justo medio  manera de rbitro arbitrador?
El resultado es andar  tientas, y verse precisado   suspender el
juicio   caer en crasos errores. La carrera pblica del hombre en
cuestion no siempre est sealada por actos bien caracterizados; y
ademas lo que haya en ellos de bueno  malo, no siempre es bien claro si
debe atribuirse  l   sus subalternos.

Lo curioso es que  veces entre tanta contienda, la opinion pblica en
ciertos crculos, y quizas en todo el pais, est fijada sobre el
personaje, de suerte que no parece sino que se miente de comun acuerdo.
En efecto, hablad con los hombres que no carecen de noticias, quizas con
los mismos que le han declarado mas cruda guerra; lo que es talento,
oiris, nadie se lo niega; sabe mucho y no tiene malas intenciones; pero
qu quiere V.?.... se ha metido en eso, y es preciso desbancarle; yo soy
el primero en respetarle como  persona privada; y ojal que nos
hubiese escuchado  nosotros; nos hubiera servido mucho, y habria
representado un papel brillante. Veis  ese otro tan honrado, tan
inteligente, tan activo y enrgico, que al decir de ciertos peridicos,
l y solo l, puede apartar la patria del borde del abismo? Escuchad 
los que le conocen de cerca, y tal vez  sus mas ardientes defensores.
Que es un infeliz, ya lo sabemos; pero al fin es el hombre que nos
conviene, y de lguien nos hemos de valer. Se le acusa de impuros
manejos; esto quin lo ignora? en el banco A tiene puestos tales
fondos, y ahora va  hacer otro tanto en el banco B. En verdad que roba
de una manera demasiado escandalosa, pero mire V., esto es ya tan
comun...., y ademas, cuando le acusan nuestros adversarios, no es
menester que uno le deje en las astas del toro. No sabe V. la historia
de ese hombre? pues yo le voy  contar  V. su vida y milagros ... Y
se os refieren sus aventuras, sus altos y bajos, y sus maldades 
miserias,  necedades, y desde entnces ya no padeceis ilusiones, y
juzgais en adelante con seguridad y acierto.

Estas proporciones no las disfrutan por lo comun los extranjeros, ni los
nacionales que se contentan con la lectura de los peridicos, y as
creyendo que la comparacion de los de opuestas opiniones les aclara
suficientemente la verdad, se forman los mas equivocados conceptos sobre
los hombres y las cosas.

El temor de ser denunciados, de indisponerse con determinadas personas,
el respeto debido  la vida privada, el decoro propio, y otros motivos
semejantes, impiden  menudo  los peridicos el descender  ciertos
pormenores, y referir ancdoctas que retratan al vivo al personaje 
quien atacan; sucediendo  veces que con la misma exageracion de los
cargos, la destemplanza de las invectivas, y la crueldad de las stiras,
no le hacen ni con mucho el dao que se le podria hacer con la sencilla
y sosegada exposicion de algunos hechos particulares.

Los escritores distinguen casi siempre entre el hombre privado y el
hombre pblico; esto es muy bueno en la mayor parte de los casos, porque
de otra suerte la polmica periodstica, ya demasiado agria y
descompuesta, se convirtiera bien pronto en un lodazal donde se
revolvieran inmundicias intolerables; pero esto no quita que la vida
privada de un hombre no sirva muy bien para conjeturar sobre su conducta
en los destinos pblicos. Quien en el trato ordinario no respeta la
hacienda ajena, creeis que proceder con pureza cuando maneje el erario
de la nacion? El hombre de mala fe, sin convicciones de ninguna clase,
sin religion, sin moral, creeis que ser consecuente en los principios
polticos que aparenta profesar, y que en sus palabras y promesas puede
descansar tranquilo el gobierno que se vale de sus servicios? El
epicreo por sistema, que en su pueblo insultaba sin pudor el decoro
pblico, siendo mal marido y mal padre, creeis que renunciar a su
libertinaje cuando se vea elevado  la magistratura, y que de su
corrupcion y procacidad nada tendrn que temer la inocencia y la fortuna
de los buenos, nada que esperar la insolencia y la injusticia de los
malos? Y nada de esto dicen los peridicos, nada pueden decir, aunque
les conste  los escritores sin ningun gnero de duda.


 III.

Los peridicos no lo dicen todo sobre las cosas.

Hasta en poltica, no es verdad que los peridicos lo digan todo. Quin
ignora cunto distan por lo comun las opiniones que se manifiestan en
amistosa conversacion de lo que se expresa por escrito? Cuando se
escribe en pblico hay siempre algunas formalidades que cubrir, y muchas
consideraciones que guardar; no pocos dicen lo contrario de lo que
piensan; y hasta los mas rgidos en materia de veracidad se hallan 
veces precisados ya que no  decir lo que no piensan, al mnos  decir
mucho mnos de lo que piensan. Conviene no olvidar estas advertencias,
si se quiere saber algo mas en politica de lo que anda por ese mundo
como moneda falsa de muchos reconocida, pero recprocamente aceptada,
sin que por esto se equivoquen los inteligentes sobre su peso y ley.[9]




CAPTULO X.

RELACIONES DE VIAJES.


 I.

Dos partes muy diferentes en las relaciones de viajes.

En esta clase de escritos deben distinguirse dos partes: las
descripciones de objetos que ha visto,  escenas que ha presenciado el
viajero; y las demas noticias y observaciones de que llena su obra. Por
lo tocante  lo primero, conviene recordar lo que se ha dicho sobre la
veracidad; aadindose dos advertencias: 1. que la desconfianza de la
fidelidad de los cuadros debe guardar alguna proporcion con la distancia
del lugar de la escena, por aquello de: luengas tierras, luengas
mentiras; 2. que los viajeros corren riesgo de exagerar, desfigurar, y
hasta fingir, haciendo formar ideas muy equivocadas sobre el pais que
describen, por el vanidoso prurito de hacerse interesantes, y de darse
importancia, contando peregrinas aventuras.

En cuanto  las demas noticias y observaciones, no es dable reducir 
reglas fijas el modo de distinguir la verdad del error; mayormente
siendo imposible esta tarea en muchsimos casos. Pero ser bien
presentar reflexiones que llenen de algun modo el vaco de las reglas,
inspirando prudente desconfianza y manteniendo en guarda  los
inexpertos  incautos.


 II.

Orgen y formacion de algunas relaciones de viajes.

Cmo se hacen la mayor parte de los viajes? Pasando no mas que por los
lugares mas famosos, detenindose algun tanto en los puntos principales,
y atravesando el pais intermedio tan rpidamente como es posible; pues 
ello instigan tres causas poderosas: ahorrar tiempo, economizar dinero,
y disminuir la molestia. Si el pais es culto, con buenos caminos, con
canales, rios y costas de pronta navegacion, el viajero salta de una
capital  otra disparndose como una flecha; dormitando con el
mecimiento del coche  de la nave, y asomando la cabeza por la
portezuela para recrearse con la vista de algun bello paisaje, 
pasendose sobre cubierta contemplando las orillas del rio cuya
corriente le arrebata. Resulta de ah que todo el pais intermedio queda
completamente desconocido, en cuanto concierne  ideas, religion, usos y
costumbres. Algo ve sobre la calidad del terreno y los trajes de los
moradores, porque ambos objetos se le ofrecen  los ojos; pero hasta en
estas cosas si el viajero no es cauto, y pretende hablar en general,
podr dar  sus lectores las noticias mas falsas y extravagantes. Si de
aqu  algunos aos logramos navegar por el Ebro desde Zaragoza 
Tortosa, el viajero que pintase el terreno y los trajes de Aragon y
Catalua, atenindose  lo que hubiese visto en la ribera del rio, por
cierto que les proporcionaria  sus lectores copia disparatada.

Ahora reflexione el aficionado  relaciones de viajes, el caso que debe
hacer de las detalladas noticias sobre un pais de muchos millares de
leguas cuadradas descrito por un viajero que le ha observado de la
susodicha manera. El que lo ha visto de cerca lo dice, as ser sin
asomo de duda: de esta suerte hablas,  crdulo lector, pensando que en
recoger aquellas noticias ha puesto tu guia gran trabajo y cuidado; pues
yo te dir lo que podria muy bien haber sucedido, y otra vez no te
dejars engaar con tanta facilidad.

Llegado el viajero  la capital, tal vez con escaso conocimiento de la
lengua, y quizas con ninguno, habr andado atolondrado y confuso algunos
dias, en el laberinto de calles y plazas, desplegando  menudo el plano
de la ciudad, preguntando  cada esquina, y saliendo del paso del mejor
modo posible, para encontrar la oficina de pasaportes, la casa de la
embajada, y los sugetos para quienes lleva carta de recomendacion. Este
tiempo no es muy  propsito para observar; y si  ratos toma coche,
para librarse de cansancio y evitar extravo, tanto peor para los
apuntes de su cartera: todo desfila  sus ojos con mucha rapidez como en
linterna mgica las ilusiones de los cuadros; recoger muy gratas
sensaciones, pero no muchas noticias. Viene en seguida la visita de los
principales edificios, monumentos, bellezas y preciosidades cuyo ndice
encuentra en la _guia_; y  la capital no ha de ser de las mayores,  se
le han pasado muchos dias en la expresada tarea. La estacion se
adelanta, es preciso todava visitar otras ciudades, acudir  los baos,
presenciar tal  cual escena en un punto lejano, el viajero ha de tomar
la posta, y correr  ejecutar en otra parte lo que acaba de practicar
all. A los pocos meses de su partida del suelo natal, est ya de
vuelta, y ordena durante el invierno sus apuntes, y en la primavera se
halla de venta un abultado tomo sobre el viaje. Agricultura, artes,
comercio, ciencia, poltica, ideas populares, religion, usos,
costumbres, carcter, todo lo ha observado de cerca el afortunado
viajero; en su libro se halla la estadstica universal del pais; creedle
sobre su palabra y podris ahorraros el trabajo de salir de vuestro
gabinete, sin que ignoreis los mas pequeos y delicados pormenores.

Cmo ha podido adquirir tanta copia de noticias? Un Argos no bastara
para ver y notar tanto en tan breve tiempo; y ademas, cmo habr
sabido lo que pasaba all donde no ha estado, es decir,  centenares
de leguas  derecha  izquierda de la carretera, canal  rio por
donde viajaba? Hlo aqu. Cuando al dar los primeros rayos del sol
 la portezuela del coche, se habr dispertado, y bostezando, y
desperezndose habr echado una ojeada sobre el pais, que no se
parece ya  lo que era el de anoche, cruzando y arreglando las
piernas con el caballero de enfrente, habr trabado quizas la siguiente
conversacion.--V. conoce el pais este?--Un poco.--El pueblo aquel cmo
se llama?--Si mal no me acuerdo es N.--Los principales productos del
pais?--N.--La industria?--N.--Carcter?--Flemtico como el
postillon.--Riqueza?--Como judios.

Entre tanto llega el coche al parador, el de las respuestas se marcha
quizas sin despedirse; y sus informes que se ignoran de quin sean,
figurarn cual datos positivos entre los apuntes del observador, que
tendr la humorada de afirmar que cuenta lo que ha visto.

Pero como estos recursos no son suficientes y dejarian muy incompleta la
descripcion, recoger cudadosamente los trajes extraos, los edificios
irregulares, las danzas grotescas que se le hayan ofrecido al paso, y
hos aqu un cuadro de costumbres generales que nada dejar que desear.
Sin embargo, aun hay otra mina que explotar el viajero, y de donde
sacar tal vez el principal tesoro. En los peridicos y en las _guias_,
encontrar en crecido nmero las noticias que ha menester para formar su
estadstica; y con los datos que de all saque, puestos en rden
diferente, intercalando alguna cosa de lo que ha visto  oido 
conjeturado, resultar un todo que se har circular como fruto de los
trabajos investigadores del viajero, y en sustancia no ser mas en su
mayor parte, que cuentos de un cualquiera, y traducciones y plagios de
peridicos y obras.

Para que no se extrae la severidad con que trato  los autores de
_viajes_, sin que por esto me proponga rebajar el mrito donde quiera
que se halle, bastar recordar las necedades y disparates que han
publicado algunos extranjeros que han viajado por Espaa. Lo que 
nosotros nos ha sucedido puede muy bien acontecer  otros pueblos;
saliendo bien  mal parados, aplaudidos con exageracion,  criticados
con injusticia, segun el humor, las ideas, y otras cualidades del lijero
pintor que se empeaba en sacar copia de originales que no habia visto.


 III.

Modo de estudiar un pais.

La razon y la experiencia ensean, que para formar cabal concepto de una
pequea comarca, y poderla describir tal como es, bajo el aspecto
material y moral, es necesario estar familiarizado con la lengua, pasar
all larga temporada, abundar de relaciones, estar en trato continuo sin
cansarse de preguntar y observar. No creo que haya otro medio de
adquirir noticias exactas y formar acertado juicio; lo demas es andarse
en generalidades, y llenarse la cabeza de errores  inexactitudes. Hasta
que se estudien los paises de esta manera, hasta que se forme de esta
suerte su estadstica material y moral, no sern bien conocidos. Estarn
pintados en los libros como en los mapas muy pequeos que nos ofrecen 
la vista dilatadas regiones: todo est cubierto de nombres, y de
crculos, y de crucecitas, y de cordilleras de montaas y de corrientes
de rios; pero medid con el compas las distancias, y andaos por el mundo
sin otra regla;  menudo creeris estar muy cerca de una ciudad, de un
rio, de un monte, que distan sin embargo nada mnos que cien leguas.

En suma, quereis adquirir noticias exactas sobre un pais, y formar de
su estado concepto verdadero y cabal? estudiadlo de la manera
sobredicha,  leed  quien lo hubiere estudiado de esta suerte. Y si no
truviereis proporcion para ello, contentaos con cuatro cosas generales,
que os sacarn airoso de una conversacion con vuestros iguales en
aquella clase de conocimientos; pero guardaos de asentar sobre estos
datos un sistema filosfico, poltico  econmico; y andad con tiento en
lucir vuestra ciencia, si os encontrarais con algun natural del pais, y
no quereis exponeros  ser objeto de risa[10].




CAPTULO XI.

HISTORIA.


 I.

Medio para ahorrar tiempo, ayudar la memoria, y evitar errores, en los
estudios histricos.

El estudio de la historia es no solo til sino tambien necesario. Los
mas escpticos no le descuidan; porque, aun cuando no le admitiesen como
propio para conocer la verdad, al mnos no le desdearian como
indispensable ornamento. Ademas que la duda llevada  su mayor
exageracion no puede destruir un nmero considerable de hechos, que es
preciso dar por ciertos, si no queremos luchar con el sentido comun.

As, uno de los primeros cuidados que deben tenerse en esta clase de
estudios es distinguir lo que hay en ellos de absolutamente cierto. De
esta manera se encomienda  la memoria lo que no admite sombra de duda,
y queda luego desembarazado el lector para andar clasificando lo que no
llega  tan alto grado de certeza,  es solamente probable,  tiene
muchos visos de falso.

Quin dudar que existieron en oriente grandes imperios, que los
griegos fueron pueblos muy adelantados en civilizacion y cultura, que
Alejandro hizo grandes conquistas en el Asia, que los romanos llegaron 
ser dueos de una gran parte del mundo conocido, que tuvieron por rival
 la repblica de Cartago, que el imperio de los seores del mundo fu
derribado por una irrupcion de brbaros venidos del norte, que los
musulmanes se apoderaron del Africa septentrional, destruyeron en Espaa
el reino de los godos y amenazaron otras regiones de Europa, que en los
siglos medios existi el sistema del feudalismo, y mil y mil otros
acontecimientos ya antiguos ya modernos, de los cuales estamos tan
seguros como de que existen Lndres y Paris?


 II.

Distincion entre el fondo del hecho y sus circunstancias. Aplicaciones.

Pero admitidos como indudables cierta clase de hechos, queda anchuroso
campo para disputar sobre otros y desecharlos,  darles crdito; y hasta
con respecto  los que no consienten ningun gnero de duda, pueden
espaciarse la erudicion, la crtica y la filosofa de la historia, en el
exmen y juicio de las circunstancias con que los historiadores los
acompaan. Es incuestionable que existieron las guerras llamadas
pnicas, que en ellas Cartago y Roma se disputaron el imperio del
Mediterrneo, de las costas de Africa, Espaa  Italia, y que al fin
sali triunfante la patria de los Escipiones, venciendo  Anbal y
destruyendo la capital enemiga: pero las circunstancias de aquellas
guerras fueron tales como nosotros las conocemos? En el retrato que se
nos hace del carcter cartagines, en el sealamiento de las causas que
provocaron los rompimientos, en la narracion de las batallas, de las
negociaciones, y otros puntos semejantes, seria posible que hubisemos
sido engaados? Los historiadores romanos, de quienes hemos recibido la
mayor parte de las noticias, no habrn mezclado mucho de favorable  su
nacion, y de contrario  la rival? Aqu entra la duda, aqu el
discernimiento; aqu entra ora el admitir con recelo y desconfianza, ora
el desechar sin reparo, ora el suspender con mucha frecuencia el juicio.

Qu seria de la verdad  los ojos de las generaciones venideras, si por
ejemplo la historia de las luchas entre dos naciones modernas, quedase
nicamente escrita por los autores de una de las dos rivales? Y esto sin
embargo, lo han publicado los unos en presencia de los otros,
corrigindose y desmintindose recprocamente, y los acontecimientos se
verificaron en pocas que abundaban ya de medios de comunicacion, y en
que era mucho mas difcil sostener falsedades de bulto. Qu ser pues
vinindonos las narraciones por un conducto solo, y tan sospechoso, por
interesado; y tratndose de tiempos tan distantes, de comunicaciones
tan escasas, y en que no se conocian los medios de publicidad que han
disfrutado los modernos?

Mucho se deber desconfiar tambien de los griegos cuando nos refieren
sus gigantescas hazaas, las matanzas de innumerables persas, sus rasgos
de patriotismo herico, y cien cosas por este tenor. La fe ciega, el
entusiasmo sin lmites, la admiracion por aquel pueblo de increibles
hazaas, all se queda para los sencillos; que quien conoce el corazon
del hombre, quien ha visto con sus propios ojos tanto exagerar,
desfigurar y mentir, dice para s: el negocio debi de ser grave y
ruidoso; parece que en efecto no se portaron mal esos griegos; pero en
cuanto  saber el respectivo nmero de combatientes, y otros pormenores,
suspendo el juicio hasta que hayan resucitado los persas, y los oiga
pintar  su modo los acontecimientos y sus circunstancias.

Esta regla de prudencia es susceptible de infinitas aplicaciones  lo
antiguo y moderno. El lector que de ella se penetre, y no la olvide al
leer la historia, d por seguro que se ahorrar muchsimos errores, y
sobre todo no desperdiciar tiempo y trabajo en recordar si fueron
sesenta  setenta mil los que murieron en tal  cual refriega, y si los
pobres que anduvieron de vencida, y no pueden desmentir al cronista,
eran en nmero cuadruplicado  quintuplicado, para su mayor ignominia y
afrenta.


 III.

Algunas reglas para el estudio de la historia.

Como la historia no entra en esta obrita sino como uno de tantos objetos
que no deben pasarse por alto cuando se trata de la investigacion de la
verdad, fuera inoportuno extenderse demasiado en sealar reglas para su
estudio; esto por s solo, reclamaria un libro de no pequeo volmen; y
no conviene gastar un espacio que bien se ha menester para otras cosas.
As me limitar  prescribir lo mnos que pueda, y con la mayor brevedad
que alcance.


REGLA 1.

Conforme  lo establecido mas arriba (Cap. VIII), es preciso atender 
los medios que tuvo  mano el historiador para encontrar la verdad, y 
las probabilidades de que sea veraz  no.


REGLA 2.

En igualdad de circunstancias, es preferible el testigo ocular.

Por mas autorizados que sean los conductos, siempre son algo peligrosos;
las narraciones que pasan por muchos intermedios suelen ser como los
lquidos, los que siempre se llevan algo del canal por donde corren.
Desgraciadamente abundan mucho en los canales la malicia y el error.


REGLA 3.

Entre los testigos oculares, es preferible en igualdad de
circunstancias, el que no tom parte en el suceso, y no gan ni perdi
con l. (V. Cap. VIII.)

Por mas crdito que se merezca Csar cuando nos refiere sus hazaas,
claro es que  sus enemigos no los habia de pintar pocos y cobardes, ni
describirnos sus empresas como demasiado asequibles. Los prodigios de
Anbal contados por sus mismos enemigos, valen por cierto algo mas.

Cmo vemos narradas las revoluciones modernas? Segun las opiniones 
intereses del escritor. Un hombre de aventajado talento ha dado  luz
una historia del levantamiento y revolucion de Espaa en la poca de
1808; y sin embargo, al tratar de las Crtes de Cdiz, al traves del
lenguaje anticuado, y del tono grave y sesudo, bien se trasluce el jven
y fogoso diputado de las constituyentes.


REGLA 4.

El historiador contemporneo es preferible; teniendo empero el cuidado
de cotejarle con otro de opiniones  intereses diferentes, y de separar
en ambos el hecho narrado de las causas que se le sealan, resultados
que se le atribuyen, y juicio de los escritores.

Por lo comun, hay en los acontecimientos algo que descuella, y se
presenta  los ojos demasiado de bulto para que pueda negarlo la
parcialidad del historiador. En tal caso exagera  disminuye, echa mano
de colores halageos  repugnantes, busca explicaciones favorables
apelando  causas imaginarias, y sealando efectos soados: pero el
hecho est all; y los esfuerzos del escritor apasionado  de mala fe,
no hacen mas que llamar la atencion del avisado lector para que fije la
vista con atencion en lo que hay, y no vea ni mas ni mnos de lo que
hay.

Los historiadores apasionados de Napoleon hablarn  la posteridad del
fanatismo y crueldad de la nacion espaola, pintndola como un pueblo
estpido que no quiso ser feliz; referirn los mil motivos que tuvo el
gran Capitan para entremeterse en los negocios de la Pennsula, y
sealarn un millon de causas para explicar lo poco satisfactorio de los
resultados. Por supuesto que llegarn  concluir que por esto no se
empaan en lo mas mnimo las glorias del hroe. Pero el lector juicioso
y discreto descubrir la verdad  pesar de todos los amaos para
oscurecerla. El historiador no habr podido mnos de confesar  su modo
y con mil rodeos, que Napoleon ntes de comenzar la lucha, y mintras
las fuerzas del Marques de la Romana le auxiliaban en el norte,
introdujo en Espaa con palabras de amistad, un numeroso ejrcito, y se
apoder de las principales ciudades y fortalezas, inclusa la capital del
reino; que coloc en el trono  su hermano Jos; y que al fin Jos y su
ejrcito despues de seis aos de lucha, se vieron precisados  repasar
la frontera. Esto no lo habr negado el historiador; pues bien, esto
basta: pntense los pormenores como se quiera, la verdad quedar en su
lugar. He aqu lo que dir el sensato lector: t, historiador parcial,
defiende admirablemente la reputacion y buen nombre de tu hroe, pero
resulta de tu misma narracion, que l ocup el pais protestando amistad,
que invadi sin ttulo, que atac  quien le ayudaba, que se vali de
traicion para llevarse al rey, que pele durante seis aos sin ningun
provecho. De una parte estaban pues la buena fe del aliado, la lealtad
del vasallo, y el arrojo y la constancia del guerrero; de otra podian
estar la pericia y el valor, pero  su lado resaltan la mala fe, la
usurpacion, y la esterilidad de una dilatada guerra. Hubo pues yerro y
perfidia en la concepcion de la empresa, maldad en la ejecucion; razon y
heroismo en la resistencia.


REGLA 5.

Los annimos merecen poca confianza.

El autor habr tal vez callado su nombre por modestia  por humildad;
pero el pblico que lo ignora, no est obligado  prestar crdito 
quien le habla con un velo en la cara. Si uno de los frenos mas
poderosos, cual es el temor de perder la buena reputacion, no es todava
bastante para mantener  los hombres en los lmites de la verdad, cmo
podremos fiarnos de quien carece de l?


REGLA 6.

Antes de leer una historia es muy importante leer la vida del
historiador.

Casi me atreveria  decir que esta regla, por lo comun tan descuidada,
es de las que deben ocupar el lugar mas distinguido. En cierto modo se
halla ya contenida en lo que llevo dicho mas arriba (Cap. VIII); pero
no ser intil haberla establecido por separado, siquiera para tener
ocasion de ilustrarla con algunas observaciones.

Claro es que no podemos saber qu medios tuvo el historiador para
adquirir el conocimiento de lo que narra, ni el concepto que debemos
formar de su veracidad, si no sabemos quin era, cul fu su conducta, y
demas circunstancias de su vida. En el lugar en que escribi el
historiador, en las formas polticas de su patria, en el espritu de su
poca, en la naturaleza de ciertos acontecimientos, y no pocas veces en
la particular posicion del escritor, se encuentra quizas la clave para
explicar sus declamaciones sobre tal punto, su silencio  reserva sobre
tal otro; porqu pas sobre este hecho con pincel lijero, porqu carg
la mano sobre aquel.

Un historiador del revuelto tiempo de la Liga no escribia de la misma
suerte que otro del reinado de Luis XIV; y trasladndonos  pocas mas
cercanas, las de la revolucion, de Napoleon, de la restauracion, y de la
dinasta de Orleans, han debido inspirar al escritor otro estilo y
lenguaje. Cuando andaban animadas las contiendas entre los papas y los
prncipes, no era por cierto lo mismo publicar una memoria sobre ellas,
en Roma, Paris, Madrid  Lisboa. Si sabeis donde sali  luz el libro
que teneis en la mano, os haris cargo de la situacion del escritor; y
as supliris aqu, cercenaris all; en una parte descifraris una
palabra oscura, en otra comprenderis un circunloquio; en esta pgina
apreciaris en su justo valor una protesta, un elogio, una restriccion;
en aquella adivinaris el blanco de una confesion, de una censura, 
sealaris el verdadero sentido  una proposicion demasiado atrevida.

Pocos son los hombres que se sobreponen completamente  las
circunstancias que los rodean: pocos son los que arrostran un gran
peligro por la sola causa de la verdad; pocos son los que en situaciones
crticas no buscan una transaccion entre sus intereses y su conciencia.
En atravesndose riesgos de mucha gravedad, el mantenerse fiel  la
virtud es heroismo, y el heroismo es cosa rara.

Ademas que no siempre puede decirse que haya obrado mal un escritor, por
haberse atemperado  las circunstancias, si no ha vulnerado los derechos
de la justicia y de la verdad. Casos hay en que el silencio es prudente
y hasta obligatorio; y por lo mismo, bien se puede perdonar  un
escritor el que no haya dicho todo lo que pensaba, con tal que no haya
dicho nada contra lo que pensaba. Por mas profundas que fuesen las
convicciones de Belarmino sobre la potestad indirecta, habriais exigido
de l, que se expresase en Paris de la misma suerte que en Roma? Esto
hubiera equivalido  decirle: hablad de manera, que tan pronto como el
Parlamento tenga noticia de vuestra obra, sean recogidos los ejemplares
 mano armada, quemado quizas uno de ellos por la mano del verdugo, y
vos expulsado de Francia  encerrado en un calabozo.

El conocimiento de la posicion particular del escritor, de su conducta,
moralidad, carcter, y hasta de su educacion, ilustran muchsimo al
lector de sus obras. Para formar juicio de las palabras de Lutero sobre
el celibato, servir no poco el saber que quien habla es un fraile
apstata, casado con Catalina de Bor; y quien haya tenido paciencia
bastante para ruborizarse mil veces hojeando las impudentes
_confesiones_ de Rousseau, ser bien poco accesible  ilusiones, cuando
el filsofo de Ginebra le hable de filantropa y de moral.


REGLA 7.

Las obras pstumas publicadas por manos desconocidas  poco seguras, son
sospechosas de apcrifas  alteradas.

La autoridad de un ilustre difunto poco sirve en semejantes casos: no es
l quien nos habla, sino el editor, bien seguro de que el interesado no
le podr desmentir.


REGLA 8.

Historias fundadas en memorias secretas y papeles inditos;
publicaciones de manuscritos en que el editor asegura no haber hecho mas
que introducir rden, limar frases,  aclarar algunos pasajes, no
merecen mas crdito que el debido  quien sale responsable de la obra.


REGLA 9.

Relaciones de negociaciones ocultas, de secretos de estado, ancdotas
picantes sobre la vida privada de personajes clebres, sobre tenebrosas
intrigas, y otros asuntos de esta clase, han de recibirse con extrema
desconfianza.

Si difcilmente podemos aclarar la verdad de lo que pasa  la luz del
sol, y  la faz del universo, poco debemos prometernos tocante  lo que
sucede en las sombras de la noche y en las entraas de la tierra.


REGLA 10.

En tratndose de pueblos antiguos  muy remotos, es preciso dar poco
crdito  cuanto se nos refiera, sobre riquezas del pais, nmero de
moradores, tesoros de monarcas, ideas religiosas, y costumbres
domsticas.

La razon es clara: todos estos puntos son difciles de averiguar; es
necesario mucho tiempo de residencia, perfecto conocimiento de la
lengua, inteligencia en ramos de suyo muy difciles y complicados,
medios de adquirir noticias exactas sobre objetos ocultos que brindan 
la exageracion y en que por parte de los mismos naturales hay  veces
mucha ignorancia, y hasta sabindolo, tienen mil y mil motivos para
aumentar  disminuir. Finalmente en lo que toca  costumbres domsticas,
no se alcanza su exacto conocimiento, si no se puede penetrar en lo
interior de las familias, vindolas como hablan y obran en la efusion y
libertad de sus hogares[11].




CAPTULO XII.

CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE EL MODO DE CONOCER LA NATURALEZA,
PROPIEDADES Y RELACIONES DE LOS SERES.


 I.

Una clasificacion de las ciencias.

Conocidas las reglas que pueden guiarnos para conocer la existencia de
un objeto, fltanos averiguar cuales son las que podrn sernos tiles,
al investigar la naturaleza, propiedades y relaciones de los seres.
Estos,  pertenecen al rden de la naturaleza, comprendiendo en l todo
cuanto est sometido  las leyes necesarias de la creacion,  los que
apellidaremos _naturales_;  al rden moral, y los nombraremos
_morales_;  al rden de la sociedad humana, que llamaremos _histricos_
 mas propiamente _sociales_;  al de una providencia extraordinaria,
que designaremos con el titulo de _religiosos_.

No insistir sobre la exactitud de esta division; confesar sin
dificultad, que en rigor dialctico, se le pueden hacer algunas
objeciones; pero es innegable que est fundada en la misma naturaleza de
las cosas, y en el modo con que el entendimiento humano suele distinguir
los principales puntos de vista. Sin embargo, para manifestar con mayor
claridad la razon en que se apoya, h aqui presentada en pocas palabras
la filiacion de las ideas.

Dios ha criado el universo y cuanto hay en l, sometindole  leyes
constantes y necesarias; de aqu el rden natural. Su estudio podria
llamarse filosofa natural.

Dios ha criado al hombre dotndole de razon y de libertad de albedro;
pero sujeto  ciertas leyes, que no le fuerzan, mas le obligan: h aqu
el rden moral, y el objeto de la filosofa moral.

El hombre en sociedad ha dado origen  una serie de hechos y
acontecimientos: h aqu el rden social. Su estudio podria llamarse
filosofa social,  si se quiere filosofa de la historia.

Dios no est ligado por las leyes que l mismo ha prescrito  las
hechuras de sus manos: por consiguiente puede obrar sobre y contra esas
leyes, y as es dable que existan una serie de hechos y revelaciones de
un rden superior al natural y social: de aqu el estudio de la religion
 filosofa religiosa.

Dada la existencia de un objeto, pertenece  la filosofa el
desentraarle, apreciarle y juzgarle; ya que en la acepcion comun, esta
palabra _filsofo_, significa el que se ocupa en la investigacion de la
naturaleza, propiedades y relaciones de los seres.


 II.

Prudencia cientfica y observaciones para alcanzarla.

En el buen rden del pensamiento filosfico entra una gran parte de
prudencia, muy semejante  la que preside  la conducta prctica. Esta
prudencia es de muy difcil adquisicion, es tambien el costoso fruto de
amargos y repetidos desengaos. Como quiera, ser bueno tener  la vista
algunas observaciones que pueden contribuir  engendrarla en el
espritu.


OBSERVACION 1.

La ntima naturaleza de las cosas nos es por lo comun muy desconocida:
sobre ella sabemos poco  imperfecto.

Conviene no echar nunca en olvido esta importantsima verdad. Ella nos
ensear la necesidad de un trabajo muy asiduo, cuando nos propongamos
descubrir y examinar la naturaleza de un objeto; dado que lo muy oculto
y abstruso, no se comprende con aplicacion liviana. Ella nos inspirar
prudente desconfianza en el resultado de nuestras investigaciones, no
permitindonos que con precipitacion nos lisonjeemos de haber encontrado
lo que buscamos. Ella nos preservar de aquella irreflexiva curiosidad
que nos empea en penetrar objetos cerrados con sello inviolable.

Verdad poco lisonjera  nuestro orgullo, pero indudable; certsima  los
ojos de quien haya meditado sobre la ciencia del hombre. El Autor de la
naturaleza nos ha dado suficiente conocimiento para acudir  nuestras
necesidades fsicas y morales, otorgndonos el de las aplicaciones y
usos que para este efecto pueden tener los objetos que nos rodean; pero
se ha complacido al parecer en ocultar lo demas; como si hubiese querido
ejercitar el humano ingenio durante nuestra mansion en la tierra, y
sorprender agradablemente al espritu al llevarle  las regiones que le
aguardan mas all del sepulcro, desplegando  nuestros ojos el inefable
espectculo de la naturaleza sin velo.

Conocemos muchas propiedades y aplicaciones de la luz, pero ignoramos su
esencia; conocemos el modo de dirigir y fomentar la vegetacion, pero
sabemos muy poco sobre sus arcanos; conocemos el modo de servirnos de
nuestros sentidos, de conservarlos y ayudarlos, pero se nos ocultan los
misterios de la sensacion; conocemos lo que es saludable  nocivo 
nuestro cuerpo, pero en la mayor parte de los casos nada sabemos sobre
la manera particular con que nos aprovecha  daa. Qu mas? calculamos
continuamente el tiempo, y la metafsica no ha podido aclarar bien lo
que es el tiempo; existe la geometra, y llevada  un grado de admirable
perfeccion; y su idea fundamental, la extension, est todava sin
comprender. Todos moramos en el espacio, todo el universo est en l; le
sujetamos  riguroso clculo y medida; y la metafisica ni la ideologa
no han podido decirnos aun en qu consiste; si es algo distinto de los
cuerpos, si es solamente una idea, si tiene naturaleza propia, no
sabemos si es un ser  nada. Pensamos y no comprendemos lo que es el
pensamiento; bullen en nuestro espritu las ideas,  ignoramos lo que es
una idea; nuestra cabeza es un magnfico teatro donde se representa el
universo con todo su esplendor, variedad y hermosura; donde una fuerza
incomprensible crea  nuestro capricho mundos fantsticos, ora bellos,
ora sublimes, ora extravagantes, y no sabemos lo que es la imaginacion,
ni lo que son aquellas prodigiosas escenas, ni como aparecen 
desaparecen.

Qu conciencia mas viva no tenemos de esa inmensa muchedumbre de
afecciones que apellidamos sentimientos! y sin embargo qu es el
sentimiento? El que ama siente el amor, pero no le conoce; el filsofo
que se ocupa en el exmen de esta afeccion, seala quizas su orgen,
indica su tendencia y su fin, da reglas para su direccion; pero en
cuanto  la ntima naturaleza del amor, se halla en la misma ignorancia
que el vulgo. Son los sentimientos como un flido misterioso que circula
por conductos cuyo interior es impenetrable. Por la parte exterior, se
conocen algunos efectos; en algunos casos se sabe de dnde viene y
adnde va, y no se ignora el modo de minorar su velocidad,  cambiar su
direccion; pero el ojo no puede penetrar en la oscura cavidad: el agente
queda desconocido.

Nuestro propio cuerpo, ni todos cuantos nos rodean, sabemos por ventura
lo que son? Hasta ahora ha habido algun filsofo que haya podido
explicarnos lo que es un cuerpo? Y sin embargo, estamos continuamente en
medio de cuerpos, y nos servimos continuamente de ellos, y conocemos
muchas de sus propiedades, y de las leyes  que estan sometidos, y un
cuerpo forma parte de nuestra naturaleza.

Estas consideraciones no deben perderse nunca de vista, cuando se nos
ofrece examinar la ntima naturaleza de una cosa para fijar los
principios constitutivos de su esencia. Seamos pues diligentes en
investigar, pero muy mesurados en definir. Si no llevamos estas
cualidades  un alto grado de escrupulosidad, nos acontecer con
frecuencia el sustituir  la realidad las combinaciones de nuestra
mente.


OBSERVACION 2.

As como en matemticas hay dos maneras de resolver un problema; una
acertando en la verdadera resolucion; otra manifestando que la
resolucion es imposible; as acontece en todo linaje de cuestiones:
muchas hay cuya mejor resolucion es manifestar que para nosotros son
insolubles. Y no se crea que esto ltimo carezca de mrito, y que sea
fcil el discernimiento entre lo asequible  inasequible: quien es capaz
de ello, seal es que conoce  fondo la materia de que se trata, y que
se ha ocupado con detenimiento en el exmen de sus principales
cuestiones.

Es mucho el tiempo que se ahorra en habiendo adquirido este precioso
discernimiento: pues en ofrciendose el caso, como que se adivina desde
luego si hay  no los datos suficientes para llegar  un resultado
satisfactorio.

El conocimiento de la imposibilidad de resolver, es muchas veces mas
bien histrico y experimental que cientfico; es decir que un hombre
instruido y experimentado, conoce que una solucin es imposible,  que
raya en ello  causa de su extrema dificultad, no porque pueda
demostrarlo, sino porque la historia de los esfuerzos que han hecho
otros y quizas de los propios, le manifiesta la impotencia del
entendimiento humano con relacion al objeto. A veces la misma
naturaleza de las cosas sobre las cuales se suscita la cuestion indica
la imposibilidad de resolverla. Para esto es necesario abarcar de una
ojeada los datos que se han menester, conociendo la falta de los que no
existen.


OBSERVACION 3.

Como los seres se diferencian mucho entre s en naturaleza, propiedades
y relaciones, el modo de mirarlos, y el mtodo de pensar sobre ellos han
de ser tambien muy diferentes.

Imagnanse algunos que en sabiendo pensar sobre una clase de objetos
est ya trillado el camino para lograr lo mismo con respecto  todos;
bastando para ello dirigir la atencion  lo que se quiere estudiar de
nuevo. De aqu es, que se oye en boca de muchos, y se lee tambien en uno
que otro autor, la insigne falsedad de que la mejor lgica son las
matemticas, porque acostumbran  pensar en todas materias con rigor y
exactitud.

Para desvanecer esta equivocacion, basta observar que los objetos que se
ofrecen  nuestro espritu son de rdenes muy diferentes, que los medios
de que disponemos para alcanzarlos nada tienen de parecido, que las
relaciones que con nosotros los unen son desemejantes, y que en fin la
experiencia est enseando todos los dias que un hombre dedicado  dos
clases de estudios resulta sobresaliente en la una, y quizas muy mediano
en la otra; que en aquella piensa con admirable penetracion y
discernimiento, mintras en esta no se eleva sobre miserables
vulgaridades.

Hay verdades matemticas, verdades fsicas, verdades ideolgicas,
verdades metafsicas; las hay morales, religiosas, polticas; las hay
literarias  histricas; las hay de razon pura, y otras en que se
mezclan por necesidad la imaginacion y el sentimiento; las hay meramente
especulativas, y las hay que por necesidad se refieren  la prctica;
las hay que solo se conocen por raciocinio, las hay que se ven por
intuicion, y las hay de que solo nos informamos por la experiencia; en
fin, son tan variadas las clases en que podrian distribuirse, que fuera
difcil reducirlas  guarismo.


 III.

Los sabios resucitados.

El lector palpar el fundamento de lo que acabo de exponer, y se
desentender en adelante de las frivolas objeciones que pudiera
presentar el espritu de sutileza y cavilacion, asistiendo  la escena
que voy  ofrecerle, en la cual encontrar retratada al vivo la
naturaleza de las cosas, y explicada y demostrada  un mismo tiempo la
importante verdad que deseo inculcarle.

Yo supongo reunidos en un vasto establecimiento un gran nmero de
hombres clebres, los que resucitados tales como eran en vida, con los
mismos talentos  inclinaciones, pasan algunos dias encerrados all,
bien que con amplia libertad de ocuparse cada cual en lo que fuere de su
agrado. La mansion est preparada como tales huspedes se merecen; un
riqusimo archivo, una inmensa biblioteca, un museo donde se hallan
reunidas las mayores maravillas de la naturaleza y del arte; espaciosos
jardines adornados con todo linaje de plantas, largas hileras de jaulas
donde rugen, braman, aullan, silban, se revuelven, se agitan, todos los
animales de Europa, Asia, Africa y Amrica. All estan Gonzalo de
Crdoba, Cisneros, Richelieu, Cristbal Colon, Hernan Corts, Napoleon,
Tasso, Milton, Boileau, Corneille, Racine, Lope de Vega, Calderon,
Molire, Bossuet, Massillon, Bourdaloue, Descrtes, Malebranche, Erasmo,
Luis Vives, Mabillon, Vieta, Fermat, Bacon, Keplero, Galileo, Pascal,
Newton, Leibnitz, Miguel Angelo, Rafael, Linneo, Buffon y otros que han
trasmitido  la posteridad su nombre inmortal.

Dejadlos hasta que se hayan hecho cargo de la distribucion de las
piezas, y cada cual haya podido entregarse  los impulsos de su
inclinacion favorita. El gran Gonzalo leer con preferencia las hazaas
de Escipion en Espaa, desbaratando  sus enemigos con su estrategia,
aterrndolos con su valor, y atrayndose el nimo de los naturales con
su gallarda apostura y conducta generosa. Napoleon se ocupar en el paso
de los Alpes por Anbal, en las batallas de Cnas y Trasimeno; se
indignar al ver  Csar vacilante  la orilla del Rubicon, golpear la
mesa con entusiasmo al mirarle cual marcha sobre Roma, vence en
Farsalia, sojuzga el Africa, y se reviste de la dictadura. Tasso y
Milton tendrn en sus manos la Biblia, Homero y Virgilio; Corneille y
Racine  Sfocles y Eurpides; Molire  Aristfanes, Lope de Vega, y
Calderon; Boileau  Horacio; Bossuet, Massillon y Bourdaloue  san Juan
Chisstomo, san Agustin, san Bernardo; mintras Erasmo, Luis Vives y
Mabillon estarn revolviendo el archivo, andando  caza de polvorientos
manuscritos para completar un texto truncado, aclarar una frase dudosa,
enmendar una expresion incorrecta,  resolver un punto de crtica. Entre
tanto sus ilustres compaeros se habrn acomodado conforme  su gusto
respectivo. Quien estar con el telescopio en la mano, quien con el
microscopio, quien con otros instrumentos; al paso que algunos,
inclinados sobre un papel cubierto de signos, letras y figuras
geomtricas, estarn absortos en la resolucion de los problemas mas
abstrusos. No estarn ociosos los maquinistas, ni los artistas, ni los
naturalistas; y bien se deja entender que encontraremos  Buffon junto 
las verjas de una jaula,  Linneo en el jardin,  Whatt examinando los
modelos de maquinaria, y  Rafael y Miguel Angelo, en las galeras de
cuadros y estatuas.

Todos pensarn, todos juzgarn, y sin duda que sus pensamientos sern
preciosos, y sus fallos respetables; y sin embargo estos hombres no se
entenderian unos  otros, si se hablasen los de profesiones diferentes;
si trocais los papeles, ser posible que de una sociedad de genios
hagais una reunion de capacidades vulgares, que tal vez llegue  ser
divertida con los disparates de insensatos.

Veis  ese cuyos ojos centellean, que se agita en su asiento, da recias
palmadas sobre la mesa, y al fin se deja caer el libro de la mano,
exclamando: _bien, muy bien, magnifico?_.... Notais aquel otro que
tiene delante de s un libro cerrado, y que con los brazos cruzados
sobre el pecho, los ojos fijos, y la frente contraida y torva,
manifiesta que est sumido en meditacion profunda, y que al fin vuelve
de repente en s, y se levanta diciendo: _evidente, exacto, no puede
ser de otra manera....?_ Pues el uno es Boileau, que lee un trozo
escogido de la carta  los Pisones,  de las Stiras, y que  pesar de
saberlo de memoria, lo encuentra todava nuevo, sorprendente, y no puede
contener los impulsos de su entusiasmo: el otro es Descrtes que medita
sobre los colores y resuelve que no son mas que una sensacion.
Aproximadlos ahora y haced que se comuniquen recprocamente sus
pensamientos; Descrtes tendr  Boileau por muy frvolo, pues que tanto
le afecta una imgen bella y oportuna,  una expresion enrgica y
concisa; y Boileau se desquitar  su vez sonrindose desdeosamente del
filsofo cuya doctrina choca con el sentido comun, y tiende 
desencantar la naturaleza.

Rafael contempla extasiado un cuadro antiguo de raro mrito; en la
escena, el sol se ha ocultado en el ocaso, las sombras van cubriendo la
tierra, descbrese en el firmamento el cuadrante de la luna, y algunas
estrellas que brillan como antorchas en la inmensidad de los cielos.
Descuella en el grupo una figura que con los ojos clavados en el astro
de la noche, y con ademan dolorido y suplicante, dirase que le cuenta
sus penas, y le conjura que le d auxilio en tremenda cuita. Entre tanto
acierta  pasar por all un personaje que anda meditabundo de una parte
 otra; y reparando en la luna y estrellas, y en la actitud de la mujer
que las mira, se detiene y articula entre dientes, no s qu cosas sobre
paralaje, planos que pasan por el ojo del espectador, semidimetros
terrestres, tangentes  la rbita, focos de la elipse, y otras cosas por
este tenor que distraen  Rafael, y le hacen marchar  grandes pasos
hcia otro lado, maldiciendo al brbaro astrnomo y a su astronoma.

All est Mabillon con un viejo pergamino, calndose mil veces los
anteojos, y ora tomando la luz en una direccion, ora en otra, por si
puede sacar en limpio una lnea medio borrada, donde sospecha que ha de
encontrar lo que busca, y mintras el buen monje se halla atareado en su
faena se le llega un naturalista rogndole que disimule, y armando su
microscopio se pone  observar, si descubre en el pergamino algunos
huevos de polilla. El pobre Linneo tenia recogidas unas florecitas y las
estaba distribuyendo, cuando pasan por all Tasso y Milton recitando en
alta y sentida voz un soberbio pasaje, y no advierten que lo echan todo
 rodar, y que con una pisada destruyen el trabajo de muchas horas.

En fin aquellos hombres acabaron por no entenderse, y fu preciso
encerrarlos de nuevo en sus tumbas para que no se desacreditasen y no
perdiesen sus ttulos  la inmortalidad.

Lo que veia el uno no acertaba  verlo el otro, aquel reputaba  este
por estpido, y este  su vez le pagaba con la misma moneda. Lo que el
uno apreciaba con admirable tino, el otro lo juzgaba disparatando; lo
que uno miraba como inestimable tesoro, considerbalo el otro cual
miserable bagatela. Y esto porqu? Cmo es que grandes pensadores
discuerden hasta tal punto? Cmo es que las verdades no se presenten 
los ojos de todos de una misma manera? Es que estas verdades son de
especies muy diferentes; es que el compas y la regla no sirven para
apreciar lo que afecta el corazon; es que los sentimientos nada valen en
el clculo y en la geometra; es que las abstracciones metafsicas nada
tienen que ver con las ciencias sociales; es que la verdad pertenece 
rdenes tan diferentes cuanto lo son las naturalezas de las cosas,
porque la verdad es la misma realidad.

El empeo de pensar sobre todos los objetos de un mismo modo, es un
abundante manantial de errores; es trastornar las facultades humanas; es
transferir  unas lo que es propio exclusivamente de otras. Hasta los
hombres mas privilegiados  quienes el Criador ha dotado de una
comprension universal, no podrn ejercerla cual conviene, si cuando se
ocupan de una materia, no se despojan en cierto modo de s mismos, para
hacer obrar las facultades que mejor se adaptan al objeto de que se
trata[12].




CAPTULO XIII.

LA BUENA PERCEPCION.


 I.

La idea.

Percibir con claridad, exactitud y viveza, juzgar con verdad, discurrir
con rigor y solidez, h aqu las tres dotes de un pensador;
examinmoslas por separado, emitiendo sobre cada una de ellas algunas
observaciones.

Qu es una idea? No nos proponemos investigarlo aqu. Qu es la
percepcion en su rigor ideolgico? Tampoco es este el blanco de nuestras
tareas, ni conduciria al fin que deseamos. Bastar pues decir, en
lenguaje comun, que percepcion es aquel acto interior con el cual nos
hacemos cargo de un objeto: siendo la idea aquella imgen,
representacion,  lo que se quiera, que sirve como de pbulo  la
percepcion. As percibimos el crculo, la elipse, la tangente  una de
estas curvas; percibimos la resultante de un sistema de fuerzas, la
razon inversa de estas en los brazos de una palanca, la gravitacion de
los cuerpos, la ley de aceleracion en su descenso, el equilibrio de los
flidos; percibimos la contradiccion del ser y no ser  un mismo tiempo,
la diferencia entre lo esencial y accidental de los seres; percibimos
los principios de la moral; percibimos nuestra existencia y la de un
mundo que nos rodea; percibimos una belleza  un defecto en un poema 
en un cuadro; percibimos la sencillez  complicacion de un negocio, los
medios fciles  arduos para llevarle  cabo; percibimos la impresion
agradable  desagradable que hace en nuestros semejantes tal  cual
palabra, gesto  suceso; en breve, percibimos todo aquello de que se
hace cargo nuestro espritu; y aquello que en lo interior nos parece que
nos sirve de espejo para ver el objeto, aquello que ora est presente 
nuestro entendimiento, ora se retira,  se adormece, aguardando que otra
ocasion lo dispierte  que nosotros lo llamemos para volverse 
presentar; aquello que no sabemos lo que es, pero cuya existencia no nos
es dable poner en duda, aquello se llama idea.

Poco nos importan aqu las opiniones de los idelogos; por cierto que
para pensar bien no es necesario saber si la idea es distinta de la
percepcion  no, si es la sensacion transformada  no, ni si nos ha
venido por este  aquel conducto,  si la tenemos innata  adquirida.
Para la resolucion de todas estas cuestiones, sobre las cuales se ha
disputado siempre, y se disputar en adelante, se necesitan actos
reflejos que no puede hacer quien no se ocupa de ideologa, so pena de
distraerse de su tarea, y embarazar y extraviar lastimosamente su
pensamiento. Quien piensa, no puede estar continuamente pensando que
piensa y cmo piensa; de otra suerte el objeto de su entendimiento se
cambiar; y en vez de ocuparse de lo que debe, se ocupar de s mismo.


 II.

Regla para percibir bien.

Percibiremos con claridad y viveza, si nos acostumbramos  estar atentos
 lo que se nos ofrece (Cap. II); y si ademas hemos procurado adquirir
el necesario tino para desplegar en cada caso las facultades que se
adaptan al objeto presente.

Se me da una definicion matemtica? nada de vaguedad, nada de
abstracciones, nada de fantstico  sentimental, nada del mundo en su
complicacion y variedad; en este caso he de valerme de la imaginacion,
no mas que como del encerado donde trazo los signos, y las figuras, y
del entendimiento como del ojo para mirar. Aclarar la regla proponiendo
un ejemplo de los mas sencillos: una de las definiciones elementales de
la geometra.

La circunferencia es una lnea curva reentrante cuyos puntos distan
igualmente todos de uno que se llama centro. Por lo pronto, es evidente
que no se trata aqu, ni de la circunferencia tal como suele tomarse en
sentido metafrico, cuando se la aplica  objetos no geomtricos; ni en
un sentido lato y grosero, como en los casos en que no se necesita
precision y rigor; debo pues considerar la definicion dada como la
expresion de un objeto del rden ideal, al cual se aproximar mas 
mnos la realidad.

Pero, como las figuras geomtricas se someten  la vista y  la
imaginacion, me valdr de una de estas, y si es posible de ambas, para
representarme aquello que quiero concebir. Trazada la figura en el
encerado,  en la imaginacion, veo  imagino una circunferencia; pero
esto me basta para comprender bien su naturaleza? No. El hombre mas
rudo la ve  imagina tan perfectamente como el mas cumplido matemtico;
y no sabe darse cuenta  s mismo de lo que es una circunferencia. Luego
la vista  la imaginacion de la figura, no son suficientes para la idea
geomtrica completa. Ademas, que si no se necesitara otra cosa, el gato
que acurrucado en una silla est contemplando atentamente una curva que
su amo acaba de trazar, y que sin duda la ve tan bien como este, y la
imagina cuando cierra los ojos, tendria de la misma una idea igualmente
perfecta que Newton  Lagrange.

Qu se necesita pues para que haya una percepcion intelectual, que se
conozca el conjunto de condiciones de las cuales no puede faltar ninguna
sin que desaparezca la curva? Esto es lo explicado por la definicion; y
para que la percepcion sea cabal, deber hacerme cargo de cada una de
dichas condiciones, y su conjunto formar en mi entendimiento la idea de
la curva.

Quien se haya ocupado en la enseanza habr podido observar la
diferencia que acabo de sealar. Vista una circunferencia y la manera de
trazarla con el compas, el alumno mas torpe la reconoce donde quiera que
se le presente, y la describe sin equivocarse. En esto no cabe
diferencia entre los talentos; pero viene el definir la curva, sealando
las condiciones que la forman, y entnces se palpa lo que va de la
imaginacion al entendimiento, entnces se conoce ya al jven negado, al
medianamente capaz, al sobresaliente. Qu es la circunferencia?
preguntais al primero.--Es esto que acabo de trazar.--Pero bien, en qu
consiste? cul es la naturaleza de esta lnea? en qu se diferencia de
la recta que explicamos ayer? Son lo mismo la una que la otra?--Oh! no:
esta es as.... redonda.... aqu hay un punto....--Se acuerda V. de la
definicin que da el autor? S, seor; la circunferencia es una lnea
curva reentrante, cuyos puntos distan igualmente todos de uno que se
llama centro.--Porqu la llamamos curva?--Porque no tiene sus puntos en
una misma direccion.--Porqu, reentrante?--Porque vuelve  entra en s
misma.--Si no fuese reentrante, seria circunferencia?--S seor.--No
acaba V. de decirnos que ha de serlo?--Ah! S seor.--Porqu, en no
siendo reentrante, ya no seria circunferencia?--Porque.... la
circunferencia.... porque....--En fin cansado de esperar, y de explicar,
llamais  otro; que os da la definicion, que os explica los trminos,
pero que ahora se os deja la palabra _curva_, ahora la _igualmente_, que
si le obligais  una atencion mas perfecta, se hace cargo de lo que le
decs, lo repite muy bien, pero que  poco tiene otro olvido, 
equivocacion, dando  entender que no se ha formado todava idea cabal,
que no se da cumplida razon  s mismo del conjunto de condiciones
necesarias para formar una circunferencia.

Llegais por fin  un alumno de entendimiento claro y sobresaliente:
traza la figura con mas  mnos desembarazo, segun su mayor  menor
agilidad natural, recita mas  mnos rpidamente las definiciones, segun
la velocidad de la lengua; pero llamadle al anlisis, y notaris desde
luego la claridad y precision de sus ideas, la exactitud y concision de
sus palabras, la oportunidad y tino de las aplicaciones.--En la
definicion podramos omitir la palabra _lnea_?--Como aqu ya hemos
advertido que solo tratamos de lneas, se daria por sobrentendida; pero
en rigor no, porque al decir _curva_, podrase dudar si hablamos de
superficies.--Y expresando _lnea_, podriamos omitir _curva_?--Me
parece que s, ... porque como aadimos _reentrante_, ya excluimos la
recta que no puede serlo; y ademas la recta tampoco puede tener todos
sus puntos igualmente distantes de uno.--Y la palabra _reentrante_, no
la pudiramos pasar por alto?--No seor; porque si la curva no vuelve
sobre s misma ya no ser una circunferencia; as, por ejemplo, si en
esta borro la parte A B, ya no me queda una circunferencia sino un
arco.--Pero, aadiendo lo demas, de que todos los puntos han de distar
igualmente de uno que se llama centro, bien parece que se sobrentiende
que ser reentrante....--No seor, porque en el arco que tenemos  la
vista hay la equidistancia, y sin embargo no es reentrante.--Y la
palabra _igualmente_?--Es indispensable; de otro modo seria no decir
nada; porque una recta tambien tiene todos sus puntos distantes de uno
que no se halle en ella; y ademas una curva que trazo  la aventura,
rasgueando as.... sobre el encerado, tiene tambien todos sus puntos
distantes de otro cualquiera, como A.... que sealo fuera de ella.

H aqu una percepcion clara, exacta, cabal, que nada deja que desear,
que deja satisfecho al que habla y al que oye.

Acabamos de asistir al anlisis de una idea geomtrica, y de sealar la
diferencia entre sus grados de claridad y exactitud; veamos ahora una
idea artstica, y tratemos de determinar su mayor  menor perfeccion. En
ambos casos hay percepcion de una verdad; en ambos casos se necesita
atencion, aplicacion de las facultades del alma; pero con el ejemplo que
sigue palparemos que lo que en el uno daa, en el otro favorece y
vice-versa; y que las clasificaciones y distinciones que en el primero
eran indicio de disposiciones felices, son en el segundo una prueba de
que el disertante se ha equivocado al elegir su carrera.

Dos jvenes que acaban de salir de la escuela de retrica, que recuerdan
perfectamente cuanto en ella se les ha enseado, que seran capaces de
decorar los libros de texto de un cabo  otro, que responden con
prontitud  las preguntas que se les hacen sobre tropos, figuras, clases
de composicion, etc., etc., y que en fin han desempeado los exmenes 
cumplida satisfaccion de padres y maestros, obteniendo ambos la nota de
sobresaliente, por haber contestado con igual desembarazo y lucimiento,
de manera que no era dable encontrar entre los dos ninguna diferencia,
estan repasando las materias en tiempo de vacaciones, y cabalmente leen
un magnfico pasaje oratorio  potico.

Camilo vuelve una y otra vez sobre las admirables pginas, y ora derrama
lgrimas de ternura, ora centellea en sus ojos el mas vivo entusiasmo.
Esto es inimitable, exclama, es imposible leerlo sin conmoverse
profundamente! qu belleza de imgenes, qu fuego, qu delicadeza de
sentimientos, qu propiedad de expresion, qu inexplicable enlace de
concision y abundancia, de regularidad y lozana! Oh! s, le contesta
Eustaquio, esto es muy hermoso; ya nos lo habian dicho en la escuela; y
si lo observas, vers que todo est ajustado  las reglas del arte.

Camilo percibe lo que hay en el pasaje, Eustaquio no; y sin embargo
aquel discurre poco, apnas analiza, solo pronuncia algunas palabras
entrecortadas, mintras este diserta  fuer de buen retrico. El uno ve
la verdad, el otro no; y porqu? porque la verdad en este lugar es un
conjunto de relaciones, entre el entendimiento, la fantasa y el
corazon; es necesario desplegar  la vez todas estas facultades,
aplicndolas al objeto con naturalidad, sin violencia ni tortura, sin
distraerlas con el recuerdo de esta  aquella regla, quedando el
anlisis, razonado y crtico para cuando se haya sentido el mrito del
pasaje. Enredarse en discursos, traer  colacion este  aquel precepto,
ntes de haberse hecho cargo del escogido trozo, ntes de haberle
_percibido_, es maniatar, por decirlo as, el alma, no dejndole
expedita mas que una facultad cuando las necesita todas.


 III.

Escollo del anlisis.

Hasta en las materias donde no entran para nada la imaginacion y el
sentimiento, conviene guardarse de la mana de poner en prensa el
espritu obligndole  sujetarse  un mtodo determinado, cuando  por
su carcter peculiar,  por los objetos de que se ocupa, requiere
libertad y desahogo. No puede negarse que el anlisis,  sea la
descomposicion de las ideas, sirve admirablemente en muchos casos para
darles claridad y precision; pero es menester no olvidar, que la mayor
parte de los seres son un _conjunto_, y que el mejor modo de percibirlos
es ver de una sola ojeada las partes y relaciones que le constituyen.
Una mquina desmontada presenta con mas distincion y minuciosidad las
piezas de que est compuesta; pero no se comprende tambien el destino de
ellas, hasta que colocadas en su lugar, se ve como cada una contribuye
al movimiento total. A fuerza de descomponer, prescindir y analizar,
Condillac y sus secuaces no hallan en el hombre otra cosa que
sensaciones; por el camino opuesto Descrtes y Malebranche, apnas
encontraban mas que ideas puras, un refinado espiritualismo; Condillac
pretende dar razon de los fenmenos del alma, principiando por un hecho
tan sencillo como es el acercar una rosa  la nariz de su
hombre-estatua, privado de todos los sentidos, excepto el olfato;
Malebranche busca afanoso un sistema para explicar lo mismo; y no
encontrndolo en las criaturas, recurre nada mnos que  la esencia de
Dios.

En el trato ordinario, vemos  menudo laboriosos razonadores que
conducen su discurso con cierta apariencia de rigor y exactitud, y que
guiados por el hilo engaoso van  parar  un solemne dislate.
Examinando la causa, notaremos que esto procede de que no miran el
objeto sino por una cara. No les falta anlisis, tan pronto como una
cosa cae en sus manos la descomponen; pero tienen la desgracia de
descuidar algunas partes; y si piensan en todas, no recuerdan que se han
hecho para estar unidas, que estan destinadas  tener estrechas
relaciones, y que si estas relaciones se arrumban, el mayor prodigio
podr convertirse en descabellada monstruosidad.


 IV.

El tintorero y el filsofo.

Un hbil tintorero estaba en su laboratorio ocupado en las tareas de su
profesion. Acert  entrar un observador minucioso, razonador muy
analtico, y entabl desde luego discusion sobre los tintes y sus
efectos, proponindose nada mnos que convencer al tintorero, de que iba
 echar  perder las preciosas telas  que se aplicarian sus
composiciones. A la verdad, la cosa presentaba mal aspecto, y el crtico
no dejaba de apoyarse en reflexiones especiosas. Aqu se veia una serie
de cazuelas con lquidos negruzcos, cenicientos, parduzcos, ninguno de
buen color, todos de mal olor; all unos pedacitos de goma pegajosa,
desagradable  la vista; enormes calderas estaban hirviendo, donde se
revolvian trozos de madera en bruto, y en las cuales se iban echando
unas hojas secas, que al parecer solo podian servir para tirar  la
calle. El tintorero estaba machacando en un mortero cien y cien materias
que andaba sacando ora de un pote, ora de una marmita, ora de un
saquillo; y revolvindolo todo, y pasndolo de una cazuela  otra, y
echando ora ac, ora acull, cucharadas de lquidos que apestaban, y de
cuyo contacto era preciso guardar el ctis porque le roian mas que el
fuego, se aprestaba  vaciar los ingredientes en diferentes calderas, y
sepultar en aquella inmundicia gran nmero de materias y manufacturas de
inestimable valor. Esto se va  desperdiciar todo, decia el analtico.
En esta cazuela hay el ingrediente A, que como V. sabe, es
extremadamente custico, y que ademas da un color muy feo. En esta otra
hay la goma B, excelente para manchar, y cuyas seales no se quitan sino
con muchsimo trabajo. En esta caldera hay el palo C, que podria servir
para dar un color grosero y comun, pero que no alcanzo cmo ha de
producir nada exquisito. En una palabra, examinado todo por separado,
encuentro que V. emplea ingredientes contrarios  lo que V. se propone;
y desde ahora doy por seguro, que en vez de sacar nada conforme  las
bellsimas muestras que tiene V. en el despacho, va  sufrir una prdida
de consideracion en su fama  intereses. Todo es posible, seor
filsofo, decia el inexorable tintorero, tomando en sus manos las
preciosas materias y ricas manufacturas, y sumergindolas sin compasion
en las sucias y pestilentes calderas, todo es posible, mas para dar fin
 la discusion, djese V. ver por aqu dentro pocos das. El filsofo
volvi en efecto, y el tintorero desvaneci todas las objeciones,
desplegando  sus ojos las telas que por rigurosa demostracion debian
estar malbaratadas. Qu sorpresa! qu humillacion para el analtico!
Unas mostraban finsima grana, otras delicado verde, otras hermoso azul,
otras exquisito naranjado, otras subido negro, otras un blanco
lijeramente cubierto con variado color; otras ostentaban riqusimos
jaspes donde campeaban  un tiempo la belleza y el capricho. Los matices
eran innumerables y encantadores, las manufacturas limpias, tersas,
brillantes como si hubieran estado cubiertas con cristales sin sufrir el
contacto de la mano del hombre. El filsofo se march confuso y
cabizbajo, diciendo para s: no es lo mismo saber lo que es una cosa
por s sola,  lo que puede ser en combinacion con otras; en adelante no
me contentar con descomponer y separar, que tambien hace prodigios el
componer y reunir: testigo el tintorero.


 V.

Objetos vistos por una sola cara.

Entendimientos por otra parte muy claros y perspicaces, se echan 
perder lastimosamente por el prurito de desenvolver una serie de ideas
que no representando el objeto sino por un lado, acaban por conducir 
resultados extravagantes. De aqu es, que con la razon todo se prueba y
todo se impugna; y  veces un hombre que tiene evidentemente la verdad
de su parte, se halla precisado  encastillarse en las convicciones, y
resistir con las armas del buen sentido y cordura  los ataques de un
sofista que se abre paso por todas las hendiduras, y se escurre al
traves de lo mas slido y compacto como filtrndose por los poros. La
misma sobreabundancia de ingenio produce este defecto, como las
personas demasiado giles y briosas se mantienen difcilmente en un paso
mesurado y grave.


 VI.

Inconvenientes de una percepcion demasiado rpida.

Es calidad preciosa la rapidez de la percepcion; pero conviene estar
prevenido contra su efecto ordinario, que es la inexactitud. Sucdeles
con frecuencia  los que perciben con mucha presteza, no hacer mas que
desflorar el objeto; son como las golondrinas, que deslizndose
velozmente sobre la superficie de un estanque, solo pueden coger los
insectos que sobrenadan; mintras otras aves que se sumergen enteramente
 posan sobre el agua, y con el pico calan muy adentro, hacen servir 
su alimento hasta lo que se oculta en el fondo.

El contacto de estos hombres es peligroso; porque sea que hablen, sea
que escriban, suelen distinguirse por una facilidad encantadora; y, lo
que es todava peor, comunican  todo lo que tratan cierta apariencia de
mtodo, claridad y precision que alucina y seduce. En la ciencia se dan
 conocer por sus principios claros, sus definiciones sencillas, sus
deducciones obvias, sus aplicaciones felices. Caractres que no pueden
mnos de acompaar el talento de concepcion profunda y cabal; pero que
imitados por otro de mnos aventajadas partes, solo indican  veces
superficialidad y lijereza, como brilla limpia y trasparente el agua
poco profunda, regalando la vista con sus arenas de oro[13].




CAPTULO XIV.

EL JUICIO.


 I.

Qu es el juicio. Manantiales de error.

Para juzgar bien conduce poco el saber si el juicio es un acto distinto
de la percepcion,  si consiste simplemente en percibir la relacion de
dos ideas. Prescindir pues de estas cuestiones, y solo advertir que
cuando interiormente decimos que una cosa es  no es,  que es  no es
de esta  de aquella manera, entnces hacemos un juicio. As lo entiende
el uso comun; y para lo que nos proponemos, esto nos basta.

La falsedad del juicio depende muchas veces de la mala percepcion; as
lo que vamos  decir, aunque directamente encaminado al modo de juzgar
bien, conduce no poco  percibir bien.

La proposicion es la expresion del juicio.

Los falsos axiomas, las proposiciones demasiado generales, las
definiciones inexactas, las palabras sin definir, las suposiciones
gratuitas, las preocupaciones en favor de una doctrina, son abundantes
manantiales de percepciones equivocadas  incompletas y de juicios
errados.


 II.

Axiomas falsos.

Toda ciencia ha menester un punto de apoyo; y quien se encarga de
profesarla, busca con tanto cuidado este punto, como el arquitecto
asienta el fundamento sobre el cual ha de levantar el edificio.
Desgraciadamente, no siempre se encuentra lo que se necesita; y el
hombre es demasiado impaciente para aguardar que los siglos que l no ha
de ver, proporcionen  las generaciones futuras el descubrimiento
deseado. Si no encuentra, finge; en vez de construir sobre la realidad,
edifica sobre las creaciones de su pensamiento. A fuerza de cavilar y
sutilizar llega hasta el punto de alucinarse  s mismo, y lo que al
principio fuera un pensamiento vago, sin estabilidad ni consistencia, se
convierte en verdad inconcusa. Las excepciones embarazarian demasiado;
lo mas sencillo es asentar una proposicion universal: h aqu el axioma.
Vendrn luego numerosos casos que no se comprenden en l; nada importa:
con este objeto se halla concebido en trminos generales y confusos 
ininteligibles, para que interpretndose de mil maneras diferentes,
sufra en su fondo todas las excepciones que se quiera sin perder nada de
su prestigiosa reputacion. Entre tanto el axioma sirve admirablemente
para cimentar un raciocinio extravagante, dar peso  un juicio
disparatado,  desvanecer una dificultad apremiadora: y cuando se
ofrecen al espritu dudas sobre la verdad de lo que se defiende, cuando
se teme que el edificio no venga al suelo con fragorosa ruina, se dice 
s mismo el espritu: no, no hay peligro; el cimiento es firme; es un
axioma, y un axioma es un principio de eterna verdad.

Para merecer este nombre, es menester que la proposicion sea tan patente
al espritu, como lo son al ojo los objetos que miramos presentes,  la
debida distancia, y en medio del dia. En no dejando al entendimiento
enteramente convencido desde que se le ofrece, y una vez comprendido el
significado de los trminos con que se le enuncia, no debe ser admitido
en esta clase. Viciadas las ideas por un axioma falso, vense todas las
cosas muy diferentes de lo que son en s; y los errores son tanto mas
peligrosos, cuanto el entendimiento descansa en mas engaosa seguridad.


 III.

Proposiciones demasiado generales.

Si nos fuese conocida la esencia de las cosas, podramos asentar con
respecto  ella proposiciones universales, sin ningun gnero de
excepcion; porque siendo la esencia la misma en todos los seres de una
misma especie, claro es que lo que del uno afirmsemos, seria igualmente
aplicable  todos. Pero como de lo tocante  dicha esencia conocemos
poco, y de una manera imperfecta, y muchas veces nada, es de ah que por
lo comun no es posible hablar de los seres, sino con relacion  las
propiedades que estn  nuestro alcance, y de las que  menudo no
discernimos si estan radicadas en la esencia de la cosa,  si son
puramente accidentales. Las proposiciones generales se resienten de este
defecto; pues como expresan lo que nosotros concebimos y juzgamos, no
pueden extenderse sino  lo que nuestro espritu ha conocido. De donde
resulta que sufren mil excepciones que no preveamos; y tal vez
descubrimos que se habia tomado por regla lo que no era mas que
excepcion. Esto sucede aun suponiendo mucho trabajo de parte de quien
establece la proposicion general; qu ser, si atendemos  la lijereza
con que se las suele formar y emitir?


 IV.

Las definiciones inexactas.

De estas puede decirse casi lo mismo que de los axiomas; pues que sirven
de luz para dirigir la percepcion y el juicio, y de punto de apoyo para
afianzar el raciocinio. Es sobre manera difcil una buena definicion, y
en muchos casos imposible. La razon es obvia; la definicion explica la
esencia de la cosa definida; y cmo se explica lo que no se conoce? A
pesar de tamao inconveniente, existen en todas las ciencias una
muchedumbre de definiciones que pasan cual moneda de buena ley; y si
bien sucede con frecuencia que se levantan los autores contra las
definiciones de otros, ellos  su vez cuidan de reemplazarlas con la
suyas, las que hacen circular por toda la obra tomndolas por base en
sus discursos. Si la definicion ha de ser la explicacion de la esencia
de la cosa, y el conocer esta esencia es negocio tan difcil, porqu se
lleva tanta prisa en definir? El blanco de las investigaciones es el
conocimiento de la naturaleza de los seres; la proposicion pues en que
se explicase esta naturaleza, es decir la definicion, debiera ser la
ltima que emitiese el autor. En la definicion est la ecuacion que
presenta despejada la incgnita; y en la resolucion de los problemas
esta ecuacion es la ltima.

Lo que nosotros podemos definir muy bien es lo puramente convencional;
porque la naturaleza del ser convencional es aquella que nosotros mismos
le damos por los motivos que bien nos parecen. As, ya que no nos es
posible en muchos casos definir la cosa, al mnos debiramos fijar bien
lo que entendemos cuando hablamos de ella;  en otros trminos,
deberamos definir la palabra con que pretendemos expresar la cosa. Yo
no s lo que es el sol; no conozco su naturaleza; y por tanto si me
preguntan su definicion, no podr darla. Pero s muy bien  qu me
refiero cuando pronuncio la palabra _sol_, y as me ser fcil explicar
lo que con ella significo. Qu es el sol? no lo s. Qu entiende V.
por la palabra _sol_? Ese astro cuya presencia nos trae el dia, y cuya
desaparicion produce la noche. Esto me lleva naturalmente  las palabras
mal definidas.


 V.

Palabras mal definidas. Exmen de la palabra igualdad.

En la apariencia nada mas fcil que definir una palabra, porque es muy
natural que quien la emplea sepa lo que se dice, y de consiguiente pueda
explicarlo. Pero la experiencia ensea no ser as, y que son muy pocos
los capaces de fijar el sentido de las voces que usan. Semejante
confusion nace de la que reina en las ideas, y  su vez contribuye 
aumentarla. Oiris  cada paso una disputa acalorada en que los
contrincantes manifiestan quizas ingenio nada comun: dejadlos que den
cien vueltas al objeto, que se acometan y rechacen una y mil veces, como
enemigos en sangrienta batalla; entnces si os quereis atravesar de
mediador, y hacer palpable la sinrazon de ambos, tomad la palabra que
expresa el objeto capital de la cuestion, y preguntad  cada uno, qu
entiende V. por esto? qu sentido da V.  esta palabra? Os acontecer
con frecuencia que los dos adversarios se quedarn sin saber qu
responderos,  pronunciando algunas expresiones vagas, inconexas,
manifestando bien  las claras que les habeis salido de improviso, que
no esperaban el ataque por aquel flanco, siendo quizas aquella la
primera vez que se ocupan, mal de su grado, en darse cuenta  s mismos
del sentido de una palabra que en un cuarto de hora han empleado
centenares de veces, y de que estaban haciendo infinitas aplicaciones.
Pero suponed que esto no acontece, y que cada cual da con facilidad y
presteza la explicacion pedida: estad seguro que el uno no aceptar la
definicion del otro, y que la discordancia que ntes versaba  parecia
versar sobre el fondo de la cuestion, se trasladar de repente al nuevo
terreno entablndose disputa sobre el sentido de la palabra. He dicho _
parecia versar_, porque si bien se ha observado el giro de la discusion,
se habr echado de ver que bajo el nombre de la cosa se ocultaba con
frecuencia el significado de la palabra.

Hay ciertas voces que expresando una idea general, aplicable  muchos y
muy diferentes objetos y en los sentidos mas varios, parecen inventadas
adrede para confundir. Todos las emplean, todos se dan cuenta  si
mismos de lo que significan, pero cada cual  su modo; resultando una
algarabia que lastima  los buenos pensadores.

La igualdad de los hombres, dir un declamador, es una ley establecida
por el mismo Dios. Todos nacemos llorando, todos morimos suspirando: la
naturaleza no hace diferencia entre pobres y ricos, plebeyos y nobles; y
la religion nos ensea que todos tenemos un mismo orgen y un mismo
destino. La igualdad es obra de Dios; la desigualdad es obra del hombre;
solo la maldad ha podido introducir en el mundo esas horribles
desigualdades de que es vctima el linaje humano; solo la ignorancia, y
la ausencia del sentimiento de la propia dignidad han podido
tolerarlas. Esas palabras no suenan mal al oido del orgullo: y no puede
negarse que hay en ellas algo de especioso. Ese hombre dice errores
capitales, y verdades palmarias; confunde aquellos con estas; y su
discurso seductor para los incautos, presenta  los ojos de un buen
pensador una algaraba ridicula. Cul es la causa? Toma la palabra
_igualdad_ en sentidos muy diferentes, la aplica  objetos que distan
tanto como cielo y tierra; y pasa  una deduccion general, con entera
seguridad, como si no hubiese riesgo de equivocacion.

Queremos reducir  polvo cuanto acaba de decir? H aqu como deberemos
hacerlo.

--Qu entiende V. por igualdad?

--Igualdad, igualdad.... bien claro est lo que significa.

--Sin embargo no ser de mas que V. nos lo diga.

--La igualdad est en que el uno no sea ni mas ni mnos que el otro.

--Pero ya ve V. que esto puede tomarse en sentidos muy varios; porque
dos hombres de seis pies de estatura sern iguales en ella, pero ser
posible que sean muy desiguales en lo demas; por ejemplo, si el uno es
barrigudo, como el gobernador de la nsula Barataria, y el otro seco de
carnes como el caballero de la Triste Figura. Ademas dos hombres pueden
ser iguales  desiguales en saber, en virtud, en nobleza, y en un millon
de cosas mas; con que ser bien que ntes nos pongamos de acuerdo en la
acepcion que da V.  la palabra igualdad.

--Yo hablo de la igualdad de la naturaleza, de esta igualdad establecida
por el mismo Criador, contra cuyas leyes nada pueden los hombres.

--As no quiere V. decir mas sino que por naturaleza todos somos
iguales....

--Cierto.

--Ya; pero yo veo que la naturaleza nos hace  unos robustos,  otros
endebles,  unos hermosos,  otros feos,  unos giles,  otros torpes,
 unos de ingenio despejado,  otros tontos,  unos nos da inclinaciones
pacificas,  otros violentas,  unos.... pero seria nunca acabar si
quisiera enumerar las desigualdades que nos vienen de la misma
naturaleza. Dnde est la igualdad natural de que V. nos habla?

--Pero estas desigualdades no quitan la igualdad de derechos....

--Pasando por alto que V. ha cambiado ya completamente el estado de la
cuestion, abandonando  restringiendo mucho la igualdad de la
naturaleza, tambien hay sus inconvenientes en esa igualdad de derechos.
Le parece  V. si el nio de pocos aos tendr _derecho_ para reir y
castigar  su padre?

--V. finge absurdos....

--No seor, que esto y nada mnos que esto exige la igualdad de
derechos; si no es asi deber V. decirnos de qu derechos habla, de
cules debe entenderse la igualdad y de cules no.

--Bien claro es que ahora tratamos de la igualdad social.

--No trataba V. de ella nicamente; bien reciente es el discurso en que
hablaba V. en general y de la manera mas absoluta, solo que arrojado de
una trinchera se refugia V. en la otra. Pero vamos  la igualdad social.
Esto significar que en la sociedad todos hemos de ser iguales. Ahora
pregunto, en qu? en autoridad? Entnces no habr gobierno posible.
En bienes? Enhorabuena; dejemos  un lado la justicia, y hagamos el
repartimiento: al cabo de una hora, de dos jugadores el uno habr
alijerado el bolsillo del otro, y estarn ya desiguales; pasados algunos
dias, el industrioso habr aumentado su capital, el desidioso habr
consumido una porcion de lo que recibi; y caeremos en la desigualdad.
Vulvase mil veces al repartimiento, y mil veces se desigualarn las
fortunas. En consideracion? pero apreciar V. tanto al hombre honrado
como al tunante? se depositar igual confianza en este que en aquel?
Se encargarn los mismos negocios  Metternich que al mas rudo patan? Y
aun cuando se quiesese, podrian todos hacerlo todo?

--Esto es imposible; pero lo que no es imposible es la igualdad ante la
ley.

--Nueva retirada, nueva trinchera; vamos all. La ley dice: el que
contravenga sufrir la multa de mil reales, y en caso de insolvencia
diez dias de crcel. El rico paga los mil reales, y se rie de su
fechoria; el pobre que no tiene un maraved, expia su falta de rejas
adentro. Dnde est la igualdad ante la ley?

--Pues yo quitaria esas cosas; y estableceria las penas de suerte que no
resultase nunca esta desigualdad.

--Pero entnces desaparecerian las multas, arbitrio no despreciable para
huecos del presupuesto y alivio de gobernantes. Ademas voy  demostrarle
 V. que no es posible en ninguna suposicion esta pretendida igualdad.
Demos que para una transgresion est sealada la pena de diez mil
reales; dos hombres han incurrido en ella, y ambos tienen de que pagar;
pero el uno es opulento banquero, el otro un modesto artesano. El
banquero se burla de los diez mil reales, el artesano queda arruinado.
Es igual la pena?

--No por cierto; mas cmo quiere V. remediarlo?

--De ninguna manera; y esto es lo que quiero persuadirle  V. de que la
desigualdad es cosa irremediable. Demos que la pena sea corporal,
encontraremos la misma desigualdad. El presidio, la exposicion  la
vergenza pblica, son penas que el hombre falto de educacion, y del
sentimiento de dignidad, sufre con harta indiferencia; sin embargo un
criminal que perteneciese  cierta categora preferiria mil veces la
muerte. La pena debe ser apreciada, no por lo que es en s, sino por el
dao que causa al paciente y la impresion con que le afecta; pues de
otro modo desaparecerian los dos fines del castigo: la expiacion y el
escarmiento. Luego, una misma pena aplicada  criminales de clases
diferentes, no tiene la igualdad sino en el nombre, entraando una
desigualdad monstruosa. Confesar con V. que en estos inconvenientes hay
mucho de irremediable, pero reconozcamos estas tristes necesidades, y
dejmonos de ponderar una igualdad imposible.

La definicion de una palabra, y el discernir las diferentes aplicaciones
que de ella podrian hacerse, nos ha traido la ventaja de reducir  la
nada un especioso sofisma, y de demostrar hasta la ltima evidencia que
el pomposo orador  propalaba absurdos,  no nos decia nada que no
supisemos de antemano; pues no es mucho descubrimiento el anunciar que
todos nacemos y morimos de una misma manera.


 VI.

Suposiciones gratuitas. El despeado.

A falta de un principio general tomamos  veces un hecho que no tiene
mas verdad y certeza de la que nosotros le otorgamos. De dnde tantos
sistemas para explicar los fenmenos de la naturaleza? De una suposicion
gratuita que el inventor del sistema tuvo  bien asentar como primera
piedra del edificio. Los mayores talentos se hallan expuestos  este
peligro siempre que se empean en explicar un fenmeno, careciendo de
datos positivos sobre su naturaleza y origen. Un efecto puede haber
procedido de una infinidad de causas; pero no se ha encontrado la verdad
por solo saber que ha _podido_ proceder, es necesario demostrar que ha
procedido. Si una hiptesis me explica satisfactoriamente un fenmeno
que tengo  la vista, podr admirar en ella el ingenio de quien la
inventara; pero poco habr adelantado para el conocimiento de la
realidad de las cosas.

Este vicio de atribuir un efecto  una causa _posible_, salvando la
distancia que va de la _posibilidad_  la _realidad_, es mas comun de lo
que se cree; sobre todo, cuando el razonador puede apoyarse en la
coexistencia  sucesion de los hechos que se propone enlazar. A veces,
ni aun se aguarda  saber si ha existido realmente el hecho que se
designa como causa; basta que haya podido existir, y que en su
existencia hubiese podido producir el efecto de que se pretende dar
razon.

Se ha encontrado en el fondo de un precipicio el cadver de una persona
conocida; las seales de la vctima manifiestan con toda claridad que
muri despeada. Tres suposiciones pueden excogitarse para dar razon de
la catstrofe; una caida, un suicidio, un asesinato. En todos estos
casos, el efecto ser el mismo; y en ausencia de datos no puede decirse
que el uno lo explique mas satisfactoriamente que el otro. Numerosos
espectadores estan contemplando la desastrosa escena; todos ansian
descubrir la causa; haced que se presente el mas leve indicio, desde
luego veris nacer en abundancia las conjeturas, y oiris las
expresiones de es cierto; as ser; no puede ser de otra manera....
como si lo estuviese mirando ... no hay testigos, no puede probarse en
juicio; pero lo que es duda, no cabe.

Y cules son los indicios? Algunas horas ntes de encontrarse el
cadver, el infeliz se encaminaba hcia el lugar fatal, y no falta quien
vi que estaba leyendo unos papeles, que se detenia de vez en cuando, y
daba muestras de inquietud. Por lo demas es bien sabido que estos
ltimos dias habia pasado disgustos, y que los negocios de su casa
estaban muy mal parados. Toda la vecindad veia en su semblante muestras
de pena y desazon. Asunto concluido; este hombre se ha suicidado.
Asesinato no puede ser, estaba tan cerca de su casa.... ademas que un
asesinato no se comete de esta manera.... Una desgracia es imposible,
porque l conocia muy bien el terreno; y por otra parte, no era hombre
que anduviese precipitado ni con la vista distraida. Como el pobre
estaba acosado por sus acreedores, hoy dia de correo debi de recibir
alguna carta apremiante, y no habr podido resistir mas.

--Vamos, vamos, responder el mayor nmero, cosa clara: y tiene V.
razon, cabalmente es hoy dia de correo....

Llega el juez y al efecto de instruir las primeras diligencias, se
registra la cartera del difunto.

--Dos cartas.

--No lo decia yo?.... el correo de hoy!....

--La una es de N. su corresponsal en la plaza N.

--Vamos, cabalmente all tenia sus aprietos.

--Dice as: Muy Sr. mio: en este momento acabo de salir de la reunion
consabida. No faltaban renitentes, pero al fin apoyado de los amigos N
N, he conseguido que todo el mundo entrase en razon. Por ahora puede V.
vivir tranquilo, y si su hijo de V. tuviera la dicha de restablecer
algun tanto los negocios de Amrica, esta gente se prestar  todo, y
conservar V. su fortuna y su crdito. Los pormenores para el correo
inmediato; pero he creido que no debia diferir un momento el comunicarle
 V. tan satisfactoria noticia. Entre tanto, etc., etc. No hay por qu
matarse.

--La otra?....

--Es de su hijo....

--Malas noticias debi de traer....

--Dice as: Mi querido padre: he llegado  tiempo; y  pocas horas de
mi desembarco, estaba deshecha la trampa. Todo era una estafa del Sr. N.
Ha burlado atrozmente nuestra confianza. No soaba en mi venida, y al
verme en su casa, se ha quedado como herido de un rayo. He conocido su
turbacion, y me he apoderado de toda su correspondencia. Mintras me
ocupaba de esto ha tomado el portante,  ignoro su paradero. Todo se ha
salvado excepto algun desfalco, que calculo de poca consideracion. Voy
corriendo, porque la embarcacion que sale va  darse  la vela. etc.
etc.

El correo de hoy no era para suicidarse; el de las conjeturas sale
lucido: todo por haber convertido la posibilidad en realidad, por haber
estribado en suposiciones gratuitas, por haberse alucinado con lo
especioso de una explicacion satisfactoria.

--Si podria ser un asesinato?....

--Claro es, porque en este correo.... y ademas, este hombre no carecia
de enemigos.

--El otro dia su colono N. le amenaz terriblemente.

--Y es muy malo.....

--Oh! terrible.... est acostumbrado  la vida bandolera.... vamos,
tiene atemorizada la vecindad....

--Y cmo estaban ahora?

--A matar; esta misma maana salian juntos de la casa del difunto, y
hablaban ambos muy recio.

--Y el colono solia andar por aqu?

--Siempre;  dos pasos tiene un campo; y ademas la cuestion estaba (sino
que esto sea dicho entre nosotros), la cuestion estaba sobre esas
encinas del borde del precipicio. El dueo se quejaba de que l le
echaba  perder el bosque, el otro lo negaba; como que en este mismo
lugar estuvieron el otro dia  pique de darse de garrotazos. Miren
Vds.... sino que uno no debe perder  un infeliz.... casi cada dia
estaban en pendencias en este mismo lugar.

--Entnces no hable V. mas.... es una atrocidad! pero cmo se
prueba?....

--Y hoy vean Vds. como no est trabajando en el campo; y tiene por all
su apero.... y se conoce que ha trabajado hoy mismo..... vamos, ya no
cabe duda; es evidente; el infeliz est perdido, porque esto
respirar.....

Llega uno del pueblo.

--Qu desgracia!

--No lo sabia V.?

--No seores, ahora mismo me lo han dicho en su casa. Iba yo  verle,
por si se apaciguaba con el pobre N. que est preso en la alcalda ...

--Preso?....

--S seores; me ha venido llorando su mujer; dice que se ha excedido de
palabras, y que el alcalde le ha arrestado. Como ya saben Vds. que es
tan maton!....

--Y no ha salido mas al campo desde que habl esta maana con el
difunto en la calle?

--Pues cmo habia de salir? vayan Vds. y le encontrarn all, donde
est desde muy temprano; el pobrecito estaba labrando ah!....

Nuevo chasco, el asesino estaba  larga distancia, el preso era el
colono: nuevo desengao para no fiarse de suposiciones gratuitas, para
no confundir la realidad con la posibilidad, y no alucinarse con
plausibles apariencias.


 VII.

Preocupacion en favor de una doctrina.

H aqu uno de los mas abundantes manantiales de error; esto es la
verdadera rmora de las ciencias; uno de los obstculos que mas retardan
sus progresos. Increible seria la influencia de la preocupacion, si la
historia del espiritu humano no la atestiguara con hechos irrecusables.

El hombre dominado por una preocupacion no busca ni en los libros ni en
las cosas lo que realmente hay, sino lo que le conviene para apoyar sus
opiniones. Y lo mas sensible es, que se porta de esta suerte,  veces
con la mayor buena fe, creyendo sin asomo de duda que est trabajando
por la causa de la verdad. La educacion, los maestros y autores de
quienes se han recibido las primeras luces sobre una ciencia, las
personas con quienes vivimos de continuo,  tratamos con mas frecuencia,
el estado  profesion, y otras circunstancias semejantes, contribuyen 
engendrar en nosotros el hbito de mirar las cosas siempre bajo un mismo
aspecto, de verlas siempre de la misma manera.

Apnas dimos los primeros pasos en la carrera de una ciencia, se nos
ofrecieron ciertos axiomas como de eterna verdad, se nos presentaron
ciertas proposiciones como sostenidas por demostraciones irrefragables,
y las razones que militaban por la otra parte, nunca se nos hizo
considerarlas como pruebas que examinar, sino como objeciones que
soltar. Habia alguna de nuestras razones que claudicaba por un lado? se
acudia desde luego  sostenerla,  manifestar que en todo caso no era
aquella la nica; que estaba acompaada de otras cumplidamente
satisfactorias; y que si bien ella sola quizas no bastaria, no obstante
aadida  las demas no dejaba de pesar en la balanza y de inclinarla mas
y mas  favor nuestro. Presentaban los adversarios alguna dificultad de
espinosa solucion? El nmero de las respuestas suplia  su solidez. El
gravsimo autor A contesta de esta manera, el insigne B de tal otra, el
sabio C de tal otra, cualquiera de las tres es suficiente, escjase la
que mejor parezca, con entera seguridad de que el Aquiles de los
adversarios habr recibido la herida en el tendon. No se trata de
convencer, sino de vencer; el amor propio se interesa en la contienda,
y conocidos son los infinitos recursos de este maligno agente. Lo que
favorece se abulta y exagera; lo que obsta se disminuye, se desfigura 
oculta: la buena fe protesta algunas veces desde el fondo del alma; pero
su voz es ahogada y acallada como una palabra de paz en encarnizado
combate.

Si as no fuere, cmo ser posible explicar que durante largos siglos,
se hayan visto escuelas tan organizadas, como disciplinados ejrcitos
agrupados al rededor de una bandera? Cmo es que una serie de hombres
ilustres por su saber y virtudes, viesen todos una cuestion de una misma
manera, al paso que sus adversarios no mnos esclarecidos que ellos, lo
veian todo de una manera opuesta? Cmo es que para saber cules eran
las opiniones de un autor, no necesitsemos leerle, bastndonos por lo
comun la rden  que pertenecia,  la escuela de donde habia salido?
Podria ser ignorancia de la materia, cuando consumian su vida en
estudiarla? Podria ser que no leyesen las obras de sus adversarios?
Esto se verificaria en muchos, pero de otros no cabe duda que las
consultarian con frecuencia. Podria ser mala fe? No por cierto; pues
que se distinguian por su entereza cristiana.

Las causas son las sealadas mas arriba; el hombre ntes de inducir 
otros al error, se engaa muchas veces  s propio. Se aferra  un
sistema, all se encastilla con todas las razones que pueden
favorecerle; su nimo se va acalorando  medida que se ve atacado; hasta
que al fin, sea cual fuere el nmero y la fuerza de los adversarios,
parece que se dice  s mismo: este es tu puesto; es preciso
defenderle: vale mas morir con gloria que vivir con ignominiosa
cobarda.

Por este motivo, cuando se trata de convencer  otros, es preciso
separar cuidadosamente la causa de la verdad de la causa del amor
propio: importa sobre manera persuadir al contrincante de que cediendo,
nada perder en reputacion. No ataqueis nunca la claridad y perspicacia
de su talento; de otro modo se formalizar el combate, la lucha ser
reida, y aun tenindole bajo vuestros pies y con la espada en la
garganta, no recabaris que se confiese vencido.

Hay ciertas palabras de cortesa y deferencia que en nada se ocupen  la
verdad; en vacilando el adversario conviene no economizarlas, si deseais
que se d  partido ntes que las cosas hayan llegado  extremidades
desagradables[14].




CAPTULO XV.

EL RACIOCINIO.


 I.

Lo que valen los principios y las reglas de la dialctica.

Cuando los autores tratan de esta operacion del entendimiento, amontonan
muchas reglas para dirigirla, apoyndolas en algunos axiomas. No
disputar sobre la verdad de estos; pero dudo mucho que la utilidad de
aquellas sea tanta como se ha pretendido. En efecto: es innegable que
las cosas que se identifican con una tercera, se identifican entre s;
que de dos que se identifican entre s, si la una es distinta de una
tercera, lo ser tambien la otra; que lo que se afirma  niega de todo
un gnero  especie, debe afirmarse  negarse del individuo contenido en
ellos; y ademas es tambien mucha verdad que las reglas de argumentacion
fundadas en dichos principios son infalibles. Pero yo tengo la
dificultad en la aplicacion; y no puedo convencerme de que sean de
grande utilidad en la prctica.

En primer lugar, confieso que estas reglas contribuyen  dar al
entendimiento cierta precision que puede servir en algunos casos para
concebir con mas claridad, y atender  los vicios que entrae un
discurso: bien que  veces esta ventaja quedar neutralizada con los
inconvenientes acarreados por la presuncion de que se sabe raciocinar,
porque no se ignoran las reglas del raciocinio. Puede uno saber muy bien
las reglas de un arte, y no acertar  ponerlas en prctica. Tal
recitaria todas las reglas de la oratoria sin equivocar una palabra, que
no sabria escribir una pgina sin chocar, no dir con los preceptos del
arte, sino con el buen sentido.


 II.

El silogismo. Observaciones sobre este instrumento dialctico.

Formaremos cabal concepto de la utilidad de dichas reglas, si
consideramos que quien raciocina no las recuerda, si no se ve precisado
 formular un argumento  la manera escolstica, cosa que en la
actualidad ha caido en desuso. Los alumnos aprenden  conocer si tal 
cual silogismo peca contra esta  aquella regla; y esto lo hacen en
ejemplos tan sencillos, que al salir de la escuela nunca encuentran nada
que  ellos se parezca. Toda virtud es loable, la justicia es virtud,
luego es loable. Est muy bien: pero cuando se me ofrece discernir si
en tal  cual acto se ha infringido la justicia, y la ley tiene algo que
castigar; si me propongo investigar en qu consiste la justicia,
analizando los altos principios en que estriba, y las utilidades que su
imperio acarrea al individuo y  la sociedad; de qu me servir dicho
ejemplo,  otros semejantes? Los telogos y juristas, quisiera que me
dijesen si en sus discursos les han servido mucho las decantadas reglas.

Todo metal es mineral, el oro es metal, luego es mineral. Ningun
animal es insensible, los peces son animales, luego no son insensibles.
Pedro es culpable, este hombre es Pedro, luego este hombre es
culpable. Esta onza de oro no tiene el debido peso, esta onza es la
que Juan me ha dado, luego la onza que Juan me ha dado no tiene el
debido peso. Estos ejemplos y otros por el mismo tenor, son los que
suelen encontrarse en las obras de lgica que dan reglas para los
silogismos; y yo no alcanzo qu utilidad pueden traer al discurso de los
alumnos.

La dificultad en el raciocinio no se quita con estas frivolidades mas
propias para perder el tiempo en la escuela que para ensear. Cuando el
discurso se traslada de los ejemplos  la realidad, no encuentra nada
semejante: y entnces  se olvida completamente de las reglas,  despues
de haber ensayado el aplicarlas continuamente, se cansa bien pronto de
la enojosa  intil tarea. Cierto sugeto, muy conocido mio, se habia
tomado el trabajo de examinar todos sus discursos  la luz de las reglas
dialcticas; no s si en la actualidad conservar todavia este peregrino
humor; mintras tuve ocasion de tratarle no observ que alcanzase gran
resultado.

Analicemos algunos de estos ejemplos, y comparmoslos con la prctica.

Trtase de la pertenencia de una posesion. Todos los bienes que fueron
de la familia N debieron pasar  la familia M; pero el mucho tiempo
trascurrido y otras circunstancias, hacen que se suscite un pleito sobre
el manso B, de que esta ltima se halla en posesion, fundndose en que
sus derechos  ella le vienen de la familia N. Claro es que el silogismo
del posesor ha de ser el siguiente: Todos los bienes que fueron de la
familia N me pertenecen; es as que el manso B se halla en este caso,
luego el manso B me pertenece. Para no complicar, supondremos que no
haya dificultad en la primera proposicion,  sea en la mayor; y que toda
la disputa recaiga sobre la menor; es decir que le incumbe probar que
efectivamente el manso B perteneci  la familia N.

Todo el pleito gira, no en si el silogismo es concluyente, sino en si se
prueba la menor  no. Y pregunto ahora: pensar nadie en el silogismo?
sirve de nada el recordar que lo que se dice de todos se ha de decir
de cada uno? Cuando se haya llegado  probar que el manso B perteneci 
la familia N, ser menester ninguna regla para deducir que la familia M
es legtima poseedora? El discurso se hace, es cierto; existe el
silogismo, no cabe duda; pero es cosa tan clara, es tan obvia la
deduccion, que las reglas dadas para sacarla, mas bien que otra cosa,
parecern un puro entretenimiento especulativo. No estar el trabajo en
el silogismo, sino en encontrar los ttulos para probar que el manso B
perteneci realmente  la familia N, en interpretar cual conviene las
clusulas del testamento, donacion,  venta por donde lo habia
adquirido; en esto y otros puntos consistir la dificultad, para esto
seria necesario aguzar el discurso, prescribindole atinadas reglas 
fin de discernir la verdad entre muchos y complicados y contradictorios
documentos. Gracioso seria por demas, el preguntar  los interesados, 
los abogados y al juez, cuntas veces han pensado en semejantes reglas,
cuando seguian con ojo atento el hilo que deba respectivamente
conducirlos al objeto deseado.

La moneda que no reune las calidades prescritas por la ley no debe
recibirse; esta onza de oro no las tiene, luego no debe recibirse. El
raciocinio es tan concluyente como intil. Cuando yo este bien instruido
de las circunstancias exigidas por la ley monetaria vigente, y ademas
haya experimentado que esta onza de oro carece de ellas, se la devolver
al dador sin discursos; y si se traba disputa, no versar sobre la
legitimidad de la consecuencia, sino sobre si  tantos  cuantos granos
de dficit se ha de tomar todavia, si est bien pesada  no, si lleva
esta  aquella seal, y otras cosas semejantes.

Cuando el hombre discurre no anda en actos reflejos sobre su
pensamiento, as como los ojos cuando miran no hacen contorsiones para
verse  s mismos. Se presenta una idea, se la concibe con mas  mnos
claridad; en ella se ve contenida otra,  otras; con estas se suscita el
recuerdo de otras, y as se va caminando con suavidad, sin cavilaciones
reflejas, sin embarazarse  cada paso con la razon de aquello que se
piensa.


 III.

El entimema.

La evidencia de estas verdades ha hecho que se contase entre las formas
de argumentacion el entimema, el cual no es mas que un silogismo en que
se calla por sobrentendida, alguna de sus proposiciones. Esta forma se
la ense  los dialcticos la experiencia de lo que estaban viendo 
cada paso; pues pudieron notar que en la prctica se omitia por
superfluo el presentar por extenso todo el hilo del raciocinio. As en
el ltimo ejemplo, el silogismo por extenso seria el que se ha puesto al
principio; pero en forma de entimema se convertiria en este otro: Esta
onza no tiene las condiciones prescritas por la ley, luego no debo
recibirla;  en estilo vulgar, y mas conciso y expresivo: No la tomo;
es corta.


 IV.

Reflexiones sobre el trmino.

Todo el artificio del silogismo consiste en comparar los extremos con un
trmino medio, para deducir la relacion que tienen entre s. Cuando se
conocen ya, y se tienen presentes esos extremos y ese trmino medio,
nada mas sencillo que hacer la comparacion; pero cabalmente entnces ya
no es necesaria la regla, porque el entendimiento ve al instante la
consecuencia buscada. Cmo se encuentra ese trmino medio? Cmo se
conocen los dos extremos, cuando se hacen investigaciones sobre un
objeto, del cual se ignora lo que es? S muy bien que si este mineral
que tengo en las manos fuese oro, tendria tal calidad; pero el embarazo
est en que ni se me ocurre que esto pueda ser oro, y por tanto no
pienso en uno de los dos extremos; ni aun cuando pensara en ello, me
encuentro con medios para comprobarlo. Sabe muy bien el juez que si el
hombre que pasa por su lado fuera el asesino  quien persigue desde
mucho tiempo, deberia enviarle al suplicio; pero la dificultad est en
que al ver al culpable no piensa en el asesino; y si pensara en l y
sospechase que es el individuo que est presente, no puede condenarle
por falta de pruebas. Tiene los dos extremos, mas no el trmino medio;
trmino que no se lo ofrecer ciertamente bajo formas dialcticas. Cmo
se llama este hombre? Su patria, su residencia ordinaria, los
antecedentes de su conducta, su modo de vivir en la actualidad, el lugar
donde se hallaba cuando se cometi el asesinato, testigos que le vieron
en las inmediaciones del sitio en que se encontr la vctima; su traje,
estatura, fisonomia, seales sangrientas que se han notado en su ropa,
el pual escondido, el azoramiento con que lleg  deshora  su casa
pocos momentos despues del desastre, algunas prendas que se han
encontrado en su poder, y que se parecen mucho  otras que tenia el
difunto, sus contradicciones, su reconocida enemistad con el asesinado;
h aqu los trminos medios,  mas bien un conjunto de circunstancias
que han de indicar si el preso es el verdadero asesino. Y para qu
aprovecharn las reglas del silogismo? Ahora habr que atender  una
palabra, despues  un hecho; aqu se habr de examinar una seal, mas
all se habrn de cotejar dos  mas coincidencias. Ser preciso atender
 las cualidades fsicas, morales y sociales del individuo, ser
necesario apreciar el valor de los testigos, en una palabra, deber el
juez revolver la atencion en todas direcciones, fijarla sobre mil y mil
objetos diferentes, y pesarlo todo en justa y escrupulosa balanza para
no dejar sin castigo al culpable,  no condenar al inocente.

Lo dir de una vez: los ejemplos que suelen abundar en los libros de
dialctica de nada sirven para la prctica: quien creyese que con aquel
mecanismo ha aprendido  pensar, puede estar persuadido de que se
equivoca. Si lo que acabo de exponer no le convence, la experiencia le
desengaar.


 V.

Utilidad de las formas dialcticas.

Sin embargo de lo dicho, no negar que esas formas dialcticas sean
tiles aun en nuestro tiempo, para presentar con claridad y exactitud el
encadenamiento de las ideas en el raciocinio: y que si no valen mucho
como medio de invencion, sean  veces provechosas como conducto de
enseanza. As es que ljos de pretender que se las destierre del todo
de las obras elementales, conviene que se las conserve, no en toda su
sequedad, pero si en todo su vigor. _Nervos et ossa_ las llamaba Melchor
Cano con mucha oportunidad: no se destruyan pues esos nervios y huesos;
basta cubrirlos con piel blanda y colorada, para que no repugnen ni
ofendan. Porque es preciso confesar que ahora  fuerza de desdear las
formas, se cae en el extrema opuesto, sumamente daoso al adelanto de
las ciencias, y  la causa de la verdad. Antes, los discursos eran
descarnados en demasa, presentaban, por decirlo as, desnuda la
armazon; pero ahora, tanto es el cuidado de la exterioridad, tal el
olvido de lo interior, que en muchos discursos no se encuentra mas que
palabras, que serian bellas, si serlo pudieran palabras vacias. Con el
auxilio de las formas dialcticas, traveseaban en demasa los ingenios
sutiles y cavilosos; con las formas oratorias se envuelven  menudo los
espritus huecos. _Est modus in rebus_[15].




CAPTULO XVI.

NO TODO LO HACE EL DISCURSO.


 I.

La inspiracion.

Es un error el figurarse que los grandes pensamientos son hijos del
discurso; este, bien empleado, sirve algun tanto para ensear, pero poco
para inventar. Casi todo lo que el mundo admira de mas feliz, grande y
sorprendente, es debido  la inspiracion;  esta luz instantnea que
brilla de repente en el entendimiento del hombre, sin que l mismo sepa
de donde le viene. Inspiracion la apellido, y con mucha propiedad,
porque no cabe nombre mas adaptado para explicar este admirable
fenmeno.

Est un matemtico dando vueltas  un intrincado problema; se ha hecho
cargo de todos los datos, nada le queda que practicar de lo que para
semejantes casos est prevenido. La resolucion no se encuentra; se han
tanteado varios planteos, y  nada conducen. Se han tomado al acaso
diferentes cantidades, por si se da en el blanco; todo es intil. La
cabeza est fatigada; la pluma descansa sobre el papel, nada escribe. La
atencion del calculador est como adormecida de puro fija; casi no sabe
si piensa. Cansado de forcejear por abrir una puerta tan bien cerrada,
parece que ha desistido de su empeo, y que se ha sentado en el umbral
aguardando si alguien abrir por la parte de adentro. Ya lo veo,
exclama de repente, esto es!.... y cual otro Arquimdes, sin saber lo
que le sucede, saltaria del bao y echaria  correr gritando: Lo he
encontrado!..... Lo he encontrado!....

Acontece  menudo que despues de largas horas de meditacion, no se ha
podido llegar  un resultado satisfactorio, y cuando el nimo est
distraido, ocupado en asuntos totalmente diferentes, se le presenta de
improviso la verdad como una aparicion misteriosa. Hallbase santo Tomas
de Aquino en la mesa del rey de Francia; y como no debia de ser mal
criado y descortes, no es regular que escogiese aquel puesto para
entregarse  meditaciones profundas. Pero ntes de la hora del convite
estaria en la celda ocupado en sus ordinarias tareas, aguzando las armas
de la razon para combatir  los enemigos de la Iglesia. Natural es que
le sucediese lo que suelen experimentar todos los que tienen por
costumbre penetrar el fondo de las cosas, que aun cuando han dejado la
meditacion en que estaban embebidos, se les ocurre con frecuencia el
punto en cuestion, como si viniese  llamar a la puerta, preguntando si
le toca otra vez el turno. Y h aqu, que sin saber cmo, se siente
inspirado, ve lo que ntes no veia, y olvidndose de que estaba en la
mesa del rey, da sobre ella una palmada, exclamando: Esto es
concluyente contra los maniqueos!....


 II.

La meditacion.

Cuando el hombre se ocupa en comprender algun objeto muy dificil, tan
ljos est de andar con la regla y compas en la mano para dirigir sus
meditaciones, que las mas de las veces queda absorto en la
investigacion, sin advertir que medita, ni aun que existe. Mira las
cosas, ahora por un lado, despues por otro; pronuncia interiormente el
nombre de aquello que examina; da una ojeada  lo que rodea el punto
principal; no se parece  quien sigue un camino trillado, como sabiendo
el trmino  que ha de llegar, sino  quien buscando en la tierra un
tesoro cuya existencia sospecha, pero de cuyo lugar no est seguro, anda
excavando ac y acull sin regla fija.

Y si bien se observa, no puede suceder de otra manera, cuando ya de
antemano no se conoce la verdad que se busca. El que tiene  la vista un
pedazo de mineral cuya naturaleza conoce, cuando trate de manifestar 
otros lo que l sabe sobre la misma, se valdr del procedimiento mas
sencillo, y mas adaptado para el efecto. Pero si no tuviese dicho
conocimiento, entnces le revolveria y miraria repetidas veces; por este
 aquel indicio formaria sus conjeturas, y al fin echaria mano de
experimentos  propsito, no para manifestar que es tal, sino para
descubrir cul es.


 III.

Invencion y enseanza.

De esto nace la diferencia entre el mtodo de enseanza y el de
invencion: quien ensea, sabe adonde va, y conoce el camino que ha de
seguir, porque ya le ha recorrido otras veces; mas el que descubre tal
vez no se propone nada determinado, sino examinar lo que hay en el
objeto que le ocupa; quizas se prefija un blanco, pero ignorando si es
posible alcanzarle,  dudando si existe, si es mas que un capricho de su
imaginacion; y en caso de estar seguro de su existencia, no conoce el
sendero que  l le ha de conducir.

Por este motivo los mas elevados descubrimientos se ensean por
principios muy diferentes de los que guiaron  los inventores; el
clculo infinitesimal es debido  la geometra, y ahora se llega  sus
aplicaciones geomtricas por una serie de procedimientos puramente
algebricos. As, se levanta en una cordillera de escarpadas montaas un
picacho inaccesible, donde al parecer se divisan algunos restos de un
antiguo edificio: un hombre curioso y atrevido concibe el designio de
subir all; mira, tantea, trepa por altsimos peascos, se escurre por
pasadizos impracticables, se aventura por el estrechsimo borde de
espantosos derrumbaderos, se ase de endebles plantas y carcomidas
raices, y al fin cubierto de sudor y jadeando de cansancio, toca  la
deseada cumbre, y levantando los brazos clama con orgullo: ya estoy
arriba!.... Entnces domina de una ojeada todas las vertientes de las
cordilleras; lo que ntes no veia sino por partes, ahora lo ve en su
conjunto: mira hcia los puntos por donde habia tanteado, ve la
imposibilidad de subir por all, y se rie de su ignorancia. Contempla
las escabrosidades por donde acaba de atravesar, y se envanece de su
temeraria osada. Y cmo ser posible que por estas malezas suban los
que le estan mirando? Pero ved ah un sendero muy fcil; desde abajo no
se descubre, desde arriba s. Da muchos rodeos, es verdad, se ha de
tomar  larga distancia, pero es accesible hasta  los mas dbiles y
mnos atrevidos. Entnces desciende corriendo, se reune con los demas,
les dice seguidme, los conduce  la cima, sin cansancio ni peligro, y
all los hace disfrutar de la vista del monumento, y de los magnficos
alrededores que el picacho domina.


 IV.

La intuicion.

Mas no se crea que las tareas del genio sean siempre tan laboriosas y
pesadas. Uno de sus caractres es la _intuicion_, el ver sin esfuerzo lo
que otros no descubrian sino con mucho trabajo, el tener  la vista el
objeto inundado de luz, cuando los demas estan en tinieblas. Ofrecedle
una idea, un hecho, que quizas para otros sern insignificantes, l
descubre mil y mil circunstancias y relaciones ntes desconocidas. No
habia mas que un pequeo crculo, y al clavarse en l la mgica mirada,
el crculo se agita, se dilata, va extendindose como la aurora al
levantarse el sol. Ved, no habia mas que una dbil rfaga luminosa,
pocos instantes despues brilla el firmamento con inmensas madejas de
plata y de oro, torrentes de fuego inundan la bveda celeste, del
oriente al ocaso, del aquilon al sud.


 V.

No est la dificultad en comprender sino en atinar. El jugador de
ajedrez. Sobieski. Las vboras de Anbal.

Hay en este punto una particularidad muy digna de notarse, y que tal vez
no ha sido observada; y es que muchas verdades no son difciles en s y
que sin embargo  nadie se ocurren sino  los hombres de talento. Cuando
estos las presentan,  las hacen advertir, todo el mundo las ve tan
claras, tan sencillas, tan obvias que parece extrao no se las haya
visto ntes.

Dos hbiles jugadores de ajedrez estan empeados en una complicada
partida. Uno de ellos hace una jugada al parecer tan indiferente.....
tiempo perdido, dicen los espectadores; luego abandona una pieza que
podia muy bien defender, y se entretiene en acudir  un punto por el
cual nadie le amenaza. Vaya una humorada, exclaman todos, esto le har
 V. mucha falta. Qu quieren Vds.? dice el taimado, no atina uno en
todo, y contina como distraido. El adversario no ha penetrado la
intencion, no acude al peligro, juega, y el distraido que perdia tiempo
y piezas, ataca por el flanco descubierto, y con maligna sonrisa dice:
jaque mate. Tiene razon, gritan todos, y cmo no lo habiamos visto?
y una cosa tan sencilla!.... pues es claro, perdi el tiempo para
enfilar por aquel lado, abandon una pieza para abrirse paso; acudi
all, no para defenderse sino para cerrar aquella salida; parece
imposible que no lo hubiramos advertido.

Estan los turcos acampados delante de Viena; cada cual discurre por
donde se deber atacarlos cuando llegue el deseado refuerzo  las
rdenes del rey de Polonia. Las reglas del arte andan de boca en boca,
los proyectos son innumerables. Llega Sobieski, echa una ojeada sobre el
ejrcito enemigo: es mio, dice, est mal acampado. Al dia siguiente
ataca, los turcos son derrotados, y Viena es libre. Y despues de visto
el plan de ataque y su feliz xito, todos dirian: los turcos cometieron
tal  cual falta, tenia razon el rey, estaban mal acampados; todos
veian la verdad, la encontraban muy sencilla, pero despues de habrsela
mostrado.

Todos los matemticos sabian las propiedades de las progresiones
aritmticas y geomtricas; que el exponente de 1 era 0, que el de 10 era
1, que el de 1000 era 2, y as sucesivamente, y que el de los nmeros
medios entre 1 y 10 era un quebrado; pero nadie veia que con esto se
pudiese tener un instrumento de tantos y tan ventajosos usos como son
las tablas de los logaritmos. Neper dijo hlo aqu; y todos los
matemticos vieron que era una cosa muy sencilla.

Nada mas fcil que el sistema de nuestra numeracion; y sin embargo, no
lo conocieron ni los griegos, ni los romanos. Qu fenmeno mas
sencillo, mas patente  nuestros ojos, que la tendencia de los flidos
 ponerse  nivel,  subir  la misma altura de la cual descienden? No
lo estamos viendo  cada paso en las retortas, y en todos los vasos
donde hay dos  mas tubos de comunicacion? Qu cosa mas sencilla que la
aplicacion de esta ley de la naturaleza  objeto de tanta utilidad como
es la conduccion de las aguas? Y sin embargo ha debido trascurrir mucho
tiempo ntes que la humanidad se aprovechara de la leccion que estaba
recibiendo todos los dias en un fenmeno tan sencillo.

Dos artesanos poco diestros se hallan embarazados en una obra. El uno
consulta al otro, ambos cavilan, ensayan, malbaratan, sin conseguir
nada. Acuden por fin  un tercero de aventajada nombrada. A ver si V.
nos saca de apuros?--Muy sencillo, de esta manera--Tiene V. razon, era
tan fcil y no habamos sabido dar en ello.

Est Anbal  la vspera de un combate naval, da sus disposiciones, y
entre tanto vuelven  bordo algunos soldados que llevan un gran nmero
de vasos de barro bien tapados, cuyo contenido conocen muy pocos.
Comienza la refriega, los enemigos se rien de que los marinos de Anbal
les arrojen aquellos vasos en vez de flechas; el barro se hace pedazos,
y el dao que causa es muy poco. Pasan algunos momentos, un marino
siente una picadura atroz: al grito del lastimado sucede el de otro,
todos vuelven la vista y notan con espanto que la nave est llena de
vboras. Introdcese el desrden, Anbal maniobra con destreza y la
victoria se decide en su favor. Ciertamente que nadie ignoraba que era
posible recoger muchas vboras, y encerrarlas en vasos de barro, y
tirarlos  las naves enemigas; pero la ocurrencia solo la tuvo el astuto
cartagines. Y l sin duda encontr el infernal ardid, sin raciocinios ni
cavilaciones; bastle tal vez que alguien mentase la palabra _vbora_,
para atinar desde luego en que este reptil podia servirle de excelente
auxiliar.

Qu nos dicen estos ejemplos? nos dicen que el talento consiste muchas
veces en ver una relacion que est patente, y en la cual nadie atina.
Ella en s no es dificil, y la prueba est en que tan pronto como alguno
la descubre, y la seala con el dedo diciendo: mirad; todos la ven sin
esfuerzo, y hasta se admiran de no haberla advertido. As que el
lenguaje, llevado por la fuerza misma de las cosas, los llama  estos
pensamientos _ocurrencias_, _golpes_, _inspiraciones_, expresando de
esta manera que no costaron trabajo, que se ofrecieron por s mismos.


 VI.

Regla para meditar.

De lo dicho inferir que para pensar bien no es buen sistema poner el
espritu en tortura, sino que es conveniente dejarle con cierto
desahogo. Est meditando sobre un objeto, al parecer no adelanta; con la
atencion sobre una cosa, dirase que est dormitando. No importa; no le
violenteis; mira si descubre algun indicio que le guie; se asemeja al
que tiene en la mano una cajita cerrada con un resorte misterioso, en la
cual se quiere poner  prueba el ingenio, por si se encuentra el modo
de abrirla. La contempla largo rato, la vuelve repetidas veces, ora
aprieta con el dedo, ora forcejea con la ua, hasta que al fin permanece
un instante inmbil y dice: aqu est el resorte, ya est abierta.


 VII.

Carcter de las inteligencias elevadas. Notable doctrina de santo Tomas
de Aquino.

Porqu no se ocurren  todos ciertas verdades sencillas? cmo es que
el linaje humano haya de mirar cual espritus extraordinarios  los que
ven cosas que al parecer todo el mundo habia podido ver? Esto es buscar
la razon de un arcano de la Providencia, esto es preguntar porqu el
Criador ha otorgado  algunos hombres privilegiados una gran fuerza de
intuicion,  sea vision intelectual inmediata, y la ha negado al mayor
nmero.

Santo Tomas de Aquino desenvuelve sobre este particular una doctrina
admirable. Segun el santo Doctor, el discurrir es seal de poco alcance
del entendimiento; es una facultad que se nos ha concedido para suplir 
nuestra debilidad; y as es que los ngeles entienden, mas no discurren.
Cuanto mas elevada es una inteligencia, mnos ideas tiene; porque
encierra en pocas, lo que las mas limitadas tienen distribuido en
muchas. As los ngeles de mas alta categora entienden por medio de
pocas ideas; el nmero se va reduciendo  medida que las inteligencias
criadas se van acercando al Criador, el cual como ser infinito 
inteligencia infinita, todo lo ve en una sola idea, nica,
simplicsima, pero infinita: su misma esencia. Cun sublime teora!
Ella sola vale un libro; ella prueba un profundo conocimiento de los
secretos del espritu; ella nos sugiere innumerables aplicaciones con
respecto al entendimiento del hombre.

En efecto, los genios superiores no se distinguen por la mucha
abundancia de las ideas; sino en que estan en posesion de algunas,
capitales, anchurosas, donde hacen caber al mundo. El ave rastrera se
fatiga revoloteando, y recorre mucho terreno, y no sale de la angostura
y sinuosidades de los valles: el guila remonta su majestuoso vuelo,
posa en la cumbre de los Alpes, y desde all contempla las montaas, los
valles, la corriente de los rios, divisa vastas llanuras pobladas de
ciudades, y amenizadas con deliciosas vegas, galanas praderas, ricas y
variadas mieses.

En todas las cuestiones hay un punto de vista principal, dominante; en
l se coloca el genio. All tiene la clave, desde all lo domina todo.
Si al comun de los hombres no les es posible situarse de golpe en el
mismo lugar, al mnos deben procurar llegar  l  fuerza de trabajo; no
dudando que con esto se ahorrarn muchsimo tiempo, y alcanzarn los
resultados mas ventajosos. Si bien se observa, toda cuestion y hasta
toda ciencia, tienen uno  pocos puntos capitales  los que se refieren
los demas. En situndose en ellos, todo se presenta sencillo y llano, de
otra suerte no se ven mas que detalles y nunca el conjunto. El
entendimiento humano, ya de suyo tan dbil, ha menester que se le
muestren los objetos tan simplificados como sea dable; y por lo mismo es
de la mayor importancia desembarazarlos de follaje intil, y que
ademas, cuando sea preciso cargarle con muchas atenciones simultneas,
se las distribuya de suerte que queden reducidas  pocas clases, y cada
una de estas vinculada en un punto. As se aprende con mas facilidad, se
percibe con lucidez y exactitud, y se auxilia poderosamente la memoria.


 VIII.

Necesidad del trabajo.

De las doctrinas de este captulo sobre la inspiracion  intuicion,
podremos inferir la conveniencia de abandonar el discurso, y hasta el
trabajo, y de entregarnos  una especie de quietismo intelectual? No
ciertamente. Para el desarrollo de toda facultad hay una condicion
indispensable: el ejercicio. En lo intelectual como en lo fsico, el
rgano que no funciona se adormece, pierde de su vida, el miembro que no
se mueve se paraliza. Aun los genios mas privilegiados no llegan 
adquirir su fuerza herclea, sino despues de largos trabajos. La
inspiracion no desciende sobre el perezoso; no existe cuando no hierven
en el espritu ideas y sentimientos fecundantes. La intuicion, el _ver_
del entendimiento, no se adquiere sino con un hbito engendrado por el
mucho _mirar_. La ojeada rpida, segura y delicada de un gran pintor, no
se debe solo  la naturaleza, sino tambien  la dilatada contemplacion y
observacion de los buenos modelos: y la magia de la msica no se
desenvolveria en la organizacion mas armnica, sujeta nicamente  oir
sonidos speros y destemplados[16].




CAPTULO XVII.

LA ENSEANZA.


 I.

Dos objetos de la enseanza. Diferentes clases de profesores.

Distinguen comunmente los dialcticos entre el mtodo de enseanza y el
de invencion. Sobre uno y otro voy  emitir algunas observaciones.

La enseanza tiene dos objetos: 1. instruir  los alumnos en los
elementos de la ciencia: 2. desenvolver su talento para que al salir de
la escuela puedan hacer los adelantos proporcionados  su capacidad.

Podria parecer que estos dos objetos no son mas que uno solo; sin
embargo no es as. Al primero alcanzan todos los profesores que poseen
medianamente la ciencia; al segundo no llegan sino los de un mrito
sobresaliente. Para lo primero, basta conocer el encadenamiento de
algunos hechos y proposiciones, cuyo conjunto forma el cuerpo de la
ciencia; para lo segundo es preciso saber cmo se ha construido esa
cadena que enlaza un extremo con otro; para lo primero bastan hombres
que conozcan los libros, para lo segundo son necesarios hombres que
conozcan las cosas.

Mas dir: puede muy bien suceder que un profesor superficial sea mas 
propsito para la simple enseanza de los elementos que otro muy
profundo; pues que este sin advertirlo, se dejar llevar  discursos que
complicarn la sencillez de las primeras nociones, y as daar  la
percepcion de los alumnos poco capaces.

La clara explicacion de los trminos, la exposicion llana de los
principios en que se funda la ciencia, la metdica coordinacion de los
teoremas y de sus corolarios, h aqu el objeto de quien no se propone
mas que instruir en los elementos.

Pero al que extienda mas all sus miradas, y considere que los
entendimientos de los jvenes no son nicamente tablas donde se hayan de
tirar algunas lneas que permanezcan all inalterables para siempre,
sino campos que se han de fecundar con preciosa semilla,  este le
incumben tareas mas elevadas y mas difciles. Conciliar la claridad con
la profundidad, hermanar la sencillez con la combinacion, conducir por
camino llano y amaestrar al propio tiempo en andar por senderos
escabrosos, mostrando las angostas y enmaraadas veredas por donde
pasaron los primeros inventores, inspirar vivo entusiasmo, despertar en
el talento la conciencia de las propias fuerzas, sin daarle con
temeraria presuncion, h aqu las atribuciones del profesor que
considera la enseanza elemental no como fruto, sino como semilla.


 II.

Genios ignorados de los demas, y de s mismos.

Cun pocos son los profesores dotados de esta preciosa habilidad! Y
cmo es posible que los haya en el lastimoso abandono en que yace este
ramo? Quin cuida de aficionar  la enseanza  los hombres de
capacidad elevada? Quin procura fijarlos en esta ocupacion, si se
deciden alguna vez  emprenderla? Las ctedras son miradas  lo mas como
un hincapi para subir mas arriba, con las arduas tareas que ellas
imponen, se unen mil y mil de un rden diferente; y se desempea
corriendo y  manera de distraccion lo que deberia obsorber al hombre
entero.

As, cuando entre los jvenes se encuentra alguno en cuya frente chispea
la llama del genio, nadie la advierte, nadie se la avisa, nadie se lo
hace sentir: y encajonado entre los buenos talentos, prosigue su carrera
sin que se le haya hecho experimentar el alcance de sus fuerzas. Porque
es preciso saber que estas fuerzas no siempre las conoce el mismo que
las posee, aun cuando sean con respecto  lo mismo que le ocupa. Podr
muy bien suceder que el fuego del genio permanezca toda la vida entre
cenizas, por no haber habido una mano que las sacudiera. No vemos 
cada paso que una lijereza extraordinaria, una singular flexibilidad de
ciertos miembros, una gran fuerza muscular y otras calidades corporales,
estan ocultas hasta que un ensayo casual viene  revelrselas al que las
posee? Si Hrcules no manejara mas que un bastoncito, nunca creyera ser
capaz de blandir la pesada clava.


 III.

Medios para descubrir los talentos ocultos, y apreciarlos en su valor.

Un profesor de matemticas que explique  sus alumnos la teora de las
secciones cnicas les dar una idea clara y exacta de dichas curvas,
presentndoles las ecuaciones que expresan su naturaleza, y deduciendo
las propiedades que de esta se originan. Hasta aqu el discpulo aprende
bien los elementos, pero no se ejercita en el desarrollo de sus fuerzas
intelectuales; nada se le ofrece que pueda hacerle sentir el talento de
invencion, si es que en realidad le posea. Pero si el profesor le hace
notar que aquella ecuacion fundamental, al parecer de mera convencion,
no es probable que se le haya establecido sin motivo, desde luego el
jven se halla mal seguro sobre la basa que reputaba slida, y busca el
medio de darle algun apoyo. Si el alumno no acierta en el principio
generador de dichas curvas, se le puede hacer notar el nombre que
llevan, y recordarle que la seccion paralela  la base del cono es un
crculo. Entnces naturalmente el alumno corta el cono con planos en
diferentes posiciones, y  la primera ojeada advierte que si la seccion
es cerrada, y no paralela  la base, resultan curvas cuya figura se
parece  la que se ha llamado elipse. Ya imagina la seccion mas cercana
al paralelismo, ya mas distante, y siempre nota que la figura es una
elipse, con la nica diferencia de su mayor aplanacion por los lados, 
bien de la mayor diferencia de los ejes. Ser posible expresar por una
ecuacion la naturaleza de esta curva? Hay algunos datos conocidos?
Tienen alguna relacion con las propiedades del cono, y de la seccion
paralela? La mayor  menor inclinacion del plano cambia la naturaleza
de la seccion? Dando al plano otras posiciones, de suerte que no salga
cerrada la seccion, qu curvas resultan? Hay alguna semejanza entre
ellas, y las parbolas  hiprboles? Estas y otras cuestiones se ofrecen
al discpulo dotado de capacidad; y si es de muy felices disposiciones,
verisle al instante tirar lneas dentro del cono, compararlas unas con
otras, concebir tringulos, calcular sus relaciones, y tantear mil
caminos para llegar  la ecuacion deseada. Entnces no aprende
simplemente las primeras nociones de la teora; se ha convertido ya en
inventor; su talento encuentra pbulo en que cebarse; y cuando aislado
en los procedimientos de primera enseanza contaba muchos iguales en la
inteligencia de la doctrina explicada, ahora echaris de ver que deja 
sus compaeros muy atras, que ellos no han dado un paso, mintras l, 
ha obtenido el resultado que se buscaba,  adelantado en el verdadero
camino. Entnces da  conocer sus fuerzas, y las conoce l mismo;
entnces se palpa que su capacidad es superior  la rutina, y que quizas
andando el tiempo podr ensanchar el dominio de la ciencia.

Un profesor de derecho natural explicar cumplidamente los derechos y
deberes de la patria potestad, y las obligaciones de los hijos con
respecto  los padres, aduciendo las definiciones y razones que en tales
casos se acostumbran. Hasta aqu llegan los elementos; pero nada se
encuentra para desenvolver el genio filosfico de un alumno
privilegiado, ni que pueda hacerle sobresalir entre el comun de sus
compaeros, dotados de una capacidad regular. El hbil profesor desea
tomar la medida de los talentos que hay en la ctedra, y el tiempo que
le sobra despues de la explicacion le emplea en hacer un experimento.

--Sobre estos deberes le parece  V. si nos dicen algo los sentimientos
del corazon? Las luces de la filosofa estan de acuerdo con las
inspiraciones de la naturaleza? A esta pregunta respondern hasta los
medianos, observando que los padres naturalmente quieren  los hijos, y
estos  los padres, y que as estan enlazados nuestros deberes con
nuestros afectos, instigndonos estos al cumplimiento de aquellos. Hasta
aqu no hay diferencia entre los alumnos que se llaman de buen talento.
Pero prosigue el profesor analizando la materia y pregunta.

--Qu le parece  V. de los hijos que se portan mal con los padres, y
no corresponden con la debida gratitud al amor que estos les prodigaron?

--Que faltan  un deber sagrado y desoyen la voz de la naturaleza.

--Pero cmo es que vemos tan  menudo  los hijos no cumplir como deben
con sus padres, mintras estos si en algo faltan, suele ser por
sobreabundancia de amor y ternura?

--En esto hacen muy mal los hijos, dir el uno.

--Los hombres se olvidan fcilmente de los beneficios recibidos, dir el
otro; quien alegar que los hijos  medida que adelantan en edad se
hallan distraidos por mil atenciones diferentes; quien recordar que los
nuevos afectos engendrados en sus nimos  causa de la familia de que se
hacen cabezas, disminuyen el que deben  sus padres: y cada cual andar
sealando razones mas  mnos adaptadas, mas  mnos slidas, pero
ninguna que satisfaga del todo. Si entre vuestros alumnos se encuentra
alguno que haya de adquirir con el tiempo esclarecida nombrada,
dirigidle la misma pregunta,  ver si acierta  decir algo que la
desentrae y la ilustre.

--Es demasiado cierto, os responder, que los hijos faltan con mucha
frecuencia  sus deberes para con sus padres; pero, si no me engao, la
razon de esto se halla en la misma naturaleza de las cosas. Cuanto mas
necesario es para la conservacion y buen rden de los seres el
cumplimiento de un deber, el Criador ha procurado asegurar mas dicho
cumplimiento. El mundo se conserva, mas  mnos bien,  pesar del mal
comportamiento de los hijos; pero el dia que los padres se portasen mal,
y olvidasen el cuidar de sus hijos, el linaje humano caminaria  su
ruina. As es de notar que los hijos, ni aun los mejores, no profesan 
sus padres un afecto tan vivo y ardiente como los padres  los hijos. El
Criador podia sin duda comunicar  los hijos un amor tan apasionado y
tierno como lo es el de los padres, pero esto no era necesario, y por lo
mismo no lo ha hecho. Y es de notar que las madres, que han menester
mayor grado de este amor y ternura, lo tienen llevado hasta los limites
del frenes, habindolas pertrechado el Criador contra el cansancio que
pudieran producirles los primeros cuidados de la infancia. Resulta pues
que la falta del cumplimiento de los deberes en los hijos, no procede
precisamente de que estos sean peores, pues ellos si llegan  ser
padres, se portan como lo hicieron los suyos; sino de que el amor filial
es de suyo mnos intenso que el paternal, ejerce mucho mnos ascendiente
y predominio sobre el corazon, y por lo mismo se amortigua con mas
facilidad; es mnos fuerte para superar obstculos, y ejerce menor
influencia sobre la totalidad de nuestras acciones.

En las primeras respuestas encontrabais discpulos aprovechados, en esta
descubrs al jven filsofo que empieza  descollar, como entre
raquticos arbustos se levanta la tierna encina, que andando los aos se
har notar en el bosque por su corpulento tronco y soberbia copa.


 IX.

Necesidad de los estudios elementales.

No se crea por lo dicho, que juzgue conveniente emancipar  la juventud
de la enseanza de los elementos; muy al contrario, opino que quien ha
de aprender una ciencia, por grandes que sean las fuerzas de que se
sienta dotado, es preciso se sujete  esta mortificacion que es como el
noviciado de las letras. De esto procuran muchos eximirse apelando 
artculos de diccionario que contiene lo bastante para hablar de todo
sin entender de nada; pero la razon y la experiencia manifiestan que
semejante mtodo no puede servir sino  formar lo que llamamos eruditos
 la violeta.

En efecto: hay en toda ciencia y profesion un conjunto de nociones
primordiales, voces y locuciones que le son propias, las cuales no se
aprenden bien sino estudiando una obra elemental: de suerte que cuando
no mediaran otras consideraciones, la presente bastaria  demostrar los
inconvenientes de tomar otro camino. Estas nociones primordiales, y esas
voces y locuciones, deben ser miradas con algun respeto por quien entra
de nuevo en la carrera, pues ha de suponer que no en vano han trabajado
hasta aqu los que  ella se dedicaron. Si el recien venido tiene
desconfianza de sus predecesores, si espera poder reformar la ciencia 
profesion, y hasta variarla radicalmente, al mnos ha de reflexionar,
que es prudente enterarse de lo que han dicho los otros, que es
temerario el empeo de crearlo todo por s solo, y es exponerse  perder
mucho tiempo, el no quererse aprovechar en nada de las fatigas ajenas.
El maquinista mas extraordinario empieza quizas  dedicarse  su
profesion en la tienda de un modesto artesano; y por grandes esperanzas
que puedan fundarse en sus brillantes disposiciones, no deja por esto de
aprender los nombres y el manejo de los instrumentos y enseres del
trabajo. Con el tiempo har en ellos muchas variaciones, los tendr de
otra materia mas adaptada, cambiar su forma y tal vez su nombre; mas
por ahora es preciso que los tome tales como los encuentra, que se
ejercite con ellos, hasta que la reflexion y la experiencia le hayan
mostrado los inconvenientes de que adolecen y las mejoras de que son
susceptibles.

Puede aplicarse  todas las ciencias el consejo que se da  los que
quieren aprender la historia: ntes de comenzar su estudio, es necesario
leer un compendio. A este propsito son notables las palabras de Bossuet
en la dedicatoria que precede  su _Discurso sobre la historia
universal_. Asienta la necesidad de estudiar la historia en compendio,
para evitar confusion y ahorrar fatiga, y luego aade: Esta manera de
exponer la historia universal la compararemos  la descripcion de los
mapas geogrficos: la historia universal es el mapa general comparado
con las historias particulares de cada pais y de cada pueblo. En los
mapas particulares veis menudamente lo que es un reino,  una provincia
en si misma; en los universales aprendeis  fijar estas partes del mundo
en su todo; en una palabra, veis la parte que ocupa Paris  la isla de
Francia en el reino, la que el reino ocupa en la Europa, y la que la
Europa ocupa en el universo. Pues bien: la oportuna y luminosa
comparacion entre el _Mapa mundi_ y los particulares, se aplica  todos
los ramos de conocimientos. En todos hay un conjunto de que es preciso
hacerse cargo, para comprender mejor las partes, y no andar confuso y
perdido en la manera de ordenarlas. Aun las ideas que se adquieren por
este mtodo, son casi siempre incompletas,  menudo inexactas, y algunas
veces falsas; pero todos estos inconvenientes aun no pesan tanto como
los que resultan de acometer  tientas, sin antecedentes ni guia, el
estudio de una ciencia.

Las obras elementales, se nos dir, no son mas que un esqueleto; es
verdad, pero tal como es, ahorra muchsimo trabajo; hallndole formado
ya, os ser mas fcil corregir sus defectos, cubrirle de nervios,
msculos y carne; darle calor, movimiento y vida.

Entre los que han estudiado por principios una ciencia, y los que, por
decirlo as, han cogido sus nociones al vuelo, en enciclopedias y
diccionarios, hay siempre una diferencia que no se escapa  un ojo
ejercitado. Los primeros se distinguen por la precision de ideas y
propiedad de lenguaje; los otros se lucen tal vez con abundantes y
selectas noticias, pero  la mejor ocasion dan un solemne tropiezo que
manifiesta su ignorante superficialidad[17].




CAPTULO XVIII.

LA INVENCION.


 I.

Lo que debe hacer quien carezca del talento de invencion.

Creo haber dicho lo suficiente con respecto  los mtodos de ensear y
aprender; paso  tratar del mtodo de invencion.

Conocidos los elementos de una ciencia, y llegado el hombre  edad y
posicion en que puede dedicarse  estudios de mayor extension y
profundidad, est en el caso de seguir senderos mnos trillados, y
acometer empresas mas osadas. Si la naturaleza no le ha dotado del
talento de invencion, preciso le ser contentarse por toda su vida con
el mtodo elemental, bien que tomado en mayor escala. Necesita guias, y
este servicio le prestarn las obras magistrales. Mas no se crea que
deba entenderse condenado  ciego servilismo, y no haya de atreverse 
discordar nunca de la autoridad de sus maestros; en la milicia
cientfica y literaria, no es tan severa la disciplina que no sea lcito
al soldado dirigir algunas observaciones  su jefe.


 II.

La autoridad cientfica.

Los hombres capaces de alzar y llevar adelante una bandera, son muy
pocos; y mejor es alistarse en las filas de un general acreditado, que
no andar  manera de miserable guerrillero, afectando la importancia de
insigne caudillo.

Diciendo esto, no es mi nimo predicar la autoridad en materias
puramente cientficas y literarias; en todo el decurso de la obra he
dado bastante  entender que no adolezco de tal achaque; solo me
propongo indicar una necesidad de nuestro entendimiento, que siendo por
lo comun muy flaco, ha menester un apoyo. La hiedra entrelazndose con
un rbol, se levanta  grande altura; si creciese sin arrimo, yaceria
tendida por el suelo pisoteada por todos los transeuntes. Ademas, que no
por haber hecho esta observacion, se ha de cambiar el rden regular de
las cosas: pues con ella mas bien he consignado un hecho que ofrecido
un consejo. S un hecho, porque  pesar de tanto como se blasona de
independencia, es mas claro que la luz del medio dia que esta
independencia no existe, que gran parte de la humanidad anda guiada por
algunos caudillos, y que estos  su talante la llevan por el camino de
la verdad  del error.

Este es un hecho de todos los paises y de todos los siglos; hecho
indestructible porque est fundado en la misma naturaleza del hombre. El
dbil siente la superioridad del fuerte, y se humilla en su presencia;
el genio no es el patrimonio del linaje humano, es un privilegio  pocos
concedido: quien le posee ejerce sobre los demas un ascendiente
irresistible. Se ha observado con mucha verdad que las masas tienen una
tendencia al despotismo; esto dimana de que sienten su incapacidad para
dirigirse, y naturalmente buscan un jefe: la que se experimenta en la
guerra y la poltica, se nota tambien en las ciencias. La generalidad de
los que las profesan son tambien masas, son verdadero vulgo que
entregado  si mismo no sabria qu hacerse; por lo mismo se arremolina 
manera de grupos populares en torno de los que le hablan algo mejor de
lo que l sabe, y manifiestan conocimientos que l no posee. El
entusiasmo penetra tambien en la plebe sabia, y lo mismo que la otra en
sus asonadas, aplaude y grita: muy bien, muy bien!... t lo entiendes
mejor que nosotros; t sers nuestro jefe....


 III.

Modificaciones que ha sufrido en nuestra poca la autoridad cientfica.

A medida que se han generalizado los conocimientos con el inmenso
desarrollo de la prensa, se ha podido creer que el indicado fenmeno
habia desaparecido; pero no es as; lo que ha hecho, ha sido
modificarse. Cuando los caudillos eran pocos, cuando el mando estaba
entre pocas escuelas, andaban los entendimientos  manera de ejrcitos
disciplinados, siendo tan patente la dependencia que no era posible
equivocarse. Ahora sucede de otra manera: los caudillos y las escuelas
son en mayor nmero; la disciplina se ha relajado: pasan los soldados de
uno  otro campo; estos se adelantan un poco, aquellos se quedan
rezagados; algunos se separan y se empean en escaramuzas sin
instrucciones ni rdenes de sus jefes; dirase que los grandes ejrcitos
han dejado de existir y que cada cual marcha por su lado: pero no os
hagais ilusiones, los ejrcitos existen  pesar de ese desrden, todos
saben bien  cul pertenecen; si desertan del uno se unirn al otro; y
cuando se vean en aprieto, todos se replegarn en la direccion donde
saben que est el cuerpo principal para cubrir su retirada.

Y si entrar quisisemos en minuciosas cuentas, hallaramos que no es tan
exacto que los caudillos de ahora sean en mucho mayor nmero que los de
tiempos anteriores. Formando un cuadro de clasificaciones cientficas y
literarias encontraramos fcilmente que en cada gnero son muy pocos
los que llevan la bandera, y que sobre sus pasos se precipita la
multitud ahora como siempre.

El teatro y la novela no tienen un pequeo nmero de _notabilidades_,
cuyas obras se imitan hasta el fastidio? La poltica, la filosofa, la
historia, no cuentan tambien unos pocos adalides, cuyos nombres se
pronuncian sin cesar, y cuyas opiniones y lenguaje se adoptan sin
discernimiento? La _independiente_ Alemania, no tiene sus escuelas
filosficas, tan marcadas y caracterizadas como serlo pudieron las de
santo Tomas, Escoto y Suarez? Qu son en Francia la turba de los
filsofos universitarios, sino humildes discpulos de Cousin? y qu ha
sido Cousin  su vez sino un vicario de Hegel, y de Schelling? y su
filosofa, que tambien forceja por introducirse entre nosotros, no
comienza con tono magistral, exigiendo respeto y deferencia,  manera de
ministerio sagrado que se dirige  la conversion de las gentes
sencillas? La mayor parte de los que profesan la filosofa de la
historia, hacen mas que recitar trozos de las obras de Guizot,  de
otros escritores muy contados? Los que se complacen en declamaciones
sobre elevados principios de legislacion, no son con frecuencia
plagiarios de Becaria y Filangieri? Los utilitarios nos dicen por
ventura otra cosa que lo que acaban de leer en Bentham? Los escritores
sobre derecho constitucional, no tienen siempre en la boca  Benjamin
Constant?

Reconozcamos pues un hecho que tan de bulto se presenta, y no nos
lisonjeemos de haber destruido lo que es mas fuerte que nosotros, pero
guardmonos de sus malos efectos, en cuanto nos sea posible. Si  causa
de la debilidad de nuestras luces, estamos precisados  valernos de las
ajenas, no las recibamos tampoco con ignoble sumision, no abdiquemos el
derecho de examinar las cosas por nosotros mismos, no consintamos que
nuestro entusiasmo por ningun hombre llegue  tan alto punto, que sin
advertirlo le reconozcamos como orculo infalible. No atribuyamos  la
criatura lo que es propio del Criador.


 IV.

El talento de invencion. Carrera del ingenio.

Si el entendimiento es tal que pueda conducirse  s mismo, si al
examinar las obras de los grandes escritores, se siente con fuerza para
imitarlos, y se encuentra entre ellos, no como pigmeo entre gigantes,
sino como entre sus iguales, entnces el mtodo de invencion le conviene
de una manera particular, entnces no debe limitarse  _saber los
libros_, es preciso que _conozca las cosas_; no ha de contentarse con
seguir el camino trillado, sino que ha de buscar veredas que le lleven
mejor, mas recto, y si es posible  puntos mas elevados. No admita idea
sin analizar, ni proposicion sin discutir, ni raciocinio sin examinar,
ni regla sin comprobar; frmese una ciencia propia, que le pertenezca
como su sangre, que no sea una simple recitacion de lo que ha leido,
sino el fruto de lo que ha observado y pensado.

Qu reglas deber tener presentes? Las que se han sealado mas arriba
para todo pensador. El entrar en pormenores seria intil y tal vez
imposible; que el empeo de trazar al genio una marcha fija, es no mnos
temerario que el de sujetar las expresiones de animada fisonoma al
mezquino crculo de compasados gestos. Cuando le veis abalanzarse brioso
 su gigantesca carrera, no le dirijais palabras insulsas, ni consejos
estriles, ni reglas que no ha de observar; decidle tan solo: Imgen de
la divinidad, marcha  cumplir los destinos que te ha sealado el
Criador; no te olvides de tu principio y de tu fin; t levantas el vuelo
y no sabes adnde vas: alza los ojos al cielo, y pregntaselo  tu
Hacedor. l te mostrar su voluntad; cmplela fielmente; que en
cumplirla estan cifrados tu grandor y tu gloria[18].




CAPTULO XIX.

EL ENTENDIMIENTO, EL CORAZON Y LA IMAGINACION.


 I.

Discrecion en el uso de las facultades del alma. La reina Dido.
Alejandro.

He dicho (Cap. XII) que para conocer la verdad en ciertas materias, era
necesario desplegar  un mismo tiempo diferentes facultades del alma, y
entre ellas he contado el sentimiento. Ahora aadir que si bien esto es
preciso cuando se trata de aquellas verdades, cuya naturaleza consiste
en relaciones con dicho sentimiento, como todo lo bello  tierno, 
melanclico  sublime; no lo es cuando la verdad pertenece  un rden
distinto que nada tiene que ver con nuestra facultad de sentir.

Si quiero apreciar todo el mrito de Virgilio en el episodio de Dido, es
menester que no raciocine con sequedad, sino que imagine y sienta; pero
si me propongo juzgar bajo el aspecto moral la conducta de la reina de
Cartago, es preciso que me despoje de todo sentimiento, y que deje
encomendado  la fria razon el fallar conforme  los eternos principios
de la virtud.

Al leer  Quinto Curcio, admiro al hroe macedon, y me complazco en
verle cuando se arroja impvido al traves del Grnico, vence en Arbela,
persigue y anonada  Daro, y seorea el oriente. En todo esto hay
grandeza, hay rasgos que no fueran debidamente apreciados, si se cerrara
el corazon  todo sentimiento. La sublime narracion del sagrado Texto
(1. Mach. Cap. 1) no ser estimada en su justo valor, por quien no haga
mas que analizar con frialdad. Y sucedi que despues que Alejandro
Macedon, hijo de Filipo, que fu el primero que rein en Grecia, salido
de la tierra de Cethim, derrot  Dario rey de los Persas y de los
Medos, di muchas batallas, y conquist las fortalezas de todos, y mat
 los reyes de la tierra. Y pas hasta los confines del mundo, y se
apoder de los despojos de numerosas gentes, _y la tierra call en su
presencia_.... Cuando uno llega  esta expresion, el libro se cae de
las manos, y el asombro se apodera del alma. En presencia de un hombre
_la tierra call_..... Sintiendo con viveza la fuerza de esta imgen, se
forma la mayor idea que formarse pueda del hroe conquistador. Si para
conocer esta verdad, abstraigo y discurro y cavilo, y ahogo mis
sentimientos, nada comprender; es preciso que me olvide de toda
filosofa, que no sea mas que hombre, y que dejando la fantasa en
libertad, y el corazon abierto, mire al hijo de Filipo, saliendo de la
tierra de Cethim, marchando con pasos de gigante hasta la extremidad del
orbe, y contemple  la tierra, que amedrentada calla. Pero si me
propongo examinar la justicia y la utilidad de aquellas conquistas,
entnces ser preciso cortar el vuelo  la imaginacion, amortiguar los
sentimientos de admiracion y entusiasmo; ser preciso olvidar al jven
monarca rodeado de sus falanges, y descollando entre sus guerreros como
el Jpiter de la fbula entre el cortejo de los dioses; ser necesario
no pensar mas que en los eternos principios de la razon, y en los
intereses de la humanidad. Si al hacer este exmen dejo campear la
fantasa y dilatarse el corazon, errar; porque la radiante aurola que
orla las sienes del conquistador, me deslumbrar, me quitar la osada
de condenarle, me inclinar  la indulgencia por tanto genio y heroismo;
y se lo perdonar todo, cuando vea que en la cumbre de su gloria,  la
edad de 33 aos, _se postra en un lecho y conoce que se muere_. Et post
hc decidit in lectum, et cognovit quia moreretur. (Machab. lib. 1. cap.
1.)


 II.

Influencia del corazon sobre la cabeza. Causas y efectos.

A cada paso se observa la mucha influencia que sobre nuestra conducta
tienen las pasiones; y el insistir en probar esto, seria demostrar una
verdad demasiado conocida. Pero no se ha reparado tanto en los efectos
de las pasiones sobre el entendimiento, aun con respecto  verdades que
nada tienen que ver con nuestras acciones. Quizas sea este uno de los
puntos mas importantes del arte de pensar, y por lo mismo lo expondr
con algun detenimiento.

Si nuestra alma estuviese nicamente dotada de inteligencia, si pudiese
contemplar los objetos sin ser afectada por ellos, sucederia que en no
alterndose dichos objetos, los veramos siempre de una misma manera. Si
el ojo es el mismo, la distancia la misma, el punto de vista el mismo,
la cantidad y direccion de la luz las mismas, la impresion que recibamos
no podr mnos de ser siempre la misma. Pero cambiada una cualquiera de
estas condiciones, cambiar la impresion; el objeto ser mas  mnos
grande, los colores mas  mnos vivos  quizas del todo diferentes; su
figura sufrir considerables modificaciones,  tal vez se convertir en
otra nada semejante. La luna conserva siempre su misma figura, y no
obstante nos presenta de continuo variedad de fases; una roca informe y
desigual se nos ofrece  lo ljos como una cpula que corona un soberbio
edificio; y el monumento que mirado de cerca es una maravilla del arte,
se divisa  larga distancia como una pea irregular, desgajada, caida 
la aventura en las faldas del monte.

Lo propio sucede con el entendimiento: los objetos son  veces los
mismos, y no obstante se ofrecen muy diferentes, no solo  distintas
personas, sino  una misma; sin que para esta mudanza sea necesario
mucho tiempo. Quizas un instante de intervalo es suficiente para cambiar
la escena; nos hallamos ya en otra parte; se ha corrido un velo, y todo
ha variado; todo ha tomado otras formas y colores; diriase que los
objetos han sido tocados con la varita de un mago.

Y cul es la causa? es que el corazon se ha puesto en juego, es que
nosotros nos hemos mudado, y nos parece que se han mudado los objetos.
As al darse  la vela la embarcacion que nos lleva, el puerto y las
costas huyen  toda prisa; cuando en realidad nada se ha movido sino la
nave.

Y ntese que esta mudanza no se realiza tan solo cuando el nimo se
conmueve profundamente, y puede decirse que las pasiones estan
levantadas; en medio de una calma aparente sufrimos  menudo esta
alteracion en la manera de ver, alteracion tanto mas peligrosa, cuanto
mnos se hacen sentir las causas que la producen. Se han dividido en
ciertas clases las pasiones del corazon humano, pero sea que no se hayan
comprendido todas en la clasificacion filosfica, sea que cada una de
ellas entraa en su seno otras muchas que deben ser consideradas como
sus hijas,  como transformaciones de una misma, lo cierto es que quien
observe con atencion la variedad y graduacion de nuestros sentimientos
creer estar asistiendo  las mudables ilusiones de una vision
fantasmagrica. Hay momentos de calma y de tempestad, de dulzura y de
acritud, de suavidad y de dureza, de valor y de cobardia, de fortaleza y
de abatimiento, de entusiasmo y de desprecio, de alegra y de tristeza,
de orgullo y de anonadamiento, de esperanza y de desesperacion, de
paciencia y de ira, de postracion y de actividad, de expansion y de
estrechez, de generosidad y de codicia, de perdon y de venganza, de
indulgencia y de severidad, de placer y de malestar, de saboreo y de
tedio, de gravedad y de lijereza, de elevacion y de frivolidad, de
seriedad y de chiste, de.... pero adnde vamos  parar, enumerando la
variedad de disposiciones que experimenta nuestra alma? No es mas
mudable  inconstante el mar azotado por los huracanes, mecido por el
zfiro, rizado con el aliento de la aurora, inmbil con el peso de una
atmsfera de plomo, dorado con los rayos del sol naciente, blanqueado
con la luz del astro de la noche, tachonado con las estrellas del
firmamento, ceniciento como el semblante de un difunto, brillante con
los fuegos del medio dia, tenebroso y negro, como la boca de una tumba.


 III.

Eugenio. Sus transformaciones en veinte y cuatro horas.

rase una hermosa maana de abril, Eugenio se habia levantado muy
temprano, habia extendido maquinalmente el brazo  su librera, y con el
tomito en la mano, pero sin abrir, se habia asomado al balcon que daba
vista  una risuea campia. Qu dia mas bello! qu hora tan
embelesante! El sol se levanta en el horizonte matizando las nubecillas
con primorosos colores, y desplegando en todas direcciones madejas de
luz, como la dorada cabellera ondeante sobre la cabeza de un nio; la
tierra ostenta su riqueza y sus galas, el ruiseor gorjea y trina en la
cercana arboleda, el labrador se encamina  su campo, saludando al
luminar del dia con cantares de dicha y de amor. Eugenio contempla
aquella escena con un placer inexplicable. Su nimo tranquilo, sosegado,
apacible, se presta fcilmente  emociones gratas y suaves. Goza de
completa salud, disfruta de pinge fortuna; los negocios de la familia
andan con viento en popa, y cuantos le rodean, se esmeran en
complacerle. Su corazon no est agitado por ninguna pasion violenta;
anoche concili sin dificultad el sueo, que no se ha interrumpido hasta
el rayar del alba; y espera que las horas se adelanten para entregarse
al ordinario curso de sus tranquilas tareas.

Abre por fin el libro: es una novela romntica. Un desgraciado  quien
el mundo no ha podido comprender, maldice  la sociedad,  la humanidad
entera, maldice  la tierra y al cielo, maldice lo pasado, lo presente y
lo futuro, maldice al mismo Dios, se maldice  s mismo; y cansado de
mirar un sol helado y sombro, una tierra mustia y agostado, de
arrastrar una existencia que pesa sobre su corazon, que le oprime, que
le ahoga como los brazos del verdugo al infeliz ajusticiado, se propone
dar fin  sus dias. Miradle, ya est en el borde del precipicio fatal,
ya est escrita en la cartera la palabra _ Dios_; ya vuelve en torno su
cabeza desgreada, su semblante plido, sus ojos hundidos  inflamados,
sus facciones alteradas; y ntes de consumar el atentado se queda un
momento en silencio, y luego reflexiona sobre la naturaleza, sobre los
destinos del hombre, sobre la injusticia de la sociedad. Esto es
exagerado, dice con impaciencia Eugenio; en el mundo hay mucho malo,
pero no lo es todo. La virtud no est todava desterrada de la tierra;
yo conozco muchas personas que sin atroz calumnia no pueden ser contadas
entre los criminales. Hay injusticias, es cierto; pero la injusticia no
es la regla de la sociedad; y si bien se observa, los grandes crmenes
son excepciones monstruosas. La mayor parte de los actos que se cometen
contra la virtud proceden de nuestra debilidad; nos daan  nosotros
mismos, pero no traen perjuicios  otros; no aterrorizan al mundo, y los
mas se consuman sin llegar  su noticia. Ni es verdad que el bienestar
sea tan imposible; los infortunados son muchos, pero no todo dimana de
injusticia y crueldad; en la misma naturaleza de las cosas se encuentra
la razon de estos males, que ademas no son ni tantos ni tan negros como
se nos pintan aqu. No s qu modo de mirar los objetos tienen esos
hombres; se quejan de todo, blasfeman de Dios, calumnian  la humanidad
entera, y cuando se elevan  consideraciones filosficas, llevan el alma
por una region de tinieblas, donde no encuentra mas que un caos
desesperante. Cuando vuelve de semejantes excursiones, no sabe
pronunciar otras palabras que _maldicion_ y _crmen_. Esto es
insoportable; esto es tan falso en filosofa como feo en literatura.
As discurria Eugenio, y cerraba buenamente el libro, y apartaba de su
mente aquellos ttricos recuerdos, entregndose de nuevo  la
contemplacion de la bella naturaleza.

Pasan las horas, suena la de comenzar sus tareas; y aquel dia parece el
de las desgracias. Todo va mal; dirase que le han alcanzado  Eugenio
las maldiciones del suicida. Muy de maana corre por la casa un mal
humor terrible; N ha pasado malsima noche; M se ha levantado
indispuesto, y todos son mas agrios que zumo de fruta verde. A Eugenio
se le pega tambien algo de la malignidad atmosfrica que le rodea; pero
todava conserva alguna cosa de las apacibles emociones de la salida del
sol.

El dia se va encapotando, el tiempo no ser tan bueno como se prometia
el espectador de la maana. Sale Eugenio  sus diligencias, la lluvia
comienza, el paraguas no basta para cubrir al viandante, y en una calle
estrecha y atestada de lodo se encuentra Eugenio con un caballo que
galopa, sin atender  que los chispazos de fango de sus cascos dejan al
pobre pasajero pedestre hecho una lstima de pies  cabeza. Ya es
preciso retroceder, volverse  casa, entre irritado y mohino, no
maldiciendo tan alto como el romntico, pero s haciendo no muy piadosa
plegaria para el caballo y el jinete. La vida no es ya tan bella, pero
todava es soportable; la filosofa se va encapotando como el tiempo,
pero el sol no ha desaparecido aun. Los destinos de la humanidad no son
desesperantes, pero los lances de los hombres son algo pesados. Al fin
siempre seria mejor que las caras domsticas no fueran de cuaresma, que
las calles estuviesen limpias,  que si estaban sucias, no galopasen los
caballos  la inmediacion de los transeuntes.

Sobre una desgracia viene otra. Reparado Eugenio del primer descalabro,
vuelve  sus diligencias, dirigindose  casa de su amigo, quien le ha
de comunicar noticias satisfactorias, con respecto  un negocio de
importancia. Por lo pronto es recibido con frialdad, el amigo procura
eludir la conversacion sobre el punto principal, y finge ocupaciones
apremiadoras que le obligan  aplazar para otro dia el tratar del
asunto. Eugenio se despide algo desabrido y receloso, y se devana los
sesos por adivinar el misterio; pero una feliz casualidad le hace
encontrar con otro amigo que le revela la trama del primero, y le avisa
que no se duerma si no quiere ser vctima de la perfidia mas infame.
Marcha presuroso  tomar sus providencias, acude  otros que puedan
informarle de la verdadera situacion de las cosas, le explican la
traicion, se compadecen de su desgracia, pero todos convienen en que ya
es tarde. La prdida es crecida, y ademas irreparable: el prfido ha
tomado sus medidas con tanta precaucion, que el desgraciado Eugenio no
ha advertido la estratagema hasta que se ha visto enredado sin remedio.
Acudir  los tribunales es imposible, porque el negocio no lo consiente;
reprochar al prfido la negrura de su accion es desahogo estril; con
tomar una venganza nada se remedia y se aumentan los males del vengador.
No hay mas que resignarse. Eugenio se retira  su casa, entra en su
gabinete, se entrega  todo el dolor que consigo trae el frustrarse
tantas esperanzas, y un cambio inevitable en su posicion social. El
libro est todava sobre la mesa, su vista le recuerda las reflexiones
de la maana; y exclama en su interior: Oh! cun miserablemente te
engaabas, cuando reputabas exageracion las infernales pinturas que del
mundo hacen esos hombres! No puede negarse: tienen razon: esto es
horrible, desconsolador, desesperante, pero es la realidad. El hombre es
un animal depravado, la sociedad es una cruel madrastra, mejor dir un
verdugo que se complace en atormentarnos, que nos insulta, y se mofa de
nuestras angustias, al mismo tiempo que nos cubre de ignominia, y nos da
la muerte. No hay buena fe, no hay amistad, no hay gratitud, no hay
generosidad, no hay virtud sobre la tierra; todo es egoismo, miras
interesadas, perfidias, traicion, mentira. Para tanto padecer, porqu
se nos ha dado la vida? dnde est la Providencia, dnde la justicia de
Dios? dnde?....

Aqu llegaba Eugenio, y, como ven nuestros lectores, la dulce y apacible
y juiciosa filosofa de la maana, se habia trocado en pensamientos
satnicos, en inspiraciones de Beelzebub. Nada se habia mudado en el
mundo, todo proseguia en su ordinaria carrera, y ni el hombre ni la
sociedad podian decirse peores, ni entregados  otros destinos, por
haberle sucedido  Eugenio una desgracia imprevista. Quien se ha mudado
es l; sus sentimientos son otros, su corazon lleno de amargura derrama
la hiel sobre el entendimiento, y este, obedeciendo  las inspiraciones
del dolor y de la desesperacion, se venga del mundo pintndole con los
colores mas horribles. Y no se crea que Eugenio proceda de mala fe: ve
las cosas tales como las expresa; as como las expresaba por la maana
tales como  la sazon las veia.

Dejamos  Eugenio, en el terrible _dnde_.... que  no dudarlo hubiera
abortado una blasfemia horripilante, si no se interrumpiera el monlogo
con la llegada de un caballero que con libertad de amigo penetra en el
gabinete sin detenerse en antesalas.

--Vamos, mi querido Eugenio, ya s que te han jugado una mala partida.

--Cmo ha de ser!

--Es mucha perfidia.

--As anda el mundo.

--Lo que importa es remediarlo.

--Remedio?.... es imposible ...

--Muy sencillo.

--Me gusta la frescura.

--Todo est en aprontar mas fondos, aprovechar el correo de hoy, y
ganarle por la mano.

--Pero cmo los apronto? sus clculos estriban sobre la imposibilidad
en que me hallo de hacerlo, y como sabia el estado de mis negocios,
efecto de los desembolsos hechos hasta aqu para el maldito objeto, est
bien seguro que no podr tomarle la delantera.

--Y si estos fondos estuviesen ya prestos ...

--No soemos ...

--Pues mira, estbamos reunidos varios amigos para el negocio que t no
ignoras; se nos ha referido lo que te acaba de suceder, y el desastre
que iba  ocasionarte. La profunda impresion que me ha producido, puedes
suponerla; y habiendo pedido permiso  los socios para abandonar por mi
parte el proyecto, y venir  ofrecerte mis recursos, todos
instantneamente han seguido mi ejemplo; todos han dicho que arrostraban
con gusto el riesgo de aplazar sus operaciones, y de sacrificar su
ganancia hasta que t hubieses salido airoso del negocio.

--Pero yo no puedo consentir....

--Djate ...

--Pero, y si esos caballeros,  quienes no conozco siquiera ...

--T desconfianza estaba ya prevista; aprovecha el correo, yo me voy, y
en esta cartera encontrars todo lo que se necesita. A Dios, mi querido
Eugenio.

La cartera ha caido al lado del libro fatal; Eugenio se avergenza de
haber anatematizado la humanidad, sin excepciones; la hora del correo no
le permite filosofar, pero siente que su filosofa toma un sesgo mnos
desesperante. A la maana siguiente el sol asomar hermoso y radiante
como hoy, el ruiseor cantar en el ramaje, el labrador se dirigir 
sus faenas, y Eugenio volver  ver las cosas como las veia ntes de sus
fatales aventuras. En 24 horas, que por cierto no han alterado nada ni
en la naturaleza, ni en la sociedad, la filosofa de Eugenio ha
recorrido un espacio inmenso, para volver como los astros, al mismo
punto de donde partiera.


 IV.

Don Marcelino. Sus cambios polticos.

Don Marcelino acaba de salir de unas elecciones, en que los partidos han
luchado en tremenda batalla. La fuerza muscular ha tenido tambien su
voto; se han blandido puales, se han menudeado los garrotazos; la
campanilla del presidente ha resonado entre el ruido de voces
estentreas, y de pulmones de bronce. Don Marcelino pertenece al partido
derrotado, y ha tenido que salvarse  escape. Lo que es valor, ya se ve,
no le faltaba; pero ha sido preciso no olvidar las consideraciones de
prudencia y decoro.

La desagradable impresion no se le borrar en algunos dias, y es notable
que ella basta para echar  perder sus ideas liberales. Desengense
Vds., seores, dice con el tono de la mas profunda conviccion, esto es
una farsa, un absurdo; nos hemos empeado en una barbaridad; no hay mas
remedio que un brazo fuerte; el absolutismo tiene sus inconvenientes,
pero del mal el mnos. El gobierno representativo; el gobierno de la
razon ilustrada y de la voluntad libre, es muy hermoso en las pginas de
las obras de derecho constitucional, y en los artculos de peridico;
pero en la realidad no medran mas que la intriga, la inmoralidad, y
sobre todo la impudencia y la audacia. Yo ya estoy desengaado, y he
palpado bien aquello de: otros vendrn que me abonarn.

A consecuencia de los disturbios, la autoridad militar toma una actitud
imponente, declara el estado de sitio, la constitucion se suspende, los
revoltosos se amedrentan, y la ciudad recobra la calma. Don Marcelino
puede entregarse sin recelo  sus paseos ordinarios; reina la mayor
seguridad de dia como de noche; y as el cuitado elector va olvidando la
escena de los campanillazos, gritos, garrotes y puales.

Ocrresele entre tanto hacer un viaje, y necesita su pasaporte. A la
entrada de la casa de la policia hay numerosa guardia de tropa: Don
Marcelino se va  entrar por la primera puerta que se ofrece, y el
granadero le dice: _Atras._ Encaminase  la otra, y el centinela le
grita en alta y destemplada voz: _Paisano, la capa._ Qutase el
embozo, prosigue algo mohino, y los esbirros, que se resienten de la
rigidez gubernativa, le dicen en ademan descortes: no vaya V. tan
aprisa; aguarde V. su turno. Llegado  la mesa, el oficial le dirige
mil preguntas investigadoras, le mira de pies  cabeza, como si
sospechase que el pobre D. Marcelino es uno de los jefes del motin del
otro dia. Al fin le entrega el pasaporte con ademan desdeoso, baja la
cabeza, y no se digna devolver el saludo que el viajero le dirige con
afabilidad y cortesa.

El paciente se marcha muy disgustado, pero no piensa que aquella escena
haya debido modificar sus opiniones polticas. Renese con sus amigos,
la conversacion gira sobre las ltimas ocurrencias, y se eleva poco 
poco hasta la region de las teorias de gobierno. Don Marcelino ya no
ser absolutista del otro dia. Qu escndalo, dice uno de los
circunstantes, yo no puedo recordarlo sin detestar esas
trampas!--Ciertamente, responde D. Marcelino, pero en todo hay
inconvenientes; mire V., el absolutismo proporciona quietud, pero qu
s yo? tambien tiene sus cosas. A los hombres no conviene gobernarlos
con palo; y al fin es necesario no olvidar la dignidad propia.--Pero la
olvidan por ventura los que viven bajo un gobierno absoluto?--Yo no digo
eso, pero s que es prciso no precipitarse en condenar las formas
representativas; porque no puede negarse que las absolutas tienen cierta
rigidez, de que se resienten hasta las ltimas ruedas del gobierno.

El lector conocer que D. Marcelino, sin advertirlo siquiera, piensa en
la escena del pasaporte; el rudo _atras_ del granadero, el grito del
centinela, _paisano, la capa_, la descortesia de los esbirros y del
oficial, han bastado para introducir en sus ideas polticas una reforma
de alguna consideracion.

Desgraciadamente el oficial de la polica habia llevado muy ljos sus
sospechas. Librado el pasaporte, no pudo mnos de indicar  su principal
que se le habia presentado un sugeto, de quien recelaba, segun las
seas, no fuese uno de los que buscaba la autoridad. Sin saber cmo, en
el acto de subir D. Marcelino  la diligencia es detenido, conducido 
la crcel, y all se le fuerza  pasar algunos dias, sin que basten 
libertarle las vehementes presunciones que en su favor ofrecen, un traje
muy decente y cmodo, un cuerpo bien nutrido, y un semblante pacato. No
se necesitaba mas para que acabasen de desplomarse con estrpito sus
convicciones absolutistas, ya algo desmoronadas con el negocio del
pasaporte. Lo brusco de la captura, lo incmodo de la crcel, lo pesado
y quisquilloso y ofensivo de los interrogatorios, bastan y sobran para
que salga D. Marcelino de la prision con su liberalismo rejuvenecido,
con su aficion  la tabla de derechos, con su odio  la arbitrariedad,
con su aversion al gobierno militar, con su vehemente deseo de que la
seguridad personal y demas garantas constitucionales sean una verdad.
Su fe poltica es en la actualidad muy viva; en cuanto  firmeza,
aguardad que vengan otras elecciones,  que un dia de ruido le asusten
las carreras y los gritos de la calle. Ser dificil que las nuevas
convicciones resistan  tan dura prueba.


 V.

Anselmo. Sus variaciones sobre la pena de muerte.

Anselmo, jven aficionado al estudio de las altas cuestiones de
legislacion, acaba de leer un elocuente discurso en contra de la pena de
muerte. Lo irreparable de la condenacion del inocente, lo repugnante y
horroroso del suplicio, aun cuando lo sufra el verdadero culpable, la
inutilidad de tal castigo para extirpar ni disminuir el crmen, todo
est pintado con vivos colores, con pinceladas magnficas; todo realzado
con descripciones patticas, con ancdotas que hacen estremecer. El
jven se halla profundamente conmovido, imagnase que medita, y no hace
mas que _sentir_; cree ser un filsofo que juzga, cuando no es mas que
un hombre que se _compadece_. En su concepto la pena de muerte es
intil; y aun cuando no fuera injusta, es bastante la inutilidad para
hacer su aplicacion altamente criminal. Este es un punto en que la
sociedad debe reflexionar seriamente para libertarse de esa costumbre
cruel que le han legado generaciones mnos ilustradas. Las convicciones
del nuevo adepto nada dejan que desear; en ellas se combinan razones
sociales y humanitarias; al parecer, nada fuera capaz de conmoverlas.

El jven filsofo habla sobre el particular con un magistrado de
profundo saber y dilatada experiencia, quien opina que la abolicion de
la pena de muerte es una ilusion irrealizable. Desenvuelve en primer
lugar los principios de justicia en que se funda, pinta con vivos
colores las fatales consecuencias que resultarian de semejante paso,
retrata  los hombres desalmados, burlndose de toda otra pena que no
sea el ltimo suplicio, recuerda las obligaciones de la sociedad en la
proteccion del dbil y del inocente, refiere algunos casos desastrosos
en que resaltan la crueldad del malvado y los padecimientos de la
vctima; el corazon del jven ya experimenta impresiones nuevas; una
santa indignacion levanta su pecho, el celo de la justicia le inflama;
su alma sensible se identifica y eleva con la del magistrado; se
enorgullece de saber dominar los sentimientos de injusta compasion, de
sacrificarlos en las aras de los grandes intereses de la humanidad; 
imaginndose ya sentado en un tribunal revestido con la toga de un
magistrado, parece que el corazon le dice: s, tambien sabrias ser
justo; tambien sabrias vencerte  t mismo; tambien sabrias, si
necesario fuese, obedecer  los impulsos de tu conciencia, y con la mano
en el corazon, y la vista en Dios, pronunciar la sentencia fatal en
obsequio de la justicia.


 VI.

Algunas observaciones para precaverse del mal influjo del corazon.

Nada mas importante para pensar bien que el penetrarse de las
alteraciones que produce en nuestro modo de ver, la disposicion de
nimo en que nos hallamos. Y aqu se encuentra la razon de que nos sea
tan difcil sobreponernos  nuestra poca,  nuestras circunstancias
peculiares,  las preocupaciones de la educacion, al influjo de nuestros
intereses; de aqu procede que se nos haga tan duro el obrar y hasta el
pensar conforme  las prescripciones de la ley eterna, el comprender lo
que se eleva sobre la region del mundo material, el posponer lo presente
 lo futuro. Lo que est delante de nuestros ojos, lo que nos afecta en
la actualidad, h aqu lo que comunmente decide de nuestros actos y aun
de nuestras opiniones.

Quien desea pensar bien, es preciso que se acostumbre  estar mucho
sobre s, recordando continuamente esta importantsima verdad; es
necesario que se habite  concentrarse,  preguntarse con mucha
frecuencia: tienes el nimo bastante tranquilo? no ests agitado por
alguna pasion que te presenta las cosas diferentes de lo que son en s?
ests poseido de algun afecto secreto que sin sacudir con violencia tu
corazon le domina suavemente, por medio de una fascinacion que no
adviertes? En lo que ahora piensas, juzgas, preves, conjeturas, obras
quizas bajo el imperio de alguna impresion reciente, que trastornando
tus ideas, te muestra trastornados los objetos? pocos dias,  pocos
momentos ntes, pensabas de esta manera? Desde aundo has modificado
tus opiniones? No es desde que un suceso agradable  desagradable,
favorable  adverso, han cambiado tu situacion? Te has ilustrado mas
sobre la materia, has adquirido nuevos datos,  tienes tan solo nuevos
intereses? Qu es lo que ha sobrevenido, razones  deseos? Ahora que
ests agitado por una pasion, seoreado por tus afectos, juzgas de esta
manera, y tu juicio te parece acertado; pero si con la imaginacion te
trasladas  una situacion diferente, si supones que ha trascurrido algun
tiempo, conjeturas si las cosas se te presentarn bajo el mismo
aspecto, con el mismo color?

No se crea que esta prctica sea imposible; cada cual puede probarlo por
experiencia propia, y echar de ver que le sirve admirablemente para
dirigir el entendimiento y arreglar la conducta. No llega por lo comun 
tan alto grado la exaltacion de nuestros afectos, que nos prive
completamente del uso de la razon; para semejantes casos no hay nada que
prescribir; porque entnces hay la enajenacion mental, sea duradera 
momentnea. Lo que hacen ordinariamente las pasiones es ofuscar nuestro
entendimiento, torcer el juicio; pero no cegar del todo aquel, ni
destituirnos de este. Queda siempre en el fondo del alma una luz que se
amortigua, mas no se apaga; y el que brille mas  mnos en las ocasiones
criticas, depende en buena parte del hbito de atender  ella, de
reflexionar sobre nuestra situacion, de saber dudar de nuestra aptitud
para pensar bien en el acto, de no tomar los chispazos de nuestro
corazon por luz suficiente para guiarnos, y de considerar que no son
propios sino para deslumbrarnos.


 VII.

El amigo convertido en monstruo.

Que las pasiones nos ciegan es una verdad tan trivial, que nadie la
desconoce. Lo que nos falta no es el principio abstracto y vago, sino
una advertencia continuada de sus efectos, un conocimiento prctico,
minucioso, de los trastornos que esta maligna influencia produce en
nuestro entendimiento; lo que no se adquiere sin penoso trabajo, sin
dilatado ejercicio. Los ejemplos aducidos mas arriba manifiestan
bastante la verdad cuya exposicion me ocupa; no obstante creo que no
ser intil aclararla con algunos otros.

Tenemos un amigo cuyas bellas cualidades nos encantan, cuyo mrito nos
apresuramos  encomiar siempre que la ocasion se nos brinda, y de cuyo
afecto hcia nosotros no podemos dudar. Niganos un dia un favor que le
pedimos, no se interesa bastante por la persona que le recomendamos,
recbenos alguna vez con frialdad, nos responde con tono desabrido, 
nos da otro cualquier motivo de resentimiento. Desde aquel instante
experimentamos un cambio notable en la opinion sobre nuestro amigo; tal
vez una revolucion completa. Ni su talento es tan claro, ni su voluntad
tan recta, ni su ndole tan suave, ni su corazon tan bueno, ni su trato
tan dulce, ni su presencia tan afable; en todo hallamos que corregir,
que enmendar; en todo nos habamos equivocado; el lance que nos afecta
ha descorrido el velo, nos ha sacado de la ilusion; y fortuna si el
hombre modelo no se ha trocado de repente en un monstruo.

Es probable que fuera tanto nuestro engao? No: lo es s que nuestro
afecto anterior no nos dejaba ver sus lunares; y que nuestro actual
resentimiento los exagera  los finge. Por ventura no creamos posible
que el amigo pudiese negarse  prestar un favor,  se portase mal en un
negocio,  en un momento de mal humor se olvidase de su ordinaria
afabilidad y cortesa? Ciertamente que esto no era imposible  nuestros
ojos; si se nos hubiese preguntado sobre el particular, hubiramos
respondido que era hombre, y por lo mismo estaba sujeto  flaquezas,
pero que esto nada rebajaba de sus excelentes prendas. Pues ahora,
porqu tanta exageracion? El motivo est patente; nos sentimos heridos;
y quien piensa, quien juzga, no es el entendimiento ilustrado con nuevos
datos, sino el corazon irritado, exasperado, quizas sediento de
venganza.

Queremos apreciar lo que vale nuestro nuevo juicio? h aqu un medio
muy sencillo. Imaginmonos que el lance desagradable no ha pasado con
nosotros, sino con una persona que nos sea indiferente; aun cuando las
circunstancias sean las mismas, aun cuando las relaciones entre el amigo
ofensor y la persona ofendida, sean tan afectuosas y estrechas como las
que mediaban entre l y nosotros, sacaremos del hecho las mismas
consecuencias? Es seguro que no: conoceremos que ha obrado mal, se lo
diremos quizas con libertad y entereza, habremos tal vez descubierto una
mala cualidad de su ndole, que se nos habia ocultado; pero no
dejaremos por esto de reconocer las demas prendas que le adornan, no le
juzgaremos indigno de nuestro aprecio, proseguiremos ligados con l con
los mismos vnculos de amistad. Ya no ser un hombre que nada tiene
laudable; sino una persona que dotada de mucho bueno, est sujeta  lo
malo. Y estas variaciones de juicio sucedern aun suponiendo al amigo
culpable en realidad, aun olvidando el ser muy fcil que nuestra pasion
 interes nos hayan cegado lastimosamente, haciendo que no atendisemos
 los gravsimos y justos motivos que le habrn impulsado  obrar de la
manera que nosotros reprendemos, hacindonos prescindir de antecedentes
que conocamos muy bien, de la conducta que nosotros hemos observado, y
en fin trastornando de tal manera nuestro juicio que un proceder muy
justo y razonable nos haya parecido el colmo de la injusticia, de la
perfidia, de la ingratitud. Cuntas veces nos bastaria para rectificar
nuestro juicio, el mirar la cosa con nimo sosegado, como negocio que no
nos interesara!


 VIII.

Cavilosas variaciones de los juicios polticos.

Estan en el poder nuestros amigos polticos  aquellos que mas nos
convienen, y dan algunas providencias contrarias  la ley? Las
circunstancias, decimos, pueden mas que los hombres y las leyes; el
gobierno no siempre puede ajustarse  estricta legalidad:  veces lo mas
legal es lo mas ilegtimo; y ademas, as los individuos como los
pueblos, como los gobiernos, tienen un instinto de conservacion que se
sobrepone  todo; una necesidad,  cuya presencia ceden todas las
consideraciones y todos los derechos. La infraccion de la ley se ha
hecho con lisura, confesndola sin rodeos, y excusndose con la
necesidad? Bien hecho, decimos; la franqueza es una de las mejores
prendas de todo gobierno; de qu sirve engaar  los pueblos, y
empearse en gobernar con ficciones y mentiras? Se ha procurado no
quebrantar la ley? pero se la ha eludido con una cavilacion ftil,
interpretndola en sentido abiertamente contrario  la mente del
legislador? La ocurrencia ha sido feliz, decimos, al mnos se muestra
tan profundo respeto  la ley, que no se le desmiente ni en la ltima
extremidad. La legalidad es cosa sagrada, contra la cual es preciso no
atentar nunca; no hace poco el gobierno que no pudiendo salvar el fondo,
deja intactas las formas. Si algo hay de arbitrariedad, al mnos no se
presenta con la irritante frula del despotismo. Esto es precioso para
la libertad de los pueblos.

Los hombres del poder son nuestros adversarios? El asunto es muy
diferente. La ilegalidad no era necesaria; y ademas, aun cuando lo
fuese, la ley es ntes que todo. Adnde vamos  parar, si se concede 
los gobiernos la facultad de quebrantarla, cuando lo juzguen necesario?
Esto equivale  autorizar el despotismo; ningun gobernante infringe las
leyes, sin decir que la infraccion est justificada por necesidad
urgente  indeclinable.

El gobierno ha confesado abiertamente la infraccion de la ley? Esto es
intolereble, exclamamos: esto es aadir  la infraccion el insulto;
siquiera se hubiese echado mano de algun lijero disfraz ... es el ltimo
extremo de la impudencia, es la ostentacion de la arbitrariedad mas
repugnante. Est visto, en adelante no ser menester andarse en rodeos;
no hiciera mas el autcrata de las Rusias.

El gobierno ha procurado salvar las formas, guardando cierta apariencia
de legalidad? No hay peor despotismo, exclamamos, que el ejercido en
nombre de la ley; la infraccion no es mnos negra, por andar acompaada
de prfida hipocresa. Cuando un gobierno en casos apurados quebranta la
ley, y lo confiesa paladinamente, parece que con su confesion pide
perdon al pblico, y le da una garanta de que el exceso no ser
repetido; pero el cometer las ilegalidades  la sombra de la misma ley,
es profanarla torpemente, es abusar de la buena fe de los pueblos, es
abrir la puerta  todo linaje de desmanes. En no respetando la mente de
la ley, todo se puede hacer con la ley en la mano; basta asirse de una
palabra ambigua, para contrariar abiertamente todas las miras del
legislador.


 IX.

Peligros de la mucha sensibilidad. Los grandes talentos. Los poetas.

Hay errores de tanto bulto, hay juicios que llevan tan manifiesto el
sello de la pasion, que no alucinan  quien no est cegado por ella. No
est la principal dificultad en semejantes casos; sino en aquellos en
que, por presentarse mas disfrazado, no se conoce el motivo que habr
falseado el juicio. Desgraciadamente, los hombres de elevado talento
adolecen muy  menudo del defecto que estamos censurando. Dotados por lo
comun de una sensibilidad exquisita, reciben impresiones muy vivas, que
ejercen grande influencia sobre el curso de sus ideas y deciden de sus
opiniones. Su entendimiento penetrante encuentra fcilmente razones en
apoyo de lo que se propone defender, y sus palabras y escritos arrastran
 los demas con ascendiente fascinador.

Esta ser sin duda la causa de la volubilidad que se nota en hombres de
genio reconocido; hoy ensalzan lo que maana maldicen; hoy es para ellos
un dogma inconcuso, lo que maana es miserable preocupacion. En una
misma obra se contradicen tal vez de una manera chocante, y os conducen
 consecuencias que jamas hubierais sospechado fueran conciliables con
sus principios. Os equivocariais si siempre achacaseis  mala fe estas
singulares anomalas: el autor habr sostenido el s y el no con
profunda conviccion; porque sin que l lo advirtiese, esta conviccion
solo dimanaba de un sentimiento vivo, exaltado; cuando su entendimiento
se explayaba con pensamientos admirables por su belleza y brillantez, no
era mas que un esclavo del corazon; pero esclavo hbil, ingenioso, que
correspondia  los caprichos de su dueo ofrecindole exquisitas
labores.

Los poetas, los verdaderos poetas, es decir, aquellos hombres  quienes
ha otorgado el Criador elevada concepcion, fantasa creadora y corazon
de fuego, estan mas expuestos que los demas  dejarse llevar por las
impresiones del momento. No les negar la facultad de levantarse  las
mas altas regiones del pensamiento, ni dir que les sea imposible
moderar el vuelo de su ingenio y adquirir el hbito de juzgar con
acierto y tino; pero  no dudarlo, habrn menester mas caudal de
reflexion y mayor fuerza de carcter, que el comun de los hombres.


 X.

El poeta y el monasterio.

Un viajero poeta atravesando una soledad oye el taido de una campana,
que le distrae de las meditaciones en que estaba embelesado. En su alma
no se alberga la fe, pero no es inaccesible  las inspiraciones
religiosas. Aquel sonido piadoso en el corazon del desierto, cambia de
repente la disposicion de su espritu, y le lleva  saborearse en una
melancola grave y severa. Bien pronto descubre la silenciosa mansion
donde buscan asilo, ljos del mundo, la inocencia y el arrepentimiento.
Llega, apase, llama, con una mezcla de respeto y de curiosidad; y al
pisar los umbrales del monasterio se encuentra con un venerable anciano,
de semblante sereno, de trato cortes y afable. El viajero es obsequiado
con afectuosa cordialidad, es conducido  la iglesia,  los claustros, 
la biblioteca,  todos los lugares donde hay algo que admirar  notar.
El anciano monje no se aparta de su lado, sostiene la conversacion con
discernimiento y buen gusto, se muestra tolerante con las opiniones del
recien venido, se presta  cuanto puede complacerle, y no se separa de
l, sino cuando suena la hora del cumplimiento de sus deberes. El
corazon del viajero est dulcemente conmovido: el silencio interrumpido
tan solo por el canto de los salmos; la muchedumbre de objetos
religiosos que inspiran recogimiento y piedad, unidos  las estimables
cualidades y  la bondad y condescendencia del anciano cenobita,
inspiran al corazon del viajero sentimientos de religion, de admiracion
y gratitud, que seorean vivamente su alma. Despidindose de su
venerable husped, se aleja meditabundo, llevndose aquellos gratos
recuerdos que no olvidar en mucho tiempo. Si en semejante situacion de
espritu, le place  nuestro poeta intercalar en sus relaciones de viaje
algunas reflexiones sobre los institutos religiosos, qu os parece que
dir? Es bien claro. Para l, la institucion estar en aquel monasterio,
y el monasterio estar personificado en el monje cuya memoria le
embelesa. Contad pues con un elocuente trozo en favor de los institutos
religiosos, un anatema contra los filsofos que los condenan, una
imprecacion contra las revoluciones que los destruyen, una lgrima de
dolor sobre las ruinas y las tumbas.

Pero ay del monasterio, y de todos los institutos monsticos, si el
viajero se hubiese encontrado con un husped de mal talante, de
conversacion seca y desabrida, poco aficionado  bellezas literarias y
artsticas, y de humor nada bueno para acompaar curiosos! A los ojos
del poeta, el monje desagradable habria sido la personificacion del
instituto; y en castigo del mal recibimiento, hubiera sido condenado
este gnero de vida, y acusado de abatir el espritu, estrechar el
corazon, apartar del trato de los hombres, formar modales speros y
groseros, y acarrear innumerables males sin producir ningun bien. Y sin
embargo, la realidad de los casos habria permanecido la misma en uno y
otro supuesto: mediando solo la casualidad que deparara al viajero
acogida mas  mnos halagea.


 XI.

Necesidad de tener ideas fijas.

Las reflexiones que preceden, muestran la necesidad de tener ideas fijas
y opiniones formadas sobre las principales materias; y cuando esto no
sea dable, lo mucho que importa el abstenerse de improvisarlas,
abandonndonos  inspiraciones repentinas. Se ha dicho que los grandes
pensamientos nacen del corazon, y pudiera haberse aadido, que del
corazon nacen tambien los grandes errores. Si la experiencia no lo
hiciese palpable, la razon bastaria  demostrarlo. El corazon no piensa
ni juzga, no hace mas que sentir; pero el sentimiento es un poderoso
resorte que mueve el alma, y desplega y multiplica sus facultades.
Cuando el entendimiento va por el camino de la verdad y del bien, los
sentimientos nobles y puros contribuyen  darle fuerza y brio; pero los
sentimientos ignobles,  depravados, pueden extraviar al entendimiento
mas recto. Hasta los sentimientos buenos, si se exaltan en demasa, son
capaces de conducirnos  errores deplorables.


 XII.

Deberes de la oratoria, de la poesa, y de las bellas artes.

Nacen de aqu consideraciones muy graves sobre el buen uso de la
oratoria, y en general de todas las artes que  llegan al entendimiento
por conducto del corazon,  al mnos se valen de l como de un auxiliar
poderoso. La pintura, la escultura, la msica, la poesa, la literatura
en todas sus partes, tienen deberes muy severos, que olvidan con
demasiada frecuencia. La verdad y la virtud, h aqu los dos objetos 
que se han de dirigir: la verdad para el entendimiento, la virtud para
el corazon; h aqu lo que han de proporcionar al hombre por medio de
las impresiones con que le embelesan. En desvindose de este blanco, en
limitndose  la simple produccion del placer, son estriles para el
bien, y fecundas para el mal.

El artista que solo se propone halagar las pasiones, corrompiendo las
costumbres, es un hombre que abusa de sus talentos y olvida la mision
sublime que le ha encomendado el Criador, al dotarle de facultades
privilegiadas que le aseguran ascendiente sobre sus semejantes; el
orador que sirvindose de las galas de la diccion, y de su habilidad
para mover los afectos y hechizar la fantasa, procura hacer adoptar
opiniones erradas, es un verdadero impostor no mnos culpable que quien
emplea medios, quizas mas repugnantes, pero mucho mnos peligrosos. No
es lcito persuadir cuando no es lcito convencer; cuando la conviccion
es un engao, la persuasion es una perfidia. Esta doctrina es severa,
pero indudable; los dictmenes de la razon no pueden mnos de ser
severos, cuando se ajustan  las prescripciones de la ley eterna, que es
severa tambien porque es justa  inmutable.

Inferiremos de lo dicho, que los escritores  oradores dotados de
grandes cualidades para interesar y seducir, son una verdadera calamidad
pblica, cuando las emplean en defensa del error. Qu importa el
brillo, si solo sirve  deslumbrar y perder? Las naciones modernas han
olvidado estas verdades, al resucitar entre ellas la elocuencia popular
que tanto da  las antiguas repblicas; en las asambleas deliberantes
donde se ventilan los altos negocios del estado, donde se falla sobre
los grandes intereses de la sociedad, no debiera resonar otra voz que la
de una razon clara, sesuda, austera. La verdad es la misma, la realidad
de las cosas no se muda, porque se haya excitado el entusiasmo de la
asamblea y de los espectadores, y se haya decidido una votacion con los
acentos de un orador fogoso. Es  no verdad lo que se sustenta, es  no
til lo que se propone, h aqu lo nico  que se ha de atender; lo
demas es extraviarse miserablemente, es olvidarse del fin de la
deliberacion, es jugar con los grandes intereses de la sociedad, es
sacrificarlos al pueril prurito de ostentar dotes oratorias,  la
mezquina vanidad de arrancar aplausos.

Ya se ha observado que todas las asambleas, y muy particularmente en el
principio de las revoluciones, adolecen de espritu de invasion, y se
distinguen por sus resoluciones desatinadas. La sesion comienza tal vez
con felices auspicios, pero de repente toma un sesgo peligroso; los
nimos se conmueven, la mente se ofusca, la exaltacion sube de punto,
llega  rayar en frenes; y una reunion de hombres que por separado
habrian sido razonables, se convierten en una turba de insensatos y
delirantes. La causa es obvia; la impresion del momento es viva;
prepondera sobre todo, lo seorea todo con la simpata natural al
hombre, se propaga como un flido elctrico, y corriendo adquiere
velocidad y fuerza; lo que al principio era una chispa, es  pocos
momentos una conflagracion espantosa.

El tiempo, los desengaos y escarmientos amaestran algun tanto  las
naciones, haciendo que se vaya embotando la sensibilidad, y no sea tan
peligrosa la fascinacion oratoria: triste remedio para el mal, la
repeticion de sus daos. Como quiera, ya que no es posible cambiar el
corazon de los hombres, sern dignos de gloria y prez los oradores
esclarecidos, que emplean en defensa de la verdad y de la justicia las
mismas armas que otros usan en pro del error y del crmen. Al lado del
veneno la Providencia suele colocar el antdoto.


 XIII.

Ilusion causada por los pensamientos revestidos de imgenes.

A mas del peligro de errar que consigo trae la mocion de los afectos,
hay otro tal vez mnos reparado, y que sin embargo es de mucha
trascendencia, cual es el de los pensamientos revestidos con una imgen
brillante. Es indecible el efecto que este artificio produce; tal
pensamiento no mas que superficial, pasa por profundo, merced  su
disfraz grave y filosfico; tal otro que presentado desnudo fuera una
vulgaridad, mostrndose con nobles atavos oculta su orgen plebeyo; y
una proposicion que enunciada con sequedad mostraria de bulto que es
inexacta  falsa,  quizas un solemne despropsito, es contada entre las
verdades que no consienten duda, si anda cubierta con ingenioso velo.

He dicho que los daos en este punto son de mucha trascendencia, porque
suelen adolecer de semejante defecto los autores profundos y
sentenciosos; y como quiera que sus palabras se escuchan con tanto mas
respeto y acatamiento, cuanto es mas fuerte el tono de conviccion con
que se expresan, resulta que el lector incauto recibe como axioma
inconcuso,  mxima de eterna verdad, lo que  veces no es mas que un
sueo del pensador,  un lazo tendido adrede  la buena fe de los poco
avisados[19].




CAPTULO XX.

FILOSOFA DE LA HISTORIA.


 I.

En qu consiste la filosofa de la historia. Dificultad de adquirirla.

No trato aqu de la historia bajo el aspecto crtico, sino nicamente
bajo el filsofo. Lo relativo  la simple investigacion de los hechos
est explicado en el cap. XI.

Cul es el mtodo mas  propsito para comprender el espritu de una
poca, formarse ideas claras y exactas sobre su carcter, penetrar las
causas de los acontecimientos, y sealar  cada cual sus propios
resultados? Esto equivale  preguntar cul es el mtodo conveniente para
adquirir la verdadera filosofa de la historia.

Ser con la eleccion de los buenos autores? pero cules son los
buenos? quin nos asegura que no los ha guiado la pasion? quin sale
fiador de su imparcialidad? cuntos son los que han escrito la historia
del modo que se necesita para ensearnos la filosofa que le
corresponde? Batallas, negociaciones, intrigas palaciegas, vidas y
muertes de principes, cambios de dinastas, de formas polticas,  esto
se reducen la mayor parte de las historias; nada que nos pinte al
individuo con sus ideas, sus afectos, sus necesidades, sus gustos, sus
caprichos, sus costumbres; nada que nos haga asistir  la vida ntima de
las familias y de los pueblos; nada que en el estudio de la historia nos
haga comprender la marcha de la humanidad. Siempre en la poltica, es
decir, en la superficie; siempre en lo abultado y ruidoso, nunca en las
entraas de la sociedad, en la naturaleza de las cosas, en aquellos
sucesos que por recnditos y de poca apariencia, no dejan de ser de la
mayor importancia.

En la actualidad se conoce ya este vaco, y se trabaja por llenarle. No
se escribe la historia sin que se procure filosofar sobre ella. Esto que
en s es muy bueno, tiene otro inconveniente, cual es, que en lugar de
la verdadera filosofa de la historia se nos propina con frecuencia la
filosofa del historiador. Mas vale no filosofar que filosofar mal; si
queriendo profundizar la historia la trastorno, preferible seria que me
atuviese al sistema de nombres y fechas.


 II.

Se indica un medio para adelantar en la filosofa de la historia.

Preciso es leer las historias, y  falta de otras, debe uno atenerse 
las que existen; sin embargo yo me inclino  que este estudio no basta
para aprender la filosofa de la historia. Hay otro mas  propsito, y
que hecho con discernimiento, es de un efecto seguro: el estudio
inmediato de los monumentos de la poca. Digo _inmediato_, esto es, que
conviene no atenerse  lo que nos dice de ellos el historiador, sino
verlos con los propios ojos.

Pero este trabajo, se me dir, es muy pesado, para muchos imposible,
difcil para todos. No niego la fuerza de esta observacion; pero
sostengo que en muchos casos, el mtodo que propongo ahorra tiempo y
fatigas. La vista de un edificio, la lectura de un documento, un hecho,
una palabra al parecer insignificantes y en que no ha reparado el
historiador, nos dicen mucho mas y mas claro, y mas verdadero y exacto,
que todas sus narraciones.

Un historiador se propone retratarme la sencillez de las costumbres
patriarcales; recoge abundantes noticias sobre los tiempos mas remotos,
y agota el caudal de su erudicion, filosofa y elocuencia, para hacerme
comprender lo que eran aquellos tiempos y aquellos hombres, y ofrecerme
lo que se llama una descripcion completa. A pesar de cuanto me dice, yo
encuentro otro medio mas sencillo, cual es el asistir  las escenas
donde se me presenta en movimiento y vida lo que trato de conocer. Abro
los escritores de aquellas pocas, que no son ni en tanto nmero, ni tan
voluminosos, y all encuentro retratos fieles que ensean y deleitan. La
Biblia y Homero nada me dejan que desear.


 III.

Aplicacion  la historia del espritu humano.

La inteligencia humana tiene su historia, como la tienen los sucesos
exteriores; historia tanto mas preciosa, cuanto nos retrata lo mas
ntimo del hombre, y lo que ejerce sobre l poderosa influencia.
Hllanse  cada paso descripciones de escuelas, y del carcter y
tendencia del pensamiento en esta  aquella poca; es decir que son
muchos los historiadores del entendimiento; pero si se desea saber algo
mas que cuatro generalidades, siempre inexactas, y  menudo totalmente
falsas, es preciso aplicar la regla establecida: leer los autores de la
poca que se desea conocer. Y no se crea que es absolutamente necesario
revolverlos todos, y que as este mtodo se haga impracticable para el
mayor nmero de los lectores; una sola pgina de un escritor nos pinta
mas al vivo su espritu y su poca que cuanto podrian decirnos los mas
minuciosos historiadores.


 IV.

Ejemplo sacado de las fisonomas, que aclara lo dicho sobre el modo de
adelantar en la filosofa de la historia.

Si el lector se contenta con lo que le dicen los otros, y no trata de
examinarlo por s mismo, lograr tal vez un conocimiento _histrico_,
pero no _intuitivo_: _sabr_ lo que son los hombres y las cosas, pero no
lo _ver_: dar razon de la cosa, pero no ser capaz de pintarla. Una
comparacion aclarar mi pensamiento. Supongamos que se me habla de un
sugeto importante que no puedo tratar ni ver, y curioso yo de saber algo
de su figura y modales, pregunto  los que le conocen personalmente. Me
dirn, por ejemplo, que es de estatura mas que mediana, de espaciosa y
despejada frente, cabello negro y caido con cierto desrden, ojos
grandes, mirada viva y penetrante, color plido, facciones animadas y
expresivas; que en sus labios asoma con frecuencia la sonrisa de la
amabilidad, y que de vez en cuando anuncia algo de maligno; que su
palabra es mesurada y grave, pero que con el calor de la conversacion se
hace rpida, incisiva y hasta fogosa; y as me irn ofreciendo un
conjunto fsico y moral para darme la idea mas aproximada posible; si
supongo que estas y otras noticias son exactas, que se me ha descrito
con toda fidelidad el original, tengo una idea de lo que es la persona
que llamaba mi curiosidad, y podr dar cuenta de ella  quien como yo
estuviese deseoso de conocerla. Pero es esto bastante para formar un
concepto cabal de la misma, para que se me presente  la imaginacion
tal como es en s? Ciertamente que no. Quereis una prueba? Suponed que
el que ha oido la relacion es un retratista de mucho mrito; ser capaz
de retratar  la persona descrita? Que lo intente, y concluida la obra,
presntese de improviso el original, es bien seguro que no se le
conocer por la copia.

Todos habremos experimentado por nosotros mismos esta verdad: cien y
cien veces habremos oido explicar la fisonoma de una persona;  nuestro
modo nos hemos formado en la imaginacion una figura en la cual hemos
procurado reunir las cualidades oidas; pues bien, cuando se presenta la
persona, encontramos tanta diferencia que nos es preciso retocar mucho
el trabajo, si no destruirle totalmente. Y es que hay cosas de que es
imposible formarse idea clara y exacta sin tenerlas delante; y las hay
en gran nmero, y sumamente delicadas, imperceptibles por separado y
cuyo conjunto forma lo que llamamos la fisonoma. Cmo explicaris la
diferencia de dos personas muy semejantes? No de otra manera que
vindolas: se parecen en todo, no sabriais decir en qu discrepan; pero
hay alguna cosa que no las deja confundir:  la primera ojeada lo
percibs, sin atinar lo que es.

H aqu todo mi pensamiento. En las obras crticas se nos ofrecen
extensas y tal vez exactas descripciones del estado del entendimiento en
tal  cual poca; y  pesar de todo no la conocemos aun: si se nos
presentasen trozos de escritores de tiempos diferentes, no acertaramos
 clasificarlos cual conviene; nos fatigaramos en recordar las
cualidades de unos y otros, pero esto no nos evitaria el caer en
equivocaciones groseras, en disparatados anacronismos. Con mucho mnos
trabajo saliramos airosos del empeo si hubisemos leido los autores de
que se trata: quizas no disertaramos con tanto aparato de erudicion y
crtica; pero juzgaramos con harto mas acierto. El giro del
pensamiento, diramos, el estilo, el lenguaje revelan un escritor de tal
poca; este trozo es apcrifo, aqu se descubre la mano de tal otro
tiempo; y as andaramos clasificando sin temor de equivocarnos, por
mas que no pudisemos hacernos comprender bien de aquellos que como
nosotros, no conociesen de vista  aquellos personajes. Si entnces se
nos dijera: y tal cualidad, cmo es que no se encuentra aqu? porqu
tal otra se halla en mayor grado? porqu?... Imposible ser,
replicaramos quizas nosotros, satisfacer todos los escrpulos de V.;
lo que puedo asegurar es, que los personajes que figuran aqu los tengo
bien conocidos; y que no puedo equivocarme sobre los rasgos de su
fisonoma, porque los he visto muchas veces.




CAPTULO XXI.

RELIGION.


 I.

Insensato discurrir de los indiferentes en materias de religion.

Impropio fuera de este lugar, un tratado de religion, pero no lo sern
algunas reflexiones para dirigir el pensamiento en esta importantsima
materia. De ellas resultar que los indiferentes  incrdulos son
psimos pensadores.

La vida es breve, la muerte cierta: de aqu  pocos aos el hombre que
disfruta de la salud mas robusta y lozana, habr descendido al sepulcro,
y sabr por experiencia lo que hay de verdad en lo que dice la religion
sobre los destinos de la otra vida. Si no creo, mi incredulidad, mis
dudas, mis invectivas, mis stiras, mi indiferencia, mi orgullo
insensato, no destruyen la realidad de los hechos: si existe otro mundo
donde se reservan premios al bueno, y castigos al malo, no dejar
ciertamente de existir porque  m me plazca el negarlo; y ademas esta
caprichosa negativa no mejorar el destino que segun las leyes eternas
me haya de caber. Cuando suene la ltima hora, ser preciso morir, y
encontrarme con la nada  con la eternidad. Este negocio es
exclusivamente mio, tan mio, como si yo existiera solo en el mundo:
nadie morir por m; nadie se pondr en mi lugar en la otra vida,
privndome del bien,  librndome del mal. Estas consideraciones me
muestran con toda evidencia, la alta importancia de la religion; la
necesidad que tengo de saber lo que hay de verdad en ella; y que si
digo, sea lo que fuere de la religion, no quiero pensar en ella, hablo
como el mas insensato de los hombres.

Un viajero encuentra en su camino un rio caudaloso; le es preciso
atravesarle, ignora si hay algun peligro en este  aquel vado, y est
oyendo que muchos que se hallan como l  la orilla, ponderan la
profundidad del agua en determinados lugares, y la imposibilidad de
salvarse el temerario que  tantearlos se atreviese. El insensato dice:
qu me importan  m esas cuestiones? y se arroja al rio sin mirar
por dnde. H aqu al indiferente en materias de religion.


 II.

El indiferente y el gnero humano.

La humanidad entera se ha ocupado y se est ocupando de la religion; los
legisladores la han mirado como el objeto de la mas alta importancia;
los sabios la han tomado por materia de sus mas profundas meditaciones;
los monumentos, los cdigos, los escritos de las pocas que nos han
precedido, nos muestran de bulto este hecho, que la experiencia cuida de
confirmar; se ha discurrido y disputado inmensamente sobre la religion;
las bibliotecas estan atestadas de obras relativas  ella; y hasta en
nuestros dias la prensa va dando otras  luz en nmero muy crecido:
cuando pues viene el indiferente y dice: todo esto no merece la pena de
ser examinado; yo juzgo sin oir, estos sabios son todos unos mentecatos,
estos legisladores unos necios, la humanidad entera es una miserable
ilusa, todos pierden lastimosamente el tiempo en cuestiones que nada
importan; no es digno de que esa humanidad, y esos sabios, y esos
legisladores, se levanten contra l, arrojen sobre su frente el borron
que l les ha echado, y le digan  su vez: quin eres t que as nos
insultas, que as desprecias los sentimientos mas ntimos del corazon, y
todas las tradiciones de la humanidad? que as declaras frvolo lo que
en toda la redondez de la tierra se reputa grave  importante? quin
eres t? Has descubierto por ventura el secreto de no morir? miserable
monton de polvo, olvidas que bien pronto te dispersar el viento? Dbil
criatura, cuentas acaso con medios para cambiar tu destino en esa
region que desconoces; la dicha  la desdicha son para t indiferentes?
Si existe ese juez, de quien no quieres ocuparte, esperas que se dar
por satisfecho, si al llamarte  juicio le respondes: y  m qu me
importaban vuestros mandatos, ni vuestra misma existencia? Antes de
desatar tu lengua con tan insensatos discursos, date una mirada  t
mismo; piensa en esa dbil organizacion que el mas leve accidente es
capaz de trastornar, y que brevsimo tiempo ha de bastar  consumir; y
entnces sintate sobre una tumba, recgete y medita.


 III.

Trnsito del indiferentismo al exmen. Existencia de Dios.


Curado el buen pensador del achaque de indiferentismo, convencido
profundamente de que la religion es el asunto de mas elevada
importancia, debiera pasar mas adelante y discurrir de esta manera: Es
probable que todas las religiones no sean mas que un cmulo de errores,
y que la doctrina que las rechaza  todas sea verdadera?

Lo primero que las religiones establecen  suponen, es la existencia de
Dios. Existe Dios? Existe algun Hacedor del universo? Levanta los ojos
al firmamento, tindelos por la faz de la tierra, mira lo que t mismo
eres; y viendo por todas partes grandor y rden, d, si te atreves: el
acaso es quien ha hecho el mundo; el acaso me ha hecho  m; el edificio
es admirable, pero no hay arquitecto; el mecanismo es asombroso, pero no
hay artfice; el rden existe sin ordenador, sin sabidura para concebir
el plan, sin poder para ejecutarle. Este raciocinio que tratndose de
los mas insignificantes artefactos, seria despreciable y hasta contrario
al sentido comun, se podr aplicar al universo? Lo que es insensato con
respecto  lo pequeo, ser cuerdo con relacion  lo grande?


 IV.

No es posible que todas las religiones sean verdaderas.

Son muchas y muy varias las religiones que dominan en los diferentes
puntos de la tierra; seria posible que todas fuesen verdaderas? El s y
el no, con respecto  una misma cosa, no puede ser verdadero  un mismo
tiempo. Los judos dicen que el Mesas no ha venido, los cristianos
afirman que s; los musulmanes respetan  Mahoma como insigne profeta,
los cristianos le miran como solemne impostor; los catlicos sostienen
que la Iglesia es infalible en puntos de dogma y de moral, los
protestantes lo niegan; la verdad no puede estar por ambas partes, unos
 otros se engaan. Luego es un absurdo el decir que todas las
religiones son verdaderas.

Ademas, toda religion se dice bajada del cielo: la que lo sea, ser la
verdadera, las restantes no sern otra cosa que ilusion  impostura.


 V.

Es imposible que todas las religiones sean igualmente agradables  Dios.

Es posible que todas las religiones sean igualmente agradables  Dios,
y que se d igualmente por satisfecho con todo linaje de cultos? No. A
la verdad infinita no puede serle acepto el error,  la bondad infinita
no puede serle grato el mal: luego el afirmar que todas las religiones
son igualmente buenas, que con todos los cultos el hombre llena bien sus
deberes para con Dios, es blasfemar de la verdad y bondad del Criador.


 VI.

Es imposible que todas las religiones sean una invencion humana.

No seria lcito pensar que no hay ninguna religion verdadera, que todas
son inventadas por el hombre? No. Quin fu el inventor? El origen de
las religiones se pierde en la noche de los tiempos: all donde hay
hombres, all hay sacerdote, altar y culto. Quin seria ese inventor,
cuyo nombre se habria olvidado, y cuya invencion se habria difundido por
toda la tierra, comunicndose  todas las generaciones? Si la invencion
tuvo lugar entre pueblos cultos, cmo se logr que la adoptasen los
brbaros y hasta los salvajes? Si naci entre brbaros, cmo no la
rechazaron las naciones cultas? Diris que fu una necesidad social, y
que su orgen est en la misma cuna de la sociedad. Pero entnces se
puede preguntar, quin conoci esta necesidad, quin discurri los
medios de satisfacerla, quin excogit un sistema tan  propsito para
enfrenar y regir  los hombres? y una vez hecho el descubrimiento,
quin tuvo en su mano todos los entendimientos y todos los corazones,
para comunicarles esas ideas y sentimientos que han hecho de la religion
una verdadera necesidad, y, por decirlo as, una segunda naturaleza?

Vemos  cada paso que los descubrimientos mas tiles, mas provechosos,
mas necesarios, permanecen limitados  esta  aquella nacion, sin
extenderse  las otras durante mucho tiempo, y no propagndose sino con
suma lentitud  las mas inmediatas  relacionadas; cmo es que no haya
sucedido lo mismo en lo tocante  la religion? cmo es que de la
invencion maravillosa hayan tenido conocimiento todos los pueblos de la
tierra, sea cual fuere su pais, lengua, costumbres, barbarie 
civilizacion, grosera  cultura?

Aqu no hay medio:  la religion procede de una revelacion primitiva, 
de una inspiracion de la naturaleza; en uno y otro caso hallamos su
orgen divino; si hay revelacion, Dios ha hablado al hombre, si no la
hay, Dios ha escrito la religion en el fondo de nuestra alma. Es
indudable que la religion no puede ser invencion humana, y que  pesar
de lo desfigurada y adulterada que la vemos en diferentes tiempos y
paises, se descubre en el fondo del corazon humano un sentimiento
descendido de lo alto: al traves de las monstruosidades que nos presenta
la historia, columbramos la huella de una revelacion primitiva.


 VII.

La revelacion es posible.

Es posible que Dios haya revelado algunas cosas al hombre? S. El que
nos ha dado la palabra no estar privado de ella; si nosotros poseemos
un medio de comunicarnos recprocamente nuestros pensamientos y afectos,
Dios todopoderoso  infinitamente sabio, no carecer seguramente de
medios para trasmitirnos lo que fuere de su agrado. Ha criado la
inteligencia, y no podria ilustrarla?


 VIII.

Solucion de una dificultad contra la revelacion.

Pero Dios, objetar el incrdulo, es demasiado grande para humillarse 
conversar con su criatura; mas entnces tambien deberamos decir, que
Dios es demasiado grande para haberse ocupado en criarnos. Crindonos
nos sac de la nada, revelndonos alguna verdad perfecciona su obra; y
cundo se ha visto que un artfice desmereciese por mejorar su
artefacto? Todos los conocimientos que tenemos nos vienen de Dios,
porque l es quien nos ha dado la facultad de conocer, y l es quien, 
ha grabado en nuestro entendimiento las ideas,  ha hecho que pudiramos
adquirirlas por medios que todava se nos ocultan. Si Dios nos ha
comunicado un cierto rden de ideas, sin que nada haya perdido de su
grandor, es un absurdo el decir que se rebajaria si nos trasmitiese
otros conocimientos por conducto distinto del de la naturaleza. Luego
la revelacion es posible; luego quien dudare de esta posibilidad, ha de
dudar al mismo tiempo de la omnipotencia, hasta de la existencia de
Dios.


 IX.

Consecuencias de los prrafos anteriores.

Importa muchsimo el encontrar la verdad en materias de religion ( 1 y
2); todas las religiones no pueden ser verdaderas ( 4); si hubiese una
revelada por Dios, aquella seria la verdadera ( 4); la religion no ha
podido ser invencion humana ( 6). La revelacion es posible ( 7); lo
que falta pues averiguar es, si esta revelacion existe y dnde se halla.


 X.

Existencia de la revelacion.

Existe la revelacion? Por el pronto salta  los ojos un hecho que da
motivo  pensar que s. Todos los pueblos de la tierra hablan de una
revelacion; y la humanidad no se concierta para tramar una impostura.
Esto prueba una tradicion primitiva, cuya noticia ha pasado de padres 
hijos, y que si bien ofuscada y adulterada, no ha podido borrarse de la
memoria de los hombres.

Se objetar que la imaginacion ha convertido en voces el ruido del
viento, y en apariciones misteriosas los fenmenos de la naturaleza; y
as el dbil mortal se ha creido rodeado de seres desconocidos que le
dirigian la palabra, y le descubrian los arcanos de otros mundos. No
puede negarse que la objecion es especiosa; sin embargo no ser difcil
manifestar, que es del todo insubsistente y ftil.

Es cierto que cuando el hombre tiene idea de la existencia de seres
desconocidos, y est convencido de que estos se ponen en relacion con
l, fcilmente se inclina  imaginar que ha oido acentos fatdicos, y se
han ofrecido  sus ojos espectros venidos del otro mundo. Mas no sucede,
ni puede suceder as, en no abrigando el hombre semejante conviccion, y
mucho mnos si ni aun llega  tener noticia de que existen dichos seres;
pues entnces no es dable conjeturar de dnde procederia una ilusion tan
extravagante. Si bien se observa, todas las creaciones de nuestra
fantasia, hasta las mas incoherentes y monstruosas, se forman de un
conjunto de imgenes de objetos que otras veces hemos visto; y que  la
sazon reunimos del modo que place  nuestro capricho,  nos sugiere
nuestra cabeza enfermiza. Los castillos encantados de los libros de
caballera, con sus damas, enanos, salones, subterrneos, hechizos y
todas sus locuras, son un informe agregado de partes muy reales que la
imaginacion del escritor componia  su manera, sacando al fin un todo
que solo cabia en los sueos de un delirante. Lo propio sucede en lo
demas: la razon y la experiencia estan acordes en atestiguarnos este
fenmeno ideolgico. Si suponemos pues que no se tiene idea alguna de
otra vida distinta de la presente, ni de otro mundo que el que est 
nuestra vista, ni de otros vivientes que los que moran con nosotros en
la tierra, el hombre fingir gigantes, fieras monstruosas, y otras
extravagancias por este estilo; mas no seres invisibles, no revelaciones
de un cielo que no conoce, no dioses que le ilustren y dirijan. Ese
mundo nuevo, ideal, puramente fantstico, no le ocurrir siquiera;
porque semejante ocurrencia no tendr, por decirlo as, punto de
partida, carecer de antecedentes que puedan motivarla. Y aun
suponiendo que este rden de ideas se hubiese ofrecido  algun
individuo, cmo era posible que de ello participase la humanidad
entera? Cundo se habria visto semejante _contagio_ intelectual y
moral?

Sea lo que fuere del valor de estas reflexiones, pasemos  los hechos:
dejemos lo que haya podido ser, y examinemos lo que ha sido.


 XI.

Pruebas histricas de la existencia de la revelacion.

Existe una sociedad que pretende ser la nica depositaria  intrprete
de las revelaciones con que Dios se ha dignado favorecer al linaje
humano: esta pretension debe llamar la atencion del filsofo que se
proponga investigar la verdad.

Qu sociedad es esa? Ha nacido de poco tiempo  esta parte? Cuenta
diez y ocho siglos de duracion, y estos siglos no los mira sino como un
perodo de su existencia; pues subiendo mas arriba, va explicando su no
interrumpida genealoga y se remonta hasta el principio del mundo. Que
lleva diez y ocho siglos de duracion, que su historia se enlaza con la
de un pueblo cuyo origen se pierde en la antigedad mas remota, es tan
cierto como que han existido las repblicas de Grecia y Roma.

Qu ttulos presenta en apoyo de su doctrina? En primer lugar, est en
posesion de un libro, que es sin disputa el mas antiguo que se conoce, y
que ademas encierra la moral mas pura, un sistema de legislacion
admirable, y contiene una narracion de prodigios. Hasta ahora nadie ha
puesto en duda el mrito eminente de este libro; siendo esto tanto mas
de extraar, cuanto una gran parte de l nos ha venido de manos de un
pueblo, cuya cultura no alcanz ni con mucho  la de otros pueblos de la
antigedad.

Ofrece la dicha sociedad algunos otros ttulos que justifiquen sus
pretensiones? A mas de los muchos,  cual mas graves  imponentes, h
aqu uno que por s solo basta. Ella dice que se hizo la transicion de
la sociedad vieja  la nueva, del modo que estaba pronosticado en el
libro misterioso; que llegada la plenitud de los tiempos, apareci sobre
la tierra un Hombre-Dios, quien fu  la vez el cumplimiento de la ley
antigua, y el autor de la nueva; que todo lo antiguo era una sombra y
figura, que este Hombre-Dios fu la realidad; que l fund la sociedad
que apellidamos Iglesia catlica, le prometi su asistencia hasta la
consumacion de los siglos, sell su doctrina con su sangre, resucit al
tercer dia de su crucifixion y muerte, subi  los cielos, envi al
Espritu santo, y que al fin del mundo ha de venir  juzgar  los vivos
y  los muertos.

Es verdad que en este Hombre se cumpliesen las antiguas profecas? Es
innegable: leyendo algunas de ellas parece que uno est leyendo la
historia evanglica.

Di algunas pruebas de la divinidad de su mision? Hizo milagros en
abundancia; y cuanto l profetiz,  se ha cumplido exactamente,  se va
cumpliendo con puntualidad asombrosa.

Cul fu su vida? Sin tacha en su conducta; sin lmite para hacer el
bien. Despreci las riquezas y el poder mundano, arrostr con serenidad
las privaciones, los insultos, los tormentos, y por fin una muerte
afrentosa.

Cul es su doctrina? Sublime cual no cupiera jamas en mente humana; tan
pura en su moral, que le han hecho justicia sus mas violentos enemigos.

Qu cambio social produjo este Hombre? Recordad lo que era el mundo
romano, y ved lo que es el mundo actual; mirad lo que son los pueblos
donde no ha penetrado el cristianismo, y lo que son aquellos que han
estado siglos bajo su enseanza, y la conservan todava, aunque algunos
alterada y desfigurada.

De qu medios dispuso? No tenia dnde reclinar su cabeza. Envi  doce
hombres salidos de la nfima clase del pueblo; se esparcieron por los
cuatro ngulos de la tierra, y la tierra los oy y crey.

Esta religion ha pasado por el crisol de la desgracia? No ha sufrido
contrariedad de ninguna clase? Ah est la sangre de infinitos mrtires,
ah los escritos de numerosos filsofos que la han examinado, ah los
muchos monumentos que atestiguan las tremendas luchas que ha sostenido
con los prncipes, con los sabios, con las pasiones, con los intereses,
con las preocupaciones, con todos cuantos elementos de resistencia
pueden combinarse sobre la tierra.

De qu medios se valieron los propagadores del cristianismo? De la
predicacion y del ejemplo confirmados por milagros. Estos milagros, la
crtica mas escrupulosa no puede rechazarlos; que si los rechaza, poco
importa, pues entnces confiesa el mayor de los milagros, que es la
conversion del mundo sin milagros.

El cristianismo ha contado entre sus hijos  los hombres mas
esclarecidos por su virtud y sabidura; ningun pueblo antiguo ni moderno
se ha elevado  tan alto grado de civilizacion y cultura como los que le
han profesado; sobre ninguna religion se ha disputado ni escrito tanto
como sobre la cristiana; las bibliotecas estan llenas de obras maestras
de crtica y de filosofa debidas  hombres que sometieron humildemente
su entendimiento en obsequio de la fe; luego esa religion est 
cubierto de los ataques que se pueden dirigir contra las que han nacido
y prosperado entre pueblos groseros  ignorantes. Ella tiene pues todos
los caractres de verdadera, de divina.


 XII.

Los protestantes y la Iglesia catlica.

En los ltimos siglos los cristianos se han dividido: unos han
permanecido adictos  la Iglesia catlica, otros han conservado del
cristianismo lo que les ha parecido bien; y  consecuencia del principio
fundamental que han asentado, y que entrega la fe  discrecion de cada
creyente, se han fraccionado en innumerables sectas.

Dnde estar la verdad? Los fundadores de las nuevas sectas son de
ayer, la Iglesia catlica seala la sucesion de sus pastores, que sube
hasta Jesucristo; ellos han enseado diferentes doctrinas, y una misma
secta las ha variado repetidas veces, la Iglesia catlica ha conservado
intacta la fe que le trasmitieron los apstoles; la novedad y la
variedad se hallan pues en presencia de la antigedad y de la unidad; el
fallo no puede ser dudoso.

Ademas, los catlicos sostienen que fuera de la Iglesia no hay
salvacion, los protestantes afirman que los catlicos tambien pueden
salvarse; y as ellos mismos reconocen que entre nosotros nada se cree
ni practica que pueda acarrearnos la condenacion eterna. Ellos en favor
de su salvacion no tienen sino su voto; nosotros en pro de la nuestra,
tenemos el suyo y el nuestro; aun cuando juzgramos solamente por
motivos de prudencia humana, esta nos aconsejaria que no abandonsemos
la fe de nuestros padres.

En esta breve resea se contiene el hilo del discurso de un catlico que
conforme  lo que dice san Pedro, quiera estar preparado para dar cuenta
de su fe, y manifestar que atenindose  la catlica, no se desva de
las reglas de bien pensar. Ahora, aadir algunas observaciones que
sirvan a prevenir peligros, en que zozobra con harta frecuencia la fe de
los incautos.


 XIII.

Errado mtodo de algunos impugnadores de la religion.

En el exmen de las materias religiosas siguen muchos un camino errado.
Toman por objeto de sus investigaciones un dogma, y las dificultades
que contra l levantan, las creen suficientes para destruir la verdad de
la religion;  al mnos para ponerla en duda. Esto es proceder de un
modo que atestigua cun poco se ha meditado sobre el estado de la
cuestion.

En efecto: no se trata de saber si los dogmas estan al alcance de
nuestra inteligencia, ni si damos completa solucion  todas las
dificultades que contra este  aquel puedan objetarse: la religion misma
es la primera en decirnos que estos dogmas no podemos comprenderlos con
la sola luz de la razon; que mintras estamos en esta vida, es necesario
que nos resignemos  ver los secretos de Dios al traves de sombras y
enigmas, y por esto nos exige la fe. El decir pues, yo no quiero creer
porque no comprendo, es enunciar una contradiccion; si lo comprendieses
todo, claro es que no se te hablaria de fe. El argumentar contra la
religion, fundndose en la incomprensibilidad de sus dogmas, es hacerle
un cargo de una verdad que ella misma reconoce, que acepta, y sobre la
cual en cierto modo, hace estribar su edificio. Lo que se ha de examinar
es, si ella ofrece garantas de veracidad, y de que no se engaa en lo
que propone: asentado el principio de su infalibilidad, todo lo demas se
allana por s mismo; pero si este nos falta, es imposible dar un paso
adelante. Cuando un viajero de cuya inteligencia y veracidad no podemos
dudar, nos refiere cosas que no comprendemos, por ventura le negaremos
nuestra fe? No ciertamente. Luego una vez asegurados de que la Iglesia
no nos engaa, poco importa que su enseanza sea superior  nuestra
inteligencia.

Ninguna verdad podria subsistir, si bastasen  hacernos dudar de ella
algunas dificultades que no alcanzsemos  desvanecer. De esto se
seguiria que un hombre de talento esparciria la incertidumbre sobre
todas las materias, cuando se encontrase con otros que no le igualasen
en capacidad; porque es bien sabido que en mediando esta diferencia, no
le es dado al inferior deshacerse de los lazos con que le enreda el que
le aventaja.

En las ciencias, en las artes, en los negocios comunes de la vida,
hallamos  cada paso dificultades que nos hacen incomprensible una cosa
de cuya existencia no nos es permitido dudar. Sucede  veces que la cosa
no comprendida nos parece rayar en lo imposible; mas si por otra parte
sabemos que existe, nos guardamos de declararla tal, y conservando la
conviccion de su existencia, recordamos el poco alcance de nuestro
entendimiento. Nada mas comun que oir: No comprendo lo que ha contado
fulano; me parece imposible, pero en fin es hombre veraz y que sabe lo
que dice; si otro lo refiriera no lo creeria, pero ahora no pongo duda
en que la cosa es tal como l la afirma.


 XIV.

La mas alta filosofa acorde con la fe.

Imagnanse algunos que se acreditan de altos pensadores cuando no
quieren creer lo que no comprenden; y estos justifican el famoso dicho
de Bacon: poca filosofa aparta de la religion, mucha filosofa conduce
 ella. Y  la verdad, si se hubiesen internado en las profundidades
de las ciencias, conocieran que un denso velo encubre  nuestros ojos la
mayor parte de los objetos; que sabemos poqusimo de los secretos de la
naturaleza; que hasta de las cosas, en apariencia mas fciles de
comprender, se nos ocultan por lo comun los principios constitutivos, su
esencia; conocieran que ignoramos lo que es este universo que nos
asombra, que ignoramos lo que es nuestro cuerpo, que ignoramos lo que es
nuestro espritu; que nosotros somos un arcano  nuestros propios ojos,
y que hasta ahora todos los esfuerzos de la ciencia han sido impotentes
para explicar los fenmenos que constituyen nuestra vida, que nos hacen
sentir nuestra existencia; conocieran que el mas precioso fruto que se
recoge en las regiones filosficas mas elevadas es una profunda
conviccion de nuestra debilidad  ignorancia. Entnces infirieran que
esa sobriedad en el saber, recomendada por la religion cristiana, esa
prudente desconfianza de las fuerzas de nuestro entendimiento, estan de
acuerdo con las lecciones de la mas alta filosofa; y que as el
catecismo nos hace llegar desde nuestra infancia al punto mas culminante
que sealara  la ciencia la sabidura humana.


 XV.

Quien abandona la religion catlica no sabe dnde refugiarse.

Hemos seguido el camino que puede conducir  la religin catlica;
echemos una ojeada sobre el que se presenta, si nos apartamos de ella.
Al abandonar la fe de la Iglesia, dnde nos refugiamos? Si en el
protestantismo, en cul de sus sectas? Qu motivos de preferencia nos
ofrece la una sobre la otra? Discernirlo ser imposible; abrazar 
ciegas una cualquiera nos lo ser todava mas; y por otra parte, esto
equivaldra  no profesar ninguna. Si en el filosofismo, qu es el
filosofismo incrdulo? Es una negacion de todo, las tinieblas, la
desesperacion. Andaremos en busca de otras religiones? Ciertamente que
ni el islamismo, ni la idolatra, no nos contarn entre sus adeptos.

Abandonar pues la religion catlica, ser abjurarlas todas; ser tomar
el partido de vivir sin ninguna; dejar que corran los aos; que nuestra
vida se acerque  su trmino fatal, sin guia para lo presente, sin luz
para el porvenir; ser taparse los ojos, bajar la cabeza, y arrojarse 
un abismo sin fondo.

La religion catlica nos ofrece cuantas garantas de verdad podemos
desear. Ella ademas nos impone una ley suave, pero recta, justa,
benfica; cumplindola nos asemejamos  los ngeles, nos acercamos  la
belleza ideal que para la humanidad puede excogitar la mas elevada
poesa. Ella nos consuela en nuestros infortunios, y cierra nuestros
ojos en paz; se nos presenta tanto mas verdadera y cierta, cuanto mas
nos aproximamos al sepulcro. Ah! la bondadosa Providencia habr colocado
al borde de la tumba aquellas santas inspiraciones, como heraldos que
nos avisarn de que bamos  pisar los umbrales de la eternidad!....




CAPTULO XXII.

EL ENTENDIMIENTO PRCTICO.


 I.

Una clasificacion de acciones.

Los actos prcticos del entendimiento son los que nos dirigen para
obrar: lo que envuelve dos cuestiones: cul es el fin que nos
proponemos, y cul es el mejor medio para alcanzarle.

Nuestras acciones pueden ejercerse,  sobre los objetos de la naturaleza
sometidos  la ley de necesidad, y aqu se comprenden todas las artes; 
sobre lo que cae bajo el libre albedro, y esto comprende el arreglo de
nuestra conducta con respecto  nosotros mismos y  los demas; abarcando
la moral, la urbanidad, la administracion domstica, y la poltica.

Lo dicho hasta aqu sobre el modo de pensar en todas materias, me ahorra
el trabajo de extenderme sobre estos puntos, porque quien se haya
penetrado de las reglas y observaciones precedentes no ignorar cmo
debe proponerse un fin, ni cmo ha de encontrar los medios mas adaptados
para alcanzarle. No obstante, creo que no ser intil aadir algunas
reflexiones que sin salir de los lmites fijados por el gnero de esta
obra, suministren luz para guiarse cada cual en sus diferentes
operaciones.


 II.

Dificultad de proponerse el debido fin.

No hablo aqu del fin ltimo: este es la felicidad en la otra vida, y 
l nos conduce la religion. Trato nicamente de los secundarios; como
alcanzar la conveniente posicion en la sociedad, llevar  buen trmino
un negocio, salir airosamente de una situacion difcil, granjearse la
amistad de una persona, guardarse de los tiros de un adversario,
deshacer una intriga que nos amenaza, construir un artefacto que
acredite, plantear un sistema de poltica, de hacienda  administracion,
derribar alguna institucion que se crea daosa y otras cosas semejantes.

A primera vista parece que siempre que el hombre obra debe de tener
presente el fin que se propone, y no como quiera, sino de un modo bien
claro, determinado, fijo. Sin embargo, la observacion ensea que no es
as; y que son muchos, muchsimos, aun entre los activos y enrgicos,
los que andan poco mnos que al acaso.

Sucede mil veces que atribuimos  los hombres mas plan del que han
tenido. En vindolos ocupar posicion muy elevada, sea por su reputacion,
sea por las funciones que ejercen, nos inclinamos naturalmente 
suponerles en todo un objeto fijo, con premeditacion detenida, con vasta
combinacion en los designios, con larga prevision de los obstculos, con
sagaz conocimiento de la verdadera naturaleza del fin, y de sus
relaciones con los medios que a l conduzcan. Oh! y cunto engao! El
hombre en todas las condiciones sociales, en todas las circunstancias de
la vida, es siempre hombre, es decir una cosa muy pequea. Poco
conocedor de s mismo, sin formarse por lo comun ideas bastante claras,
ni de la cualidad ni del alcance de sus fuerzas, creyndose  veces mas
poderoso,  veces mas dbil de lo que es en realidad, encuntrase con
mucha frecuencia dudoso, perplejo, sin saber ni adnde va, ni adnde ha
de ir. Ademas, para l es  menudo un misterio qu es lo que le
conviene; por manera que las dudas sobre sus fuerzas se aumentan con las
dudas sobre su interes propio.


 III.

Exmen del proverbio: cada cual es hijo de sus obras.

No es verdad lo que suele decirse de que el interes particular sea una
guia segura, y que con respecto  l, raras veces el hombre se
equivoque. En esto como en todo lo demas, andamos inciertos, y en prueba
de ello tenemos la triste experiencia de que tantas y tantas veces nos
labramos nuestro infortunio.

Lo que s no admite duda es, que as por lo tocante  la dicha como  la
desgracia, se verifica el proverbio de que el hombre es hijo de sus
obras. En el mundo fsico como en el moral, la casualidad no significa
nada. Es cierto que en la instabilidad de las cosas humanas, ocurren con
frecuencia sucesos imprevistos que desbaratan los planes mejor
concertados, que no dejan recoger el fruto de atinadas combinaciones y
pesadas fatigas, y que por el contrario favorecen  otros que, atendido
lo que habian puesto de su parte, estaban ljos de merecerlo; pero
tampoco cabe duda en que esto no es tan comun como vulgarmente se dice y
se cree. El trato de la sociedad, acompaado de la conveniente
observacion, rectifica muchos juicios que se habian formado lijeramente
sobre las causas de la buena  mala fortuna que cabe  diferentes
personas.

Cul es el desgraciado, que lo sea por su culpa, si nos atenemos  lo
que nos dice l? ninguno,  casi ninguno. Y no obstante, si nos es dable
conocer  fondo su ndole, su carcter, sus costumbres, su modo de ver
las cosas, su sistema en el manejo de los negocios, su trato, su
conversacion, sus modales, sus relaciones de amistad  de familia, raro
ser que no descubramos muchas de las causas, si no todas, de las que
contribuyeron  hacerle infeliz.

Las equivocaciones sobre esta materia suelen nacer de que se fija la
atencion en un solo suceso que ha decidido de la suerte de la persona,
sin reflexionar que aquel suceso,  estaba ya preparado por muchos
otros,  que solo ha podido tener tan funesta influencia  causa de la
situacion particular en que se hallaba en la persona, por sus errores,
defectos  faltas.

La suerte prspera  adversa, rarsima vez depende de una causa sola;
complcanse por lo comun varias, y de rden muy diverso; pero como no es
fcil seguir el hilo de los acontecimientos al traves de semejante
complicacion, se seala como causa principal,  nica, lo que quizas no
es otra cosa que un suceso determinante,  una simple ocasion.


 IV.

El aborrecido.

Veis  ese hombre  quin miran con desvo  indiferencia sus antiguos
amigos,  quien profesan odio sus allegados, y que no encuentra en la
sociedad quien se interese por l? Si os la explicacion en que l
seala las causas, estas no son otras que la injusticia de los hombres,
la envidia que no puede sufrir el resplandor del mrito ajeno, el
egoismo universal que no consiente el menor sacrificio ni aun  los que
mas obligacion tenian de hacerle, por parentesco, por amistad, por
gratitud: en una palabra, el infeliz es una vctima contra quien se ha
conjurado el humano linaje, obstinado en no reconocer el alto mrito,
las virtudes, la bella ndole del infortunado. Qu habr de verdad en
la relacion? Quizas no ser difcil descubrirlo en la misma apologa;
quizas no sea difcil notar la vanidad insufrible, el carcter spero,
la petulancia, la maledicencia, que le habrn atraido el odio de los
unos, el desvo de los otros, y que habrn acabado por dejarle en el
aislamiento de que injustamente se lamenta.


 V.

El arruinado.

Habeis oido  ese otro cuya fortuna han arruinado la excesiva bondad
propia,  la infidelidad de un amigo,  una desgracia imprevista,
echndole  perder combinaciones sumamente acertadas, proyectos llenos
de prevision y sagacidad? Pues, si alcanzais  procuraros noticias sobre
su conducta, no ser extrao que descubrais las verdaderas causas, por
cierto muy distantes de lo que l se imagina.

En efecto, podr suceder muy bien que haya mediado la infidelidad de un
amigo, que haya ocurrido la desgracia imprevista; podr ser mucha verdad
que su corazon sea excesivamente bueno, es decir que ser muy posible
que en su relacion no haya mentido; pero no ser extrao que en esa
misma relacion se os presenten de bulto las causas de su desgracia; que
en su concepcion tan superficial como rpida, en su juicio
extremadamente lijero, en su discurrir especioso y sofstico, en su
prurito de proyectar  la aventura, en la excesiva confianza de s
mismo, en el menosprecio de las observaciones ajenas, en la
precipitacion y osada de su proceder, halleis mas que suficiente causa
para haberse arruinado, sin la bondad de su corazon, sin la infidelidad
del amigo, sin la desgracia imprevista. Esta desgracia, ljos de ser
puramente casual, habr dependido quizas de un rden de causas que
estaban obrando hace largo tiempo, y la infidelidad del amigo, no
hubiera sido difcil preverla, y evitar sus tristes consecuencias, si el
interesado hubiese procedido con mas tiento en depositar su confianza, y
en observar el uso que se hacia de ella.


 VI.

El instruido quebrado y el ignorante rico.

Cmo es posible que ese hombre tan despejado, tan penetrante, tan
instruido, no haya podido mejorar su fortuna,  haya perdido la que
tenia, cuando ese otro tan encogido, tan torpe, tan rudo, ha hecho
inconcebibles progresos en la suya? No debe esto atribuirse  la
casualidad,  fatalidades,  mala estrella? As se habla muchas veces,
sin reflexionar que se confunden lastimosamente las ideas, y se quieren
enlazar con ntima dependencia causas y efectos que no tienen ninguna
relacion.

En verdad que el uno es despejado y el otro encogido, que el uno parece
penetrante y el otro torpe; que el uno es instruido y el otro rudo; pero
de qu sirven ni ese despejo, ni esa aparente penetracion, ni esa
instruccion para el efecto de que se trata? Es cierto que si se ofrece
figurar en sociedad, el primero se presentar con mas garbo y soltura
que el segundo: que si es necesario sostener una conversacion, aquel
brillar mucho mas que este, que su palabra ser mas fcil, sus ideas
mas variadas, sus observaciones mas picantes, sus rplicas mas prontas y
agudas; que el rico en cuestion no entender quizas una palabra del
mrito de tal  cual novela, de tal  cual drama; que conocer poco la
historia, y se quedar estupefacto al oir al comerciante quebrado
explicarse como un portento de erudicion y de saber; es cierto que no
sabr tanto de poltica, ni de administracion, ni de hacienda, que no
poseer tantos idiomas; pero, se trataba por ventura de nada de eso,
cuando se ofrecia dar buena direccion  los negocios? No ciertamente.
Cuando pues se pondera el mrito del uno, y se manifiesta extraeza
porque la suerte no le ha sido favorable, se pasa de un rden  otro muy
diferente, se quiere que ciertos efectos procedan de causas con las que
nada tienen que ver.

Observad atentamente  estos dos hombres tan desiguales en su fortuna,
reflexionad sobre las cualidades de ambos, ved sobre todo si podeis
hacer la experiencia en vista de un negocio que incumba  los dos; y no
os ser difcil inferir que as la prosperidad del uno como la ruina del
otro, nacen de causas sumamente naturales.

El uno habla, escribe, proyecta, calcula, da mil vueltas  los objetos,
todo lo prueba,  todo contesta, se hace cargo de mil ventajas,
inconvenientes, esperanzas, peligros, en una palabra, agota la materia,
nada deja en ella ni que decir ni que pensar. Y qu hace el otro? Es
capaz de sostener la disputa con su adversario? no. Deshace todos los
clculos que el primero acaba de amontonar? no. Satisface  todas las
dificultades con que su dictmen se ve combatido por el contrincante?
no. En pro de su opinion aduce tanta copia de razones como su
adversario? no. Para lograr el objeto, presenta proyectos tan varios 
ingeniosos? no. Qu hace pues el malaventurado ignorante, combatido,
hostigado, acosado por su temible antagonista?

--Qu me contesta V.  esto, dice el hombre de los proyectos, y del
saber?

--Nada; pero qu s yo?....

--Mas, no le parecen  V. concluyentes mis razones?

--No del todo.

--Veamos; tiene V. algo que oponer  ese clculo? Es cuestion de
nmeros; aqu no hay mas.

--Ya se ve; lo que es en el papel sale bien; la dificultad que yo tengo
es que en la prctica suceda lo mismo. Cuenta V. con muchas partidas, de
que no estoy bien seguro; estoy tan escarmentado....

--Pero duda V. de los datos que se nos han proporcionado? Qu interes
habr habido en engaarnos? Si hay prdida, no seremos solos nosotros, y
participarn de ella los que nos suministran las noticias. Son personas
entendidas, honradas, versadas en negocios; y ademas tienen interes en
ello, qu mas se quiere? Qu motivo hay de duda?

--Yo no dudo de nada; yo creo lo que V. dice de esos seores: pero qu
quiere V.? el negocio no me gusta. Ademas hay tantas eventualidades que
V. no lleva en cuenta....

--Pero qu eventualidades, seor? si nos atenemos  un simple _puede
ser_, nada llevaremos adelante; todos los negocios tienen sus riesgos;
pero repito que aqu no alcanzo  ver ninguno con visos de probabilidad.

--V. lo entiende mas que yo, dice el rudo encogindose de hombros; y
luego meneando cuerdamente la cabeza aade: no seor; repito que el
negocio no me gusta; yo por mi parte no entro en l; V. se empea en que
ha de ser tan provechosa la especulacion; enhorabuena; all veremos. Yo
no aventuro mis fondos.

La victoria en la discusion queda sin duda por el proyectista; pero
quin acierta? La experiencia lo dir. El rico al parecer tan torpe,
tiene la mirada mnos vivaz que su antagonista, pero en cambio ve mas
claro, mas hondo, de un modo mas seguro, mas perspicaz, mas certero. No
puede, es verdad, oponer datos  datos, reflexiones  reflexiones,
clculos  clculos; pero el discernimiento, el tacto que le
caracteriza, desenvueltos por la observacion, y por la experiencia, le
estan diciendo con toda certeza, que muchos datos son imaginarios, que
el clculo es inexacto, que no se llevan en cuenta muchas eventualidades
desgraciadas, no solo posibles sino muy probables; su ojeada perspicaz
ha descubierto indicios de mala fe en algunos que intervienen en el
negocio, su memoria bien provista de noticias sobre el comportamiento en
otros asuntos anteriores, le guia para apreciar en su justo valor la
inteligencia y la probidad, que tanto le ponderaba el proyectista.

Qu le importa el no ver tanto, si ve mejor, con mas claridad,
distincion y exactitud? Qu le importa el carecer de esa facilidad de
pensar y hablar, muy  propsito para lucirse, pero muy estril en buen
resultado, como inconducente para el objeto de que se trata?


 VII.

Observaciones. La cavilacion y el buen sentido.

La vivacidad no es la penetracion: la abundancia de ideas, no siempre
lleva consigo la claridad y exactitud del pensamiento; la prontitud del
juicio suele ser sospechosa de error; una larga serie de raciocinios
demasiado ingeniosos, suele adolecer de sofismas, que rompen el hilo de
la ilacion, y extravian al que se fia en ellos.

No siempre es fcil tarea el sealar  punto fijo esos defectos;
mayormente cuando el que los padece es un hablador facundo y brillante,
que desenvuelve sus ideas en un raudal de hermosas palabras. La razon
humana es de suyo tan cavilosa, poseen ciertos hombres cualidades tan 
propsito para deslumbrar, para presentar los objetos bajo el punto de
vista que les conviene  los preocupa, que no es raro ver  la
experiencia, al buen juicio, al tino, no poder contestar  una nube de
argumentos especiosos otra cosa que: esto no ir bien; estos
raciocinios no son concluyentes; aqu hay ilusion; el tiempo lo
manifestar.

Y es que hay cosas que mas bien se sienten que no se conocen; las hay
que se _ven_ pero no se prueban, porque hay relaciones delicadas, hay
minuciosidades casi imperceptibles, que no es posible demostrar con el
discurso  quien no las descubre  la primera ojeada; hay puntos de
vista sumamente fugaces, que en vano se buscan por quien no ha sabido
colocarse en ellos en el momento oportuno.


 VIII.

Delicadeza de ciertos fenmenos intelectuales, en sus relaciones con la
prctica.

En el ejercicio de la inteligencia y demas facultades del hombre, hay
muchos fenmenos que no se expresan con ninguna palabra, con ninguna
frase, con ningun discurso: para comprender al que los experimenta es
necesario experimentarlos tambien; y  veces es tan perdido el tiempo
que se emplea para darse  entender, como si un hombre con vista
quisiese  fuerza de explicacion, dar idea de los colores  un ciego de
nacimiento.

Esta delicadeza de fenmenos abunda en todos los actos de nuestra
inteligencia; pero se nota de una manera particular en lo que tiene
relacion con la prctica. Entnces, no puede abandonarse el espritu 
vanas abstracciones, no puede formarse sistemas fantsticos, puramente
convencionales; preciso es que tome las cosas no como l las imagina 
desea, sino como son; de lo contrario, cuando haga el trnsito de la
idea  los objetos, se encontrar en desacuerdo con la realidad, y ver
desconcertados todos sus planes.

Adase  esto que en tratndose de la prctica, sobre todo en las
relaciones de unos hombres con otros, no influye solo el entendimiento,
sino que se desenvuelven simultneamente las demas facultades. No hay
tan solo la comunicacion de entendimiento con entendimiento, sino de
corazon con corazon;  mas de la influencia recproca de las ideas, hay
tambien la de los sentimientos.


 IX.

Los despropsitos.

El que est mas ventajosamente dotado en las facultades del alma, si se
encuentra con otros que  carezcan de alguna de ellas,  las posean en
grado inferior, se halla en el mismo caso que quien tiene completos los
sentidos con respecto al que est privado de alguno.

Si se recuerdan estas observaciones, se ahorrarn mucho tiempo y
trabajo, y aun disgustos en el trato de los hombres. Risa causa  veces
el observar cmo forcejan intilmente ciertas personas por apartar 
otras de un juicio errado,  hacerles comprender alguna verdad. yese
quizas en la conversacion un solemne desatino dicho con la mayor
serenidad y buena fe del mundo. Est presente una persona de buen
sentido, y se escandaliza, y replica, y aguza su discurso, y esfuerza
mil argumentos para que el desatinado comprenda su sinrazon, y este, 
pesar de todo, no se convence, y permanece tan satisfecho, tan contento;
las reflexiones de su adversario no hacen mella en su nimo impasible. Y
esto porqu? Le faltan noticias? no. Lo que le falta en aquel punto es
sentido comun. Su disposicion natural,  sus hbitos, le han formado
as: y el que se empea en convencerle debiera reflexionar que quien ha
sido capaz de verter un desatino tan completo, no es capaz de comprender
la fuerza de la impugnacion.


 X.

Entendimientos torcidos.

Hay ciertos entendimientos que parecen naturalmente defectuosos, pues
tienen la desgracia de verlo todo bajo un punto de vista falso 
inexacto  extravagante. En tal caso no hay locura, ni monomana; la
razon no puede decirse trastornada, y el buen sentido no considera 
dichos hombres como faltos de juicio. Suelen distinguirse por una
insufrible locuacidad, efecto de la rapidez de percepcion, y de la
facilidad de hilvanar raciocinios. Apnas juzgan de nada con acierto: y
si alguna vez entran en el buen camino, bien pronto se apartan de l
arrastrados por sus propios discursos. Sucede con frecuencia ver en sus
razonamientos una hermosa perspectiva que ellos toman por un verdadero y
slido edificio; el secreto est en que han dado por incontestable un
hecho incierto,  dudoso,  inexacto,  enteramente falso;  han
asentado como principio de eterna verdad una proposicion gratuita, 
tomado por realidad una hiptesis; y as han levantado un castillo que
no tiene otro defecto que estar en el aire. Impetuosos, precipitados, no
haciendo caso de las reflexiones de cuantos los oyen, sin mas guia que
su torcida razon, llevados por su prurito de discurrir y hablar,
arrastrados, por decirlo as, en la turbia corriente de sus propias
ideas y palabras, se olvidan completamente del punto de partida, no
advirtiendo que todo cuanto edifican es puramente fantstico, por
carecer de cimiento.

 XI.

Inhabilidad de dichos hombres para los negocios.

No hay peores hombres para los negocios; desgraciado el asunto en que
ellos ponen la mano; y desgraciados muchas veces ellos mismos, si en sus
cosas se hallan abandonados  su propia y exclusiva direccion. Las
principales dotes de un buen entendimiento prctico son la madurez del
juicio, el buen sentido, el tacto, y estas cualidades les faltan 
ellos. Cuando se trata de llegar  la realidad, es preciso no fijarse
solo en las ideas, sino pensar en los objetos; y esos hombres se olvidan
casi siempre de los objetos y solo se ocupan de sus ideas. En la
prctica es necesario pensar, no en lo que las cosas debieran  pudieran
ser, sino en lo que son; y ellos suelen pararse menos en lo que son, que
en lo que pudieran  debieran ser.

Cuando un hombre de entendimiento claro y de juicio recto, se encuentra
tratando un asunto con uno que adolezca de los defectos que acabo de
describir, se halla en la mayor perplejidad. Lo que aquel ve claro, este
lo encuentra oscuro; lo que el primero consideraba fuera de duda, el
segundo lo mira como muy disputable. El juicioso plantea la cuestion de
un modo que le parece muy natural y sencillo, el caviloso la mira de una
manera diferente; dirase que son dos hombres de los cuales el uno
padece una especie de estrabismo intelectual que desconcierta y confunde
al que ve y mira bien.


 XII.

Este defecto intelectual suelo nacer de una causa moral.

Reflexionando sobre la causa de semejantes aberraciones, no es difcil
advertir que el origen est mas bien en el corazon que en la cabeza.
Estos hombres suelen ser extremadamente vanos; un amor propio mal
entendido les inspira el deseo de singularizarse en todo; y al fin
llegan  contraer un hbito de apartarse de lo que piensan y dicen los
demas, esto es, de ponerse en contradiccion con el sentido comun.

La prueba de que entregados con naturalidad  su propio entendimiento no
verian tan erradamente los objetos, y de que el caer en ridculas
aberraciones procede mas bien de un deseo de singularizarse convertido
en hbito, est en que suelen distinguirse por un espritu de constante
oposicion. Si el defecto estuviese en la cabeza, no habria ninguna razon
para que en casi todas las cuestiones ellos sostuvieran el _no_ cuando
los demas sostienen el _s_, y ellos estuviesen por el _s_ cuando los
otros estan por el _no_; siendo de notar que  veces hay un medio seguro
para llevarlos  la verdad, y es el sostener el error.

Convengo en que  menudo ellos no advierten lo mismo que hacen, que no
tienen una conciencia bien clara de esa inspiracion de la vanidad que
los dirige y sojuzga; pero la funesta inspiracion no deja de existir; ni
deja de ser remediable si hay quien se lo avise; mayormente si la edad,
la posicion social y las lisonjas, no han llevado el mal hasta el ltimo
extremo. Y no es raro que se presenten ocasiones favorables para
amonestar con algun fruto; porque esos hombres con su imprudencia,
suelen atraer sobre s amargos disgustos, cuando no desgracias; y
entnces, abatidos por la adversidad, y enseados por experiencia
dolorosa, suelen tener lcidos intervalos de que puede aprovecharse un
amigo sincero para hacerles oir los consejos de una razon juiciosa.

Por lo demas, cuando una realidad cruel no ha venido todava 
desengaarlos, cuando en sus accesos de sinrazon se entregan sin medida
 la vanidad de sus proyectos, no suele haber otro medio para
resistirles que callar, y con los brazos cruzados, y meneando la cabeza,
sufrir con estica impasibilidad la impetuosa avenida de sus
proposiciones aventuradas, de sus raciocinios incoherentes, de sus
planes descabellados.

Y por cierto que esa impasibilidad no deja de producir de vez en cuando
saludables efectos: porque el deseo de disputar cesa cuando no hay quien
replique; no cabe oposicion cuando nadie ataca. As no es raro ver 
esos hombres volver en s  poco rato de abrumar con su locuacidad 
quien no les contesta; y amonestados por la elocuencia del silencio,
excusarse de su molesta petulancia. Son almas inquietas y ardientes que
viven de contradecir, y que  su vez necesitan contradiccion: cuando no
la hay, cesa la pugna; y si se empean en comprenderla, bien pronto se
fastidian cuando notan que ljos de habrselas con un enemigo resuelto 
pelear, se ceban en quien se ha entregado como vctima en las aras de
una verbosidad importuna.


 XIII.

La humildad cristiana en sus relaciones con los negocios mundanos.

La humildad cristiana, esa virtud que nos hace conocer el lmite de
nuestras fuerzas, que nos revela nuestros propios defectos, que no nos
permite exagerar nuestro mrito, ni ensalzarnos sobre los demas, que no
nos consiente despreciar  nadie, que nos inclina  aprovecharnos del
consejo y ejemplo de todos, aun de los inferiores, que nos hace mirar
como frivolidades indignas de un espritu serio el andar en busca de
aplausos, el saborearse en el humo de la lisonja; que no nos deja creer
jamas que hemos llegado  la cumbre de la perfeccion en ningun sentido,
ni cegarnos hasta el punto de no ver lo mucho que nos queda por
adelantar, y la ventaja que nos llevan otros; esa virtud que bien
entendida es la verdad, pero la verdad aplicada al conocimiento de lo
que somos, de nuestras relaciones con Dios y con los hombres; la verdad
guiando nuestra conducta para que no nos extravien las exageraciones del
amor propio; esa virtud, repito, es de suma utilidad en todo cuanto
concierne  la prctica, aun en las cosas puramente mundanas.

S, la humildad cristiana, en cambio de algunos sacrificios, produce
grandes ventajas, hasta en los asuntos mas distantes de la devocion. El
soberbio compra muy caro su satisfaccion propia; y no advierte que la
vctima que inmola  ese dolo que ha levantado en su corazon, son 
veces sus intereses mas caros, es la misma gloria en pos de la cual tan
desolado corre.


 XIV.

Daos acarreados por la vanidad y la soberbia.

Cuntas reputaciones se ajan, cuando no se destruyen, por la miserable
vanidad! cmo se disipa la ilusin que inspirara un gran nombre, si al
acercrsele os encontrais con una persona que solo habla de s misma!
Cuntos hombres, por otra parte recomendabilsimos, se deslustran, y
hasta se hacen objeto de burla, por un tono de superioridad, que choca 
irrita,  atrae los envenenados dardos de la stira! Cuntos se empean
en negocios funestos, dan pasos desastrosos, se desacreditan  se
pierden, solo por haberse entregado  su propio pensamiento de una
manera exclusiva, sin dar ninguna importancia  los consejos,  las
reflexiones  indicaciones de los que veian mas claro, pero que tenian
la desgracia de ser mirados de arriba abajo,  una distancia inmensa,
por ese dios mentido que habitando all en el fantstico empreo
fabricado por su vanidad, no se dignaba descender  la nfima region
donde mora el vulgo de los modestos mortales!

Y para qu necesitaba l de consultar  nadie? La elevacion de su
entendimiento, la seguridad y acierto de su juicio, la fuerza de su
penetracion, el alcance de su prevision, la sagacidad de sus
combinaciones, no son ya cosas proverbiales? El buen resultado de todos
los negocios en que ha intervenido,  quin se debe sino  l? Si se
han superado gravsimas dificultades, quin las ha superado sino l? Si
todo no lo han echado  perder sus compaeros, quin lo ha evitado sino
l? Qu pensamiento se ha concebido de alguna importancia que no le
haya concebido l? Qu ocurrencia habrn tenido los otros que con mucha
anticipacion no la hubiese tenido l? De qu hubiera servido cuanto
hayan excogitado los demas, si no lo hubiese rectificado, enmendado,
ilustrado, agrandado, dirigido l?

Contempladle; su frente altiva parece amenazar al cielo; su mirada
imperiosa exige sumision y acatamiento; en sus labios asoma el desden
hcia cuanto le rodea; en toda su fisonoma veris que rebosa la
complacencia en s propio; la afectacion de sus gestos y modales os
presenta un hombre lleno de s mismo, que procede con excesiva
compostura, como si temiese derramarse. Toma la palabra, resignaos 
callar. Replicais? no escucha vuestras rplicas y sigue su camino;
insists otra vez? el mismo desden, acompaado de una mirada que exige
atencion  impone silencio. Est fatigado de hablar, y descansa; entre
tanto aprovechais la ocasion de exponer lo que intentabais hace largo
rato; vanos esfuerzos! el semi-dios no se digna prestaros atencion, os
interrumpe cuando se le antoja, dirigiendo  otros la palabra, si es que
no estaba absorto en sus profundas meditaciones, arqueando las cejas, y
preparndose  desplegar nuevamente sus labios con la majestuosa
solemnidad de un orculo.

Cmo podia mnos de cometer grandes yerros un hombre tan fatuo? y de
esa clase hay muchos, por mas que no siempre llegue la fatuidad  una
exageracion tan repugnante. Desgraciado el que desde sus primeros aos
no se acostumbra  rechazar la lisonja,  dar  los elogios que se le
tributan el debido valor; que no se concentra repetidas veces, para
preguntarse si el orgullo le ciega, si la vanidad le hace ridculo, si
la excesiva confianza en su propio dictmen le extrava y le pierde. En
llegando  la edad de los negocios, cuando ocupa ya en la sociedad una
posicion independiente, cuando ha adquirido cierta reputacion merecida 
inmerecida, cuando se ve rodeado de consideracion, cuando ya tiene
inferiores, las lisonjas se multiplican y agrandan, los amigos son mnos
francos y mnos sinceros, y el hombre abandonado  la vanidad que dej
desarrollarse en su corazon, sigue cada dia con mas ceguedad el
peligroso sendero, hundindose mas y mas en ese ensimismamiento, en ese
goce de s mismo, en que el amor propio se exagera hasta un punto
lamentable, degenerando, por decirlo asi, en _egolatria_.


 XV.

El orgullo.

La exageracion del amor propio, la soberbia, no siempre se presenta con
un mismo carcter. En los hombres de temple fuerte y de entendimiento
sagaz, es orgullo; en los flojos y poco avisados, es vanidad. Ambos
tienen un mismo objeto, pero emplean medios diferentes. El orgulloso sin
vanidad, tiene la hipocresa de la virtud; el vanidoso tiene la
franqueza de su debilidad. Lisonjead al orgulloso, y rechazar la
lisonja, temeroso de daar  su reputacion hacindose ridculo; de l se
ha dicho con mucha verdad, que es demasiado orgulloso para ser vano. En
el fondo de su corazon siente viva complacencia en la alabanza; pero
sabe muy bien que este es un incienso honroso mintras el dolo no
manifiesta deleitarse en el perfume; por esto no os pondr jamas el
incensario en la mano, ni consentir que le hagais undular demasiado
cerca. Es un dios  quien agrada un templo magnfico, y un culto
esplendoroso; pero mantenindose el dolo escondido en la misteriosa
oscuridad del santuario.

Esto probablemente es mas culpable  los ojos de Dios, pero no atrae con
tanta frecuencia el ridculo de los hombres. Con tanta frecuencia digo,
porque difcilmente se alberga en un corazon el orgullo, sin que  pesar
de todas las precauciones, degenere en vanidad. Aquella violencia no
puede ser duradera; la ficcion no es para continuada por mucho tiempo.
Saborearse en la alabanza y mostrar desden hcia ella; proponerse por
objeto principal el placer de la gloria, y aparentar que no se piensa en
ella, es demasiado fingir para que al traves de los mas tupidos velos no
se descubra la verdad. El orgulloso  quien he descrito mas arriba no
podia llamarse propiamente vano, y no obstante su conducta inspiraba
algo peor que la vanidad misma: sobre la indignacion provocaba tambien
la burla.


 XVI.

La vanidad.

El simplemente vano no irrita, excita compasion, presta pbulo  la
stira. El infeliz no desprecia  los demas hombres, los respeta, quizas
los admira y teme. Pero padece una verdadera sed de alabanza: y no como
quiera, sino que necesita oirla l mismo, asegurarse de que en efecto se
le alaba, complacerse en ella con delectacion morosa, y corresponder 
las buenas almas que le favorecen, expresando con una inocente sonrisita
su ntimo goce, su dicha, su gratitud.

Ha hecho alguna cosa buena? Ah! habladle de ella por piedad, no le
hagais padecer. No veis que se muere por dirigir la conversacion hcia
sus glorias? Cruel! que os desentendeis de sus indicaciones, que con
vuestra distraccion, con vuestra dureza, le obligaris  aclararlas mas
y mas hasta convertirlas en splicas.

En efecto, ha gustado lo que l ha dicho  escrito  hecho? qu
felicidad! y es necesario que se advierta que fu sin preparacion, que
todo se debi  la fecundidad de su vena,  una de sus felices
ocurrencias. No habeis notado cuntas bellezas, cuntos golpes
afortunados? Por piedad, no aparteis la vista de tantas maravillas, no
introduzcais en la conversacion especies inconducentes, dejadle gozar de
su beatitud.

Nada de la altivez satnica del orgulloso; nada de hipocresa, un
inexprimable candor se retrata en su semblante; su fisonoma se dilata
agradablemente; su mirada es afable, es dulce, sus modales atentos; su
conducta complaciente; el desgraciado est en actitud de suplicante,
teme que una imprudencia no le arrebate su dicha suprema. No es duro, no
es insultante, no es ni siquiera exclusivo, no se opone  que otros sean
alabados; solo quiere participar.

Con qu ingenua complacencia refiere sus trabajos y aventuras! En
pudiendo hablar de s mismo su palabra es inextinguible. A sus
alucinados ojos, su vida es poco mnos que una epopeya. Los hechos mas
insignificantes se convierten en episodios de sumo interes, las
vulgaridades en golpes de ingenio, los desenlaces mas naturales en
resultados de combinaciones estupendas. Todo converge hcia l: la misma
historia de su pais no es mas que un gran drama, cuyo hroe es l; todo
es insipido si no lleva su nombre.


 XVII.

La influencia del orgullo es peor para los negocios que la de la
vanidad.

Este defecto, aunque mas ridculo que el orgullo, no tiene sin embargo
tantos inconvenientes para la prctica. Como es una complacencia en la
alabanza mas bien que un sentimiento fuerte de superioridad, no ejerce
sobre el entendimiento un influjo tan malfico. Estos hombres son por lo
comun de un carcter flojo, como lo manifiesta la misma debilidad con
que se dejan arrastrar por su inclinacion. As es, que no suelen
desechar como los orgullosos el consejo ajeno, y aun muchas veces se
adelantan  pedirle. No son tan altivos que no quieran recibir nada de
nadie; y ademas se reservan el derecho de explotar despues el negocio
para formar su pomito de olor de vanagloria en que se puedan deleitar.
Es poco por ventura si el asunto sale bien, el gusto de referir todo lo
que pens el que le condujo, y la sagacidad con que conoci las
dificultades, y el tino con que procedi para vencerlas, y la prudencia
con que tom consejo de personas entendidas, y lo mucho que el
aconsejado ilustr el juicio del consejero? No deja de haber en esto una
mina abundante, que  su debido tiempo ser explotada cual conviene.


 XVIII.

Cotejo entre el orgullo y la vanidad.

El orgullo tiene mas malicia, la vanidad mas flaqueza; el orgullo
irrita, la vanidad inspira compasion; el orgullo concentra, la vanidad
disipa; el orgullo sugiere quizas grandes crmenes, la vanidad ridculas
miserias; el orgullo est acompaado de un fuerte sentimiento de
superioridad  independencia, la vanidad se aviene con la desconfianza
de s mismo, hasta con la humillacion; el orgullo tiende los resortes
del alma, la vanidad los afloja; el orgullo es violento, la vanidad es
blanda; el orgullo quiere la gloria, pero con cierta dignidad, con
cierto predominio, con altivez, sin degradarse; la vanidad la quiere
tambien, pero con lnguida pasion, con abandono, con molicie: podria
llamarse la afeminacion del orgullo. As la vanidad es mas propia de las
mujeres, el orgullo de los hombres, y por la misma razon la infancia
tiene mas vanidad que orgullo, y este no suele desarrollarse sino en la
edad adulta.

Si bien es verdad que en teora estos dos vicios se distinguen por las
cualidades expresadas, no siempre se encuentran en la prctica con
seales tan caractersticas. Lo mas comun es hallarse mezclado en el
corazon humano, teniendo cada cual no solo sus pocas sino sus dias, sus
horas, sus momentos. No hay una lnea divisoria que separe perfectamente
los dos colores; hay una gradacion de matices, hay irregularidad en los
rasgos, hay ondas, aguas, que solo descubre quien est acostumbrado 
desenvolver y contemplar los complicados y delicados pliegues del humano
corazon. Y aun si bien se mira, el orgullo y la vanidad son una misma
cosa con distintas formas; es un mismo fondo que ofrece diversos
cambiantes segun el modo con que le da la luz. Este fondo es la
exageracion del amor propio, el culto de s mismo. El dolo est
cubierto con tupido velo,  se presenta  los adoradores con faz
atractiva y risuea; mas por esto no vara, es el hombre que se ha
levantado  s propio un altar en su corazon, y se tributa incienso, y
desea que se lo tributen los demas.


 XIX.

Cun general es dicha pasion.

Puede asegurarse sin temor de errar, que esta es la pasion mas general,
la que admite mnos excepciones, quizas ninguna, aparte las almas
privilegiadas sumergidas en la pursima llama de un amor celeste. La
soberbia ciega al ignorante como al sabio, al pobre como al rico, al
dbil como al poderoso, al desventurado como al feliz,  la infancia
como  la vejez; domina al libertino, no perdona al austero, campea en
el gran mundo, y penetra en el retiro de los claustros; rebosa en el
semblante de la altiva seora, que reina en los salones por la nobleza
de su linaje, por sus talentos y hermosura, pero se trasluce tambien en
la tmida palabra de la humilde religiosa, que salida de familia oscura,
se ha encerrado en el monasterio, desconocida de los hombres sin mas
porvenir en la tierra que una sepultura ignorada.

Encuntranse personas exentas de liviandad, de codicia, de envidia, de
odio, de espritu de venganza; pero libre de esa exageracion del amor
propio, que segun es su forma, se llama orgullo  vanidad, no se halla
casi nadie, bien podria decirse que nadie. El sabio se complace en la
narracion de los prodigios de su saber, el ignorante se saborea en sus
necedades; el valiente cuenta sus hazaas, el galan sus aventuras; el
avariento ensalza sus talentos econmicos, el prdigo su generosidad; el
lijero pondera su viveza, el tardo su aplomo; el libertino se envanece
por sus desrdenes, y el austero se deleita en que su semblante muestre
 los hombres la mortificacion y el ayuno.

Este es sin duda el defecto mas general; esta es la pasion mas
insaciable cuando se le da rienda suelta; la mas insidiosa, mas sagaz
para sobreponerse, cuando se la intenta sujetar. Si se la domina un
tanto  fuerza de elevacion de ideas, de seriedad de espritu y firmeza
de carcter, bien pronto trabaja por explotar esas nobles cualidades,
dirigiendo el nimo hcia la contemplacion de ellas; y si se la resiste
con el arma verdaderamente poderosa y nica eficaz, que es la humildad
cristiana,  esta misma procura envanecerla, ponindole asechanzas para
hacerla perecer. Es un reptil que si le arrojamos de nuestro pecho, se
arrastra y enrosca  nuestros pies; y cuando pisamos un extremo de su
flexible cuerpo, se vuelve y nos hiere con emponzoada picadura.


 XX.

Necesidad de una lucha continua.

Siendo esta una de las miserias de la flaca humanidad, preciso es
resignarse  luchar con ella toda la vida; pero es necesario tener
siempre fija la vista sobre el mal, limitarle al menor crculo posible;
y ya que no sea dado  nuestra debilidad el remediarlo del todo, al
mnos no dejarle que progrese, evitar que cause los estragos que
acostumbra. El hombre que en este punto sabe dominarse  si mismo, tiene
mucho adelantado para conducirse bien; posee una cualidad rara que luego
producir sus buenos resultados, perfeccionando y madurando el juicio,
haciendo adelantar en el conocimiento de las cosas y de los hombres, y
adquiriendo esa misma alabanza que tanto mas se merece cuanto mnos se
busca.

Removido el bice es mas fcil entrar en el buen camino; y libre la
vista de esa niebla que la ofusca, no es tan peligroso extraviarse.


 XXI.

No es solo la soberbia lo que nos induce  error al proponernos un fin.

Para proponerse acertadamente un fin, es necesario comprender
perfectamente la posicion del que le ha de alcanzar. Y aqu repetir lo
que llevo indicado mas arriba, y es que son muchos los hombres que
marchan  la aventura, ya sea no fijndose en un fin bien determinado,
ya no calculando la relacion que este tiene con los medios de que se
puede disponer. En la vida privada como en la pblica, es tarea harto
difcil el comprender bien la posicion propia: el hombre se forma mil
ilusiones, que le hacen equivocar sobre el alcance de sus fuerzas, y la
oportunidad de desplegarlas. Sucede con mucha frecuencia que la vanidad
las exagera, pero como el corazn humano es un abismo de
contradicciones, tampoco es raro el ver que la pusilanimidad las
disminuye mas de lo justo. Los hombres levantan con demasiada facilidad
encumbradas torres de Babel, con la insensata esperanza de que la cima
podr tocar al cielo: pero tambien les acontece desistir pusilnimes,
hasta de la construccion de una modesta vivienda. Verdaderos nios que
ora creen poder tocar el cielo con la mano, en subiendo  una colina,
ora toman por estrellas que brillan  inmensa distancia en lo mas
elevado del firmamento, bajas y pasajeras exhalaciones de la atmsfera
sublunar. Quizas se atreven  mas de lo que pueden; pero  veces no
pueden porque no se atreven.

Cul ser en estos casos el verdadero criterio? Pregunta  que es
difcil contestar, y sobre la cual solo caben reflexiones muy vagas. El
primer obstculo que se encuentra es que el hombre se conoce poco  s
mismo; y entnces, cmo sabr lo que puede y lo que no puede? Se dir
que con la experiencia; es cierto; pero el mal est en que esa
experiencia es larga, y que  veces da su fruto cuando la vida toca  su
trmino.

No digo que ese criterio sea imposible; muy al contrario, en varias
partes de esta misma obra indico los medios para adquirirle. Sealo la
dificultad, pero no afirmo la imposibilidad: la dificultad debe
inspirarnos diligencia, mas no producirnos abatimiento.


 XXII.

Desarrollo de fuerzas latentes.

Hay en el espritu humano muchas fuerzas que permanecen en estado de
_latentes_ hasta que la ocasion las despierta y aviva; el que las posee
no lo sospecha siquiera, quizas baja al sepulcro sin haber tenido
conciencia de aquel precioso tesoro, sin que un rayo de luz reflejara en
aquel diamante que hubiera podido embellecer la mas esplendente diadema.

Cuntas veces una escena, una lectura, una palabra, una indicacion,
remueve el fondo del alma y hace brotar de ella inspiraciones
misteriosas! Fria, endurecida, inerte ahora, y un momento despues surge
de ella un raudal de fuego que nadie sospechara oculto en sus entraas.
Qu ha sucedido? se ha removido un pequeo obstculo que impedia la
comunicacion con el aire libre, se ha presentado  la masa elctrica un
punto atrayente, y el fluido se ha comunicado y dilatado con la
celeridad del pensamiento.

El espritu se desenvuelve con el trato, con la lectura, con los viajes,
con la presencia de grandes espectculos; no tanto por lo que recibe de
fuera, como por lo que descubre dentro de s. Qu le importa el haber
olvidado lo visto  oido  ledo, si se mantiene viva la facultad que el
afortunado encuentro le revelara? el fuego prendi, arde sin
extinguirse, poco importa que se haya perdido la tea.

Las facultades intelectuales y morales se excitan tambien como las
pasiones. A veces un corazon inexperto duerme tranquilamente el sueo de
la inocencia: sus pensamientos son puros como los de un ngel, sus
ilusiones cndidas como el copo de nieve que cubre de blanqusima
alfombra la dilatada llanura; pas un instante; se ha corrido un velo
misterioso; el mundo de la inocencia y de la calma desapareci, y el
horizonte se ha convertido en un mar de fuego y de borrascas. Qu ha
sucedido? Ha mediado una lectura, una conversacion imprudente, la
presencia de un objeto seductor. H aqu la historia del dispertar de
muchas facultades del alma. Criada para estar unida con el cuerpo con
lazo incomprensible, y para ponerse en relacion con sus semejantes,
tiene como ligadas algunas de sus facultades hasta que una impresion
exterior viene  desenvolverlas.

Si supiramos de qu disposiciones nos ha dotado el Autor de la
naturaleza no seria difcil ponerlas en accion, ofrecindoles el objeto
que mas se les adapta, y que por lo mismo las excita y desarrolla; pero
como al encontrarse el hombre engolfado en la carrera de la vida, ya le
es muchas veces imposible volver atras, deshaciendo todo el camino que
la educacion y la profesion escogida  impuesta le han hecho andar, es
necesario que acepte las cosas tales como son, aprovechndose de lo
bueno, y evitando lo malo en lo que le sea posible.


 XXIII.

Al proponernos un fin debemos guardarnos de la presuncion y de la
excesiva desconfianza.

Sea cual fuere su carrera, su posicion en la sociedad, sus talentos,
inclinaciones  ndole, nunca el hombre debe prescindir de emplear su
razon, ya sea para prefijarse con acierto el fin, ya para echar mano de
los medios mas  propsito para llegar  el.

El fin ha de ser proporcionado  los medios, y estos son las fuerzas
intelectuales, morales  fisicas y demas recursos de que se puede
disponer. Proponerse un blanco fuera del alcance, es gastar intilmente
las fuerzas; as como es desperdiciarlas, exponindolas  disminuirse
por falta de ejercicio, el no aspirar  lo que la razon y la experiencia
dicen que se puede llegar.


 XXIV.

La pereza.

Si bien es cierto que la prudencia aconseja ser mas bien desconfiado que
presuntuoso, y que por lo mismo no conviene entregarse con facilidad 
empresas arduas, tambien importa no olvidar que la resistencia  las
sugestiones del orgullo  de la vanidad, puede muy bien explotarla la
pereza.

La soberbia es sin duda un mal consejero, no solo por el objeto  que
nos conduce, sino tambien por la dificultad que hay en guardarse de sus
insidiosos amaos; pero es seguro que poco falta si no encuentra en la
pereza una digna competidora. El hombre ama las riquezas, la gloria, los
placeres, pero tambien ama mucho el no hacer nada; esto es para l un
verdadero goce, al que sacrifica  menudo su reputacion y bienestar.
Dios conocia bien la naturaleza humana, cuando la castig con el
trabajo; el comer el pan con el sudor de su rostro es para el hombre una
pena continua, y frecuentemente muy dura.


 XXV.

Una ventaja de la pereza sobre las demas pasiones.

La pereza, es decir, la pasion de la inaccion, tiene para triunfar, una
ventaja sobre las demas pasiones, y es que no exige nada; su objeto es
una pura negacion. Para conquistar un alto puesto es preciso mucha
actividad, constancia, esfuerzos; para granjearse brillante nombrada es
necesario presentar ttulos que la merezcan, y estos no se adquieren
sin largas y penosas fatigas; para acumular riquezas es indispensable
atinada combinacion y perseverante trabajo; hasta los placeres mas
muelles no se disfrutan si no se anda en busca de ellos, y no se emplean
los medios conducentes. Todas las pasiones, para el logro de su objeto,
exigen algo; solo la pereza no exige nada. Mejor la contentais sentado
que en pi, mejor echado que sentado, mejor sooliento que bien
despierto. Parece ser la tendencia  la misma nada; la nada es al mnos
su solo lmite; cuanto mas se acerca  ella el perezoso, en su modo de
ser, mejor est.


 XXVI.

Orgen de la pereza.

El orgen de la pereza se halla en nuestra misma organizacion, y en el
modo con que se ejercen nuestras funciones. En todo acto hay un gasto de
fuerza, hay pues un principio de cansancio, y por consiguiente de
sufrimiento. Cuando la prdida es insignificante, y solo ha trascurrido
el tiempo necesario para desplegar la accion de los rganos  miembros,
no hay sufrimiento todava, y hasta puede sentirse placer; mas bien
pronto la prdida se hace sensible, y el cansancio empieza. Por esta
causa no hay perezoso que no emprenda repetidas veces y con gusto
algunos trabajos; y quizas por la misma razon tambien, los mas vivos no
son los mas laboriosos. La intensidad con que ponen en ejercicio sus
fuerzas, debe de excitar en ellos mas pronto que en otros, la sensacion
de cansancio; por cuyo motivo, se acostumbrarn mas fcilmente  mirar
el trabajo con aversion.


 XXVII.

Pereza del espritu.

Como el ejercicio de las facultades intelectuales y morales necesita la
concomitancia de ciertas funciones orgnicas, la pereza tiene lugar en
los actos del espritu como en los del cuerpo. No es el espritu quien
se cansa, sino los rganos corporales que le sirven; pero el resultado
viene  ser el mismo. As es que hay  veces una pereza de pensar y aun
de querer, tan poderosa como la de hacer cualquier trabajo corpreo. Y
es de notar que estas dos clases de pereza no siempre son simultneas,
pudiendo existir la una sin la otra. La experiencia atestigua que la
fatiga puramente corporal,  del sistema muscular, no siempre produce
postracion intelectual y moral; y no es raro estar sumamente fatigado de
cuerpo, y sentir muy activas las facultades del espritu. Al contrario,
despues de largos  intensos trabajos mentales,  veces se experimenta
un verdadero placer en ejercitar las fuerzas fsicas, cuando las
intelectuales han llegado ya  un estado de completa postracion. Estos
fenmenos no son difciles de explicar si se advierte que las
alteraciones del sistema muscular distan mucho de guardar proporcion con
las del sistema nervioso.


 XXVIII.

Razones que confirman lo dicho sobre el orgen de la pereza.

En prueba de que la pereza es un instinto de precaucion contra el
sufrimiento que nace del ejercicio de las facultades, se puede observar:
1. que cuando este ejercicio produce placer, no solo no hay repugnancia
 la accion, sino que hay inclinacion hcia ella; 2. que la repugnancia
al trabajo es mas poderosa ntes de empezarle, porque entnces es
necesario un esfuerzo para poner en accion los rganos  miembros; 3.
que la repugnancia es nula cuando desplegado ya el movimiento, no ha
trascurrido aun el tiempo suficiente para hacer sentir el cansancio que
nace del quebranto de las fuerzas; 4. que la repugnancia renace, y se
aumenta  medida que este quebranto se verifica; 5. que los mas vivos
adolecen mas de este mal porque experimentan ntes al sufrimiento; 6.
que los de ndole verstil y lijera, suelen tener el mismo defecto, por
la sencilla razon de que  mas del esfuerzo que exige el trabajo, han de
menester otro para sujetarse  s mismos venciendo su propension 
variar del objeto.


 XXIX.

La inconstancia. Su naturaleza y orgen.

La inconstancia, que en apariencia no es mas que un exceso de actividad,
pues que nos lleva continuamente  ocuparnos de cosas diferentes, no es
mas que la pereza bajo un velo hipcrita. El inconstante sustituye un
trabajo  otro, porque as se evita la molestia que experimenta con la
necesidad de sujetar su atencion y accion  un objeto determinado. As
es que todos los perezosos suelen ser grandes proyectistas; porque el
excogitar proyectos es cosa que ofrece campo  vastas divagaciones, que
no exigen esfuerzo para sujetar el espritu; tambien suelen ser amigos
de emprender muchas cosas, sucesiva  simultneamente, siempre con el
bien entendido de no llevar  cabo ninguna.


 XXX.

Pruebas y aplicaciones.

Vemos  cada paso hombres cuyos intereses y deberes reclaman ciertos
trabajos no mas pesados que los que ellos mismos se imponen: y no
obstante dejan aquellos por estos, sacrificando  su gusto el interes y
el deber. Han de despachar un expediente, y le dejan intacto,  pesar de
que no habian de emplear en l ni la mitad del tiempo que han gastado en
correspondencias insignificantes. Han de avistarse con una persona para
tratar un negocio; no lo hacen, y andan mas camino, y consumen mas
tiempo y mas palabras, hablando de cosas indiferentes. Han de acudir 
una reunion donde se han de ventilar asuntos de intereses: no ignoran lo
que se ha de tratar, y no habrian de hacer grande esfuerzo para
enterarse de lo que ocurra, y dar con acierto su dictmen; pues no
importa, aquellas horas reclamadas por sus intereses, las consumirn
quizas disputando de poltica, de guerra, de ciencias, de literatura, de
cualquier cosa, con tal que no sea aquello  que estan obligados. El
pasear, el hablar, el disputar, son sin duda ejercicio de facultades del
espritu y del cuerpo; y no obstante en el mundo abundan los amigos de
pasear, los habladores y disputadores, y escasean los verdaderamente
laboriosos. Y esto porqu? porque el pasear y hablar y disputar son
compatibles con la inconstancia, no exigen esfuerzo, consienten variedad
continua, llevan consigo naturales alternativas de trabajo y descanso,
enteramente sujetas  la voluntad y al capricho.


 XXXI.

El justo medio entre dichos extremos.

Evitar la pusilanimidad sin fomentar la presuncion, sostener y alentar
la actividad sin inspirar vanidad, hacer sentir al espritu sus fuerzas
sin cegarle con el orgullo, h aqu una tarea difcil en la direccion de
los hombres, y mas todava en la direccion de s mismo. Esto es lo que
el Evangelio ensea, esto es lo que la razon aplaude y admira. Entre
dichos escollos debemos caminar siempre, no con la esperanza de no dar
jamas en ninguno de ellos, pero s con la mira, con el deseo, y la
esperanza tambien, de no estrellarnos hasta el punto de perecer.

La virtud es difcil, mas no imposible: el hombre no la alcanza aqu en
la tierra sin mezcla de muchas debilidades que la deslustran; pero no
carece de los medios suficientes para poseerla y perfeccionarla. La
razon es un monarca condenado  luchar de continuo con las pasiones
sublevadas; pero Dios la ha provisto de lo necesario para pelear y
vencer. Lucha terrible, lucha penosa, lucha llena de azares y peligros,
mas por lo mismo tanto mas digna de ser ansiada por las almas generosas.

En vano se intenta en nuestro siglo proclamar la omnipotencia de las
pasiones, y lo irresistible de su fuerza para triunfar de la razon; el
alma humana, sublime destello de la divinidad, no ha sido abandonada por
su Hacedor. No hay fuerzas que basten  apagar la antorcha de la moral
ni en el individuo ni en la sociedad; en el individuo sobrevive  todos
los crmenes, en la sociedad resplandece aun despues de los mayores
trastornos: en el individuo culpable, reclama sus derechos con la voz
del remordimiento; en la sociedad, por medio de elocuentes protestas, y
de ejemplos hericos.


 XXXII.

La moral es la mejor guia del entendimiento prctico.

La mejor guia del entendimiento prctico, es la moral. En el gobierno de
las naciones, la poltica pequea es la poltica de los intereses
bastardos, de las intrigas, de la corrupcion; la poltica grande es la
poltica de la conveniencia pblica, de la razon, del derecho. En la
vida privada, la conducta pequea es la de los manejos ignobles, de las
miras mezquinas, del vicio; la conducta grande es la que inspira la
generosidad y la virtud.

Lo recto y lo til  veces parecen andar separados; pero no suelen
estarlo sino por un corto trecho; llevan caminos opuestos en apariencia,
y sin embargo el punto  que se dirigen es el mismo. Dios quiere por
estos medios, probar la fortaleza del hombre; y el premio de la
constancia no siempre se hace esperar todo en la otra vida. Que si esto
sucede una que otra vez, es acaso lijera recompensa el descender al
sepulcro con el alma tranquila, sin remordimiento, y con el corazon
embriagado de esperanza?

No lo dudemos: el arte de gobernar no es mas que la razon y la moral
aplicadas al gobierno de las naciones; el arte de conducirse bien en la
vida privada, no es mas que el Evangelio en prctica.

Ni la sociedad ni el individuo olvidan impunemente los eternos
principios de la moral; cuando lo intentan por el aliciente del interes,
tarde  temprano se pierden, perecen, en sus propias combinaciones. El
interes que se erigiera en dolo, se convierte en vctima. La
experiencia de todos los dias es una prueba de esta verdad; en la
historia todos los tiempos la vemos escrita con caractres de sangre.


 XXXIII.

La armona del universo defendida con el castigo.

No hay falta sin castigo; el universo est sujeto  una ley de armona:
quien la perturba sufre. Al abuso de nuestras facultades fsicas sucede
el dolor;  los extravos del espritu siguen el pesar y el
remordimiento. Quien busca con excesivo afan la gloria se atrae la
burla; quien intenta exaltarse sobre los demas con orgullo destemplado,
provoca contra s la indignacion, la resistencia, el insulto, las
humillaciones. El perezoso goza en su inaccion, pero bien pronto su
desidia disminuye sus recursos, y la precision de atender  sus
necesidades le obliga  un exceso de actividad y de trabajo. El prdigo
disipa sus riquezas en los placeres y en la ostentacion: pero no tarda
en encontrar un vengador de sus desvaros en la pobreza andrajosa y
hambrienta, que le impone en vez de goce privaciones, en vez de lujosa
ostentacion escasez vergonzosa. El avaro acumula tesoros temiendo la
pobreza; y en medio de sus riquezas sufre los rigores de esa misma
pobreza que tanto le espanta: l se condena  s mismo  todos ellos,
con su alimento limitado y grosero, su traje sucio y raido, su
habitacion pequea, incmoda y desaseada. No aventura nada por no perder
nada; desconfia hasta de las personas que mas le aman; en el silencio y
tinieblas de la noche visita sus arcas enterradas en lugares
misteriosos, para asegurarse que el tesoro est all, y aumentarle
todava mas; y entre tanto le acecha uno de sus sirvientes  vecinos, y
el tesoro con tanto afan acumulado, con tanta precaucion escondido,
desaparece.

En el trato, en la literatura, en las artes, el excesivo deseo de
agradar produce desagrado; el afan por ofrecer cosas demasiado
exquisitas fastidia: lo ridculo est junto  lo sublime; lo delicado no
dista de lo empalagoso; el prurito de ofrecer cuadros simtricos, suele
conducir  contrastes disparatados.

En el gobierno de la sociedad el abuso del poder acarrea su ruina; el
abuso de la libertad da orgen  la esclavitud. El pueblo que quiere
extender demasiado sus fronteras, suele verse mas estrechado de lo que
exigen las naturales; el conquistador que se empea en acumular coronas
sobre su cabeza, acaba por perderlas todas; quien no se satisface con el
dominio de vastos imperios, va  consumirse en una roca solitaria en la
inmensidad del Ocano. De los que ambicionan el poder supremo, la mayor
parte encuentran la proscripcion  el cadalso. Codician el alczar de un
monarca, y pierden el hogar domstico, suean en un trono y encuentran
un patbulo.


 XXXIV.

Observaciones sobre las ventajas y desventajas de la virtud en los
negocios.

Dios no ha dejado indefensas sus leyes,  todas las ha escudado con el
justo castigo; castigo que por lo comun se experimenta ya en esta vida.
Por esta razon los clculos basados sobre el interes en oposicion con la
moral, estan muy expuestos  salir fallidos, enredndose la inmoralidad
en sus propios lazos. Mas no se crea que con esto quiera yo negar que el
hombre virtuoso se halle muchas veces en posicion sumamente
desventajosa, para competir con un adversario inmoral. No desconozco que
en un caso dado, tiene mas probabilidad de alcanzar un fin el que puede
emplear cualquier medio por no reparar en ninguno, como le sucede al
hombre malo; y que no dejara de ser un obstculo gravsimo el tener que
valerse de muy pocos medios  quizas solamente de uno, como le acontece
al virtuoso,  causa de que los inmorales son para l como si no
existiesen; pero si bien esto es verdad considerando un negocio
aislado, no lo es mnos que andando el tiempo, los inconvenientes de la
virtud se compensan con las ventajas; as como las ventajas del vicio se
compensan con los inconvenientes; y que en ltimo resultado, un hombre
verdaderamente recto llegar  lograr el fruto de su rectitud alcanzando
el fin que discretamente se proponga; y que el inmoral expiar tarde 
temprano sus iniquidades, encontrando la perdicion en la extremidad de
sus malos y tortuosos caminos.


 XXXV.

Defensa de la virtud contra una inculpacion injusta.

Los hombres virtuosos y desgraciados, tienen cierta propension  sealar
sus virtudes como el orgen de sus desgracias; pues que  esto los
inclinan de consuno el deseo de ostentar su virtud, y el de ocultar sus
imprudencias; que imprudencias muy grandes se cometen tambien con la
intencion mas recta y mas pura. La virtud no es responsable de los males
acarreados por nuestra imprevision  lijereza; pero el hombre suele
achacrselos  ella con demasiada facilidad. Mi buena fe me ha
perdido, exclama el hombre honrado vctima de una impostura; cuando lo
que le ha perdido no es su buena fe, sino su torpe confianza en quien le
ofrecia demasiados motivos para prudentes sospechas. Acaso los malos no
son tambien con mucha frecuencia vctima de otros malos, y los prfidos
de otros prfidos? La virtud nos ensea el camino que debemos seguir,
mas no se encarga de descubrirnos todos los lazos que en l podemos
encontrar: esto es obra de la penetracion, de la prevision, del buen
juicio, es decir de un entendimiento claro y atinado. Con estas dotes no
est reida la virtud, mas no siempre las lleva por compaeras. Como
fiel amiga de la humanidad se alberga sin repugnancia en el corazon de
toda clase de hombres; ora brille en ellos esplendente y puro el sol de
la inteligencia, ora est oscurecido con espesa niebla.


 XXXVI.

Defensa de la sabidura contra una inculpacion infundada.

Creen algunos que los grandes talentos y el mucho saber, propenden de
suyo al mal; esto es una especie de blasfemia contra la bondad del
Criador. La virtud necesita acaso las tinieblas? Los conocimientos y
las virtudes de la criatura, no emanan acaso de un mismo origen, del
pilago de luz y santidad, que es Dios? Si la elevacion de la
inteligencia condujese al mal, la maldad de los seres estaria en
proporcion con su altura; adivinais la consecuencia? porqu no
sacarla? La sabidura infinita seria la maldad infinita; y hos aqu en
el error de los maniqueos, encontrando en la extremidad de la escala de
los reres un principio malo. Pero qu digo? peor fuera este error que
el de Manes; pues que en l, no se podria admitir un principio bueno. El
genio del mal presidiria sin rival, enteramente solo,  los destinos del
mundo; el rey del Averno deberia colocar su trono de negra lava en las
esplendentes regiones del empreo.

No, no debe el hombre huir de la luz por temor de caer en el mal; la
verdad no teme la luz, y el bien moral es una gran verdad. Cuanto mas
ilustrado est el entendimiento mejor conocer la inefable belleza de la
virtud, y conocindola mejor, tendr mnos dificultades en practicarla.
Rara vez hay mucha elevacion en las ideas, sin que de ella participen
los sentimientos; y los sentimientos elevados  nacen de la misma
virtud,  son una disposicion muy  propsito para alcanzarla.

Hasta hay en favor del talento y del saber una razon fundada en la
naturaleza de las facultades del alma. Nadie ignora que por lo comun el
mucho desarrollo de la una es con algun perjuicio de la otra; por
consiguiente, cuando en el hombre se desenvuelvan de una manera
particular las facultades superiores, menguarn en su fuerza las
pasiones groseras, orgen de los vicios.

La historia del espritu humano confirma esta verdad: generalmente
hablando, los hombres de entendimiento muy elevado no han sido
perversos; muchos se han distinguido por sus eminentes virtudes; otros
han sido dbiles como hombres, mas no malvados; y si uno que otro ha
llegado  este extremo, debe mirarse como excepcion, no como regla.

Sabeis porqu un malvado de gran talento compromete, por decirlo as,
la reputacion de los demas, prestando ocasion  que de algunos casos
particulares se saquen deducciones generales? Porque en un malvado de
gran talento todos piensan, de un malvado necio nadie se acuerda; porque
forman un vivo contraste la iniquidad y el gran saber, y este contraste
hace mas notable el extremo feo; por la misma razon que se repara mas en
la relajacion de un sacerdote que en la de un seglar. Nadie nota una
mancha mas en un cristal muy sucio; pero en otro muy limpio y brillante,
se presenta desde luego  los ojos el mas pequeo lunar.


 XXXVII.

Las pasiones son buenos instrumentos, pero malos consejeros.

Ya vimos (Cap. XIX) cun pernicioso era el influjo de las pasiones para
impedirnos el conocimiento de la verdad, aun la especulativa; pero lo
que all se dijo en general, tiene muchsima mas aplicacion en
refirindose  la prctica. Cuando tratamos de ejecutar alguna cosa, las
pasiones son  veces un auxiliar excelente; mas para prepararla en
nuestro entendimiento, son consejeros muy peligrosos.

El hombre sin pasiones seria frio, tendria algo de inerte, por carecer
de uno de los principios mas poderosos de accion que Dios ha concedido 
la humana naturaleza; pero en cambio, el hombre dominado por las
pasiones es ciego y se abalanza  los objetos  la manera de los brutos.

Examinando atentamente el modo de obrar de nuestras facultades, se echa
de ver que la razon es  propsito para dirigir, y las pasiones para
ejecutar; y as es que aquella atiende no solo  lo presente sino
tambien  lo pasado y  lo venidero, cuando estas miran el objeto solo
por lo que es en el momento actual, y por el modo con que nos afecta. Y
es que la razon como verdadera directora se hace cargo de todo lo que
puede daar  favorecer, no solo ahora, sino tambien en el porvenir;
pero las pasiones como encargadas nicamente de ejecutar, solo se cuidan
del instante y de la impresion actuales. La razon no se para solo en el
placer sino en la utilidad, en la moralidad, en el decoro; las pasiones
prescinden del decoro, de la moralidad, de la utilidad, de todo lo que
no sea la impresion agradable  ingrata, que en el acto se experimenta.


 XXXVIII.

La hipocresa de las pasiones.

Cuando hablo de pasiones, no me refiero nicamente  las inclinaciones
fuertes, violentas, tempestuosas, que agitan nuestro corazon como los
vientos el ocano; trato tambien de aquellas mas suaves, mas
espirituales, por decirlo asi, porque al parecer estan mas cerca de las
altas regiones del espritu, y que suelen apellidarse _sentimientos_.
Las pasiones son las mismas, solo varian por su forma,  mas bien por la
graduacion de intensidad, y por el modo de dirigirse  su objeto. Son
entnces mas delicadas, pero no mnos temibles; pues que esa misma
delicadeza contribuye  que con mas facilidad nos seduzcan y extravien.

Cuando la pasion se presenta en toda su deformidad y violencia,
sacudiendo brutalmente el espritu, y empendose en arrastrarle por
malos caminos, el espritu se precave contra el adversario, se prepara 
luchar, resultando tal vez que la misma impetuosidad del ataque provoca
una herica defensa. Pero si la pasion depone sus maneras violentas, si
se despoja, por decirlo as, de sus groseras vestiduras, cubrindose con
el manto de la razon; si sus sugestiones se llaman conocimiento, y sus
inclinaciones voluntad, ilustrada pero decidida, entnces toma por
traicion una plaza que no hubiera tomado por asalto.


 XXXIX.

Ejemplo. La venganza bajo dos formas.

Un hombre que ha irrogado una ofensa, est con una pretension en cuyo
xito puede influir decisivamente el ofendido. Tan pronto como este lo
sabe, recuerda la ofensa recibida, el resentimiento se dispierta en su
corazon, al resentimiento sucede la clera, y la clera engendra un vivo
deseo de venganza. Y porqu dejara de vengarse? No se le ofrece ahora
una excelente oportunidad? No ser para l un placer el presenciar la
desesperacion de su adversario burlado en sus esperanzas, y quizas
sumido en la oscuridad, en la desgracia, en la miseria? Vngate,
vngate, le dice en alta voz su corazon; vngate, y que l sepa que te
has vengado; dale, ya que l te da, humllale, ya que l te humill;
goza t el cruel pero vivo placer de su desgracia, ya que l se goz en
la tuya. La vctima est en tus manos; no la sueltes; cbate en ella;
sacia en ella tu sed de venganza. Tiene hijos, y perecern.... no
importa.... que perezcan; tiene padres y morirn de pesar.... no
importa.... que mueran: as ser herido en mas puntos su infame
corazon; asi sangrar con mas abundancia; asi no habr consuelo para l;
as se llenar la medida de su afliccion; as derramars en su villano
pecho toda la hiel y amargura que l un dia derramara en el tuyo.
Vngate, vngate; rete de una generosidad que l no practic contigo;
no tengas piedad de quien no la tuvo de t; l es indigno de tus
favores, indigno de compasion, indigno de perdon; vngate, vngate.

As habla el odio exaltado por la ira; pero este lenguaje es demasiado
duro y cruel para no ofender  un corazon generoso. Tanta crueldad
dispierta un sentimiento contrario: este comportamiento seria ignoble,
seria infame, se dice el nombre  s mismo; esto repugna hasta al amor
propio. Pues qu? yo he de gozarme en el abatimiento, en el perpetuo
infortunio de una familia? No seria para m un remordimiento
inextinguible la memoria de que con mis manejos he sumido en la miseria
 sus hijos inocentes, y hundido en el sepulcro  sus ancianos padres?
Esto no lo puedo hacer; esto no lo har; es mas honroso no vengarme;
sepa mi adversario que si l fu bajo, yo soy noble, si l fu inhumano,
yo soy generoso; no quiero buscar otra venganza que la de triunfar de l
 fuerza de generosidad, cuando su mirada se encuentre con mi mirada,
sus ojos se abatirn, el rubor encender sus mejillas, su corazon
sentir un remordimiento, y me har justicia.

El espritu de venganza ha sucumbido por su imprudencia; lo queria todo,
lo exigia todo, y con urgencia, con imperiosidad, sin consideraciones de
ninguna clase; y el corazon se ha ofendido de semejante desman; ha
creido que se trataba de envilecerle, ha llamado en su auxilio  los
sentimientos nobles, que han acudido presto y han decidido la victoria
en favor de la razon. Otro quizas hubiera sido el resultado, si el
espritu de venganza hubiese tomado otra forma mnos dura, si cubriendo
su faz con mentida mscara, no hubiese mostrado sus facciones feroces.
No debia dar destemplados gritos, aullidos horribles; era menester que
envuelto y replegado en el seno mas oculto del corazon, hubiese
destilado desde all su veneno mortal. Por cierto, debia decir, que el
ofensor no es nada digno de obtener lo que pretende; y solo por este
motivo conviene oponerse  que lo obtenga. Hizo una injuria, es verdad;
pero ahora no es ocasion de acordarse de ella. No ha de ser el
resentimiento quien presida  tu conducta sino la razon, el deseo de que
una cosa de tanta entidad no vaya  parar  malas manos. El pretendiente
no carece de algunas buenas disposiciones para el desempeo; porqu no
hacerle esta justicia? Pero en cambio adolece de defectos imperdonables.
La ofensa que te hizo  t lo manifiesta bien; de ella no debes
acordarte para la venganza, pero s para formar un juicio acertado.
Sientes un secreto y vivo placer en contrariarle, en abatirle, en
perderle; mas este sentimiento no te domina; solo te impulsa el deseo
del bien; y en verdad que si no mediase otro motivo que el
resentimiento, no pondrias ningun obstculo  sus designios. Hasta
quizas, harias el sacrificio de favorecerle; y en verdad que seria
doloroso, muy doloroso; pero quizas te resignarias  ello. Mas no te
hallas en este caso; afortunadamente la razon, la prudencia, la
justicia estan de acuerdo con las inclinaciones de tu corazon; y bien
considerado, ni las atiendes siquiera, experimentas un placer en daar 
tu enemigo, mas este placer es una expansion natural, que t no alcanzas
 destruir, pero que tienes bastante sujeta para no dejarla que te
domine. No hay inconveniente pues en tomar las providencias oportunas.
Lo que importa es proceder con calma, para que vean todos que no hay
parcialidad, que no hay odio, que no hay espritu de venganza, que usas
de un derecho, y hasta obedeces  un deber. La venganza impetuosa,
violenta, francamente injusta, no habia podido alcanzar un triunfo que
ha obtenido sin dificultad la venganza pacfica, insidiosa, disfrazada
hipcritamente con el velo de la razon, de la justicia, del deber.

Por este motivo es tan temible la venganza cuando obra en nombre del
celo por la justicia. Cuando el corazon poseido del odio llega 
engaarse a s mismo, creyendo obrar  impulsos del buen deseo, quizas
de la misma caridad, se halla como sujeto  la fascinacion de un reptil
 quien no ve, y cuya existencia ni aun sospecha. Entnces la envidia
destroza las reputaciones mas puras y esclarecidas, el rencor persigue
inexorable, la venganza se goza en las convulsiones y congojas de la
infortunada vctima, hacindole agotar hasta las heces el dolor y la
amargura. El insigne Protomrtir brillaba por sus eminentes virtudes y
aterraba  los judos con su elocuencia divina; qu nombre creeis que
tomarn la envidia y la venganza, que les seca los corazones y hace
rechinar sus dientes? Creeis que se apellidarn con el nombre que les
es propio? No, de ninguna manera. Aquellos hombres dan un grito como
llenos de escndalo, se tapan los oidos, y sacrifican al inocente
Dicono en nombre de Dios. El Salvador del mundo admira  cuantos le
oyen, con la divina hermosura de su moral, con el maravilloso raudal de
sabidura y de amor que fluye de sus labios augustos; los pueblos se
agolpan para verle, y l pasa haciendo bien; afable con los pequeos,
compasivo con los desgraciados, indulgente con los culpables, derrama 
manos llenas los tesoros de su omnipotencia y de su amor; solo pronuncia
palabras de dulzura y perdon: dirase que reserva el lenguaje de una
indignacion santa y terrible para confundir  los hipcritas. Estos han
encontrado en l una mirada majestuosa y severa, y ellos la han
correspondido con una mirada de vbora. La envidia les destroza el
corazon, sienten una abrasadora sed de venganza. Pero obrarn, hablarn
como vengativos? No; este hombre es un blasfemo, dirn, seduce las
turbas, es enemigo del Csar, la fidelidad pues, la tranquilidad
pblica, la religion exige que se le quite de en medio. Y se aceptar la
traicion de un discpulo, y el inocente Cordero ser llevado  los
tribunales, y ser interrogado, y al responder palabras de verdad, el
prncipe de los sacerdotes se sentir devorado de celo, y rasgar sus
vestiduras, y dir _blasfem_, y los circunstantes dirn es reo de
muerte.


 XL.

Precauciones.

Jamas el hombre medita demasiado sobre los secretos de su corazon; jamas
desplega demasiada vigilancia para guardar las mil puertas por donde se
introduce la iniquidad; jamas se precave demasiado contra las
innumerables asechanzas con que l se combate  s propio. No son las
pasiones tan temibles cuando se presentan como son en s, dirigindose
abiertamente  su objeto, y atropellando con impetuosidad cuanto se les
pone delante. En tal caso, por poco que se conserve en el espritu el
amor de la virtud, si el hombre no ha llegado todava hasta el fondo de
la corrupcion  de la perversidad, siente levantarse en su alma un grito
de espanto  indignacion, tan pronto como se le ofrece el vicio con su
aspecto asqueroso. Pero qu peligros no corre, si trocados los nombres,
y cambiados los trajes, todo se le ofrece disfrazado, trastornado? si
sus ojos miran al traves de engaosos prismas, que pintan con galanos
colores y apacibles formas, la negrura y la monstruosidad?

Los mayores peligros de un corazon puro no estan en el brutal aliciente
de las pasiones groseras sino en aquellos sentimientos que encantan por
su delicadeza y seducen con su ternura; el miedo no entra en las almas
nobles sino con el dictado de prudencia; la codicia no se introduce en
los pechos generosos sino con el titulo de economa previsora; el
orgullo se cobija bajo la sombra del amor de la propia dignidad, y del
respeto debido  la posicion que se ocupa: la vanidad se proporciona
sus pequeos goces, engaando al vanidoso con la urgente necesidad de
conocer el juicio de los demas, para aprovecharse de la crtica; la
venganza se disfraza con el manto de la justicia; el furor se apellida
santa indignacion; la pereza invoca en su auxilio la necesidad del
descanso; y la roedora envidia al destrozar reputaciones, al empearse
en ofuscar con su aliento impuro los resplandores de un mrito eminente,
habla de amor  la verdad, de imparcialidad, de lo mucho que conviene
precaverse contra una admiracion ignorante  un entusiasmo infantil.


 XLI.

Hipocresa del hombre consigo mismo.

El hombre emplea la hipocresa para engaarse  s mismo, acaso mas que
para engaar  los otros. Rara vez se da  s propio exacta cuenta del
mvil de sus acciones; y por esto, aun en las virtudes mas acendradas,
hay algo de escoria. El oro enteramente puro no se obtiene sino con el
crisol de un perfecto amor divino; y este amor, en toda su perfeccion,
est reservado para las regiones celestiales. Mintras vivimos aqu en
la tierra, llevamos en nuestro corazon un grmen maligno que  mata, 
enflaquece,  deslustra las acciones virtuosas; y no es poco si se llega
 evitar que ese grmen se desarrolle y nos pierda. Pero,  pesar de
tamaa debilidad, no deja de brillar en el fondo de nuestra alma aquella
luz inextinguible encendida en ella por la mano del Criador; y esa luz
nos hace distinguir entre el bien y el mal, sirvindonos de guia en
nuestros pasos, y de remordimiento en nuestros extravos. Por esta
causa, nos esforzamos  engaarnos  nosotros mismos para no ponernos en
contradiccion demasiado patente con el dictmen de la conciencia; nos
tapamos los oidos para no oir lo que ella nos dice, cerramos los ojos
para no ver lo que ella nos muestra, procuramos hacernos la ilusion de
que el principio que nos inculca no es aplicable al caso presente. Para
esto sirven lastimosamente las pasiones, sugirindonos insidiosamente
discursos sofsticos. Custale mucho al hombre parecer malo, ni aun 
sus propios ojos; no se atreve, se hace hipcrita.


 XLII.

El conocimiento de s mismo.

El defecto indicado en el prrafo anterior tiene diferente carcter en
las diferentes personas, por cuyo motivo, conviene sobre manera no
perder jamas de vista aquella regla de los antiguos, tan profundamente
sabia: _concete  ti mismo; nosce te ipsum_. Si bien hay ciertas
cualidades comunes  todos los hombres, estas toman un carcter
particular en cada uno de ellos; cada cual tiene, por decirlo as, un
resorte que conviene conocer y saber manejar. Este resorte, es necesario
descubrir cul es en los demas, para acertar  conducirse bien con
ellos; pero es mas necesario todava descubrirle cada cual en s mismo.
Porque all suele estar el secreto de las grandes cosas as buenas como
malas,  causa de que ese resorte no es mas que una propension fuerte,
que llega  las demas, subordinndolas todas  un objeto. De esta pasion
dominante se resienten todas las otras; ella se mezcla en todos los
actos de vida; ella constituye lo que se llama el carcter.


 XLIII.

El hombre huye de s mismo.

Si no tuvisemos la funesta inclinacion de huir de nosotros mismos, si
la contemplacion de nuestro interior no nos repugnase en tal grado, no
nos seria difcil descubrir cul es la pasion que en nosotros predomina.
Desgraciadamente, de nadie huimos tanto como de nosotros mismos, nada
estudiamos mnos que lo que tenemos mas inmediato y que mas nos
interesa. La generalidad de los hombres descienden al sepulcro, no solo
sin haberse conocido  s propios, sino tambien sin haberlo intentado.
Debiramos tener continuamente la vista fija sobre nuestro corazon para
conocer sus inclinaciones, penetrar sus secretos, refrenar sus mpetus,
corregir sus vicios, evitar sus extravos; debiramos vivir con esa vida
ntima en que el hombre se da cuenta de sus pensamientos y afectos, y no
se pone en relacion con los objetos exteriores, sino despues de haber
consultado su razon y dado  su voluntad la direccion conveniente. Mas
esto no se hace; el hombre se abalanza, se pega  los objetos que le
incitan, viviendo tan solo con esa vida exterior que no le deja tiempo
para pensar en s mismo. Vense entendimientos claros, corazones
bellsimos, que no guardan para s ninguna de las preciosidades con que
los ha enriquecido el Criador; que derraman, por decirlo as, en calles
y plazas el aroma exquisito, que guardado en el fondo de su interior,
podria servirles de confortacion y regalo.

Se refiere de Pascal que habindose dedicado con grande ahinco  las
matemticas y ciencias naturales, se cans de dicho estudio  causa de
hallar pocas personas con quienes poder conversar sobre el objeto de sus
ocupaciones favoritas. Deseoso de encontrar una materia que no tuviera
este inconveniente se dedic al estudio del hombre, pero bien pronto
conoci por experiencia, que los que se ocupaban de estudiar el hombre
eran todavia en menor nmero que los aficionados  las matemticas. Esto
se verifica ahora como en tiempo de Pascal; basta observar al comun de
los hombres para echar de ver cun pocos son los que gustan de semejante
tarea, mayormente tratndose de s mismos.


 XLIV.

Buenos resultados del reflexionar sobre las pasiones.

Cuando se ha adquirido el hbito de reflexionar sobre las inclinaciones
propias, distinguiendo el carcter y la intensidad de cada una de ellas,
aun cuando arrastren una que otra vez al espritu; no lo hacen sin que
este conozca la violencia. Ciegan quizas el entendimiento, pero esta
ceguera no se oculta del todo al que la padece; se dice  s mismo,
crees que ves; mas en realidad no ves; estas ciego. Pero si el hombre
no fija nunca su mirada en su interior, si obra segun le impelen las
pasiones, sin cuidarse de averiguar de dnde nace el impulso; para l
llegan  ser una misma cosa pasion y voluntad, dictmen del
entendimiento  instinto de las pasiones. As la razon no es seora sino
esclava; en vez de dirigir, moderar y corregir con sus consejos y
mandatos las inclinaciones del corazon, se ve reducida  vil instrumento
de ellas; y obligada  emplear todos los recursos de su sagacidad para
proporcionarles goces que las satisfagan.


 XLV.

Sabidura de la religion cristiana en la direccion de la conducta.

La religion cristiana al llevarnos  esa vida moral ntima reflexiva
sobre nuestras inclinaciones, ha hecho una obra altamente conforme  la
mas sana filosofa, y que descubre un profundo conocimiento del corazon
humano. La experiencia ensea que lo que le falta al hombre para obrar
bien, no es conocimiento especulativo y general, sino prctico,
detallado, con aplicacion  todos los actos de la vida. Quin no sabe y
no repite mil veces que las pasiones nos extravian y nos pierden? La
dificultad no est en eso, sino en saber cul es la pasion que influye
en este  aquel caso, cul es la que por lo comun predomina en las
acciones, bajo qu forma, bajo qu disfraz se presenta al espritu, y de
qu modo se deben rechazar sus ataques,  precaver sus estratagemas. Y
todo esto, no como quiera, sino con un conocimiento claro, vivo, y que
por tanto se ofrezca naturalmente al entendimiento, siempre que se haya
de tomar alguna resolucion, aun en los negocios mas comunes.

La diferencia que en las ciencias especulativas media entre un hombre
vulgar y otro sobresaliente, no consiste  menudo sino en que este
conoce con claridad, distincion y exactitud, lo que aquel solo conoce de
una manera inexacta, confusa y oscura; no consiste en el nmero de las
ideas, sino en la calidad; nada dice este sobre un punto, de que tambien
no tenga noticia aquel; ambos miran el mismo objeto, solo que la vista
del uno es mucho mas perfecta que la del otro. Lo propio sucede en lo
relativo  la prctica. Hombres profundamente inmorales hablarn de la
moral, de tal suerte que manifiesten no desconocer sus reglas; pero
estas reglas las saben ellos en general, sin haberse cuidado de hacer
aplicaciones, sin haber reparado en los obstculos que impiden el
ponerlas en planta en tal  cual ocasion, sin que se les ocurran de una
manera pura y viva, cuando se ofrece oportunidad de hacer uso de ellas.
Quien est en posesion de su entendimiento, de la voluntad, del hombre
entero, son las pasiones; esas reglas morales las conservan, por decirlo
as, archivadas en lo mas recndito de su conciencia; ni aun gustan de
mirarlas como objeto de curiosidad, temerosos de encontrar en ellas el
gusano del remordimiento. Por el contrario, cuando la virtud est
arraigada en el alma, las reglas morales llegan  ser una idea familiar,
que acompaa todos los pensamientos y acciones, que se aviva y se agita
al menor peligro, que impera y apremia ntes de obrar, que remuerde
incesantemente si se la ha desatendido. La virtud causa esa continua
presencia intelectual de las reglas morales, y esta presencia  su vez
contribuye  fortalecer la virtud; as es que la religion no cesa de
inculcarlas, segura de que son preciosa semilla que tarde  temprano
dar algun fruto.


 XLVI.

Los sentimientos morales auxilian la virtud.

En ayuda de las ideas morales vienen los sentimientos, que tambien los
hay muy morales, y poderosos, y bellsimos; porque Dios al permitir que
sacudan y conturben nuestro espritu violentas y aciagas tempestades,
tambien ha querido proporcionarnos el blando mecimiento de cfiros
apacibles. El hbito de atender  las reglas morales y de obedecer sus
prescripciones, desenvuelve y aviva estos sentimientos; y entonces el
hombre para seguir el camino de la virtud, combate las inclinaciones
malas con las inclinaciones buenas; las luchas no son de tanto peligro,
y sobre todo no son tan dolorosas; porque un sentimiento lucha con otro
sentimiento, lo que se padece con el sacrificio del uno se compensa con
el placer causado por el triunfo del otro, y no hay aquellos
sufrimientos desgarradores que se experimentan, cuando la razon pelea
con el corazon enteramente sola.

Este desarrollo de los sentimientos morales, ese llamar en auxilio de la
virtud las mismas pasiones, es un recurso poderoso para obrar bien 
ilustrar el entendimiento cuando le ofuscan otras pasiones. Hay en esta
oposicion mucha variedad de combinaciones que dan excelentes resultados.
El amor de los placeres se neutraliza con el amor de la propia dignidad;
el exceso del orgullo se templa con el temor de hacerse aborrecible, la
vanidad se modera por el miedo al ridculo; la pereza se estimula con el
deseo de la gloria; la ira se enfrena por no parecer descompuesto; la
sed de venganza se mitiga  extingue, con la dicha y la honra que
resultan de ser generoso. Con esta combinacion, con la sagaz oposicion
de los sentimientos buenos  los sentimientos malos, se debilitan suave
y eficazmente muchos de los grmenes de mal que abriga el corazon
humano; y el hombre es virtuoso, sin dejar de ser sensible.


 XLVII.

Una regla para los juicios prcticos.

Conocido el principal resorte del propio corazon, y desarrollados tanto
como sea posible los sentimientos generosos y morales; es necesario
saber cmo se ha de dirigir el entendimiento para que acierte en sus
juicios prcticos.

La primera regla que se ha de tener presente es no juzgar ni deliberar
con respecto  ningun objeto mintras el espritu est bajo la
influencia de una pasion relativa al mismo objeto. Cun ofensivo no
parece un hecho, una palabra, un gesto, que acaba de irritar! La
intencion del ofensor, se dice  s mismo el ofendido, no podia ser mas
maligna; se ha propuesto no solo daar sino ultrajar; los circunstantes
deben de estar escandalizados; si no se tomase una pronta y completa
venganza, la sonrisa burlona que asomaba  los labios de todos se
convertiria irremisiblemente en profundo desprecio por quien ha tolerado
que de tal modo se le cubriera de afrentosa ignominia. Es preciso no ser
descompuesto, es verdad; pero hay acaso mayor descompostura que el
abandono del honor? es necesario tener prudencia; pero esta prudencia
debe llegar hasta el punto de dejarse pisotear por cualquiera? Quin
hace este discurso? es la razn? no ciertamente; es la ira. Pero la
ira, se dir, no discurre tanto. S, discurre; porque toma  su servicio
al entendimiento, y este le proporciona todo lo que necesita. Y en este
servicio no deja de auxiliarle  su vez la misma ira; porque las
pasiones en sus momentos de exaltacion, fecundizan admirablemente el
ingenio con las inspiraciones que les convienen.

Queremos una prueba de que quien as discurria y hablaba, no era la
razon sino la ira? hla aqu evidente. Si en lo que piensa el hombre
encolerizado hubese algo de verdad, no la desconocerian del todo los
circunstantes. Tampoco carecen ellos de sentimientos de honor, tambien
estiman en mucho su propia dignidad; saben distinguir entre una palabra
dicha con designio de zaherir, y otra escapada sin intencion ofensiva, y
sin embargo ellos no ven nada de lo que el encolerizado ve con tanta
claridad; y si se sonrien, esa sonrisa es causada, no por la humillacion
que l se imagina haber sufrido, sino por esa terrible explosion de
furor, que no tiene motivo alguno. Mas todava: no es necesario acudir 
los circunstantes para encontrar la verdad; basta apelar al mismo
encolerizado cuando haya desaparecido la ira. Juzgar entnces como
ahora? Es bien seguro que no; l ser tal vez el primero que se reir de
su enojo, y que pedir se le disimule su arrebato.


 XLVIII.

Otra regla.

De estas observaciones nace otra regla, y es que al sentirnos bajo la
influencia de una pasion, hemos de hacer un esfuerzo, para suponernos
por un momento siquiera, en el estado en que su influencia no exista.
Una reflexion semejante, por mas rpida que sea, contribuye mucho 
calmar la pasion, y  excitar en l nimo ideas diferentes de las
sugeridas por la inclinacion ciega. La fuerza de las pasiones se
quebranta, desde el momento que se encuentra en oposicion con un
pensamiento que se agita en la cabeza; el secreto de su victoria suele
consistir en apagar todos los contrarios  ellas, y avivar los
favorables. Pero tan pronto como la atencion se ha dirigido hcia otro
rden de ideas, viene la comparacion, y por consiguiente cesa el
exclusivismo. Entre tanto se desenvuelven otras fuerzas intelectuales y
morales no subordinadas  la pasion, y esta pierde de su primitiva
energa por haber de compartir con otras facultades la vida que ntes
desfrutara sola.

Aconseja estos medios no solo la experiencia de su buen resultado, sino
tambien una razon fundada en la naturaleza de nuestra organizacion. Las
facultades intelectuales y morales nunca se ejercitan sin que funcionen
algunos de los rganos materiales. Ahora bien; entre los rganos
corpreos est distribuida una cierta cantidad de fuerzas vitales de que
disfrutan alternativamente en mayor  menor proporcion, y por
consiguiente con decremento en los unos, cuando hay incremento en los
otros. De lo que resulta, que ha de producir un efecto saludable el
esforzarse en poner en accion los rganos de la inteligencia en
contraposicion con los de las pasiones, y que la energa de estas ha de
menguar  medida que ejerzan sus funciones los rganos de la
inteligencia.

Pero es de advertir que este fenmeno se verificar dirigiendo la
atencion de la inteligencia en un sentido contrario al de las pasiones,
lo que se obtiene trasladndola por un momento al rden de ideas que
tendr, cuando no est bajo un influjo apasionado; pues que si por el
contrario la inteligencia se dirige  favorecer la pasion, entnces esta
se fomenta mas y mas con el auxilio; y lo que pudiese perder en energa,
por decirlo as, puramente orgnica, lo recobra en energa moral, en la
mayor abundancia de recursos para alcanzar el objeto, y en esa especie
de bill de indemnidad con que se cree libre de acusaciones, cuando ve
que el entendimiento ljos de combatirla la apoya.

Este trabajo sobre las pasiones no es una mera teora; cualquiera puede
convencerse por s mismo de que es muy practicable, y de que se sienten
sus buenos efectos tan pronto como se le aplica. Es verdad que no
siempre se acierta en el medio mas  propsito para ahogar, templar 
dirigir la pasion levantada;  que aun encontrado, no se le emplea como
es debido; pero la sola costumbre de buscarle basta para que el hombre
est mas sobre s, no se abandone con demasiada facilidad  los primeros
movimientos, y tenga en sus juicios prcticos un criterio que falta 
los que proceden de otra manera.


 XLIX.

El hombre rindose de s mismo.

Cuando el hombre se acostumbra  observar mucho sus pasiones, hasta
llega  emplear en su interior el ridculo contra si mismo; el ridculo,
esa sal que se encuentra en el corazon y en el labio de los mortales
como uno de tantos preservativos contra la corrupcion intelectual y
moral, el ridculo, que no solo se emplea con fruto contra los demas,
sino tambien contra nosotros mismos, viendo nuestros defectos por el
lado que se prestan  la stira. El hombre se dice entnces  s propio
lo que decirle pudieran los demas; asiste  la escena que se
representaria, si el lance cayera en manos de un adversario de chiste y
buen humor. Que contra otro se emplea tambien en cierto modo la stira,
cuando la empleamos contra nosotros mismos; porqu si bien se observa,
hay en nuestro interior dos hombres que disputan, que luchan, que no
estan nunca en paz, y as como el hombre inteligente, moral, previsor,
emplea contra el torpe, el inmoral, el ciego, la firmeza de la voluntad
y el imperio de la razon, as tambien  veces lo combate y le humilla
con los punzantes dardos de la stira. Stira que puede ser tanto mas
graciosa y libre, cuanto carece de testigos, no hiere la reputacion,
nada hace perder en la opinion de los demas, pues que no llega  ser
expresada con palabras, y la sonrisa burlona que hace asomar  los
labios se extingue en el momento de nacer.

Un pensamiento de esta clase ocurriendo en la agitacion causada por las
pasiones, produce un efecto semejante al de una palabra juiciosa,
incisiva y penetrante, lanzada en medio de una asamblea turbulenta.
Cuntas veces se nota que una mirada expresiva cambia el estado del
espritu de uno de los circunstantes, moderando  ahogando una pasion
enardecida! Y qu ha expresado aquella mirada? nada mas que un recuerdo
del decoro, una consideracion al lugar  a las personas, una
reconvencion amistosa, una delicada irona; nada mas que una apelacion
al buen sentido del mismo que era juguete de la pasion; y esto ha sido
suficiente para que la pasion se amortiguase. El efecto que otro nos
produce porqu no podramos producrnoslo nosotros mismos, si no con
igualdad, al mnos con aproximacion?


 L.

Perpetua niez del hombre.

Poco basta para extraviar al hombre: pero tampoco se necesita mucho para
corregirle algunos defectos. Es mas dbil que malo, dista mucho de
aquella terquedad satnica que no se aparta jamas del mal una vez
abrazado; por el contrario, tanto el bien como el mal los abraza y los
abandona con suma facilidad. Es nio hasta la vejez; presntase  los
demas con toda la seriedad posible; mas en el fondo se encuentra  s
propio pueril en muchas cosas y se avergenza. Se ha dicho que ningun
grande hombre le parecia grande  su ayuda de cmara; esto encierra
mucha verdad. Y es que visto el hombre de cerca, se descubren las
pequeeces que le rebajan. Pero mas cosas sabe l de s mismo que su
ayuda de cmara, y por esto es todava mnos grande  sus propios ojos;
por esto aun en sus mejores aos, necesita cubrir con un velo la
puerilidad que se abriga en su corazon.

Los nios rien y juguetean y retozan: y luego gimen y rabian y lloran,
sin saber muchas veces porqu: no hace lo mismo  su modo el adulto?
Los nios ceden  un impulso de su organizacion, al buen  mal estado de
su salud,  la disposicion atmosfrica que los afecta agradable 
desagradablemente; en desapareciendo estas causas se cambia el estado de
sus espritus: no se acuerdan del momento anterior, ni piensan en el
venidero; solo se rigen por la impresion que actualmente experimentan.
No hace esto mismo millares de veces el hombre mas serio, mas grave y
sesudo?


 LI.

Mudanza de D. Nicasio en breves horas.

Don Nicasio es un varon de edad provecta, de juicio sosegado y maduro,
lleno de conocimientos, de experiencia, y que rara vez se deja llevar
de la impresion del momento. Todo lo pesa en la balanza de una sana
razon, y en este peso no consiente que influyan por un adarme las
pasiones de ningun gnero. Se le habla de una empresa de mucha gravedad
para la cual se cuenta con su prctica de mundo, y su inteligencia
particular en aquella clase de negocios. D. Nicasio est  disposicion
del proponente; no tiene ninguna dificultad en entrar de lleno en la
empresa, y hasta en comprometer en ella una parte de su fortuna. Est
bien seguro de no perderla; si hay obstculos, no le dan cuidado, l
sabe el modo de removerlos; si hay rivales poderosos,  D. Nicasio no le
hacen mella. Otras hazaas de mas monta ha llevado  cabo; negocios
mucho mas espinosos ha tenido que manejar; mas poderosos rivales ha
tenido que vencer. Embebido en la idea que le halaga, se expresa con
facilidad y rapidez, gesticula con viveza, su mirada es sumamente
expresiva, su fisonoma juvenil, dirase que ha vuelto  sus veinte y
cinco abriles, si algunas canas asomando por un lado del postizo no
revelasen traidoramente los trofeos de los aos.

El negocio est concluido; faltan algunos pormenores; quedais emplazado
para redondearlos en otra entrevista; maana? no seor, nada de
dilaciones, no las consiente la actividad de don Nicasio, es preciso
acabar con todo, hoy mismo, por la tarde. D. Nicasio se ha retirado  su
casa, y ni en su persona, ni en su familia, ni en ninguna de sus cosas
ha ocurrido ningun accidente desagradable.

Es la hora sealada, acuds con puntualidad, y os hallais en presencia
del hroe de la maana. D. Nicasio est algo descompuesto en su vestido,
merced  un calor que le ahoga. Medio tentido en el sof, os devuelve el
saludo con un esfuerzo afectuoso, pero con evidentes seales de
fastidiosa lasitud.

--Vamos  ver, Sr. D. Nicasio, si quedamos convenidos definitivamente.

--Tiempo tenemos de hablar.... contesta don Nicasio, y su fisonoma se
contrae con muestras de tedio.

--Como V. me ha citado por esta tarde.....

--S, pero....

--Como V. guste.

--Ya se ve; pero es menester pensarlo mucho; qu s yo!....

--Lo que es dificultades, conozco que hay; solo que vindole  V. tan
animoso esta maana, lo confieso, todo se me hacia ya camino llano.

--Animoso s..... y lo estoy aun..... pero sin embargo, sin embargo,
conviene no llevar demasiada prisa..... En fin ya hablaremos, aade con
expresion de quien desea que no le comprometan.

Don Nicasio es otro, expresa lo que siente; nada de la audacia, de la
actividad de la maana, nada de los proyectos tan fciles de ejecutar;
entnces los obstculos importaban poco, ahora son casi insuperables;
los rivales no significaban nada, ahora son invencibles. Qu ha
sucedido? Le han dado  D. Nicasio otras noticias? no ha visto  nadie.
Ha meditado sobre el negocio? no se habia acordado mas de l. Qu ha
sucedido pues, para causar tamaa revolucion en su espritu, alterando
su modo de ver las cosas, y quebrantando tan lastimosamente sus mpetus
juveniles? Nada, la explicacin del fenmeno es muy sencilla, no
busqueis grandes causas, son muy pequeas. En primer lugar, ahora hace
un calor atroz, lo que por cierto dista mucho del oreo de una fresca
brisa como sucedia por la maana; D. Nicasio est sumamente abatido, la
hora es pesada, el cielo se encapota y parece amenazar tempestad. La
comida era ademas algo indigesta; el sueo de la siesta ha sido
demasiado breve, y no sin alguna pesadilla. Se quiere mas? No son
estos motivos bastante poderosos para trastornar el espritu de un
hombre grave y modificar sus opiniones? A pesar de todas las citas,
quin os ha llevado  su casa bajo una constelacion tan infausta?

Tal es el hombre; la menor cosa le desconcierta, le hace otro. Unido su
espritu  un cuerpo sujeto  mil impresiones diferentes, que se suceden
con tanta rapidez y se reciben con igual facilidad que los movimientos
de la hoja de un rbol, participa en cierto modo de esa inconstancia y
variedad, trasladando con harta frecuencia  los objetos las mudanzas
que solo l ha experimentado.


 LII.

Los sentimientos por si solos, son mala regla de conducta.

Lo dicho manifiesta la imposibilidad de dirigir la conducta del hombre
por solo el sentimiento; y la literatura de nuestra poca, que tan poco
se ocupa de comunicar ideas de razn y de moral, y que al parecer no se
propone sino excitar sentimientos, olvida la naturaleza del hombre, y
causa un mal de inmensa trascendencia.

El entregar al hombre  merced del solo sentimiento, es arrojar un navio
sin piloto en medio de las olas. Esto equivale  proclamar la
infalibilidad de las pasiones,  decir: "obra siempre por instinto,
obedeciendo ciegamente  todos los movimientos de tu corazon;" esto
equivale  despojar al hombre de su entendimiento, de su libre albedro,
 convertirle en simple instrumento de su sensibilidad.

Se ha dicho que los grandes pensamientos salen del corazon; tambien
pudiera aadirse que del corazon salen grandes errores, grandes
delirios, grandes extravagancias, grandes crmenes. Del corazon sale
todo; es un arpa soberbia que despide toda clase de sonidos, desde el
horrendo estrpito de las cavernas infernales hasta la mas delicada
armona de las regiones celestes.

El hombre que no tiene mas guia que su corazon, es el juguete de mil
inclinaciones diversas, y  menudo contradictorias: una lijersima pluma
en medio de una campia donde reinan los vientos, no lleva las
direcciones mas variadas  irregulares. Quin es capaz de contar, ni
clasificar, la infinidad de sentimientos que se suceden en nuestro
pecho, en brevsimas horas? Quin no ha reparado en la asombrosa
facilidad con que se pasa de la viva aficin  un trabajo,  una
repugnancia casi insuperable? Quin no ha sentido simpata  antipata,
 la simple presencia de una persona, sin que pueda sealarse ninguna
razon de ello, y sin que los hechos ofrezcan en lo sucesivo motivo
alguno que justifique aquella impresin? Quin no se ha admirado
repetidas veces de encontrarse transformado en pocos instantes, pasando
del brio al abatimiento, de la osada  la timidez  vice-versa, sin que
hubiese mediado ninguna causa ostensible? Quin ignora las mudanzas que
los sentimientos sufren con la edad, con la diferencia de estado, de
posicion social, de relaciones familiares, de salud, de clima, de
estacion, de atmsfera? Todo cuanto afecta nuestras ideas, nuestros
sentidos, nuestro cuerpo, de cualquier modo que sea, todo modifica
nuestros sentimientos; y de aqu la asombrosa inconstancia que se nota
en los que se abandonan  todos los impulsos de las pasiones; de aqu
esa volubilidad de las organizaciones demasiado sensibles, si no han
hecho grandes esfuerzos para dominarse.

Las pasiones han sido dadas al hombre como medios para despertarle y
ponerle en movimiento, como instrumentos para servirle en sus acciones;
mas no como directoras de su espritu, no como guias de su conducta. Se
dice  veces que el corazon no engaa; lamentable error! qu es
nuestra vida sino un tejido de ilusiones con que el corazn nos engaa?
Si alguna vez acertamos, entregndonos ciegamente  lo que l nos
inspira, cuntas y cuntas nos hace extraviar! Sabeis porqu se
atribuye al corazon ese acierto instintivo? porque nos llama
extremadamente la atencion uno de sus aciertos, cuando nos consta que
son tantos sus desaciertos; porque nos causa extraa sorpresa el verle
adivinar en medio de su ceguera, cuando son tantas las veces que le
encontramos desatinado. Por esto recordamos su acierto excepcional, en
gracia de este le perdonamos todos sus yerros, y le honramos con una
prevision y un tino que no posee ni puede poseer.

El fundar la moral sobre el sentimiento, es destruirla: el arreglar su
conducta  las inspiraciones del sentimiento, es condenarse  no seguir
ninguna fija, y  tenerla frecuentemente muy inmoral y funesta. La
tendencia de la literatura que actualmente est en boga en Francia, y
que desgraciadamente se introduce tambien en nuestra Espaa, es
divinizar las pasiones: y las pasiones divinizadas son extravagancia,
inmoralidad, corrupcion, crimen.


 LIII.

No impresiones sensibles, sino moral y razon.

La conducta del hombre, as con respecto  lo moral como  lo til, no
debe gobernarse por impresiones sino por reglas constantes; en lo moral,
por las mximas de eterna verdad; en lo til, por los consejos de la
sana razon. El hombre no es un Dios en quien todo se santifique por solo
hallarse en l; las impresiones que recibe, son modificaciones de su
naturaleza que en nada alteran las leyes eternas; una cosa justa no
pierde la justicia, por serle desagradable; una cosa injusta, por serle
agradable, no se lava de la injusticia. El enemigo implacable que hunde
el pual vengador en las entraas de su vctima, siente en su corazon un
placer feroz, y su accion no deja de ser un crimen; la hermana de la
caridad que asiste al enfermo, que le alivia y consuela, sufre mas de
una vez tormentos atroces, mas por esto su accion no deja de ser
hericamente virtuosa.

Prescindiendo de lo moral, y atendiendo  lo til, es necesario tratar
las cosas con arreglo  lo que son, no  lo que nos afectan; la verdad
no est esencialmente en nuestras impresiones, sino en los objetos;
cuando aquellas nos ponen en desacuerdo con estos, nos extravian. El
mundo real no es el mundo de los poetas y novelistas: es preciso
considerarle y tratarle tal como es en s; no sentimental, no
fantstico, no soador; sino positivo, prctico, prosico.


 LIV.

Un sentimiento bueno, la exageracion le hace malo.

La religion no sofoca los sentimientos, solo los modera y los dirige; la
prudencia no desecha el auxilio de las pasiones templadas, solo se
guarda de su predominio. La armona no se ha de producir en el hombre
con el simultneo desarrollo de las pasiones, sino con su represion; el
contrapeso de las que se dejen funcionando no son solo las otras
pasiones, sino principalmente la razon y la moral. La oposicion misma de
las inclinaciones buenas  las malas; deja de ser saludable, cuando en
ella no preside como seora la razon; porque las inclinaciones buenas no
son buenas sino en cuanto la razon las dirige y modera: abandonadas  s
mismas, se exageran, se hacen malas.

Un valiente est encargado de un puesto peligroso: el riesgo crece por
momentos;  su alrededor van cayendo sus camaradas: los enemigos se
aproximan cada vez mas; apnas hay esperanza de sostenerse, y la rden
para retirarse no llega. El desaliento entra por un instante en el
corazon del valiente;  qu morir sin ningun fruto? El deber de la
disciplina y del honor se extender hasta un sacrificio intil? No
seria mejor abandonar el puesto, excusarse  los ojos del jefe con lo
imperioso de la necesidad? No, responde su corazon generoso; esto es
cobarda que se cubre con el nombre de prudencia. Qu dirian tus
compaeros, qu tu jefe, qu cuantos te conocen? la ignominia  la
muerte? pues la muerte, sin vacilar, la muerte.

Se puede culpar esa reflexion con que el bravo oficial ha procurado
sostenerse  s mismo, contra la tentacin de cobarda? Ese deseo del
honor, ese horror  la ignominia de pasar por cobarde, no ha sido en l
un sentimiento? s; pero un sentimiento noble, generoso, con cuya fuerza
y ascendiente se ha fortalecido contra las asechanzas del miedo, y ha
cumplido su deber. Esa pasion pues dirigida  un objeto bueno, ha
producido un resultado excelente, que tal vez sin ella no se hubiera
conseguido: en aquellos momentos crticos, terribles, en que el
estruendo del caon, la gritera del enemigo cercano, y los ayes de los
camaradas moribundos, comenzaban  introducir el espanto en su pecho, la
razon enteramente sola tal vez hubiera sucumbido; pero ha llamado en su
ayuda  una pasion mas poderosa que el temor de la muerte: el
sentimiento del honor, la vergenza de parecer cobarde; y la razon ha
triunfado, el deber se ha cumplido.

Llegada la rden de replegarse, el oficial se reune  su cuerpo,
habiendo perdido en el puesto fatal  casi todos sus soldados.--Ya le
tenamos  V. por muerto, le dice chancendose uno de sus amigos; no se
habr V. olvidado del parapeto.--El oficial se cree ultrajado, pide con
calor una satisfaccion, y  las pocas horas el burlon imprudente ha
dejado de existir. El mismo sentimiento que poco ntes impulsara  una
accion herica, acaba de causar un asesinato. El honor, la vergenza de
pasar por cobarde, habian sostenido al valiente, hasta el punto de
hacerle despreciar su vida; el honor, la vergenza de pasar por cobarde,
han teido sus manos con la sangre de un amigo imprudente. La pasion
dirigida por la razon se elev hasta el heroismo; entregada  su mpetu
ciego, se ha degradado hasta el crmen.

La emulacion es un sentimiento poderoso, excelente preservativo contra
la pereza, contra la cobarda, y contra cuantas pasiones se oponen al
ejercicio til de nuestras facultades. De ella se aprovecha el maestro
para estimular  los alumnos; de ella se sirve el padre de familia para
refrenar las malas inclinaciones de alguno de sus hijos; de ella se vale
un capitan para obtener de sus subordinados, constancia, valor, hazaas
hericas. El deseo de adelantar, de cumplir con el deber, de llevar 
cabo grandes empresas, el doloroso pesar de no haber hecho de nuestra
parte todo lo que podamos y debamos, el rubor de vernos excedidos por
aquellos  quienes hubiramos podido superar, son sentimientos muy
justos, muy nobles, excelentes para hacernos avanzar en el camino del
bien. En ellos no hay nada reprensible; ellos son el manantial de muchas
acciones virtuosas, de resoluciones sublimes, de hazaas sorprendentes.

Pero si ese mismo sentimiento se exagera, el nctar aromtico, dulce,
confortador, se trueca en el humor mortifero que fluye de la boca de un
reptil ponzooso, la emulacion se hace envidia. El sentimiento en el
fondo es el mismo, pero se ha llevado  un punto demasiado alto; el
deseo de adelantar ha pasado  ser una sed abrasadora; el pesar de verse
superado, es ya un rencor contra el que supera; ya no hay aquella
rivalidad que se hermanaba muy bien con la amistad mas ntima, que
procuraba suavizar la humillacion del vencido prodigndole muestras de
cario, y sinceras alabanzas por sus esfuerzos; que contenta con haber
conquistado el lauro, le escondia para no lastimar el amor propio de los
demas; hay s, un verdadero despecho, hay una rabia, no por la falta de
los adelantos propios, sino por la vista de los ajenos; hay un verdadero
odio al que se aventaja, hay un vivo anhelo por rebajar el mrito de sus
obras, hay maledicencia, hay el desden con que se encubre un furor mal
comprimido, hay la sonrisa sardnica, que apnas alcanza  disimular los
tormentos del alma.

Nada mas conforme  razon que aquel sentimiento de la propia dignidad,
que se exalta santamente cuando las pasiones brutales excitan  una
accion vergonzosa; que recuerda al hombre lo sagrado de sus deberes, y
no le consiente deshonrarse faltando  ellos; aquel sentimiento que le
inspira la actitud que le conviene tomar, segun la posicion que ocupa;
aquel sentimiento que llena de majestad el semblante y modales del
monarca, que da al rostro y maneras de un pontfice santa gravedad y
uncion augusta; que brilla en la mirada de fuego de un gran capitan y en
su ademan resuelto, osado, imponente; aquel sentimiento que  la dicha
no le permite alegria descompuesta, ni al infortunio abatimiento
ignoble; que seala la oportunidad de un prudente silencio,  sugiere
una palabra decorosa y firme; que deslinda la afabilidad de la nimia
familiaridad, la franqueza del abandono, la naturalidad de los modales
de una libertad grosera; aquel sentimiento en fin que vigoriza al hombre
sin endurecerle, que le suaviza sin relajarle, que le hace flexible sin
inconstancia, y constante sin terquedad. Pero ese mismo sentimiento, si
no est moderado y dirigido por la razon, se hace orgullo; el orgullo
que hincha el corazon, enhiesta la frente, da  la fisonoma un aspecto
ofensivo, y  los modales una afectacion entre irritante y ridcula; el
orgullo que desvanece, que imposibilita para adelantar, que se suscita 
s propio obstculos en la ejecucion, que inspira grandes maldades, que
provoca el aborrecimiento y el desprecio, que hace insufrible.

Qu sentimiento mas razonable que el deseo de adquirir  conservar lo
necesario para las atenciones propias, y de aquellas personas de cuyo
cuidado encargan el deber  el afecto! l previene contra la
prodigalidad, aparta de los excesos, preserva de una vida licenciosa,
inspira amor  la sobriedad, templanza en todos los deseos, aficion al
trabajo. Pero este mismo sentimiento llevado  la exageracion, impone
ayunos que Dios no acepta, frio en el invierno, calor en el verano, mal
cuidado de la salud, abandono en las enfermedades, mortifica con
privaciones  la familia, niega todo favor  los amigos, cierra la mano
para los pobres, endurece cruelmente el corazon para toda clase de
infortunios, atormenta con sospechas, temores, zozobras, prolonga las
vigilias, engendra el insomnio, persigue y agita con la aparicion de
espectros robadores los breves momentos de sueo, haciendo que no pueda
lograr descanso

    El rico avaro en el angosto lecho,
    Y que sudando con terror despierte.

Vase pues con cunta verdad he dicho que los mismos sentimientos buenos
la exageracion los hace malos; que el sentimiento por s solo, es una
guia mas segura, y  menudo peligrosa. La razon es quien debe dirigirle
conforme  los eternos principios de la moral; la razon es quien debe
encaminarle, hasta en el terreno de la utilidad. Por esto jamas el
hombre se ocupa demasiado del conocimiento de s mismo; ningun esfuerzo
est de mas para adquirir aquel criterio moral y acertado, que nos
ensea la verdad prctica, la verdad que debe presidir  todos los actos
de nuestra vida. Proceder  la aventura, abandonarse ciegamente  las
inspiraciones del corazon, es exponerse  mancharse con la inmoralidad,
y  cometer una serie de yerros que acaban por acarrear terribles
infortunios.


 LV.

La ciencia es muy til  la prctica.

En todo lo concerniente  objetos sometidos  leyes necesarias, claro es
que el conocimiento de estas ha de ser utilsimo, cuando no
indispensable. De cuyo principio infiero que discurren muy mal los que
en tratndose de ejecutar, descuidan la ciencia y solo se atienen  la
prctica. La ciencia, si es verdaderamente digna de este nombre, se
ocupa en el descubrimiento de las leyes que rigen la naturaleza; y as
su ayuda ha de ser de la mayor importancia. Tenemos de esta verdad una
irrefragable prueba en lo que ha sucedido en Europa de tres siglos 
esta parte. Desde que se han cultivado las matemticas y las ciencias
naturales, el progreso de las artes ha sido asombroso. En el siglo
actual se estan haciendo continuamente ingeniosos descubrimientos; y
qu son estos, sino otras tantas aplicaciones de la ciencia?

La rutina que desdea  la ciencia, muestra con semejante desden un
orgullo necio, hijo de la ignorancia. El hombre se distingue de los
brutos animales por la razon con que le ha dotado el Autor de la
naturaleza; y no querer emplear las luces del entendimiento para la
direccion de las operaciones, aun las mas sencillas, es mostrarse
ingrato  la bondad del Criador. Para qu se nos ha dado esa antorcha
sino para aprovecharnos de ella en cuanto sea posible? Y si  ella se
deben tan grandes concepciones cientificas, porqu no la hemos de
consultar para que nos suministre reglas que nos guien en la prctica?

Vase el atraso en que se encuentra la Espaa en cuanto  desarrollo
material, merced al descuido con que han sido miradas durante largo
tiempo las ciencias naturales y exactas; comparmonos con las naciones
que no han caido en este error, y nos ser fcil palpar la diferencia.
Verdad es que hay en las ciencias una parte meramente especulativa, y
que difcilmente puede conducir  resultados prcticos; sin embargo es
preciso no olvidar, que aun esta parte al parecer intil, y como si
dijramos de mero lujo, se liga muchas veces con otras que tienen
inmediata relacion con las artes. Por manera que su inutilidad es solo
aparente, pues andando el tiempo se descubren consecuencias en que no se
habia reparado. La historia de las ciencias naturales y exactas nos
ofrece abundantes pruebas de esta verdad, Qu cosa mas puramente
especulativa y al parecer mas estril, que las fracciones continuas? y
no obstante ellas sirvieron  Huigens para determinar las dimensiones de
las ruedas dentadas en la construccion de su autmata planetario.

La prctica sin la teora permanece estacionaria,  no adelanta sino con
muchsima lentitud; pero  su vez, la teora sin la prctica fuera
tambien infructuosa. La teora no progresa ni se solida sin la
observacion, y la observacion estriba en la prctica. Que seria la
ciencia agrcola sin la experiencia del labrador?

Los que se destinen  la profesion de un arte deben, si es posible,
estar preparados con los principios de la ciencia en que aquella se
funda. Los carpinteros, albailes, maquinistas, saldrian sin duda mas
hbiles maestros si poseyesen los elementos de geometra y de mecnica;
y los barnizadores, tintoreros y de otros oficios no andarian tan 
tientas en sus operaciones, si no careciesen de las luces de la qumica.
Si una gran parte del tiempo que se pierde miserablemente en la escuela
y en casa, ocupndose en estudios inconducentes, se emplease en adquirir
los conocimientos preparatorios, acomodados  la carrera que se quiere
emprender, los individuos, las familias y la sociedad reportarian por
cierto mayor fruto de sus tareas y dispendios.

Bueno es que un jven sea literato; pero de qu le servir un brillante
trozo de Walter Scott,  de Vctor Hugo, cuando colocado al frente de un
establecimiento sea preciso conocer los defectos de una mquina, las
ventajas  inconvenientes de un procedimiento,  adivinar el secreto con
que en los paises extranjeros se ha llegado  la perfeccion de un tinte?
Al arquitecto, al ingeniero, sern los artculos de poltica los que
les ensearn  construir un edificio con solidez, elegancia, aptitud y
buen gusto,  formar atinadamente el plan de una carretera  canal, 
dirigir las obras con inteligencia,  levantar una calzada,  suspender
un puente?


 LVI.

Inconvenientes de la universalidad.

El saber es muy costoso y la vida muy breve; y sin enbargo vemos con
dolor que se desparraman las facultades del hombre hcia mil objetos
diferentes, halagando  un tiempo la vanidad y la pereza. La vanidad,
porque de esta suerte se adquiere la reputacion de sabio; la pereza,
porque es harto mas trabajoso el fijarse sobre una materia y dominarla,
que no el adquirir cuatro nociones generales sobre todos los ramos.

Se ponderan de continuo las ventajas de la division del trabajo en la
industria, y no se advierte que este principio es tambien aplicable  la
ciencia. Son pocos los hombres nacidos con felices disposiciones para
todo. Muchos que podrian ser una excelente _especialidad_, dedicndose
principal  exclusivamente  un ramo, se inutilizan miserablemente
aspirando  la universalidad. Son incalculables los daos que de esto
resultan  la sociedad y  los individuos: pues que se consumen
estrilmente muchas fuerzas que bien aprovechadas y dirigidas, habrian
podido producir grandes bienes. Vaucanson y Vatt hicieron prodigios en
la mecnica: y es muy probable que se hubieran distinguido muy poco en
las bellas artes y en la poesa; Lafontaine se inmortaliz con sus
_Fbulas_, y metido  hombre de negocios, hubiera sido de los mas
torpes. Sabido es que en el trato de la sociedad, parecia  veces estar
falto de sentido comun.

No negar que unos conocimientos presten  otros grande auxilio, ni las
ventajas que reporta una ciencia de las luces que le suministran otras,
quizas de un rden totalmente distinto; pero repito que esto es para
pocos, y que la generalidad de los hombres debe dedicarse especialmente
 un ramo.

As en las ciencias como en las artes, lo que conviene es elegir con
acierto la profesion: pero una vez escogida, es preciso aplicarse 
ella  principal  exclusivamente.

La abundancia de libros, de peridicos, de manuales, de enciclopedias
convida  estudiar un poco de todo: esta abundancia indica el gran
caudal de conocimientos atesorados con el curso de los siglos y de que
disfruta la edad presente; pero en cambio acarrea un mal muy grave, y es
que hace perder  muchos en intensidad lo que adquieren en extension; y
 no pocos les proporciona aparentar que saben de todo cuando en
realidad no saben nada.

Si la Espaa ha de progresar de una manera real y positiva, es preciso
que se acuda  remediar este abuso; que se encajonen, por decirlo as,
los ingenios en sus respectivas carreras, y que sin impedir la
universalidad de conocimientos en los que de tanto sean capaces, se
cuide que no falte en algunos la profundidad, y en todos la suficiencia.
La mayor parte de las profesiones demandan un hombre entero, para ser
desempeadas cual conviene; si se olvida esta verdad, las fuerzas
intelectuales se consumen lastimosamente sin producir resultado: como en
una mquina mal construida se pierde gran parte del impulso por falta de
buenos conductos que le dirijan y apliquen.

A quien reflexione sobre el movimiento intelectual de nuestra patria en
la poca presente, se le ofrece de bulto la causa de esa esterilidad que
nos aflige,  pesar de una actividad siempre creciente. Las fuerzas se
disipan, se pierden, porque no hay direccion: los ingenios marchan  la
aventura, sin pensar adnde van: los que profesan con fruto una carrera
la abandonan  la vista de otra que brinda con mas ventajas: y la
revolucion trastornando todos los papeles, haciendo del abogado un
diplomtico, del militar un poltico, del comerciante un hombre de
gobierno, del juez un economista, de nada todo, aumenta el vrtigo de
las ideas, y opone gravsimos obstculos  todos los progresos.


 LVII.

Fuerza de la voluntad.

El hombre tiene siempre un gran caudal de fuerzas sin emplear; y el
secreto de hacer mucho, es acertar  explotarse  s mismo. Para
convencerse de esta verdad basta considerar cunto se multiplican las
fuerzas del hombre que se halla en aprieto: su entendimiento es mas
capaz y penetrante, su corazon mas osado y emprendedor, su cuerpo mas
vigoroso: y esto porqu? se crean acaso nuevas fuerzas? no
ciertamente: solo se despiertan, se ponen en accion, se aplican  un
objeto determinado. Y cmo se logra esto? El aprieto aguijonea la
voluntad, y esta desplega, por decirlo as, toda la plenitud de su
poder: quiere el fin con intensidad y viveza, manda con energa  todas
las facultades que trabajen por encontrar los medios  propsito, y por
emplearlos una vez encontrados; y el nombre se asombra de sentirse otro,
de ser capaz de llevar  cabo lo que en circunstancias ordinarias le
pareciera del todo imposible.

Lo que sucede en extremos apurados, debe ensearnos el modo de
aprovechar y multiplicar nuestras fuerzas en el curso de los negocios
comunes: regularmente, para lograr un fin, lo que se necesita es
_voluntad_: voluntad decidida, resuelta, firme, que marche  su objeto
sin arredrarse por obstculos ni fatigas. Las mas de las veces, no
tenemos verdadera voluntad, sino veleidad; quisiramos, mas no queremos,
quisiramos, si no fuese preciso salir de nuestra habitual pereza,
arrostrar tal trabajo, superar tales obstculos, pero no queremos
alcanzar el fin  tanta costa; empleamos con flojedad nuestras
facultades, y desfallecemos  la mitad del camino.


 LVIII.

Firmeza de voluntad.

La firmeza de voluntad es el secreto de llevar  cabo las empresas
arduas; con esta firmeza comenzamos por dominarnos  nosotros mismos;
primera condicion para dominar los negocios. Todos experimentamos que en
nosotros hay dos hombres; uno inteligente, activo, de pensamientos
elevados, de deseos nobles, conformes  la razon, de proyectos arduos y
grandiosos; otro torpe, sooliento, de miras mezquinas, que se arrastra
por el polvo cual inmundo reptil; que suda de angustia al pensar que se
le hace preciso levantar la cabeza del suelo. Para el segundo no hay el
recuerdo de ayer, ni la prevision de maana; no hay mas que lo presente,
el goce de ahora, lo demas no existe; para el primero hay la enseanza
de lo pasado, y la vista del porvenir; hay otros intereses que los del
momento, hay una vida demasiado anchurosa para limitarla  lo que
afecta en este instante; para el segundo el hombre es un ser que siente
y goza; para el primero el hombre es una criatura racional,  imgen y
semejanza de Dios, que se desdea de hundir su frente en el polvo, que
la levanta con generosa altivez hcia el firmamento, que conoce toda su
dignidad, que se penetra de la nobleza de su orgen y destino, que alza
su pensamiento sobre la region de las sensaciones, que prefiere al goce
el deber.

Para todo adelanto slido y estable, conviene desarrollar al hombre
noble, y sujetar y dirigir al ignoble, con la firmeza de la volundad.
Quien se ha dominado  s mismo domina fcilmente el negocio, y  los
demas que en l toman parte. Porque es cierto que una volundad firme y
constante, ya por s sola, y prescindiendo de las otras cualidades de
quien la posea, ejerce poderoso ascendiente sobre los nimos, y los
sojuzga y avasalla.

La terquedad es sin duda un mal gravsimo, porque nos lleva  desechar
los consejos ajenos, aferrndonos en nuestro dictmen y resolucion,
contra las consideraciones de prudencia y justicia. De ella debemos
precavernos cuidadosamente, porque teniendo su raiz en el orgullo, es
planta que fcilmente se desarrolla. Sin embargo, tal vez podria
asegurarse que la terquedad no es tan comun, ni acarrea tantos daos
como la inconstancia. Esta nos hace incapaces de llevar  cabo las
empresas arduas, y esteriliza nuestras facultades, dejndolas ociosas, 
aplicndolas sin cesar  objetos diferentes, y no permitiendo que llegue
 sazon el fruto de las tareas; ella nos hace retroceder  la vista del
primer obstculo, y desfallecer al presentarse un riesgo  fatiga; ella
nos pone  la merced de todas nuestras pasiones, de todos los sucesos,
de todas las personas que nos rodean; ella nos hace tambien tercos en el
prurito de mudanza, y ella nos hace desoir los consejos de la justicia,
de la prudencia, y hasta de nuestros mas caros intereses.

Para lograr esta firmeza de voluntad, y precaverse contra la
inconstancia, conviene formarse convicciones fijas, prescribirse un
sistema de conducta, no obrar al acaso. Es cierto que la variedad de
acontecimientos y circunstancias, y la escasez de nuestra prevision nos
obligan con frecuencia  modificar los planes concebidos; pero esto no
impide que podamos formarlos, no autoriza para entregarse ciegamente al
curso de las cosas, y marchar  la aventura. Para qu se nos ha dado la
razon sino para valernos de ella, y emplearla como guia en nuestras
acciones?

Tngase por cierto que quien recuerde estas observaciones, quien proceda
con sistema, quien obre con premeditado designio, llevar siempre
notable ventaja sobre los que se conduzcan de otra manera; si son sus
auxiliares, naturalmente se los hallar puestos bajo sus rdenes, y se
ver constituido su caudillo, sin que ellos lo piensen ni l propio lo
pretenda; si son sus adversarios  enemigos, los desbaratar, aun
contando con mnos recursos.

Conciencia tranquila, designio premeditado, voluntad firme; h aqui las
condiciones para llevar a cabo las empresas. Esto exige sacrificios, es
verdad; esto demanda que el hombre se venza  s mismo, es cierto; esto
supone mucho trabajo interior, no cabe duda; pero en lo intelectual como
en lo moral, como en lo fsico; en lo temporal como en lo eterno, est
ordenado que no alcanza la corona quien no arrostra la lucha.


 LIX.

Firmeza, energa, mpetu.

Voluntad firme no es lo mismo que voluntad enrgica, y mucho mnos que
voluntad impetuosa. Estas tres cualidades son muy diversas, no siempre
se hallan reunidas, y no es raro que se excluyan reciprocamente. El
mpetu es producido por un acceso de pasion, es el movimiento de la
voluntad arrastrada por la pasion, es casi la pasion misma. Para la
energa no basta un acceso momentneo; es necesaria una pasion fuerte,
pero sostenida por algun tiempo. En el mpetu hay explosion, el tiro
sale, mas el proyectil cae  poca distancia; en la energa hay explosion
tambien, quizas no tan ruidosa, pero en cambio el proyectil silba gran
trecho por los aires, y alcanza un blanco muy distante. La firmeza no
requiere ni uno ni otro;  veces no consiente ni uno ni otro; admite
tambien pasion, frecuentemente la necesita; pero es una pasion
constante, con direccion fija, sometida  regularidad. El mpetu, 
destruye en un momento todos los obstculos  se quebranta; la energa
sostiene algo mas la lucha, pero se quebranta tambien; la firmeza los
remueve si puede, cuando no, los salva, da un rodeo, y si ni uno ni
otro le es posible, se para y espera.

Mas no debe creerse que esta firmeza no pueda tener en ciertos casos
energa, mpetu irresistible; despues de esperar mucho, tambien se
impacienta, y una resolucion extrema es tanto mas temible cuanto es mas
premeditada, mas calculada. Esos hombres en apariencia frios, pero que
en realidad abrigan un fuego concentrado y comprimido, son formidables
cuando llega el momento fatal y dicen ahora.... Entnces clavan en el
objeto su mirada encendida y se lanzan  l rpidos como el rayo,
certeros como una flecha.

Las fuerzas morales son como las fsicas; necesitan ser economizadas;
los que  cada paso las prodigan las pierden; los que las reservan con
prudente economa, las tienen mayores en el momento oportuno. No son las
voluntades mas firmes las que chocan continuamente con todo; por el
contrario los muy impetuosos ceden cuando se les resiste, atacan cuando
se cede. Los hombres de voluntad mas firme no suelen serlo para las
cosas pequeas; las miran con lstima, no las consideran dignas de un
combate. As en el trato comun son condescendientes, flexibles, desisten
con facilidad; se prestan  lo que se quiere. Pero llegada la ocasion,
sea por presentarse un negocio grande en que convenga desplegar las
fuerzas, sea porque alguno de los pequeos haya sido llevado  un
extremo tal en que no se pueda condescender mas, y sea necesario decir,
_basta_; entnces no es mas impetuoso el leon, si se trata de atacar, no
es mas firme la roca, si se trata de resistir.

Esa fuerza de voluntad que da valor en el combate y fortaleza en el
sufrimiento; que triunfa de todas las resistencias, que no retrocede por
ningun obstculo, que no se desalienta con el mal xito, ni se quebranta
con los choques mas rudos; esa voluntad, que segun la oportunidad del
momento, es fuego abrasador,  frialdad aterradora; que segun conviene,
pinta en el rostro formidable tempestad,  una serenidad todava mas
formidable; esa gran fuerza de voluntad, que es hoy lo que era ayer, que
ser maana lo que es hoy; esa gran fuerza de voluntad sin la que no es
posible llevar  cabo arduas empresas que exijan dilatado tiempo; que es
uno de los caractres distintivos de los hombres que mas se han sealado
en los fastos de la humanidad, de los hombres que viven en los
monumentos que han levantado, en las instituciones que han establecido,
en las revoluciones que han hecho,  en los diques con que las han
contenido; esa gran fuerza de voluntad que poseian los grandes
conquistadores, los jefes de sectas, los descubridores de nuevos mundos,
los inventores que consumieron su vida en busca de su invento, los
polticos que con mano de hierro amoldaron la sociedad  una nueva
forma, imprimindola un sello que despues de largos siglos no se ha
borrado aun; esa fuerza de voluntad que hace de un humilde fraile un
gran papa en Sixto V, un gran regente en Cisneros; esa fuerza de
voluntad que cual muro de bronce detiene el protestantismo en la cumbre
del Pirineo, que arroja sobre la Inglaterra una armada gigantesca, y
escucha impasible la nueva de su prdida, que somete el Portugal, vence
en San Quintin, levanta el Escorial, y que en el sombro ngulo del
monasterio, contempla con ojos serenos la muerte cercana; mintras

    Extraa agitacion, tristes clamores
    En el palacio de _Felipe_ cunden,
    Que por el claustro y poblacion  un tiempo
    Con angustiados ayes se difunden;

esa fuerza de voluntad, repito, necesita dos condiciones  mas bien
resulta de la accion combinada de dos causas; una idea, y un
sentimiento. Una idea clara, viva, fija, poderosa, que observa el
entendimiento, ocupndole todo, llenndole todo. Un sentimiento fuerte,
enrgico, dueo exclusivo del corazon y completamente subordinado  la
idea. Si alguna de estas circunstancias falta, la voluntad flaquea,
vacila.

Cuando la idea no tiene en su apoyo el sentimiento, la voluntad es
floja; cuando el sentimiento no tiene en su apoyo la idea, la voluntad
vacila, es inconstante. La idea es la luz que seala el camino; es mas,
es el punto luminoso que fascina, que atrae, que arrastra; el
sentimiento es el impulso, es la fuerza que mueve, que lanza.

Cuando la idea no es viva, la atraccion disminuye, la incertidumbre
comienza, la voluntad es irresoluta; cuando la idea no es fija, cuando
el punto luminoso muda de lugar, la voluntad anda mal segura; cuando la
idea se deja ofuscar  reemplazar por otras, la voluntad muda de
objetos, es voluble; y cuando el sentimiento no es bastante poderoso,
cuando no est en proporcion con la idea, el entendimiento la contempla
con placer, con amor, quizas con entusiasmo, pero el alma no se halla
con fuerzas para tanto: el vuelo no puede llegar all; la voluntad no
intenta nada, y si intenta, se desanima y desfallece.

Es increible lo que pueden esas fuerzas reunidas; y lo extrao es que su
poder no es solo con respecto al que las tiene, sino que obra
eficazmente sobre los que le rodean. El ascendiente que llega  ejercer
sobre los demas un hombre de esta clase, es superior  todo
encarecimiento. Esa fuerza de voluntad, sostenida y dirigida por la
fuerza de una idea, tiene algo de misterioso que parece revestir al
hombre de un carcter superior y le da derecho al mando de sus
semejantes: inspira una confianza sin lmites, una obediencia ciega 
todos los mandatos del hroe. Aun cuando sean desacertados, no se los
cree tales; se considera que hay un plan secreto que no se concibe: l
sabe bien lo que hace, decian los soldados de Napoleon, y se arrojaban
 la muerte.

Para los usos comunes de la vida no se necesitan estas cualidades en
grado tan eminente; pero el poseerlas del modo que se adapte al talento,
ndole y posicion del individuo, es siempre muy til y en algunos casos
necesario. De esto dependen en gran parte las ventajas que unos llevan 
otros en la buena direccion y acertado manejo de los asuntos; pudiendo
asegurarse que quien est enteramente falto de dichas cualidades ser
hombre de poco valer, incapaz de llevar  cabo ningun negocio
importante. Para las grandes cosas es necesaria gran fuerza, para las
pequeas basta pequea; pero todas han menester alguna. La diferencia
est en la intensidad y en los objetos: mas no en la naturaleza de las
facultades ni de su desarrollo. El hombre grande como el vulgar, se
dirigen por el pensamiento, y se mueven por la voluntad y las pasiones.
En ambos la fijeza de la idea y la fuerza del sentimiento, son los dos
principios que dan  la voluntad energa y firmeza. Las piedrezuelas que
arrebata el viento estan sometidas  las mismas leyes que la masa de un
planeta.


 LX.

Conclusion y resmen.

Criterio es un medio para conocer la verdad. La verdad en las cosas es
la realidad. La verdad en el entendimiento, es conocer las cosas tales
como son. La verdad en la voluntad es quererlas como es debido, conforme
 las reglas de la sana moral. La verdad en la conducta es obrar por
impulso de esta buena voluntad. La verdad en proponerse un fin, es
proponerse el fin conveniente y debido, segun las circunstancias. La
verdad en la eleccion de los medios es elegir los que son conformes  la
moral, y mejor conducen al fin. Hay verdades de muchas clases; porque
hay realidad de muchas clases. Hay tambien muchos modos de conocer la
verdad. No todas las cosas se han de mirar de la misma manera, sino del
modo que cada una de ellas se ve mejor. Al hombre le han sido dadas
muchas facultades. Ninguna es intil. Ninguna es intrnsecamente mala.
La esterilidad  la malicia les vienen de nosotros que las empleamos
mal. Una buena lgica debiera comprender al hombre entero; porque la
verdad est en relacion con todas las facultades del hombre. Cuidar de
la una, y no de la otra, es  veces esterilizar la segunda, y malograr
la primera. El hombre es un mundo pequeo: sus facultades son muchas y
muy diversas; necesita armona, y no hay armona sin atinada
combinacion, y no hay combinacion atinada si cada cosa no est en su
lugar; si no ejerce sus funciones  las suspende en el tiempo oportuno.
Cuando el hombre deja sin accion alguna de sus facultades, es un
instrumento al que le faltan cuerdas; cuando las emplea mal es un
instrumento destemplado. La razon es fria, pero ve claro; darle calor, y
no ofuscar su claridad: las pasiones son ciegas, pero dan fuerza; darles
direccion, y aprovecharse de su fuerza. El entendimiento sometido  la
verdad; la voluntad sometida  la moral; las pasiones sometidas al
entendimiento y  la voluntad, y todo ilustrado, dirigido, elevado por
la religion; h aqu el hombre completo; el hombre por excelencia. En l
la razon da luz, la imaginacion, pinta, el corazon vivifica, la religion
diviniza.


FIN.




NOTAS


[1] Pg. 7.--_Verum est id quod est_, dice san Agustin (Lib. 2. Solil.
cap. 5). Puede distinguirse entre la verdad de la cosa y la verdad del
entendimiento: la primera, que es la cosa misma, se podr llamar
objetiva; la segunda, que es la conformidad del entendimiento con la
cosa, se apellidar formal,  subjetiva. El oro es metal,
independientemente de nuestro conocimiento; h aqu una verdad objetiva.
El entendimiento conoce que el oro es metal, h aqu una verdad formal 
subjetiva.

Mucha presuncion seria el despreciar las reglas para pensar bien.
Nullam dicere maximarum rerum esse artem, cum minimarum sine arte nulla
sit, hominum est parum considerate loquentium. Es de hombres lijeros,
decia Ciceron, el afirmar que para las grandes cosas no hay arte, cuando
de l no carecen ni las mas pequeas. (Lib. 2. de offic.) En la
utilidad de las reglas han estado acordes los sabios antiguos y
modernos: la dificultad pues est en saber cules son estas, cul es el
mejor modo de ensear  practicarlas. _Don de los dioses_ llam Scrates
 la lgica, mas por desgracia, no nos aprovechamos lo bastante de este
don precioso, y las cavilaciones de los hombres le hacen intil para
muchos. Los aristotlicos han sido acusados de embrollar el
entendimiento de los principiantes con la abundancia de las reglas, y el
frrago de discusiones abstractas; en cambio, las escuelas que les han
sucedido, y particularmente los idelogos mas modernos, no estan libres
del todo de un cargo semejante. Algunos reducen la lgica  un anlisis
de las operaciones del entendimiento, y de los medios con que se
adquieren las ideas; lo que encierra las mas altas y difciles
cuestiones que ofrecerse puedan  la humana filosofa.

Quisiramos un poco mnos de ciencia y un poco mas de prctica;
recordando lo que dice Bacon de Verulamio sobre el arte de observacion,
cuando le llama una especie de sagacidad, de olfato cazador, mas bien
que ciencia. Ars experimentalis sagacitas potius est et odoratio qudam
venatica quam scientia. (De Augm. scient. L. 5. c. 2.)

[2] Pg. 10.--Los hombres mas insignes en el mundo cientfico se han
distinguido por una gran fuerza de atencion; y algunos de ellos por una
abstraccion que raya en lo increible. Arquimedes ocupado en sus
meditaciones y operaciones geomtricas, no advierte el estrpito de la
ciudad tomada por los enemigos. Vieta pasa sin interrupcion dias y
noches absorto en sus combinaciones algebricas y no se acuerda de s
propio, hasta que le arrancan de tamaa enajenacion sus domsticos y
amigos; Leibnitz malbarata lastimosamente su salud, estando muchos dias
sin levantarse de la silla. Esta abstraccion extraordinaria es
respetable en hombres que de tal suerte han enriquecido las ciencias con
admirables inventos; ellos tenian verdaderamente una mision que cumplir,
y en cierto modo era excusable que  tan alto objeto sacrificaran su
salud y su vida. Pero aun en los genios mas eminentes no ha estado
reida la intensidad de la atencion con su flexibilidad: Descartes
estaba elaborando sus colosales concepciones entre el estruendo de los
combates; y cuando cansado de la vida militar se retir del servicio en
que se habia alistado voluntariamente, continu viajando por los
principales paises de Europa. Con semejante tenor de vida, es muy
probable que el ilustre filsofo habia sabido enlazar la intensidad con
la flexibilidad de la atencion, y que no seria tan delicado en la
materia como Kant, de quien se dice, que el solo desarreglo  cambio de
un boton en uno de sus oyentes era capaz de hacerle perder el hilo del
discurso. Esto no es tan extrao si se considera que el filsofo aleman
jamas sali de su patria, y que por tanto no debi de acostumbrarse 
meditar sino en el retiro de su gabinete. Pero sea lo que fuere de las
rarezas de algunos hombres clebres, importa sobre manera esforzarse en
adquirir esa flexibilidad de atencion que puede muy bien aliarse con su
intensidad. En esto como en todas las cosas puede mucho el trabajo, la
repeticion de actos, que llegan  engendrar un hbito que no se pierde
en toda la vida. Acostumbrndose  pensar sobre cuantos objetos se
ofrecen, y  dar constantemente al espritu una direccion seria, se
consigue lentamente, y sin esfuerzo, la conveniente disposicion de
nimo, ya sea para fijarse largas horas sobre un punto, ya para hacer
suavemente la transicion de unas ocupaciones  otras. Cuando no se posee
esta flexibilidad, el espritu se fatiga y enerva con la concentracion
excesiva  se desvanece con cualquiera distraccion; lo primero,  mas de
ser nocivo  la salud, tampoco suele servir mucho para progresar en la
ciencia; y lo segundo inutiliza el entendimiento para los estudios
serios. El espritu como el cuerpo ha menester un buen rgimen; y en
este rgimen hay una condicion indispensable: la templanza.

[3] Pg. 14.--Un hombre dedicado  una profesion para la cual no ha
nacido, es una pieza dislocada: sirve de poco, y muchas veces no hace
mas que sufrir y embarazar. Quizas trabaja con celo, con ardor; pero sus
esfuerzos  son impotentes,  no corresponden ni con mucho  sus deseos.
Quien haya observado algun tanto sobre este particular, habr notado
fcilmente los malos efectos de semejante dislocacion. Hombres muy bien
dotados para un objeto, se muestran con una inferioridad lastimosa
cuando se ocupan de otro. Uno de los talentos mas sobresalientes que he
conocido en lo tocante  ciencias morales y polticas, le considero
mucho mnos que mediano con respecto  las exactas; y al contrario, he
visto  otros de feliz disposicion para adelantar en estas, y muy poco
capaces para aquellas.

Y lo singular en la diferencia de los talentos es que aun tratndose de
una misma ciencia, los unos son mas  propsito que otros para
determinadas partes. As se puede experimentar en la enseanza de las
matemticas que la disposicion de un mismo alumno no es igual con
respecto  la Aritmtica, Algebra y Geometra. En el clculo, unos se
adiestran con facilidad en la parte de aplicacion, mintras no adelantan
igualmente ni con mucho, en la de generalizacion; unos adelantan en la
Geometra mas de lo que habian hecho esperar en el estudio del Algebra y
Aritmtica. En la demostracion de los teoremas, en la resolucion de los
problemas, se echan de ver diferencias muy sealadas: unos se aventajan
en la facilidad de aplicar, de construir, pero detenindose, por decirlo
as, en la superficie, sin penetrar en el fondo de las cosas; al paso
que otros no tan diestros en lo primero, se distinguen por el talento de
demostracion, por la facilidad en generalizar, en ver resultados, en
deducir consecuencias lejanas. Estos ltimos son hombres de ciencia, los
primeros son hombres de prctica;  aquellos les conviene el estudio, 
estos el trabajo de aplicacion.

Si estas diferencias se notan en los lmites de una misma ciencia, qu
ser cuando se trate de las que versan sobre objetos los mas distantes
entre s? y sin embargo, quin cuida de observarlas, y mucho mnos de
dirigir  los nios y  los jvenes por el camino que les conviene? A
todos se nos arroja, por decirlo as, en un mismo molde: para la
eleccion de las profesiones suele atenderse  todo, mnos  la
disposicion particular de los destinados  ellas. Cunto y cunto falta
que observar en materia de educacion  instruccion!

En la acertada eleccion de la carrera no solo se interesa el adelanto
del individuo, sino la felicidad de toda su vida. El hombre que se
dedica  la ocupacion que se le adapta, disfruta mucho, aun entre las
fatigas del trabajo; pero el infeliz que se halla condenado  tareas
para las cuales no ha nacido, ha de estar violentndose continuamente,
ya para contrariar sus inclinaciones, ya para suplir con esfuerzo lo que
le falta en habilidad.

Algunos de los hombres que mas se han distinguido en la respectiva
profesion, habrian sido probablemente muy medianos, si se hubiesen
dedicado  otra que no les conviniera. Malebranche se ocupaba en el
estudio de las lenguas y de la historia, y no daba muestras de ninguna
disposicion muy aventajada, cuando acert  entrar en la tienda de un
librero, donde le cay en manos el _Tratado del hombre_ de Descrtes.
Causle tanta impresion aquella lectura, que se cuenta haber tenido que
interrumpirla mas de una vez para calmar los fuertes latidos de su
corazon. Desde aquel dia Malebranche se dedic al estudio que tan
perfectamente se le adaptaba; y diez aos despues publicaba ya su famosa
obra de la _Investigacion de la verdad_. Y es que la palabra de
Descartes despert el genio filosfico adormecido en el jven bajo la
balumba de las lenguas y de la historia: sintise otro, conoci que l
era capaz de comprender aquellas altas doctrinas, y como el poeta al
leer  otro poeta, exclam: _tambien yo soy filsofo_.

Una cosa semejante le sucedi  Lafontaine. Habia cumplido veinte y dos
aos, sin dar muestras de abrigar genio potico. No lo conoci l mismo
hasta que ley la oda de Malherbe sobre el asesinato de Enrique IV. Y
este mismo Lafontaine que tan alto ray en la poesa, qu hubiera sido
como hombre de negocios? Sus inocentadas que tanto daban que reir  sus
amigos, no son muy buen indicio de felices disposiciones para este
gnero.

He dicho que convenia observar el talento particular de cada nio para
dedicarle  la carrera que mejor se le adapta: y que seria bueno
observar lo que dice  hace cuando se encuentra con ciertos objetos.
Madama Perier, en la _Vida_ de su hermano Pascal, refiere que siendo
nio le llam un dia la atencion el fenmeno del diverso sonido de un
plato herido con un cuchillo, segun se le aplicaba el dedo  se le
retiraba; y que despues de reflexionar mucho sobre la causa de esta
diferencia escribi un pequeo tratado sobre ella. Este espritu
observador en tan tierna edad no anunciaba ya al ilustre fsico del
experimento de Puy-de-Dme confirmando las ideas de Torricelli y
Galileo?

El padre de Pascal deseoso de formar el espritu de su hijo,
fortalecindole con otra clase de estudios ntes de pasar al de las
matemticas, hasta evitaba el hablar de geometra en presencia del nio;
pero este encerrado en su cuarto, traza figuras con un carbon, y
desenvolviendo la definicion de la geometra que habia oido, demuestra
hasta la proposicion 32 de Euclides. El genio del eminente gemetra se
debatia bajo una inspiracion poderosa, que todava no era l capaz de
comprender.

El clebre Vaucanson se ocupa en examinar atentamente la construccion de
un reloj de una antesala donde estaba esperando  su madre; en vez de
juguetear, acecha por las hendiduras de la caja, por si puede descubrir
el mecanismo: y luego despues se ensaya en construir uno de madera que
revela el asombroso genio del ilustre constructor del _flautista_, y del
_spid de Cleopatra_.

Bossuet  la edad de 16 aos improvisaba en el palacio de Rambouillet un
sermon que por la copia de pensamientos y facilidad de expresion y de
estilo, admiraba al concurso compuesto de los talentos mas escogidos que
 la sazon contaba la Francia.

[4] Pg. 25.--He dicho que la teora de las probabilidades auxiliada por
la de las combinaciones, pone de manifiesto la imposibilidad que he
llamado de sentido comun, calculando, por decirlo as, la inmensa
distancia que va de la posibilidad del hecho  su existencia; distancia
que nos le hace considerar como poco mnos que absolutamente imposible.
Para dar una idea de esto supondr que se tengan siete letras e, s, p,
a, , o, l, y que disponindolas  la aventura, se quiere que salga la
palabra _espaol_. Es claro que no hay imposibilidad intrnseca, pues
que lo vemos hecho todos los dias, cuando  la combinacion preside la
inteligencia del cajista; pero en faltando esta inteligencia, no hay mas
razon para que resulten combinadas de esta manera que de la otra. Ahora
bien: teniendo presente que el nmero de combinaciones de diferentes
cantidades es igual  1234.......(n-1)n, expresando n el nmero de
los factores; siendo siete las letras en el caso presente, el nmero de
combinaciones posibles ser igual  1234567.=5040.

Ahora: recordando que la probabilidad de un hecho es la relacion del
nmero de casos posibles, resulta que la probabilidad de salir por acaso
las siete letras dispuestas de modo que formen la palabra _espaol_, es
igual  1/5040. Por manera que estaria en el mismo caso que el salir una
bola negra de una urna donde hubiese 5039 bolas blancas.

Si es tanta la dificultad que hay en que resulte formada una sola
palabra de siete letras; qu ser si tomamos por ejemplo un escrito en
que hay muchas pginas, y por tanto gran nmero de palabras? La
imaginacion se asombra al considerar la inconcebible pequeez de la
probabilidad cuando se atiende  lo siguiente: 1. La formacion casual
de una sola palabra es poco mnos que imposible, qu ser con respecto
 millares de palabras? 2. Las palabras sin el debido rden entre s no
dirian nada, y por tanto seria necesario que saliesen del modo
correspondiente para expresar lo que se queria. Siete solas palabras nos
costarian el mismo trabajo que las siete letras. 3. Esto es verdad, aun
no exigiendo disposicion en lneas, y suponindolo todo en una sola;
qu ser si se piden lneas? Solo siete nos traern la misma dificultad
que las siete palabras y las siete letras. 4. Para formarse una idea
del punto  que llegaria el guarismo que expresase los casos posibles,
advirtase que nos hemos limitado  un nmero de los mas bajos, el
_siete_; advirtase que hay muchas palabras de mas letras; que todas las
lneas habrian de constar de algunas palabras, y todas las pginas de
muchas lineas. 5. Y finalmente, reflexinese adnde va  parar un
nmero que se forma con una ley tan aumentativa como esta
12345678 ... (n-1)n. Sgase por breve rato la multiplicacion y se
ver que el incremento es asombroso.

En la mayor parte de los casos en que el sentido comun nos dice que hay
imposibilidad, son muchas las cantidades por combinar, entendiendo por
cantidades todos los objetos que han de estar dispuestos de cierto modo
para lograr el objeto que se desea. Por poco elevado que sea este
nmero, el clculo demuestra ser la probabilidad tan pequea, que ese
instinto con el cual desde luego, sin reflexionar, decimos esto no
puede ser es admirable, por lo fundado que est en la sana razon.
Pondr otro ejemplo. Suponiendo que las cantidades son en nmero de 100,
el de las combinaciones posibles ser 123456.... 99100. Para
concebir la increible altura  que se elevara este producto,
considrese que se han de sumar los logaritmos de todas estas
cantidades, y que las solas _caractersticas_, prescindiendo de las
_mantisas_ dan 92: lo que por s solo da una cantidad igual  la unidad
seguida de 92 ceros. Smense las _mantisas_, y adase el resultado de
los enteros  las _caractersticas_, y se ver que este nmero crece
todava mucho mas. Sin fatigarse con clculos se puede formar idea de
esta clase de aumento. As suponiendo que el nmero de las cantidades
combinables sea diez mil, por la suma de las solas _caractersticas_ de
los factores se tendria una _caracterstica_ igual  28894; es decir que
aun no llevando en cuenta lo muchsimo que subiria la suma de las
_mantisas_, resultaria un nmero igual  la unidad seguida de 28894
ceros. Concbase si se puede lo que es un nmero, que por poco espesor
que en la escritura se d  los ceros, tendr la longitud de algunas
varas; y vase si no es muy certero el instinto que nos dice ser
imposible una cosa cuya probabilidad es tan pequea que est
representada por un quebrado cuyo numerador es la unidad, y cuyo
denominador es un nmero tan colosal.

[5] Pg. 35.--He creido intil ventilar en esta obra las muchas
cuestiones que se agitan sobre los sentidos, en sus relaciones con los
objetos externos, y la generacion de las ideas. Esto me hubiera llevado
fuera de mi propsito, y ademas no habria servido de nada para ensear 
hacer buen uso de los mismos sentidos. En otra obra, que tal vez no
tarde en dar  luz, me propongo examinar estas cuestiones con la
extension que su importancia reclama.

[6] Pg. 47.--Lo que he dicho sobre las consecuencias que
instintivamente sacamos de la coexistencia  sucesion de los fenmenos,
est ntimamente enlazado con lo explicado en la _Nota 4_, sobre la
imposibilidad de sentido comun. De esto puede sacarse una demostracion
incontrastable en favor de la existencia de Dios.

[7] Pg. 56.--Los que crean que la moral cristiana induce fcilmente 
error por un exceso de caridad, conocen poco esta moral, y no han
reflexionado mucho sobre los dogmas fundamentales de nuestra religion.
Uno de ellos es la corrupcion original del hombre, y los estragos que
esta corrupcion produce en el entendimiento y en la voluntad. Semejante
doctrina es acaso muy  propsito para inspirar demasiada confianza?
Los libros sagrados no estan llenos de narraciones en que resaltan la
perfidia y la maldad de los hombres? La caridad nos hace amar  nuestros
hermanos, pero no nos obliga  reputarlos por buenos, si son malos, no
nos prohibe el sospechar de ellos, cuando hay justos motivos, ni nos
impide el tener la cautela prudente, que de suyo aconseja el conocer la
miseria y la malicia del humano linaje.

[8] Pg. 67.--Para convencerse de que no he exagerado al ponderar el
peligro de ser inducidos en error por los narradores, basta considerar
que aun con respecto  paises muy conocidos, la historia se est
_rehaciendo_ continuamente, y tal vez en este siglo mas que en los
anteriores. Todos los dias se estan publicando obras en que se enmiendan
errores, verdaderos  imaginarios; pero lo cierto es que en muchos
puntos gravsimos hay una completa discordancia en las opiniones. Esto
no debe conducir al escepticismo, pero s inspirar mucha cautela. La
autoridad humana es una condicion indispensable para el individuo y la
sociedad: pero es preciso no fiarse demasiado en ella. Para engaarnos
basta  mala fe  error. Desgraciadamente, estas cosas no son raras.

[9] Pg. 72.--Es muy dudoso si el periodismo causar dao  provecho 
la historia de lo presente; pero no puede negarse que multiplicar el
nmero de los historiadores con la mayor circulacion de documentos.
Antes, para proporcionarse algunos de ellos era necesario recurrir 
secretaras  archivos; mas ahora, son pocos los que son tan reservados
que  desde luego,   la vuelta de algun tiempo, no caigan en manos de
un peridico; y por poco que valgan, pueden contar con infinitas
reimpresiones en varias lenguas. Por manera que ahora las colecciones de
peridicos son excelentes memorias para escribir la historia. Esto
aumenta el nmero de los hechos en que se pueda fundar el historiador; y
de que puede aprovecharse con gran fruto, con tal que no confunda el
texto con el comentario.

[10] Pg. 78.--Al leer algun libro de viajes, no debemos buscar el
captulo de paises lejanos, sino de aquellos cuyos pormenores nos sean
muy conocidos; esto proporciona el juzgar con acierto de la obra, y 
veces no escasa diversion. Entnces se palpa la lijereza con que se
escriben ciertos viajes. Una poblacion que tenia yo bien conocida, y
cuyos alrededores secos y pedregosos habia recorrido no pocas veces, la
he visto en un libro de viajes cercada como por encanto de jardines y
arroyos; y  otra en que se habla de las aguas de un rio no lejano,
como de un bello sueo que algun dia se pudiera realizar, la he visto
tambien en otro libro regalada ya con la ejecucion del hermoso proyecto,
 mejor dir, sin necesidad de l, pues que el cauce del rio estaba
junto  sus murallas.

[11] Pg. 89.--He manifestado mucha desconfianza de las obras pstumas,
sobre todo si el autor no ha podido darles la ltima mano, dejndolas 
persona de muy segura entereza, y que no haya de hacer mas que
publicarlas. Entre los muchos ejemplos que se pudieran citar, en que la
falsificacion ha sido probada,  en que se ha sospechado no sin fuertes
indicios, recordar un hecho gravsimo, cual es lo que est sucediendo
en Francia con respecto  una obra muy importante: _Los Pensamientos de
Pascal_. En el espacio de dos siglos se han publicado numerosas
ediciones de esta obra, y ha sido traducida en diferentes lenguas, y
todava en 1845 estan disputando M. Cousin y M. Faugre sobre pasajes de
gran trascendencia. M. Cousin pretendia haber restablecido el verdadero
Pascal, haciendo desaparecer las enmiendas introducidas en la obra por
la mano de Port-Royal, y ahora M. Faugre ha dado  luz otra edicion, de
la cual resulta que solo l ha consultado el escrito autgrafo, y que M.
Cousin, el mismo M. Cousin, se habia limitado, por lo general,  las
copias. Fiaos de editores.

[12] Pg. 102.--Lo dicho en la _Nota 3_ sobre la diferencia de los
talentos deja fuera de duda lo que acabo de asentar en el captulo XII.
Sin embargo para hacer sentir que la escena de los _Sabios resucitados_
no es una ficcion exagerada, citar un ejemplo que equivale  muchos.
Quin hubiera pensado que un escritor tan fecundo, tan brillante, tan
lozano y pintoresco como Buffon, no fuese poeta ni capaz de hacer
justicia  los poetas mas eminentes? Tratndose de un hombre que solo se
hubiese distinguido en las ciencias exactas, esto no fuera extrao;
pero en Buffon, en el magnfico pintor de la naturaleza, cmo se
concibe esta anomala? Sin embargo la anomala existi, y esto basta 
manifestar que no solo pueden encontrarse separados dos gneros de
talento muy diversos, sino tambien los que al parecer solo se distinguen
por un lijero matiz. Yo he visto, dice Laharpe, al respetable anciano
Buffon, afirmar con mucha seguridad que los versos mas hermosos estaban
llenos de defectos, y que no alcanzaban ni con mucho  la perfeccion de
una buena prosa. No vacilaba en tomar por ejemplo los versos de la
_Athalia_ y hacer una minuciosa crtica de los de la primera escena.
Todo lo que dijo era propio de un hombre tan extrao  las _primeras
nociones de la poesa_, y  los ordinarios procedimientos de la
versificacion, que no habria sido posible responderle sin _humillarle_.
Y advirtase que no se habla de un hombre que pensase mnos en la forma
del escrito que en el fondo; se habla de Buffon, que pulia con extremada
escrupulosidad sus trabajos, y de quien se cuenta que hizo copiar once
veces su manuscrito _Epocas de la naturaleza_; y sin embargo este hombre
que tanto cuidaba de la belleza, de la cultura, de la armona, no era
capaz de comprender  Racine, y encontraba malos los versos de la
_Athalia_.

[13] Pg. 115.--La confusion de ideas acarrea grandes perjuicios  las
ciencias: pero el aislamiento de los objetos es causa tambien de mucha
gravedad. Uno de los vicios radicales de la escuela enciclopdica fu el
considerar al hombre aislado, y prescindir de las relaciones que le
ligan con otros seres. El anlisis lleva  descomponer, pero es
necesario no llevar la descomposicion tan ljos que se olvide la
construccion de la mquina  que pertenecen las piezas. Algunos
filsofos  fuerza de analizar las sensaciones, se han quedado con las
sensaciones solas; lo que en la ciencia ideolgica y psicolgica,
equivale  tomar el prtico por el edificio.

[14] Pg. 134.--La _duda_ de Descartes fu una especie de revolucion
contra la autoridad cientfica, y por tanto fu llevada por muchos  una
exageracion indebida. Sin embargo no es posible desconocer que habia en
las escuelas necesidad de un sacudimiento, que las sacase del letargo en
que se encontraban. La autoridad de algunos escritores se habia
levantado mas alto de lo que convenia; y era menester un mpetu como el
de la filosofa de Descartes para derribar  los dolos. El respeto
debido  los grandes hombres no ha de rayar en culto, ni la
consideracion  su dictmen degenerar en ciega sumision. Por ser grandes
hombres, no dejan de ser hombres, y de manifestarlo as en los errores,
olvidos y defectos de sus obras. _Summi enim sunt, homines tamen_, decia
Quintiliano. Y san Agustin confiesa, que la infalibilidad la atribuye 
los libros sagrados; pero que en cuanto  las obras de los hombres, por
mas alto que rayen en virtud y sabidura, no por esto son mas obligados
 tener por verdadero todo cuanto ellos han dicho  escrito.

[15] Pg. 142.--Voy  compendiar en pocas palabras lo mas til que dicen
los dialcticos sobre la percepcion, juicio, raciocinio, trmino,
proposicion y argumentacion.

Segun los dialcticos, la percepcion es el conocimiento en la cosa, sin
afirmacion  negacion; el juicio es la afirmacion  negacion; el
raciocinio es el acto del entendimiento de lo que de una cosa inferimos
otra.

Pienso en la virtud sin afirmar  negar nada de ella; tengo una
percepcion. Interiormente afirmo que la virtud es loable; formo un
juicio. De aqu infiero que para merecer la verdadera alabanza es
preciso ser virtuoso; esto es un raciocinio.

El objeto interior de la percepcion, se llama idea.

El trmino  vocablo es la expresion de la cosa percibida. La palabra
_Amrica_ no expresa la idea del nuevo Continente, sino el mismo
Continente. Es cierto que no existiera el trmino si no existiese la
idea, y que esta sirve como de nudo para enlazar el trmino con la
cosa; pero no lo es mnos, que cuando expresamos _Amrica_, entendemos
la cosa misma, no la idea. As decimos la Amrica es un pais hermoso, y
es evidente que esto no lo afirmamos de la idea.

Al pensar en los metales, conozco que el ser _metal_ es comun  muchas
cosas que por otra parte son diferentes, como la plata, el oro, el plomo
etc.; al pensar en los brutos, veo que hay algo en que convienen el
camello, el guila, la serpiente, la mariposa, y todos los demas, 
saber el _vivir y sentir_,  el ser animales. Cuando expreso esto que
conviene  muchos, diciendo, _metal_, _animal_, _cuerpo_, _hombre
justo_, _malo_ etc, el trmino se denomina _comun_.

El trmino comun tomado en general es aquel cuyo significado conviene 
muchos; pero como puede suceder que convenga  muchos,  bien tan solo
en cuanto se consideran reunidos,  bien que se aplique  cualquiera de
ellos por separado; suele decirse que en el primer caso el trmino es
colectivo, en el segundo distributivo. _Academia_, es un trmino comun
colectivo, porque expresa la _coleccion_ de los acadmicos; pero no de
tal suerte que cada uno de estos pueda llamarse _academia_. _Sabio_ es
trmino comun distributivo, porque se aplica  muchos, de manera que
cualquiera individuo que posea la sabidura, puede llamarse sabio.

Trmino singular es el que expresa un solo individuo: como Pirineos, mar
Negro, Madrid, etc.

Me parece que el trmino colectivo no deberia contarse como una especie
del comun, porque entnces hay el inconveniente de que la division no
est bien hecha. Decimos el trmino es comun  singular. El comun se
divide en colectivo y distributivo. Para que una division sea bien hecha
se requiere que de dos miembros opuestos el uno no pertenezca al otro,
lo que se verifica si adoptamos la division expresada. En efecto, la
palabra _nacion_ es comun, distributivamente, porque conviene  todas
las naciones; y colectivamente porque se aplica  una reunion. Francia
es comun colectivo porque se aplica  un conjunto de hombres, y singular
porque expresa una sola nacion, un verdadero individuo de la especie de
las naciones. Luego el trmino colectivo no debe contarse entre los
comunes, como contrapuestos al singular, pues hay nombres colectivos
comunes, y los hay singulares.

El trmino comun se divide en unvoco, equvoco y anlogo. Unvoco es el
que tiene para muchos un significado idntico: como hombre, animal,
corpreo. Equvoco es el que lo tiene diferente, como leon, que expresa
un animal y un signo celeste. Anlogo que lo tiene en parte idntico y
en parte diferente: como sano, que se aplica al alimento que conserva la
salud, al medicamento que la restablece, al hombre que la posee;
piadoso, que se aplica  la persona,  un libro,  una accion,  una
imgen. _Amo_, se dice de los monarcas; as esa frmula el rey mi
augusto amo se dice de los que tienen esclavos; se dice de los que
tienen dependientes  criados, se dice del dueo de la habitacion.

De muchos trminos se verifica que envuelven una idea general,
susceptible de varias modificaciones; y el emplearlos sin hacerla
competente distincion, da lugar  confusion de ideas, y estriles
disputas. Usamos  cada paso las palabras rey, monarca, soberano;
hablamos sobre lo que ellas significan, asentando nuestros respectivos
sistemas. Y sin embargo es imposible no desacertar gravsimamente, si en
cada cuestion no se fija con exactitud lo que estas palabras expresan.
Soberano es el sultan, soberano es el emperador de Rusia, soberano es el
rey de Prusia, soberano es el rey de Francia, soberana es la reina de
Inglaterra, y no obstante en ninguno de estos casos, la soberana
expresa lo mismo.

La definicion es la explicacion de la cosa. Si explica la esencia se
llama esencial; si se contenta con darla  conocer, sin penetrar en su
naturaleza, se apellida descriptiva.

Cuando la cosa explicada es la significacion de una palabra, se llama
definicion del nombre: _definitio nominis_. Conviene no confundir la
definicion del nombre con su etimologa: porque siendo esta ltima la
explicacion del orgen de la palabra, acontece muchas veces que el
sentido usual es muy diferente del etimolgico. La etimologa ilustra
para conocer el verdadero significado, pero no lo determina. As, por
ejemplo, la palabra obispo, _episcopus_, que atendida su etimologa
griega significa vigilante, y en su acepcion latina, superintendente,
nos indica en cierto modo las atribuciones pastorales; pero dista mucho
de determinarlas en su verdadero sentido. As esta palabra significaba
entre los latinos, el magistrado  cuyo cargo corria el cuidado del pan
y demas comestibles. Ciceron escribiendo  Atico le dice: Vuit enim
Pompejus me esse quem tota hc Campania, et maritima ora habent
episcopum ad quem delectus et negotii summa referatur. (Lib. 7. epist.)

Las calidades de una buena definicion, son claridad y exactitud. Ser
clara, si no puede mnos de entenderla quien no ignore la significacion
de las palabras; ser exacta, si explica de tal manera la cosa definida,
que ni le aada ni le quite.

La mejor regla para asegurarse de la bondad de una definicion, es
aplicarla desde luego  las cosas definidas; y observar si las comprende
 todas, y  ellas solas.

La division es la distribucion de un todo en sus partes. Segun son
estas, toma distintos nombres; llamndose actual cuando existen en
realidad, y potencial cuando no son mas que posibles. La actual se
subdivide en metafsica, fsica,  integral. Metafsica, es la que
distribuye el todo en partes metafsicas, como el hombre en animal y
racional; fsica, la que lo distribuye en partes fsicas, como el hombre
en cuerpo y alma; integral, la que lo distribuye en partes que expresan
cantidad, como el hombre en cabeza, pies, manos etc. La potencial es la
que distribuye un todo en aquellas partes que nosotros le podemos
concebir. As, considerando como un todo la idea abstracta _animal_,
podemos dividirle en racional  irracional. Si lo expresado por la
division potencial pertenece  la esencia de la cosa, se llama esencial,
si no, accidental. Ser esencial si divido el animal en racional 
irracional; ser accidental si le divido por sus colores,  otras
calidades semejantes.

La buena divisin debe: 1. agotar el todo; 2. no atribuirle partes que
no tenga; 3. no incluir una parte en las otras; 4. proceder con rden,
ya sea que este se funde en la naturaleza de las cosas,  en la
generacion  distribucion de las ideas.

Si afirmo una cosa de otra, formo un juicio; si lo enuncio con palabras,
tengo una proposicion. Afirmo interiormente, que la tierra es un
esferide; h aqu un juicio; digo  escribo: la tierra es un
esferide h aqu la proposicion.

En todo juicio hay relacion de dos ideas, mas bien de los objetos que
ellas representan; lo mismo ha de suceder en la proposicion; el trmino
que expresa aquello de que afirmamos  negamos, se llama sujeto; lo que
afirmamos  negamos se denomina predicado; y el verbo _ser_, que expreso
 sobrentendido se halla siempre en la proposicion, se apellida union 
cpula, porque representa el enlace de las dos ideas. As en el ejemplo
anterior: la _tierra_ es el sujeto, _esferide_ el predicado, y _es_ la
cpula.

Si hay afirmacion, la proposicion se llama afirmativa, si hay negacion
negativa. Pero conviene advertir, que para que una proposicion sea
negativa, no basta que la partcula _no_ afecte alguno de sus trminos,
sino que es preciso que afecte al verbo. La ley _no_ manda pagar. La
ley manda _no_ pagar. La primera es negativa, la segunda afirmativa; el
sentido es muy diferente con solo mudar de lugar el _no_.

Las proposiciones se dividen en universales, indefinidas, particulares y
singulares, segun que el sujeto es singular, indefinido, particular, 
universal. _Todo cuerpo_ es grave: es proposicion universal,  causa de
la palabra _todo_. _El hombre_ es inconstante; la proposicion es
indefinida, por no expresarse si lo son todos  alguno. _Algunos
axiomas_ son engaosos; la proposicion es particular porque el sujeto
est restringido por el adjunto _alguno_. Gonzalo de Crdoba fu insigne
capitan; la proposicion es singular, por serlo el sujeto. Para ser
singular la proposicion, no es preciso que el nombre sea propio, basta
una palabra cualquiera que lo determine; como si digo: _esta_ moneda es
falsa.

Tocante  las proposiciones indefinidas, puede preguntarse si el sujeto
se toma en sentido universal  particular; y  esta cuestion dan orgen
dos motivos: 1. el no estar aquel acompaado de trmino universal ni
particular; 2. el observarse que el uso les seala  unas un sentido
universal y  otras no.

La proposicion indefinida equivale  la universal, en sentido absoluto,
si se trata de materias pertenecientes  la esencia de las cosas, 
alguna de sus propiedades que pueda considerarse necesaria; equivale 
universal moral, es decir, para la mayor parte de los casos, si versa
sobre calidades que as lo demanden; y por fin  particular, si as lo
indica la cosa de que se habla. Los cuerpos son pesados: equivale 
decir todos los cuerpos son pesados. Los alemanes son meditabundos; no
equivale  decir que todos lo sean, sino que este es uno de los
caractres de aquella nacion.

Las proposiciones son simples  compuestas. Las simples son las que
expresan la relacion de un solo predicado  un solo sujeto: como todas
las de los ejemplos anteriores. Las compuestas son las que contienen mas
de un sujeto  predicado; y por lo mismo explcita  implcitamente
comprenden mas de una proposicion. Con la clasificacion y los ejemplos,
se comprender mejor en qu consiste una proposicion compuesta. Los
dialcticos suelen distribuirlas en varias clases; indicar las
principales.

Proposicion copulativa es la que expresa el enlace de dos afirmaciones 
negaciones. El oro y la plata son metales. Equivale  estas dos
reunidas: el oro es metal, y la plata es metal. El oro es amarillo, y el
oro es ductil. Para que estas proposiciones sean verdaderas se necesita
que lo sean sus dos partes: porque la afirmacion no se limita  la una
sino que se extiende  las dos. A la misma clase pueden reducirse estas
negativas: ni la codicia ni la soberbia son virtudes; la templanza no es
daosa ni al alma ni al cuerpo, etc.

Disyuntiva es la proposicion en que entre dos  mas extremos se afirm
la existencia de uno. Las acciones humanas son  buenas  malas. A estas
horas se habr ejecutado el designio  no se ejecutar nunca. Para la
verdad de estas proposiciones, se necesita que no haya medio entre los
extremos sealados. Un papel  es blanco  es negro: la proposicion es
falsa, porque puede ser de otros colores.

Proposicion condicional es la en que se afirma una cosa con condicion.
Si el viento sopla el tiempo ser frio. Si hiela se echarn  perder los
frutos. Para la verdad de estas proposiciones se necesita que en
realidad la primera parte traiga consigo la segunda; porque esto es lo
que se afirma; mas no que la segunda traiga la primera, porque de esto
se prescinde. As en el ltimo ejemplo se dice que al hielo seguir la
perdicion de los frutos; pero no que si se pierden los frutos haya
hielo; porque no se afirma que los frutos no puedan perderse por otras
causas.

Poco dir sobre las formas de argumentacion. Los dialcticos las han
distribuido en muchas clases, y sealndoles abundantes reglas, todo con
mucho ingenio. Ya he indicado lo que pensaba de su utilidad. Para
inventar sirven poco  nada; para exponer mucho; y en general, el
acostumbrarse  ellos por algun tiempo, deja en el entendimiento una
claridad y precision que no se pierden fcilmente, y se hacen sentir en
todos los estudios.

Silogismo es la argumentacion en que se comparan dos trminos con un
tercero, para inferir la relacion que ellos tienen entre s. Lo simple
es incorruptible, el alma es simple, luego es incorruptible. Los
extremos son _alma_  _incorruptible_, el trmino medio es _simple_.

Entimema es un silogismo abreviado. El alma es simple, luego es
incorruptible.

El dilema es una argumentacion fundada en una proposicion disyuntiva,
que por todos los extremos hiere al adversario. O el cristianismo se
difundi con milagros  sin ellos; si con milagros, el cristianismo es
verdadero; si sin milagros, el cristianismo es verdadero tambien, pues
se difundi con un gran milagro que es el difundirse sin milagros.

[16] Pg. 155.--He recordado con elogio una doctrina de santo Tomas; y
no puedo mnos de advertir lo muy til que considero la lectura de las
obras de aquel insigne Doctor,  cuantos deseen entregarse  estudios
profundos sobre el espritu humano. Si bien es verdad que se halla en
ellas el estilo de la poca, tambien es cierto que mas de una vez se
asombra el lector de que en medio de la ignorancia, que todava era
mucha en el siglo XIII, hubiese un hombre que  tan vasta erudicion
reuniese un espritu tan penetrante, tan profundo, tan exacto.

[17] Pg. 165.--La carrera de la enseanza debiera ser una profesion en
que se fijaran definitivamente los que la abrazasen. Desgraciadamente no
sucede as, y una tarea de tanta gravedad y trascendencia se desempea
como  la aventura, y solo mintras se espera otra colocacion mejor. El
orgen del mal no est en los profesores; sino en las leyes que no los
protegen lo bastante, y no cuidan de brindarles con el aliciente y
estmulo, que el hombre necesita en todo. Un solo profesor bueno es
capaz en algunos aos de producir beneficios inmensos  un pais: l
trabaja en una modesta ctedra, sin mas testigo que unos pocos jvenes;
pero estos jvenes se renuevan con frecuencia, y  la vuelta de algunos
aos ocupan los destinos mas importantes de la sociedad.

[18] Pg. 171.--Esa inclinacion del hombre  seguir la autoridad de otro
hombre, da lugar  elevadas consideraciones sobre la fe, sobre el
principio de la autoridad de la Iglesia catlica, y sobre el orgen y
carcter de las extraviadas sectas que han perturbado y perturban el
mundo. Como en otra obra trat extensamente esta materia, me basta
referirme  lo que en ella dije. Vase _El Protestantismo comparado con
el Catolicismo en sus relaciones con la civilizacion europea_. _Tomo
1_.

[19] Pg. 203.--Podria escribirse una excelente obra con el ttulo de
_moral literaria y artstica_. El asunto es tan til como fecundo. Si
esta obra la ejecutase un escritor de crtica segura y delicada y de
moral pura, podria ser de gran provecho. El abuso, cada dia mayor, que
de las mas bellas dotes del alma se est haciendo para extraviar y
corromper, aumentaria la importancia de semejante trabajo. Ojal que
esta indicacion despierte la voluntad de alguno que se sienta con
fuerzas para ello.

[20] Pg. 209.--La filosofa de la historia, si bien ha adelantado algo
en los ltimos tiempos, es sin embargo una ciencia muy atrasada.
Probablemente sufrir modificaciones no mnos profundas que otra ciencia
tambien nueva: la economa poltica. Para los catlicos hay en esta
clase de estudios el grave inconveniente de que varias de las obras
principales que en esta materia se han escrito, han salido de manos de
protestantes,  escpticos; as es que se las encuentra llenas de
errores y equivocaciones en lo concerniente  la Iglesia. Verdad es que
ltimamente en Inglaterra, en Francia y en Alemania, se est rehaciendo
la historia en un sentido favorable al catolicismo: pero esta es una
mina riqusima de la cual no se ha explotado mas que una pequea parte.
Los tesoros abundan; solo se necesita trabajo.

[21] Pg. 227.--Figranse algunos que la religiosidad es signo de
espritu apocado y capacidad escasa; y que por el contrario la
incredulidad es indicio de talento y grandeza de nimo. Yo sostengo que
con la historia en la mano se puede demostrar que en todos tiempos y
paises los hombres mas eminentes han sido religiosos.


FIN DE LAS NOTAS.




NDICE

DE LAS MATERIAS CONTENIDAS EN ESTA OBRA.


  CAPTULO PRIMERO.

  CONSIDERACIONES PRELIMINARES.

   I. En qu consiste el pensar bien. Qu es la verdad.        1

  II. Diferentes modos de conocer la verdad.        2

  III. Variedad de ingenios.        3

  IV. La perfeccion de las profesiones depende de la perfeccion con
que se conocen los objetos de ellas.      4

  V. A todos interesa el pensar bien.      5

  VI. Cmo se debe ensear  pensar bien.     6


  CAPTULO II.

  LA ATENCION.

   I. Definicion de la atencion. Su necesidad.                         7

  II. Ventajas de la atencion  inconvenientes de su falta.             8

  III. Cmo debe ser la atencion. Atolondrados y ensimismados.          9

  IV. Las interrupciones.                                              10


  CAPTULO III.

  ELECCION DE CARRERA.

   I. Vago significado de la palabra Talento.                         11

  II. Instinto que nos indica la carrera que mejor se nos adapta.      12

  III. Experimento para discernir el talento peculiar de cada nio.    13


  CAPTULO IV.

  CUESTIONES DE POSIBILIDAD.

   I. Una clasificacion de los actos de nuestro entendimiento,
  y de las cuestiones que se le pueden ofrecer.                        14

  II. Ideas de posibilidad  imposibilidad. Sus clasificaciones.       15

  III. En qu consiste la imposibilidad metafsica  absoluta.         16

  IV. La imposibilidad absoluta y la omnipotencia divina.              17

  V. La imposibilidad absoluta, y los dogmas.                         _Id._

  VI. Idea de la imposibilidad fsica  natural.                       18

  VII. Modo de juzgar de la imposibilidad natural.                     19

  VIII. Se deshace una dificultad sobre los milagros de Jesucristo.    20

  IX. La imposibilidad moral  ordinaria.                              22

  X. Imposibilidad de sentido comun impropiamente contenida en la
  imposibilidad moral.                                                 24


  CAPTULO V.

  CUESTIONES DE EXISTENCIA. CONOCIMIENTO ADQUIRIDO POR EL TESTIMONIO
  INMEDIATO DE LOS SENTIDOS.

   I. Necesidad del testimonio de los sentidos, y los diferentes
  modos con que nos proporcionan el conocimiento de las cosas.         26

  II. Errores en que incurrimos por ocasion de los sentidos. Su
  remedio. Ejemplos.                                                   27

  III. Necesidad de emplear en algunos casos mas de un sentido, para
  la debida comparacion.                                               29

  IV. Los sanos de cuerpo y enfermos de espritu.                      31

  V. Sensaciones reales, pero sin objeto externo. Explicacion de este
  fenmeno.                                                            33

  VI. Maniticos y ensimismados.                                       34


  CAPTULO VI.

  CONOCIMIENTO DE LA EXISTENCIA DE LAS COSAS ADQUIRIDO
  MEDIATAMENTE POR LOS SENTIDOS.

   I. Transicion de lo sentido  lo no sentido.                       35

  II. Coexistencia y sucesion.                                         37

  III. Dos reglas sobre la coexistencia y la sucesion.                 39

  IV. Observaciones sobre la relacion de casualidad. Una regla de
  los dialcticos.                                                     42

  V. Un ejemplo.                                                       45

  VI. Reflexiones sobre el ejemplo anterior.                           46

  VII. La razon de un acto que parece instintivo.                     _Id._


  CAPTULO VII.

  LA LGICA ACORDE CON LA CARIDAD.

   I. Sabiduria de la ley que prohibe los juicios temerarios.        47

  II. Exmen de la mxima piensa mal y no errars.                  48

  III. Algunas reglas para juzgar de la conducta de los hombres.      49


  CAPTULO VIII.

  DE LA AUTORIDAD HUMANA EN GENERAL.

   I. Dos condiciones necesarias para que sea valedero un
  testimonio.                                                         56

  II. Exmen y aplicaciones de la primera condicion.                  57

  III. Exmen y aplicaciones de la segunda condicion.                 61

  IV. Una observacion sobre el interes en engaar.                    64

  V. Dificultades para alcanzar la verdad, en mediando mucha
  distancia de lugar  tiempo.                                        66


  CAPTULO IX.

  LOS PERIDICOS.

   I. Una ilusion.                                                   67

  II. Los periodicos no lo dicen todo sobre las personas.             68

  III. Los peridicos no lo dicen todo sobre las cosas.               71


  CAPTULO X.

  RELACIONES DE VIAJES.

   I. Dos partes muy diferentes en las relaciones de viajes.         72

  II. Origen y formacion de algunas relaciones de viajes.             73

  III. Modo de estudiar un pas.                                      77


  CAPTULO XI.

  HISTORIA.

   I. Medio para ahorrar tiempo, ayudar la memoria, y evitar
  errores, en los estudios histricos.                               78

  II. Distincion entre el fondo del hecho y sus circunstancias.
  Aplicaciones.                                                      79

  III. Algunas reglas para el estudio de la historia.                82


  CAPTULO XII.

  CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE EL MODO DE CONOCER LA NATURALEZA,
  PROPIEDADES Y RELACIONES DE LOS SERES.

   I. Una clasificacion de las ciencias.                            90

  II. Prudencia cientfica y observaciones para alcanzarla.          91

  III. Los sabios resucitados.                                       97


  CAPTULO XIII.

  LA BUENA PERCEPCION.

   I. La idea.                                                     103

  II. Regla para percibir bien.                                     105

  III. Escollo del anlisis.                                        110

  IV. El tintorero y el filsofo.                                   112

  V. Objetos vistos por una sola cara.                              114

  VI. Inconvenientes de una percepcion demasiado rpida.            115


  CAPTULO XIV.

  EL JUICIO.

   I. Qu es el juicio. Manantiales de error.                      116

  II. Axiomas falsos.                                               _Id._

  III. Proposiciones demasiado generales.                           118

  IV. Las definiciones inexactas.                                   119

  V. Palabras mal definidas. Exmen de la palabra igualdad.         120

  VI. Suposiciones gratuitas. El despeado.                         126

  VII. Preocupacion en favor de una doctrina.                       131


  CAPTULO XV.

  EL RACIOCINIO.

   I. Lo que valen los principios y las reglas de la dialctica.   134

  II. El silogismo. Observaciones sobre este instrumento
  dialctico.                                                       135

  III. El entimema.                                                 139

  IV. Reflexiones sobre el trmino.                                 140

  V. Utilidad de las formas dialcticas.                            142


  CAPTULO XVI.

  NO TODO LO HACE EL DISCURSO.

   I. La inspiracion.                                              143

  II. La meditacion.                                                145

  III. Invencion y enseanza.                                       146

  IV. La intuicion.                                                 147

  V. No est la dificultad en comprender sino en atinar. El
  jugador de ajedrez. Sobieski. Las vboras de Anbal.              148

  VI. Regla para meditar.                                           151

  VII. Carcter de las inteligencias elevadas. Notable doctrina
  de santo Tomas de Aquino.                                         152

  VIII. Necesidad del trabajo.                                      154


  CAPTULO XVII.

  LA ENSEANZA.

   I. Dos objetos de la enseanza. Diferentes clases de
  profesores.                                                       155

  II. Genios ignorados de los demas, y de si mismos.                156

  III. Medios para descubrir los talentos ocultos, y apreciarlos
  en su valor.                                                      158

  IV. Necesidad de los estudios elementales.                        162


  CAPTULO XVIII.

  LA INVENCION.

   I. Lo que debe hacer quien carezca del talento de invencion.    165

  II. La autoridad cientfica.                                      166

  III. Modificaciones que ha sufrido en nuestra poca la autoridad
  cientfica.                                                       168

  IV. El talento de invencion. Carrera del ingenio.                 170


  CAPTULO XIX.

  EL ENTENDIMIENTO, EL CORAZON Y LA IMAGINACION.

   I. Discrecion en el uso de las facultades del alma. La reina
  Dido. Alejandro.                                                  171

  II. Influencia del corazon sobre la cabeza. Causas y efectos.     175

  III. Eugenio. Sus transformaciones en veinte y cuatro horas.      176

  IV. Don Marcelino. Sus cambios polticos.                         183

  V. Anselmo. Sus variaciones sobre la pena de muerte.              187

  VI. Algunas observaciones para precaverse del mal influjo del
  corazon.                                                          188

  VII. El amigo convertido en monstruo.                             191

  VIII. Cavilosas variaciones de los juicios polticos.             193

  IX. Peligros de la mucha sensibilidad. Los grandes
  talentos. Los poetas.                                             195

  X. El poeta y el monasterio.                                      197

  XI. Necesidad de tener ideas fijas.                               199

  XII. Deberes de la oratoria, de la poesa, y de las
  bellas artes.                                                     200

  XIII. Ilusion causada por los pensamientos revestidos
  de imgenes.                                                      202


  CAPTULO XX.

  FILOSOFA DE LA HISTORIA.

   I. En qu consiste la filosofa de la historia. Dificultad de
  adquirirla.                                                       203

  II. Se indica un medio para adelantar en la filosofa de la
  historia.                                                         205

  III. Aplicacion  la historia del espritu humano.                206

  IV. Ejemplo sacado de las fisonomas, que aclara lo dicho sobre
  el modo de adelantar en la filosofa de la historia.              207


  CAPTULO XXI.

  RELIGION.

   I. Insensato discurrir de los indiferentes en materias
  de religion.                                                      209

  II. El indiferente y el gnero humano.                            211

  III. Trnsito del indiferentismo al exmen. Existencia de Dios.   212

  IV. No es posible que todas las religiones sean verdaderas.       213

  V. Es imposible que todas las religiones sean igualmente
  agradables  Dios.                                                214

  VI. Es imposible que todas las religiones sean una invencion
  humana.                                                           _Id._

  VII. La revelacion es posible.                                    216

  VIII. Solucion de una dificultad contra la revelacion.            _Id._

  IX. Consecuencias de los prrafos anteriores.                     217

  X. Existencia de la revelacion.                                   _Id._

  XI. Pruebas histricas de la existencia de la revelacion.        219

  XII. Los protestantes y la Iglesia catlica.                     222

  XIII. Errado mtodo de algunos impugnadores de la religion.      223

  XIV. La mas alta filosofa acorde con la fe.                     225

  XV. Quien abandona la religin catlica no sabe dnde
  refugiarse.                                                      226


  CAPTULO XXII.

  EL ENTENDIMIENTO PRCTICO.

   I. Una clasificacion de acciones.                              228

  II. Dificultad de proponerse el debido fin.                      229

  III. Exmen del proverbio: cada cual es hijo de sus obras.       230

  IV. El aborrecido.                                               232

  V. El arruinado.                                                 _Id._

  VI. El instruido quebrado y el ignorante rico.                   234

  VII. Observaciones. La cavilacion y el buen sentido.             238

  VIII. Delicadeza de ciertos fenmenos intelectuales, en sus
  relaciones con la prctica.                                      239

  IX. Los despropsitos.                                           240

  X. Entendimientos torcidos.                                      241

  XI. Inhabilidad de dichos hombres para los negocios.             242

  XII. Este defecto intelectual suele nacer de una causa moral.    243

  XIII. La humildad cristiana en sus relaciones con los negocios
  mundanos.                                                        245

  XIV. Daos acarreados por la vanidad y la soberbia.              246

  XV. El orgullo.                                                  248

  XVI. La vanidad.                                                 250

  XVII. La influencia del orgullo es peor para los negocios
  que la de la vanidad.                                            251

  XVIII. Cotejo entre el orgullo y la vanidad.                     252

  XIX. Cun general es dicha pasion.                               253

  XX. Necesidad de una lucha continua.                             255

  XXI. No es solo la soberbia lo que nos induce  error al
  proponernos un fin.                                              256

  XXII. Desarrollo de fuerzas latentes.                            257

  XXIII. Al proponernos un fin debemos guardarnos de la
  presuncion y de la excesiva desconfianza.                        259

  XXIV. La pereza.                                                 260

  XXV. Una ventaja de la pereza sobre las demas pasiones.          _Id._

  XXVI. Orgen de la pereza.                                       261

  XXVII. Pereza del espritu.                                      262

  XXVIII. Razones que confirman lo dicho sobre el orgen de la
  pereza.                                                          263

  XXIX. La inconstancia. Su naturaleza y orgen.                   _Id._

  XXX. Pruebas y aplicaciones.                                     264

  XXXI. El justo medio entre dichos extremos.                      265

  XXXII. La moral es la mejor guia del entendimiento prctico.     266

  XXXIII. La armona del universo defendida con el castigo.        267

  XXXIV. Observaciones sobre las ventajas y desventajas de la
  virtud en los negocios.                                          269

  XXXV. Defensa de la virtud contra una inculpacion injusta.       270

  XXXVI. Defensa de la sabidura contra una inculpacion infundada. 271

  XXXVII. Las pasiones son buenos instrumentos, pero malos
  consejeros.                                                      273

  XXXVIII. La hipocresa de las pasiones.                          274

  XXXIX. Ejemplo. La venganza bajo dos formas.                     275

  XL. Precauciones.                                                280

  XLI. Hipocresa del hombre consigo mismo.                        281

  XLII. El conocimiento de s mismo.                               282

  XLIII. El hombre huye de s mismo.                               283

  XLIV. Buenos resultados del reflexionar sobre las pasiones.      284

  XLV. Sabidura de la religion cristiana en la direccion de la
  conducta.                                                        285

  XLVI. Los sentimientos morales auxilian la virtud.               287

  XLVII. Una regla para los juicios prcticos.                     288

  XLVIII. Otra regla.                                              290

  XLIX. El hombre rindose de s mismo.                            292

  L. Perpetua niez del hombre.                                    293

  LI. Mudanza de D. Nicasio en breves horas.                       294

  LII. Los sentimientos por s solos, son mala regla de conducta.  297

  LIII. No impresiones sensibles, sino moral y razon.              300

  LIV. Un sentimiento bueno, la exageracion le hace malo.          301

  LV. La ciencia es muy til  la prctica.                        305

  LVI. Inconvenientes de la universalidad.                         309

  LVII. Fuerza de la voluntad.                                     312

  LVIII. Firmeza de voluntad.                                      313

  LIV. Firmeza, energa, mpetu.                                   316

  LX. Conclusion y resmen.                                        321


FIN DEL NDICE.


Besanzon, imprenta de la viuda C. Deis.





End of the Project Gutenberg EBook of El Criterio, by Jaime Balmes

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($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including including checks, online payments and credit card
donations.  To donate, please visit: http://pglaf.org/donate


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works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


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